2.2 Analog to Digital Converter ADC
2.2.2 Proposed method for extracting the model parameters
El caso de este monasterio es uno de los más peculiares en cuanto a su situación y el edificio que se construye en época románica. Por ello no
podemos dejar de echar la mirada atrás para ver cuales eran los precedentes que propiciaron el desarrollo románico en un lugar tan apartado de las vías importantes de comunicación.
En el lugar en que ahora se asienta el cenobio, existía una antigua fortaleza llamada Rupiana hasta el año 646 en que llegó San Fructuoso a la región y fundó el monasterio del que se convirtió en primer abad tras haber abandonado el cenobio de Compludo. A este le sucedió San Valerio que sufrió la invasión árabe que tuvo como consecuencia el abandono del monasterio aunque en estos lugares siguiera existiendo vida eremítica, abandono que continuó hasta la llegada de San Genadio que restauró el monasterio en el 895 tras haber recibido el valle de Valdueza de manos de Ordoño II, donación esta que dará origen al abadengo de San Pedro de Montes y al creciente poder que comenzó a tener esta abadía dentro del ámbito monacal berciano.
El siguiente momento clave en la vida del monasterio tendrá lugar en el momento de introducción de la regla benedictina entre sus muros, lo cual provocó no pocos enfrentamientos aparte de la crisis más profunda de la tebaida berciana que quedó casi completamente huérfana de monasterios, crisis a la cual solo sobrevivieron los más poderosos cenobios, entre los que se contaban Santiago de Peñalba y San Pedro de Montes, que si no salió reforzado en su poder, no perdió demasiada importancia en el régimen de poder del Bierzo.
En tiempos de Alfonso VI llegó la reforma de la liturgia y la introducción lenta pero segura de la regla benedictina había comenzado ya desde el concilio de Coyanza en tiempos de Fernando I. Es en estos tiempos cuando aparece en la documentación del monasterio una duplicidad en los abades que regían la vida de los monjes. Se hallaba el abad tradicional, Oramio, y uno nuevo llamado Pelayo que quedan enfrentados a partir del 1068.
Esta duplicidad representa una corriente tradicional que sigue con las reglas del monacato visigótico, aunque con una fuerte influencia de la regla benedictina y otra renovadora que pretende imponer la regla benedictina sin ningún tipo de fisuras. Esta situación continúa hasta el año 1097 cuando ya han sucedido cuatro abades a Oramio y tres a Pelayo. En este momento y aprovechando la muerte del abad intruso se aprovecha para reconciliar ambas tendencias bajo el mando del abad tradicional, eso sí, pero con la aceptación unánime y plena de la regla benedictina dando así la razón a los nuevos aires que se respiraban en todo el reino y que por fuerza habían de imponerse en todos sus rincones.
Esta lucha por el poder nos da medida de importancia de este monasterio de origen visigodo, que siguiendo las tradiciones de eremitismo que inspiraron dicho monacato se hallaba apartado de los cauces tradicionales de comunicación como podía ser el caso del Camino de Santiago. Nada de esto impidió que parte de la pujanza económica y cultural que este cenobio había detentado por siglos continuara teniendo sede en un lugar tan apartado, aunque, eso sí, ciertamente una sombra de lo que fue. Estos factores darán lugar a que las corrientes artísticas y
culturales que se estaban extendiendo por todo el reino, lleguen aquí con retraso respecto a lugares más centrados en los ejes geopolíticos del reino. De todos modos, aunque con retraso, las manifestaciones que llegan a estos confines serán de carácter culto debido al resto de importancia que aún conservaba este monasterio y que como vemos por la cantidad de enfrentamientos que provocó el control de este poder, no debió ser una porción demasiado pequeña.
Planta y vista del monasterio de San Pedro de Montes.
El edificio románico actual tiene su primer origen en la edificación de una nueva iglesia a partir de 1164, momento en que este es uno de los monasterios más poderosos del Bierzo. Estas obras se realizan siendo abad don Munio y su sucesor.
De estos momentos responderá la planta del edificio, aunque de dicha construcción no conservamos más que la parte baja de la torre debido a que se derrumbó en 1243 y se hubo de reconstruir de nuevo. Conocemos de estos momentos el maestro que realizó las obras, se llamaba Viviano y fue enterrado en una capilla de la iglesia. En su reconstrucción respetó el trazado de la planta del edificio románico original y muy probablemente el aspecto de su alzado, pero introdujo grandes reformas en lo que a los apoyos y estructura interna se refiere, ya que aunque el edificio sigue planteamientos plenamente románicos en su construcción se introduce el uso del arco apuntado en la separación de las naves. Las bóvedas nervadas que sostienen la cubierta de los ábsides y la iluminación por medio de óculos, todo ello muy propio de la reforma cisterciense.
El edificio en cuestión, está formado por una planta basilical de tres naves, de mayor anchura la central y ligeramente más alta. Se separan las naves por medio de arcos apuntados que se apoyan sobre cuatro grandes pilares circulares, siendo este el único ejemplo de este tipo de apoyos que tenemos en la provincia. La sencillez es extrema y la decoración
inexistente, lo cual denota claramente la influencia de la arquitectura cisterciense en este modelo. La iluminación del edificio no llega como sería habitual a través de un hilera de ventanas abiertas en la nave central aprovechando su altura, sino por medio de un gran óculo situado sobre el ábside central. La cubierta de las naves se hace por medio de bóveda de cañón reforzada con fajones que en la nave central tiene la característica que uno se apoya sobre los pilares y el siguiente termina en una simple ménsula.
Por último destacar que la cubrición del ábside central se hace por medio de una bóveda reforzada por nervios que terminan en ménsulas.
En el exterior destacamos la torre, situada a los pies del edificio, solución no demasiado habitual en la arquitectura románica leonesa, aunque si se diera en la catedral de Astorga, San Miguel de Escalada, San Esteban de Corullón, Salas de los Barrios y posiblemente en la iglesia del Mercado en León. Queda por reseñar la portada que daría paso al claustro desde la iglesia formada por un arco de medio punto que apoya sobre capiteles decorados con formas vegetales. La portada está tapiada y en ella se halla la inscripción que relata la historia y construcción del monasterio.