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Los estudios que versan sobre el autoconcepto han utilizado una gran variedad de términos que han llegado a hacer muy difícil las tareas de interpretar gran parte de la literatura y de conceptualizar el término “autoconcepto” (Véase Wylie, 1979, 1989). Es por esto que, nos parece de primordial importancia hacer referencia a los problemas conceptuales que han venido dificultando la definición de este constructo, así como ofrecer una delimitación conceptual de aquellos términos que van a ser utilizados en el presente trabajo.

2.1. PROBLEMAS CONCEPTUALES

Byrne (1996) resume el problema de la conceptualización del autoconcepto en cuatro causas fundamentales: la ausencia de una definición aceptada universalmente, la variedad de términos sinónimos asumidos y utilizados en la investigación, la ambigua distinción entre algunos términos, tales como autoconcepto-autoeficacia o autoconcepto- autoestima, y el predominio de las nociones informales del autoconcepto frente a las formales.

1.- Ausencia de una definición aceptada universalmente

El problema central de la conceptualización del autoconcepto ha sido la ausencia de una definición del constructo clara, concisa y universalmente aceptada. En diversas revisiones realizadas sobre este tema se ha recogido una extensa gama de definiciones (Burns, 1979; Byrne, 1984; Hansford y Hattie, 1982; Shavelson et al., 1976; Wells y Marwell, 1976; Zirkel, 1971). Así, por ejemplo, Shavelson y colaboradores (1976) encontraron 17 dimensiones conceptuales diferentes a partir de las cuales se pueden clasificar las diferentes definiciones del término.

2.- Variedad de términos sinónimos utilizados en la investigación

En la literatura sobre esta área de estudio se utilizan indistintamente infinidad de términos diferentes (Blascovich y Tomaka, 1991; Hattie, 1992). Este hecho añade confusión al problema conceptual de partida. En un trabajo que trata de resolver este problema, Hattie (1992) considera que la mayoría de los términos empleados pueden ser categorizados en torno a los dos grandes términos del área: autoconcepto y autoestima. Los términos que se suelen intercambiar con autoconcepto son: self, autovaloración (self-estimation), autoidentidad (self-identity), autoimagen (self-image y self-imagery), autopercepción (self-

perception), autoconocimiento (self-consciousness), y autoconciencia (self -awareness).

Aquellos otros términos intercambiados más habitualmente con la autoestima son: autoconsideración (self -regard), autoveneración (self-reverence), autoaceptación (self -

aceptance), autorrespeto (self -respect), autovalía (self -worth ), autosentimientos (self- feeling) y autoevaluación (self -evaluation).

3.- Diferenciación del autoconcepto y otros constructos relacionados

Otro de los problemas en torno a la definición del autoconcepto es la ambigua distinción existente entre este constructo y otros constructos relacionados. Entre estos términos relacionados con el autoconcepto y que más conducen a confusión destacan la autoeficacia, la autoestima y el self (Byrne, 1996).

Autoconcepto versus autoeficacia

Los estudiosos del campo de la autoeficacia han estado especialmente preocupados por delimitar las semejanzas y diferencias entre autoconcepto y autoeficacia (Bandura, 1986, 1997; Villamarín, 1990). Así, las semejanzas entre estos conceptos tienen que ver con el papel que ambos conceden a las variables de tipo personal en la determinación de la acción, y en el carácter eminentemente cognitivo de estos constructos, lo que en buena medida explica su vigencia actual (Villamarín, 1990). El mismo Bandura (1986) afirmaba que, aunque las creencias de confianza del individuo son esenciales para ambos conceptos, los dos representan fenómenos distintos y no deben ser considerados como sinónimos.

Así pues, según Bandura el autoconcepto podría definirse como la visión global de uno mismo que se forma a partir de la experiencia directa y de las evaluaciones de otras personas significativas. En este sentido, el autoconcepto se evalúa preguntando a las personas en qué medida determinadas afirmaciones descriptivas de atributos pueden ser aplicadas a ellas mismas (Bandura, 1997).

En contraste, la autoeficacia hace referencia a los juicios de los individuos sobre sus capacidades para ejecutar una acción que le conduzca al logro de determinado rendimiento. En este sentido, la autoeficacia varía en función de los diferentes tipos o áreas de actividades, incluso dentro de un área dada varía en función de los diferentes niveles de dificultad y en función de las diferentes circunstancias (Bandura, 1997).

A pesar de que en la actualidad se distinguen varios dominios del autoconcepto, además del autoconcepto global, éstos se diferencian de la autoeficacia en el grado de especificidad. Mientras que la autoeficacia es un juicio de las capacidades del individuo para ejecutar conductas específicas en situaciones específicas, el autoconcepto recoge creencias más generales de autovalía asociadas con la competencia percibida por la persona en un dominio determinado (Pajares y Miller, 1994). Así pues, el autoconcepto comparado con la autoeficacia es más global y menos dependiente del contexto (Pajares, y Miller, 1994; Strein, 1993).

Marsh, Walker y Debus (1991) contribuyen a la distinción entre estos dos conceptos señalando que el autoconcepto está probablemente más influido por el marco de referencia y la comparación social, que la autoeficacia. Por ejemplo, un estudiante al responder a una medida de autoconcepto que suponga la evaluación de capacidades relacionadas con el ámbito escolar, normalmente realizará tal juicio comparando su propia ejecución con la de sus compañeros de clase (comparación externa), así como con su propia ejecución en otras áreas (comparación interna). Este proceso de comparación dual representa los efectos del marco de referencia. Sin embargo, los juicios de autoeficacia se centran sobre la capacidad

del estudiante en relación a determinados criterios específicos y, como consecuencia, se minimizan los efectos del marco de referencia.

Autoconcepto versus Autoestima

La distinción entre autoconcepto versus autoestima es quizás una de las cuestiones que más debate ha originado entre los investigadores. En general, los estudiosos suelen aceptar que estos dos conceptos representan aspectos diferentes del self (Byrne, 1996; Hattie, 1992). En este sentido, mientras que el autoconcepto connota una definición del constructo que incluye aspectos cognitivos, afectivos y conductuales, la autoestima denota un componente evaluativo del autoconcepto (Blascovich y Tomaka, 1991; Wells y Marwell, 1976). Brinthaupt y Erwin (1992) han vinculado esta distinción a la diferencia existente entre autodescripción y autoevaluación.

En contraste, algunos autores consideran que en todas las mediciones del autoconcepto existe un componente evaluativo, incluso en aquellas medidas que, de forma manifiesta, carecen de contenido relacionado con la estima (Greenwald, Bellezza y Banaji, 1988). Esto conduce a que la distinción entre ambos conceptos sea más bien a nivel conceptual que a nivel práctico. De hecho, a pesar de los reclamos de distinción entre ambos términos, la investigación sobre la validez de constructo no ha apoyado significativamente esta distinción (Marsh, 1986a; Shepard, 1979). Como consecuencia, la mayoría de los investigadores usan estos términos como sinónimos (Hughes, 1984; Shavelson et al., 1976).

Autoconcepto versus Self

En ocasiones se han utilizado los términos autoconcepto (self -concept) y self como si fueran intercambiables. Sin embargo, un autoconcepto es una idea sobre algo, mientras que el self es la entidad a la cual se refiere el autoconcepto (Baumeister, 1998). El autoconcepto hace referencia a una construcción cognitiva, mientras que el self hace referencia a una entidad. Así pues, podríamos traducir el término “self” como “sí mismo”; sin embargo, puesto que el término anglosajón está ampliamente integrado en el lenguaje de toda la comunidad científica, será éste el que utilizaremos en el presente trabajo.

Es fácil confundir estos dos términos ya que la construcción cognitiva forma parte de la naturaleza del self (Baumeister, 1998). Por tanto, el self hace referencia a un concepto mucho más amplio que incluye dentro de sí a otros constructos más concretos como el autoconcepto o la autoestima.

4.- Predominio de las nociones informales sobre las formales

Una última cuestión relacionada con la medida del autoconcepto es la tendencia de los investigadores a sustituir las definiciones académicas con nociones del lenguaje común (Blascovich y Tomaka, 1991). Como hemos dicho anteriormente, algunos autores asumen que todo el mundo conoce el significado de este concepto por lo que consideran innecesario aportar una definición sobre el mismo (Marsh, 1997). Sin embargo, dado que el autoconcepto es un constructo hipotético, no evaluable directamente, es fundamental que se

establezca su significado y legitimidad a través de pruebas de validez de constructo (Byrne, 1996).

2.2. DELIMITACIÓN CONCEPTUAL DE LOS TÉRMINOS UTILIZADOS

Después de muchos años de confusión, parece haber un acuerdo general respecto a las definiciones tanto del self como de sus constructos primarios: autoconcepto y autoestima.

El término “self” hace referencia a un constructo que podemos definir en base a las creencias, actividades y experiencias relacionadas con el mismo. Según Higgins (1996), el

self no es un simple objeto, sino más bien un constructo que no puede ser directamente

percibido o conocido. Sin embargo, cada individuo (con la ayuda de los otros) construye todo un cuerpo de creencias sobre él. La acumulación de este conjunto de creencias es, en esencia, la construcción del self .

Por otra parte, Baumeister (1998) entra en más detalle al entender el self como una entidad caracterizada por tres tipos de actividades y experiencias: la conciencia reflexiva, los roles interpersonales y la función ejecutiva. Por conciencia reflexiva se entiende la experiencia por la cual una persona es consciente de sí misma. Esta experiencia parece ser común en todos los seres humanos y es central para la naturaleza del self. Además, el self es un ser interpersonal; no se desarrolla como una unidad en aislamiento. Las personas aprenden quién y qué son para otras personas y siempre tienen identidades como miembros de grupos sociales. Asimismo, las relaciones con los otros significativos son de vital importancia para el desarrollo del self. Por último, el self es una entidad que toma decisiones, que inicia las acciones y que adquiere responsabilidades. Tiene, por tanto, una función ejecutiva.

El término autoconcepto se asigna a la autodescripción, es decir, hace referencia a los atributos o características del self que son reconocidos conscientemente por el individuo a través del lenguaje, o lo que es lo mismo, a cómo se describe el individuo a sí mismo (Harter, 1999). De este modo, una serie de afirmaciones como “Yo soy una mujer” o “Yo soy un estudiante” se reúnen para producir una conciencia multifacética del self (Fox, 1988; Sonstroem, 1982). Además de autoconcepto y autodescripción, otros términos tales como autopercepciones o autorrepresentaciones son utilizados como sinónimos de este concepto. Shavelson y colaboradores (1976) definen al autoconcepto como las autopercepciones de una persona que se forman a partir de la experiencia y de las interpretaciones de su ambiente. Se encuentra influido especialmente por las evaluaciones de los otros significativos, los reforzadores y las atribuciones de la persona sobre su propia conducta (Shavelson et al., 1976).

El término autoestima, por otro lado, implica un componente evaluador, por tanto consiste en una serie de reflexiones sobre el self . Puede definirse como la valencia de la evaluación de la persona sobre el self . Por tanto, la autoestima es el aspecto evaluativo de la

conciencia reflexiva del self ya que hace un juicio basado en el autoconocimiento (Baumeister, 1998).

Sin embargo, las autodescripciones no están exentas del carácter evaluador de la autoestima, por lo que la distinción mencionada entre autoconcepto-autoestima o autodescripciones-autoevaluaciones es más conceptual que operacional. Es decir, las autodescripciones que el individuo hace de sí mismo no tienen un valor neutro, tienen un significado afectivo y reflejan autorrepresentaciones que son evaluadas como favorables o desfavorables. Así pues, la autoestima podría tener a su base una multitud de evaluaciones de aspectos específicos como “Yo soy el mejor corredor de la clase”. Susan Harter (1999), en un intento de hacer operativa esta distinción de conceptos, utiliza el término autoconcepto para referirse a las autoevaluaciones de dominios específicos como la aceptación social, la competencia cognitiva, la apariencia física, etc., y emplea el término autoestima o autovalía para referirse a las evaluaciones globales de la valía del individuo como persona.

En el presente trabajo, por una parte, para referirnos a los trabajos donde los investigadores no han tratado el asunto de la valencia, utilizaremos los términos autoconcepto, autodescripciones, autopercepciones o autorrepresentaciones; y, por otra parte, para referirnos a los trabajos en los que sí se asume la valencia y a los que hablan de definiciones globales del individuo, usaremos los términos autoestima, autoevaluaciones, autovalía y autoconcepto general ajustándonos a la terminología empleada por cada investigador.

Por último, siguiendo a Susan Harter (1999), en nuestro trabajo empírico utilizaremos el término “autoconcepto” para referirnos a las autopercepciones del individuo en dominios específicos, y el término “autoestima” o “autovalía” para referirnos a la percepción global de la valía del individuo como persona.