3 Human Cancer Studies
3.3 Studies published after the IARC review
3.3.2 Prospective studies (nested case-control and cohort)
Los efectos de la mundialización de las estrategias que todo gobierno de importancia en Europa había ido construyendo demostraron que la weltpolitik alemana se había convertido en voluntad general. Los movimientos pan-germánicos y paneslavos habían sido y seguirían siendo referentes obligados. Para el emperador alemán, la política mundial era la respuesta ineludible a una situación de facto, existente e imperiosa, a la que debía responderse. La mundialización de la política exterior alemana, interpretada por los sucesores de Bismarck [el canciller Von Caprivi (1890-1894); Holstein; Hohenlohe (1894-1906); el almirante Tirpitz; el coronel-general Von Moltke; el canciller Von Büllow (1900-1909) y Bethmann-Hollweg, canciller desde 1909] testimonia la vitalidad de aquel imperio. La coincidencia de objetivos en la construcción de un imperio colonial, frente a países que ya habían iniciado esta tarea previamente, devino en problemática. Un dato que lo corrobora. La Liga Naval alemana se fundaba en 1898 disfrutando del respaldo de los industriales del Ruhr, y sus campañas de propaganda sobrepasaron las de la Liga Naval británica.
Consecuencia inmediata de la nueva realidad, la especialización de posiciones de dominio en zonas precisas. De este modo, el temor que iba extendiéndose frente a una todopoderosa Alemania produjo una aproximación en pocos años entre Francia y Gran Bretaña, como sabemos, después de haber superado los motivos que casi les habían llevado a protagonizar en 1898 una guerra. El ministro de Negocios Extranjeros francés, Théophile Delcassé, fue el promotor entusiasta de la hipotética unidad franco-ruso-británica, con el fin de articular una alianza anti-alemana y rodear a ésta (aislarla). Pero a pesar de que Gran Bretaña sabía que necesitaba un amigo en Occidente, las visitas oficiales que se sucedieron (Eduardo VII a París y el presidente Loubet a Londres), lo más que consiguieron fue establecer un nuevo clima de dis- tensión y entendimiento. En otro orden de cosas, parece obligado recordar que Francia en 1898, tras la catarsis del asunto Dreyfus, falsedad descubierta en ese año, había puesto en evidencia la efectiva autonomía del Ejército dentro del Estado; problema también del que salió con una imagen pública dañada y vulnerable.
En cualquier caso, la mencionada entente no fue una alianza, como sabemos, y nada se concretó respecto a lo que podría suceder en caso de que alguno de los dos países fuera a intervenir en una guerra. No obstante, este supuesto fue revisado con posterioridad. Concluido con éxito el acuerdo (entente), Delcassé deseaba además que el Reino Unido se convirtiera en un aliado amigable de la que para Francia ya lo era: Rusia. Pero los británicos estaban mucho más atentos observando la nueva amenaza austro-alemana en los Balcanes, ante la poco probable sospecha de que Rusia interfiriese en sus intereses, después del descalabro que había sufrido frente a los japoneses (1904-1905). No obstante, en 1907 ambos países aceptaron, mediante la fórmula de una nueva entente, zanjar pasadas diferencias (por el conflictivo Afganistán y por Persia, sobre todo) y establecer conjuntamente, mediante acuerdo, las esferas de influencia que tanto Rusia como Gran Bretaña se reservaban en estos territorios, incluidas las
ricas reservas petrolíferas iraníes. A juicio de Deaman, la diplomacia alemana falló al no imaginarse el acercamiento franco-ruso y al no haber intentado reavivar la Liga de los Tres Em- peradores.
Pese a ello, la Rusia zarista hundida por las derrotas militares infligidas y atenazada domésticamente desde la revolución fallida (1905-1906), parecía ir perdiendo el papel tradicional que para si misma se había reservado en Europa durante años. Lo cual fue una invitación no deseada pero efectiva para que otras potencias lanzaran una tentativa de modificación del equilibrio existente. El arrinconamiento de ésta puso en marcha, por tanto, el cuestionamiento de las anteriores estrategias.
Théophile Delcassé había logrado no obstante un sistema diplomático bastante aceptable, aunque sin la notoriedad o relevancia del sistema Bismarck, que había impregnado la política europea en años precedentes. Su eficacia, aunque por poco tiempo (hasta agosto de 1914), se cifraba en estrechar lazos con Rusia, disociar a Italia de la Triple Entente (acuerdos comerciales de 1898 y políticos de 1902, buscando su neutralidad) y asegurarse la amistad británica (entente cordial de abril 1904). Todo con objeto de contrapesar la alianza germano-austro-húngara.
Suele observarse que el afianzamiento de las posiciones francesas en Marruecos, como propósito, resultó determinante en el período activo de construcción de este sistema, es decir durante la gestión de este ministro francés. Pero en su conjunto, también cabe destacar la operatividad del sistema: su cuadro diplomático fue adecuado ante la supuesta amenaza germánica en Europa.
De otra parte, los efectos notables de la modernización económica desplegaron acciones concluyentes entre los países más desarrollados, tendentes por la fuerza de los hechos a adquirir posiciones en el dominio de las relaciones internacionales en este tiempo. Además de los grandes ejércitos, era la hora nuevamente del despliegue de mecanismos financieros actuando en el exterior. Sin embargo, a los éxitos adquiridos por unos y otros en lugares muy distintos de la geografía europea y extra-europea les sucedieron los recelos entre competidores y una creciente preocupación vinculada a la madurez del sistema capitalista. Buena prueba de ello está en la firma de nuevos Tratados de comercio que regularon las relaciones mercantiles entre distintos países europeos (Alemania, Rusia, Italia, Austria-Hungría, etc.) desde 1904.
Año en el que dio comienzo la guerra ruso-japonesa y que marcó un cambio importante en las relaciones internacionales contemporáneas. Dos potencias enfrentadas, con economías en expansión, y dos ejércitos, uno de ellos más modernizado que el otro, empleando modernas técnicas de ataque. Conflicto que durante 18 meses amenazó con traer complicaciones internacionales muy serias. Esta guerra, más allá de interpretarla como un conflicto regional, como hoy diríamos, fue una guerra completamente nueva, propia ya del siglo XX y muy
reveladora de numerosos fenómenos que permiten comprender la aceleración con que se viviría hasta el estallido de la Gran Guerra europea. La lucha nacional concebida por ideologías diferentes, países y grupos bien distintos revela la complejidad del modelo, que en ningún caso obedeció a similares y exactas características.
Los choques de intereses irían generando, por tanto, una serie de eslabones de tinte irreversiblemente belicista. Pronto se haría patente en las sucesivas crisis planteadas. Hacia 1905, la gran era del imperialismo parecía estar acabada, según G. Craig, y el gran sistema de seguridad europea creado por Bismarck, quebrado definitivamente. El equilibrio de poder se había transformado en algo tan precario, que cualquier incidente diplomático sería capaz de provocar una conflagración (véase la fig. 11.2).
FIG. 11.2. Alianza y ententes entre Francia, Gran Bretaña y Rusia.
El sistema de alianzas. Sinopsis 1882. Triple Alianza
En continuidad con el Tratado Austro-Alemán firmado en 1879, Italia se unió a la alianza germano-austríaca en 1882, formación que pasaría a ser conocida como la Triple Alianza. Fue renovada en 1907 yen 1912.
1893. Alianza franco-rusa
La entente franco-rusa de 1891 establecía para ambos signatarios la consulta mutua, en el caso de amenaza de agresión a una de las potencias. En 1892 se llegó a la firma de una convención militar franco-rusa que precedió a la posterior alianza de 1893.
1902. Alianza anglo-japonesa
En el otoño de 1901 las negociaciones para una alianza anglo-germánica se colapsaron. Las precedentes conversaciones franco-alemanas se rompieron asimismo. No obstante, en 1902 Gran Bretaña fortaleció sus posiciones en Extremo Oriente firmando una alianza defensiva con Japón.
1904. Entente Cordial (Gran Bretaña y Francia)
Un acuerdo menos formal que una alianza completa, la entente alcanzada entre ambos países zanjó pasadas diferencias coloniales (sobre Egipto y Marruecos). En este mismo año, las relaciones de Gran Bretaña y Rusia fueron congeladas por un incidente (el Dogger Bank), el hundimiento de un arrastrero británico por la flota rusa. Alemania intentó tomar ventaja de la situación creada, pero sus negociaciones con Rusia fracasaron.
1907. Entente anglo-rusa
El mismo año en que la Triple Alianza fue renovada para seis años, Gran Bretaña y Rusia iniciaron un nuevo acercamiento. La entente puso fin a una serie de disputas imperiales, que concernían especialmente a territorios de Persia, Tibet y Afganistán. Colectivamente, Francia, Gran Bretaña y Rusia integraron entonces la Triple Entente. Y Europa se encontró desde
aquel instante dividida en dos sistemas principales de alianzas, permaneciendo de este modo hasta más allá de 1914.
Desde el punto de vista alemán, la Entente Cordial representaba ya desde 1905 una seria pérdida de prestigio, pues los estadistas alemanes percibieron que su situación diplomática se había deteriorado y debían implementaría nuevamente. Desde esta reflexión, la política alemana comenzó a seguir, según P. Gilbert, dos líneas diferentes, aunque no contradictorias. Una, humillar a Francia. Y el otro objetivo consistía en restablecer las relaciones amistosas con Rusia, a fin de reconstruir la situación que había existido en la época de Bismarck, antes del abandono del Tratado de Reaseguro.
Las crisis desplegadas desde estos años (1905-1914) más importantes fueron, pues, la primera crisis marroquí (1905), la segunda crisis marroquí de 1911, y luego las crisis de los Balcanes, especialmente desde 1912.