Entre los artistas que denotan la influencia del taller de Weyden hay que mencionar a Thierry Bouts. La tabla de La Visitación de Nta. Señora del Museo del Prado (h. 1445) constituye una de sus obras
tempranas. Entre sus pinturas más ambiciosas se encuentran el Políptico del Sacramento de la iglesia de San Pedro en Lovaina, en la que se evidencia su gran técnica y su estilo algo dura e inexpresivo. Por su parte, el díptico del Juicio del emperador Otón (1470-1475) responde a una tipología de cuadros que debió
ser muy común en los espacios en los que se administraba justicia. En ellos solía representarse algún proceso finalizando con un castigo ejemplarizante para que estuviese a la vista de todos.
De una generación más joven fue Hans Memling (aprox. 1435-1494). Su pintura se caracteriza por un tono amable y suave que domina hasta las escenas más dramáticas. La Virgen con el Niño del Díptico de Nieuwenhove (1487) pone de manifiesto, en la forma de la cabeza y los rasgos del rostro, la continuidad de los modelos de Weyden. Otra obra que ilustra perfectamente esta relación maestro-discípulo será el conocido como Tríptico de Carlos V que constituye un tratamiento nuevo del Tríptico de la Santa Columba, con citas casi literales en la composición, pero en la que los personajes respiran una claridad y sinceridad casi ingenuas. Para el Hospital de San Juan de Brujas pinta El relicario de Santa Úrsula, donde se narra la vida de la santa con su característica sencillez que, en ocasiones, priva de dramatismo a la escena. Otra obra que permite profundizar en la fina sensibilidad de Memling es Betsabé saliendo del baño (fig. 17). La escena, que se desarrolla en un doble plano, destaca por la composición del espacio narrativo. En el interior de la estancia, Betsabé sale del baño con la ayuda de una doncella. Al fondo, a través de la ventana, se observa al rey David en el balcón de su palacio tramando el adulterio. El objetivo de Memling no es la historia bíblica, que sirve como excusa para la representación del desnudo, sino su transposición al mundo burgués de la época.
Hugo van der Goes, fue el contrapunto a Hans Memling, tanto en pintura como en su propia vida, debido a
su personalidad inestable y trastornos psíquicos. Estilísticamente, se muestra innovador en su concepción de la luz y en su visión monumental. Sus figuras están dotadas de una extraña tensión e inquietud que se traslada a toda la escena, gracias también a una paleta de color que no rehusa las tonalidades agrias. Todo ello se hace evidente en dos de sus obras más importantes: La Muerte de la Virgen (h. 1476) y el Tríptico Portinari (h. 1476) fig. 18. Éste último fue realizado por encargo del florentino Tomasso Portinari,
representante de la familia Medici en Brujas. La tabla central presenta la adoración de los pastores. En la izquierda se encuentran, arrodillados, Tomasso con sus dos hijos, junto a San Antonio y Santo Tomás. En la derecha se presenta María Portinari y su hija, acompañadas por Santa Margarita y por María Magdalena. Las figuras destacan por su rudeza, en espacial los pastores, pero sin perder solemnidad.
Justo de Gante (-1475) o Gerard David (1460-1523) son otros de los artistas destacados de esta segunda
generación, cuya obra supone el punto final de esta escuela tan destacada. Pronto se observa una pérdida de vitalidad e imaginación que deriva en una repetición poco afortunada de las fórmulas de sus
predecesores. Sólo algunos artistas lograron escapar. Entre ellos, sin duda el más excepcional, el holandés
Hyeronimus Bosch, El Bosco. Obras como la Epifanía, El Carro de Heno o el incalificable Jardín de las
Delicias, todas ellas en el Museo del Prado, evidencian la extraordinaria personalidad de este pintor imaginativo y fantástico, cuya obra constituye una isla en la corriente de tradición que se intenta mostrar. 4. La difusión del modelo flamenco en Europa
En Francia destacarán las figuras de Jean Fouquet (h. 1414-1480) y Bartolomé van Eyck (muerto hacia 1476), ambos pintores y miniaturistas. La obra más conocida de Fouquet es el Díptico de Melun (h. 1450) fig. 19. En la tabla de la izquierda retrata a Etienne Chevalier acompañado de su santo patrón sobre un fondo que evidencia el conocimiento de la perspectiva italiana. Por su parte, la tabla de la derecha presenta una extraña Virgen con el Niño. Una figura cuyo equívoco erotismo parece situarla en un ámbito profano, pese a la presencia de los ángeles y las diferencias evidentes entre ambas tablas. Bartolomé van Eyck es casi con seguridad el autor del Tríptico de la Anunciación de la iglesia de Sta. Magdalena de Aix (1440) fig. 20, en el que es evidente el conocimiento de la pintura flamenca. Como miniaturista, su obra más conocida es el Coeur d’Amours Espris, sobre un texto de René de Anjou.
En Provenza destacan las figuras de Nicolás Froment, quien pinta en 1476 el Tríptico de la Zarza Ardiendo (fig. 21) y de Enguerrand Quarton, autor de la Coronación de la Virgen y de la Piedad de Avignon.
En el Imperio la influencia de la pintura flamenca se deja ver con cierto retraso, pero adquirirá una notable importancia. Entre los artistas destaca Conrado Witz, cuya obra más conocida es La Pesca Milagrosa del Retablo de Ginebra. También destacó Michel Pacher, escultor y pintor, que realizó el Retablo de San Wolfgang.
En la Península Ibérica se observa una disminución de la importancia de Cataluña y una mayor
permeabilidad a la recepción de las formas flamencas en Valencia y Castilla. En Valencia, esta tendencia tiene origen con Lluis Dalmau, manifestándose su interés por las obras de Van Eyck en el Retablo dels Consellers, donde recupera fragmentos exactos del Políptico de Gante. En la Corona de Aragón destaca
Bartolomé Bermejo, siendo sus obras más sobresalientes el Santo Domingo de Silos (h.1474-1477) fig. 22,
el Retablo de la Virgen de Monserrat y la Piedad del canónigo Desplá. En Castilla hay varios focos
importantes; en Burgos sobresale Diego de la Cruz siendo su obra más importante la Epifanía de la catedral de Burgos. En Salamanca destaca Fernando Gallego, destacando en su obra el Retablo de Ciudad Rodrigo, el Retablo del Cardenal Mella o el Retablo de San Lorenzo, en el que destaca la tabla central, fig. 23.
HISTORIA DEL ARTE DE LA BAJA EDAD MEDIA