perdurabilidad de la tradición.
Junto a estas expresiones sobre los humores y la sangre, aún perduran otras basadas en el naturalismo hipocrático, como cambiar de aires, asociada al ecologismo o ambientalismo hipocratista que
consideraba que el aire y el ambiente eran factores determinantes de la salud humana. Asimismo, algunos refranes como Cura al enfermo el tiempo y lo achacan al ungüento encierran también la concepción naturista de Hipócrates, que resumía en la expresión natura vix curatrix, es decir, en su visión de la naturaleza como fuerza curadora. La idea galénica del catarro –y de otros fenómenos fisiológicos como la digestión– concebida como cocción se encuentra en el refrán Resfriado cocido, dalo por ido.
La perduración popular de la teoría humoral del galenismo en el lenguaje general se refleja asimismo en otras palabras y expresiones. El mismo término griego humor ‘elemento secundario del cuerpo que es sustrato material de las cualidades elementales’, se concerva actualmente con el significado de ‘estado anímico’ y de ‘gracia, hilaridad’, así como las palabras que designaban los temperamentos o tipos psicosomáticos: melancólico, bilioso, flemático, atrabiliario, colérico y sanguíneo. La teoría humoral asignaba a determinados órganos la morada o asiento de cada uno de los humores. Así, la bilis amarilla, que era el humor que predominaba en las personas de temperamento bilioso o colérico, tenía su sede en el hígado, de ahí que a este órgano, como morada de las pasiones, se le atribuyera la causa del talante airado o nervioso. Estas ideas hacen que, en nuestra cultura, el hígado esté asociado a la cólera y la bilis a la animosidad, hecho relacionado con el sabor amargo de la bilis. Estas ideas coinciden con el pensamiento árabe y chino. Para la cultura china, el hígado es el generador de las fuerzas, del valor y las virtudes guerreras; en algunas lenguas asiáticas, los conceptos de ‘hígado’ y ‘valor’ se designan con la misma palabra.
Las asociaciones basadas en la antigua doctrina humoral griega se reflejan en las siguientes expresiones actuales: tener hígados ‘poseer coraje, ánimo’, malos hígados ‘mala voluntad’, poner algo a alguien del
hígado ‘poner nervioso, irritado’, saltar la hiel ‘exaltarse por la envidia’. Al ser el hígado la sede de la
bilis amarilla y causa de la ira, la rabia que produce la envidia produciría la secreción de la hiel, líquido viscoso fabricado por el hígado; así, tenemos, echar bilis ‘exaltarse por la indignación o la ira’, ponerse
verde de envidia, por el color entre verdoso y amarillento de la bilis, sede de la envidia, el refrán Ante el hambriento no comas tu miel, para que no se salte la hiel, que se refiere a la secreción de la hiel por el
hígado ante el sentimiento de envidia, tragar bilis ‘aguantar la rabia o la indignación’. En algunas zonas de Hispanoamérica son corrientes expresiones similares, como hincharse el hígado, reventar el hígado,
caer en la punta del hígado para expresar enfado o disgusto.
En el lenguaje médico popular de algunas zonas del español, se emplean palabras o expresiones como
bilis, ataque de bilis, bilis derramada, derramamiento de bilis, regada de bilis o vesícula para referirse a
una enfermedad que se manifiesta por transtornos digestivos y el color amarillento de la piel, y que está motivada por la secreción de bilis ante experiencias emotivas críticas, como la ira o el coraje. El mecanismo de la enfermedad sería el calentamiento y la salida de la bilis del hígado y su depósito en el estómago, lo que motivaría el malestar gástrico y la coloración de la piel.
Existen también expresiones referidas a la flema o pituita; este humor poseía su asiento en el cerebro y su predominio en el organismo determinaba el carácter flemático, propio de las personas tranquilas y
sosegadas. De ahí procede la expresión flema británica, para referirnos a la impasibilidad, al temperamento frío o la calma excesiva. También recibía el nombre de pituita. Emparentado con este término, tenemos la palabra despepitado ‘sin pituita, nervioso’ y pitañoso, antiguamente definido como ‘el que tiene los ojos blandos y corre el humor pituita por ellos’, y que actualmente significa ‘legañoso, con los ojos tiernos’.
Las expresiones referidas a la bilis negra se basan en la creencia de que este humor es segregado por el bazo y que era la causa de la melancolía. Con este término los griegos designaban el mismo concepto que actualmente designa la palabra depresión. A esta bilis se le atribuía color negro por el color del tejido esplénico que la segregaba. Es importante notar que en la medicina griega el origen de este transtorno era orgánico, anticipándose parcialmente en varios siglos a la psiquiatría actual, que atribuye la causa de la depresión a alteraciones bioquímicas del cerebro. La mencionada asociación explica que la palabra inglesa spleen –derivada del griego esplén(io) ‘bazo’–, que pasó al español esplín ‘depresión’, signifique tanto ‘bazo’ como ‘depresión’.
La desmotivación es un fenómeno que pone de manifiesto la falta de simetría total entre lengua y cultura. Por ejemplo, la palabra actual colérico ‘persona irritable’ procede del griego cholé ‘bilis amarilla’. El concepto original tomó su nombre del hecho de que a las personas con carácter irascible la medicina les atribuía un predominio de la cholé o bilis amarilla en su organismo. La motivación del término nos sitúa en el marco cognitivo de la teoría humoral, que no pertenece al pensamiento científico actual, sino a la doctrina médica galénica, que perdió su plena vigencia en el siglo XVII. Por tanto, la palabra colérico está motivada morfológicamente y es reflejo de una cosmovisión que incluía la creencia de que el temperamento dependía del predominio de un humor, pero en absoluto refleja la cultura o visión
científica actual. Consiguientemente, se trata de un dato lingüístico que refleja un dato científico-cultural, pero no vigente y, por lo tanto, poco revelador del pensamiento biomédico actual, aunque pueda estar presente en las creencias populares de algunos hablantes.
La pervivencia lingüística y cultural de ideas aisladas correspondientes a sistemas médicos o científicos ya superados no debe entenderse como una simple fosilización de conceptos muertos, pasivos y estáticos, sino como un producto de la circularidad derivada de la comunicación, la vitalidad y el dinamismo de las ideas y creencias. Alejados de las metáforas geológicas que conciben la cultura de forma estratificada y jerárquica, y que consideran dichas ideas o expresiones como fósiles sin vida, creemos que no deben tomarse estas ideas pervivientes como simples estratos inertes e culturalmente inferiores, sino como creencias mantenidas y renovadas que son fruto de la circularidad dinámica de las ideas y los símbolos.