3. Materials and Experimental methods
3.2. Experimental methods
3.2.2. Properties of paste, mortar and SCHPC
La crítica vallejiana de los ‘80 ofrece algunos hitos fundamentales, uno de ellos en el final de la década. Sin duda, el momento de prolifera- ción prácticamente inabarcable de la crítica vallejiana se suscita en el año 1988, con el oportuno acicate del cincuentenario de la muerte del autor. Para entonces, las revistas especializadas, entre ellas Cuadernos Ameri-
canos y Cuadernos Hispanoamericanos, publican sendos números sobre
la obra de Vallejo. En el caso de la última, la heterogeneidad tanto ide- ológica, metodológica, analítica, como argumental, es propiciada por el formato de miscelánea que se da a sus colosales volúmenes. Allí se ejer- citan estudiosos de la obra del peruano y otros que a todas luces no lo son, todos abigarrados en un espacio textual de seis o siete páginas en prome- dio para cada artículo crítico, con lo cual, en varios casos, las fundamen- taciones no alcanzan a ser precedidas del trabajo analítico y explicativo que requiere cualquier aserto de consideración acerca de la obra de Valle- jo. En cuanto al ámbito libresco, el otro hecho a tener en cuenta ese 96
mismo año es la publicación de la Obra Poética completa por la Colec- ción Archivos, en edición crítica de Américo Ferrari. Además de consti- tuir un acendrado avance sobre el texto poético definitivo y sus procesos de elaboración documentados, este trabajo se acompaña de una serie de notas: introductorias, filológicas, histórico–críticas, biográficas, y her- menéuticas acerca de la producción poética de Vallejo. Si bien toda críti- ca supone un acto de fuerza, una torsión deliberada o involuntaria del objeto referido, no deja de sorprendernos lo temprano y recurrente de su aparición, ya en páginas liminares de esta empresa. Al crítico y poeta español José Ángel Valente, encargado de los párrafos introductorios de esta Edición Crítica, le alcanzan cuatro carillas para envolver los signifi- cados de ciertos versos vallejianos con los postulados más corrientes de su coetáneo dominio intelectual y académico:
En el derrumbadero de la Historia, la ruptura de la gran narración, gene- ral o genérica, se produce por irrupción súbita de la irreductible particu- laridad de lo humano, de su indeclinable goce (…) Contra el absoluto rigor de la narración totalizante, el hilo universal del discurso queda roto por la voz que nombra lo particular, que nombra, en verdad, lo anónimo, lo que la Historia habría sepultado en la indominación (1988, XVII).
Como veremos más adelante, se trata además del cuadro conceptual e ideológico preeminente en los artículos críticos de la edición. En el ejem- plo citado sobresalen las operaciones de inscripción de la poesía de Valle- jo en premisas de resonancia postestructuralista: derrumbe de la categoría de historia como gran relato, de todo paradigma totalizador, ingreso de las singularidades e irrupción de la microhistoria cultural; todas ellas pau- tas de liberación de una “sensibilidad” y un “pensamiento éticos” entre los “más contemporáneos” (XVI). No constituyen excepción, en este sen- tido, los estudios de Américo Ferrari y de Jean Franco que se adjuntan al texto vallejiano en la mencionada edición.
Muchos de los temas aquí señalados convergen en la lectura que del poeta han hecho Alberto Escobar y Jean Franco. La reflexión del primero pare- ce centrarse sobre todo en la puesta en evidencia de ciertos contenidos latentes que indican una crítica de las construcciones metafísicas del ide- alismo, y coincidentemente, el descubrimiento (por lo menos en cierto
genistas, o de interpretaciones antropológicas andinistas, como sí es posi- ble registrar una permanente -aunque mutante- actividad en el marco de las corrientes ya mencionadas en este trabajo. Quizá ello pudiera haber justificado la diatriba imprecisa -ya que no menciona autores ni citas- del crítico colombiano. Desde la distancia cronológica de los primeros aser- tos de Mariátegui al respecto hasta la actualidad, pasando por la formu- lación de un indo-americanismo por parte de Juan Larrea, que no se fun- daba demasiado en estudios antropológicos ni mucho menos en una mili- tancia cultural en favor de los expoliados pueblos originarios americanos, es factible trazar una brecha en cuanto a la producción intelectual del asunto de la mesticidad en la escritura de Vallejo.
Wilfredo Kapsoli en un artículo de su propia compilación, César
Vallejo en la crítica internacional (2001), recobra sobre este asunto, sólo
en líneas generales, algunas indicaciones de los ya clásicos críticos valle- jianos:
No sólo había interiorizado el drama peruano sino que supo simbolizar al indio desde su condición individual hasta lo masivo. Américo Ferrari ha captado con lucidez esta filiación: ‘El indio de los Andes, con su espíritu colectivista, sus formas de pensamiento y de trabajo en comunidad, se le aparece a Vallejo como un arquetipo de auténtica humanidad’ (El univer-
so poético de César Vallejo, 1972). Roberto Paoli considera este indige-
nismo como producto de su entorno histórico y de la narrativa de Enrique López Albújar, de la antropología de Luis E. Valcárcel y, ante todo, de la filosofía indigenista de José Carlos Mariátegui que básicamente se nutre del mito del indio (235).
Como vemos, pese a que el indio efectivamente continuaba existien- do en los tiempos de Vallejo y Mariátegui, y pese a que Kapsoli intenta dilucidar las evocaciones americanas del poeta de Chuco en Europa, se refiere al “mito del indio”. De todos modos, se trata de un artículo no muy extenso, que no evidencia, además, grandes pretensiones sobre el tema. Precisamente, hemos señalado que no son las producciones en libro las que abundan en el área de estudios antropológicos o americanistas acer- ca de la obra de Vallejo. En el año 1989 Miguel Paz Varías había publi- cado un ensayo escueto y un tanto aislado, por todo lo dicho, en el marco de los estudios vallejianos: Vallejo, formas ancestrales en su poesía. Allí 86
dad; el catolicismo de corte quevediano se resquebrajó y de un «salto mortal» Vallejo cayó en su época y vivió, como Rilke, por ejemplo, la transformación secular de la idea católica metafísica de la vida y de la muerte (131).
Desde la perspectiva del catedrático colombiano, ningún aspecto que concierna a la condición de americano, peruano, mestizo, o cosa pareci- da merece la atención como variable de la producción escrituraria de Vallejo. Toda su trayectoria poética representa un reajuste constante de la nitidez a que aspira para lograr sintonía con las experiencias filosóficas de otros escritores europeos. Si persiste duda alguna acerca del nulo cré- dito que Gutiérrez Girardot suele otorgar a la vivencia propiamente peruana de Vallejo para considerarla factor de influencia en su poética, será lo suficientemente instructivo remitirnos al siguiente pasaje de su libro: “El hijo de Santiago de Chuco, a pesar de ser cholo y demás india- nadas con las que izquierdas y derechas interpretan su poesía, pensó y sintió a Dios bajo las sombras del Nihilismo de modo exactamente igual a como lo hizo casi medio siglo después el europeo Paul Celan en su poema ‘Tenebrae’ de su libro Rejas del lenguaje (1959)”6(116).
Cabe preguntarse, frente a la desaprobación de Gutiérrez Girardot, hasta qué punto precisamente el “ser cholo” no es un elemento que con- diciona también la experiencia cultural parisina, moscovita y madrileña en Vallejo, y que imprime sus huellas en diversos aspectos de su produc- ción poética. Asimismo, corresponde inquirir cómo puede llegar a ser “exactamente igual” la vivencia religiosa, filosófica, cultural en definiti- va, de Vallejo que la de Celan. Si bien resulta pertinente en algunas oca- siones la comparación entre la experiencia y la escritura de diversos auto- res, y el mismo Gutiérrez Girardot lo demuestra en sus artículos acerca de las similitudes entre Vallejo y Walter Benjamin, por ejemplo, no pre- senta la misma eficacia el procurar incrustar el significado de la obra del poeta siempre en una misma tradición -la germánica en la mayoría de los casos-, tan alejada, incluso, de la tradición originaria de Vallejo. Al hacer- lo, creemos, debe tenerse en cuenta un buen número de reservas her- menéuticas. Por otra parte, no existe en el ámbito de la crítica vallejiana una tradición continua y perseverante de lecturas extremadamente indi- _______________
6El énfasis es nuestro.
número de poemas) de un tipo de poesía materialista. Es, al menos, la ten- dencia que me parece descubrir en algunos de los análisis de Escobar. También Jean Franco ve un intento de construcción de una poesía mate- rialista en un determinado número de los poemas póstumos, pero sólo un intento. Quedaría por plantear la pregunta siguiente: ¿en qué medida el materialismo, lo mismo que el idealismo, no es una construcción metafí- sica? (Ferrari, 1988: 546).
Aunque evidente, se muestra certera la apreciación de Ferrari, en todo cuanto allí se deslinda de crítica deconstructiva, más que nada en el texto de Jean Franco presentado en esta misma edición. Ya la segunda línea del artículo de Franco patentiza su filiación teórica, y con ella cierta torsión necesaria para encuadrar la poesía de Vallejo en los postulados filosóficos en boga desde aquellos años hasta, arriesgaríamos, la actualidad: “El len- guaje constituye el núcleo de todos los temas, puesto que la crisis del pen- samiento metafísico pone en cuestión no solamente el sentido sino la con- catenación de las palabras, la sintaxis, la coherencia y sobre todo la posi- bilidad de enunciación”(Franco, 1988: 575). No obstante, ello no les sus- cita sentimiento de enajenación o de forzamiento analítico alguno, ni a Américo Ferrari ni a Gutiérrez Girardot, este último tan a menudo encar- nizado con las “miopías” marxistas y estructuralistas, como él mismo las moteja.2
Por aquellos años son varios los escritores imbuidos en el mismo tono, no sólo aquellos analistas de renombre dentro de los estudios vallejianos, o dentro de los estudios latinoamericanos en general. Artículos aislados, inclusive en relación a la producción del mismo crítico y de la misma revista que lo difunde, como éste de Carlos Henderson en Revista de Crí-
tica Literaria Latinoamericana, “Por una poética en la crítica vallejiana:
las leyes del verso en Vallejo” (1987), postulan hipótesis que el mismo autor deberá reconocer como inverificables dentro de los límites de su texto (seis páginas en este caso):
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2A este respecto, remitimos al lector a las páginas 533-534 de la citada Obra Poética vallejiana, así como también las páginas 77, 78, y 79 de la compilación César Vallejo y
la muerte de Dios. Bogotá: Panamericana, 2000, que reúne, entre otros artículos de Gutié-
rrez Girardot, el mismo “Génesis y recepción de la poesía de César Vallejo” que se publicó en la citada Obra poética, puesto que la transcripción de lo que resultaría aquí pertinente excede el espacio de este trabajo.
En P.H. no hay barroquismo en el trato de la sintaxis, apenas si encontra- mos, en un primer grado, aposiciones, inversiones. Esa es una señal de causa a efecto: la expresión directa, su reacción contra la poesía surrea- lista: “hacedores de imágenes”. La expresión directa en P.H., es una expresión que admite se exprese el cuerpo, el inconsciente: que se altere “la pertinencia lógica”. Así es, el verso de P.H. se inscribe dentro de una estética de la modernidad (nº 25: 81-82).
No menos de cinco tópicos teóricos en auge por cada diez líneas pare- ce ser la consigna, por más que en el artículo no se sustente finalmente el vínculo. Otro poeta y crítico peruano, Enrique Verástegui, señala en un artículo publicado en Cuadernos Americanos que: “La máquina Vallejo es una deconstructiva. Máquina deconstructiva de: ideologías, códigos, espejismos” (1988, 8: 205) a lo cual no añade ejemplos de la supuesta analogía entre Vallejo y la deconstrucción. Como vemos, en muchos casos el metalenguaje derrideano, y en general el postestructuralista, ha plasmado ya su incursión en la crítica vallejiana, como en otros tiempos hubo de hacerlo -hegemónicamente- el existencialismo heideggeriano, aunque no se sepa muy bien efectuar descubrimientos y trazar vínculos claros con ellos. En varios casos los críticos al procurar el “descubri- miento” de un valor descentrado en la poesía de Vallejo, a saber el len- guaje, no reparan en que la mención crítica del asunto ya había sido for- mulada tan luego en 1930, en el prólogo a Trilce que dedica José Ber- gamín: “El poeta desarticula la estructura gramatical del lenguaje” (2006: 40),3el cual, para colmo, ha sido referido hasta el hartazgo desde enton-
ces por la crítica.