Carne Picada es tal vez la novela que nos ofrece más material para el
rastreo que nos hemos propuesto. Muestra la hechura, la confección de la
novela, desde la convocatoria a los personajes hasta su discusión con ellos por
circunstancias casi fútiles. Suponemos que el escritor es Rodolfo Rivarola, pero
hay un omnisciente que sobrevuela el texto y realiza inclusiones de este tenor:
“habla Rodolfo en el Café de los Ciegos...”(CP,p.13). Luego Rivarola le exige
precisiones a Luciano, el personaje, y se establece este revelador diálogo:
-Qué sé yo, Rivarola, eso sí que creo que no es importante...
-¡Carajo, el que manda en la novela soy yo! Sí que es importante, es prioritario.(...) Vamos, hacé memoria, si querés ser personaje mío tenés que hacer méritos, turrito.
Entonces el personaje pugna por recordar, pero se tienta, sucede que no está acostumbrado a discutir con su creador, y le cuesta aún, adjudicarle importancia a ese momento. (CP,p.15)
-(...) ¿Vos entendés de prode, Rivarola?
- Otra agresión como ésas y te expulso directamente de la novela- amenaza el creador-. Lo que me faltaba, que un personaje me venga a preguntar a mí si entiendo de prode, hay algunos códigos de la narrativa moderna que no me banco más. Oime petiso con palanca al piso, yo soy un intelectual comprometido con la problemática de mi país, las obsesiones del pueblo son mis obsesiones. ¿Qué otra posibilidad de salvación puede tener un rata en la Argentina? Nunca hice más de siete puntos, si te interesa.
Ríe como cuando era joven el personaje, como cuando robábamos. ... -(...) “Gordo”, dije, creo.
- Ahora te podés callar, lo demás puedo inventarlo solito. Gracias. (CP,p.16)
También aparece en esta obra la idea del narrador como especie de
medium que transmite voces ajenas: “Yo soy ejecutor, decía Rodolfo, y a
menudo sigo diciéndolo, yo ejecuto los razonamientos de mis amigos, no
descubro, cuento lo que puedo ver, lo que me dicen, no quiero tener razón, soy
tan solo un repetidor, un eco, soy una mentira, créanme” (CP, p.29-30).
...y es aquí entonces cuando el narrador omnisciente vuelve a violar otra vez todas las prescindibles reglas del punto de vista y decide introducirse con cierta prepotencia, como de guapo, porque considera o siente o se le antoja que esta novela, que debe ser abierta como una carcajada o un parque o una vida, estaría incompleta si no se le tributa un homenaje al tovarich Otero...” (CP,p.84)
El mismo autor finge tratar de contener su presencia, sus intrusiones...
Veamos:
Pero no, debo dejar de golpear la puerta equivocada, debo dominarme y no permitir que mi odio o mi envidia me arrastren, me inciten a abusar de mi tranquila condición de narrador omnisciente para vituperarlo, tengo entonces que reconocer que Jesús tenía talento, y sensibilidad, y sin embargo, con esa utopía que llamamos objetividad, debo afirmar también que carecía de constancia, se quedaba en el mero ingenio y era apenas un destacado iniciador, un aperitivo interesante para la gran cena del arte, un saladito. (CP, p.93)
...bancá mi condición de novelista dolorosamente lúdico que va y viene por las ramas del relato como una mariposa salvaje, un gambateador o en cierto modo un evasivo. (CP, p.266)
debo admitir que el hecho de ser omnisciente no me habilita a ser falso, así que debería alejarme de tanta alharaca y contar la verdad porque estoy viviendo en la Argentina y el hecho de ser omnisciente en ningún momento significa que yo sea un suicida, que cuente lo que directamente saber es ya un compromiso riesgoso...(CP, p.267)
...téngase en cuenta que él vivía de recuerdos, los elementos de trabajo que tergiversaba, muy grande es el despelote que puede hacer un mentiroso con el realismo, resulta excesivamente obvio decirlo después de todo lo que se contó, antes de todo lo que me faltaría contarles...(CP, p. 289)
Raúl Velozzi 16, identifica las razones de esa omnisciencia, que el crítico llega a considerar una hipertrofia del yo:
Carne Picada se basa en una oposición central: Jorge Asís, el autor- personaje, y Rodolfo Zalim, el alter ego expreso de ese mismo autor- narrador. La novela surge del juego y la tensión entre ambos. (...) La inclusión del narrador va acompañada de un adjetivo persistentemente
reiterado: omnisciente. Y esta omnisciencia que Jorge Asís se ve en la necesidad de recalcar una y otra vez, es la contracara necesaria del escepticismo, del desprecio por la realidad por perdedores y triunfadores (...) Es necesaria para elevarse por encima de todos ellos, (...) todos serán sus personajes, porque el espectáculo del mundo -de la Argentina- es una farsa trágica de la que mejor es hacerse a un lado: “En este proceso kafkiano -dice Asís- no seré juez ni condenado...me pondré al margen”. (...) El yo hipertrofiado, en el esfuerzo por salir de la novela, muchas veces sale de la literatura para internarse en el resbaladizo terreno del show-business a la manera norteamericana, ya sea el estilo del libro-confesión o de las memorias de los astros de Hollywood: escribir sobre los demás es la excusa para escribir sobre sí mismo. Una excusa totalmente válida, por otra parte.
La utilización alternada de la primera y la tercera persona por parte del
narrador, es una técnica que podemos rastrear en casi todos sus libros, y tiene
la finalidad de desorientar al lector en cuanto a hacerle dudar y creer, alternativa
y aún simultáneamente, de que lo que le comunica es autobiográfico. “La novela
objetivista, dialogada, parece dar la impresión de que no hay un filtro
interpretativo de la realidad, que el discurso fluye por sí mismo y que no hay
nadie detrás”17. Asís destruye esa ilusión, introduciéndose en forma permanente, para alternativamente, hacer creer al lector que habla de sí mismo o de otro,
para reforzar la ficción y al mismo tiempo, corroerla:
pienso que debo alejarme, asumir mi ambigüa condición de narrador omnisciente e impedir que los incautos supongan que estoy redactando una autobiografía. Mejor, en todo caso, es ponerme a juguetear, por ejemplo, retomar la recursiva tercera persona, así, yo mismo trato, con el lenguaje, de embaucarme y de creer que estoy hablando de otro, de cualquiera de mis tantos personajes de ficción, como somos todos los que persistimos vocacionalmente en esta ciudad carnívora... (FR, p.19)
Por ello dirá en Cuaderno del Acostado, el diario de su derrota personal:
“Al carajo con la tercera persona: éste es el libro de mi desmoronamiento” (CA,