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Las estructuras universitarias dedicadas a la cooperación adoptan formas de organización muy diversas, que tie- nen relación tanto con sus orígenes (si han sido creadas a iniciativa de los órganos de gobierno de la universidad, de grupos de docentes, de estudiantes, etc.) como con su mandato y competencias.

Los datos recogidos en el estudio de la Universidad Autónoma de Madrid sobre 70 estructuras solidarias existen- tes en 54 universidades españolas muestran que el 68 % de ellas adoptan la forma de «estructuras instituciona-

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LA GESTIÓN DE LA COOPERACIÓN AL DESARROLLO EN LAS UNIVERSIDADES ESPAÑOLAS

2.Este compromiso ha quedado expresado también recientemente en la aprobación por la Comisión de Cooperación al Desa- rrollo del CEURI-CRUE del Código de conducta de las Universidades en materia de Cooperación al Desarrollo, que en su artí- culo 12 plantea que «La cooperación al desarrollo es parte esencial del compromiso social de la Universidad y como tal no puede entenderse como una actividad extraacadémica ni restringida a compromisos individuales, sino integrada en el conjun- to de actividades que le son propias. Ello implica que la Universidad debe comprometerse institucionalmente con esta tarea, apoyándola con medios técnicos, humanos y financieros, sin que la misma deba recaer únicamente en aquellos colectivos más sensibilizados, o ser considerada como una opción moral de carácter individual, al margen de las actividades académicas e institucionales».

les» (adscritas a los órganos de gobierno de la universidad); un 10 % son institutos o centros universitarios crea- dos con una finalidad docente e investigadora; un 4 % son fundaciones de las propias universidades, y otro 4 % adoptan la forma de cátedras; en el 9 % de los casos esta tarea se lleva a cabo desde ONGDs creadas por la uni- versidad o por grupos de docentes, de alumnos o de alumnos y docentes.3

Las «estructuras institucionales» se caracterizan por haber sido creadas a iniciativa de los equipos de gobierno de las universidades, y por tanto quedan encuadradas dentro del marco organizativo universitario como unidades administrativas cuyo objetivo principal es ejecutar las líneas de actuación definidas institucionalmente en el cam- po de la cooperación al desarrollo y el voluntariado internacional. Se trata de oficinas, centros, servicios o áreas cuya misión fundamental es promover y coordinar los programas de cooperación al desarrollo que lleva a cabo la comunidad universitaria y administrar los fondos financieros que las universidades destinan a estas actividades.

Estas estructuras son, en sí mismas, un indicador importante del compromiso que la universidad ha adquirido con el impulso de tales actividades, ya que requieren que esta dedique recursos humanos, materiales y económi- cos para su sostenimiento. En muchos casos, la existencia de dichas estructuras es reflejo de una decisión polí- tica de la universidad, recogida en sus estatutos o en sus planes estratégicos, de incorporar la formación en va- lores solidarios como una de las funciones propias del quehacer universitario, proveyendo a la comunidad universitaria de los instrumentos que le permitan llevar a la práctica su compromiso solidario.

Este tipo de estructuras (unidades administrativas) es el predominante en las universidades que realizan progra- mas institucionales de cooperación al desarrollo. Así se refleja en una muestra de 24 universidades que integran actualmente la Comisión de Cooperación al Desarrollo del CEURI-CRUE (véase el gráfico 4.1), de las cuales 18 (el 75 %) se han decantado por la fórmula de la oficina (A Coruña, Alacant, Autónoma de Madrid, Cádiz, Carlos III, Extremadura, Girona, Illes Balears, Jaume I y País Vasco), el centro (Alcalá, Politécnicas de Catalunya y Valencia, Granada y Lleida), el servicio (Pontificia Comillas), la dirección (Politécnica de Madrid) o el área de cooperación al

desarrollo (Pública de Navarra). Las seis restantes han optado por instituir un vicerrectorado (Complutense de

Madrid), una cátedra de Cooperación (Córdoba), una comisión (Rovira i Virgili) o fundaciones (Barcelona, Autòno- ma de Barcelona y Valencia). En el caso de las fundaciones, al no estar encuadradas en el marco organizativo

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universitario básico, a veces no son consideradas como parte de la universidad por otros agentes sociales o las administraciones públicas.

Además de estas estructuras, otras instancias universitarias de diverso tipo desempeñan un papel importante en la promoción de la solidaridad y la cooperación al desarrollo. Los institutos universitarios de investigación sobre desarrollo y cooperación, los grupos de cooperación, las ONGDs universitarias e incluso estructuras virtuales (páginas web que informan y ponen en contacto a la comunidad universitaria con instituciones y asociaciones que trabajan en la cooperación), además de llevar a cabo su propio trabajo, colaboran apoyando el de las estruc- turas institucionales cuando estas existen.

En cuanto a la ubicación de las estructuras solidarias dentro del marco organizativo de las universidades, tiene estrecha relación con el tipo de estructura que cada universidad ha puesto en marcha y presenta una gran diversidad. En el caso particular de las definidas como estructuras institucionales, el citado estudio de la UAM señala que el 89 % de ellas de- penden de algún vicerrectorado; son claramente predominantes los de Estudiantes y Extensión (69 %), mientras que apenas el 15 % dependen del de Relaciones Internacionales y el 9 % de los vicerrectorados de Acción Solidaria.

Sin embargo, estas proporciones difieren notablemente en la muestra de 24 universidades que integran la Comi- sión de Cooperación del CEURI-CRUE, según puede apreciarse a continuación:

— nueve universidades (el 37,5 % del total) ubican sus estructuras de cooperación en el vicerrectorado de Rela- ciones Internacionales, aunque en cinco de ellas se trata de vicerrectorados que también coordinan las rela- ciones institucionales;

— siete universidades (el 29 %) encuadran sus estructuras de cooperación en vicerrectorados de Extensión, Co- ordinación o Comunicación con la Comunidad Universitaria;

— dos (el 8 %) las hacen depender de vicerrectorados dedicados exclusivamente a cooperación y solidaridad; — una universidad ha elevado las tareas de cooperación a la categoría de vicerrectorado, dependiente del rectorado; — dos universidades (el 8 %) hacen depender sus unidades administrativas de fundaciones de la universidad; — y finalmente, tres de estas estructuras son fundaciones con un grado importante de autonomía respecto a la

estructura orgánica de la universidad.

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Señalaremos por último la existencia en algunas universidades de consejos de cooperación, en los que, junto con las personas responsables de los vicerrectorados, oficinas o servicios de cooperación al desarrollo, se inte- gran los actores que efectivamente llevan a cabo actividades de la CUD, lo cual facilita el consenso sobre las es- trategias a seguir y los problemas a superar, limitando al mismo tiempo el impacto negativo que en ocasiones ge- neran los cambios en los equipos rectorales.

4.3. RECURSOS HUMANOS ESPECIALIZADOS EN COOPERACIÓN AL