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CHAPTER III METHODOLOGY & METHODS 64!

Phase 2: Q Methodology 70!

Un enfoque dominante en la teoría económica del de­ sarrollo es la restricción de la definición de opciones a las que puedan definirse según el criterio del pro­ ducto. “El efecto sobre el crecimiento [que] depende­ rá de la productividad relativa del capital y del trabajo en las alternativas redistributivas respecto de las otras posibilidades de inversión en la economía.” (MG, 21). Este criterio soslaya el hecho de que el crecimiento económico se apoya en la creación de las condicio­

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nes capaces de generar cambios en las bases del cre­ cimiento, pues, de no modificarse la “estructura pro­ ductiva", se mantendrá la heterogeneidad del merca­ do de trabajo “con sus bolsones de baja productividad y subempleo que inevitablemente redunda en bajos ingresos”.

De esta manera se puede generar un alto pro­ ducto, aunque no se asegura necesariamente una re­ producción social total. De ahí que el criterio para determinar opciones de desarrollo no se pueda redu­ cir al argumento de las ventajas comparativas, por­ que “los costos y precios cambian en el proceso mis­ mo del desarrollo (industrial) [...], que no habría tenido lugar si no se le induce artificialmente” (LI, 294). Ello porque el desenvolvimiento en el tiempo del proceso altera el orden de los factores que per­ miten definir opciones.

En consecuencia, el contexjto para determinar opciones no se restringe a una lógica económica or­ ganizada con base en las exigencias de un fin norma­ tivo. El contexto para determinar opciones trasciende los límites del fin normativo, ya que el manejo de los factores, estrictamente económicos (directamente rela­ cionados con el fin) no permite responder cuestiones elementales de estrategia. Lo que hace de las opcio­ nes un problema de difícil solución, ya que puede lle­ var a la conclusión de que la planificación está some­ tida a una racionalidad estrecha que no es capaz de dar cuenta de la vasta complejidad de los procesos reales sobre los cuales se pretende influir.

Mientras no se llegue a manejar una concepción del proceso del desarrollo que parta de una idea del

desarrollo como constituido por procesos particula­ res, cuya articulación conforma la naturaleza de su dinámica, según se ha señalado (SE, 281), no se po­ drá resolver el conflicto “entre los objetivos de un mejoramiento puramente económico y los objetivos relativos a la organización social y política de la so­ ciedad”.

El tropiezo está en que las políticas para influir sobre el desarrollo no atienden a los fenómenos “su- perestructurales”. En general no se pone atención a la formulación de una política orientada a la reforma "radical de los llamados factores no económicos del desarrollo económ ico” (LI, 74), factores que hacen parte también de la “capacidad real del país para al­ canzar su potencialidad económica” (LI, 728).

El examen de la literatura económica permite afirmar que se desconoce “bajo qué condiciones y a través de qué mecanismos es posible promover los tipos de cambios socioculturales y políticos más fa­ vorables para el desarrollo” (LI, 742). No solamente se cuestiona la extensión en que la teoría económi­ ca alcanza una verdadera apropiación de la realidad, para así verse reducida a una especie de simulacro de ésta, sino que, también, no se está en condicio­ nes de impulsar una efectiva planificación de los procesos sociales si aceptamos que, para que ésta cumpla la función de imprimir una dirección al de­ senvolvimiento, se debe saber “cómo planificar las transformaciones sociales y políticas”.

Todo lo cual exige madurar una concepción del desarrollo que no soslaye sus complejidades me­ diante el procedimiento de reducirlo a factores. Para

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comenzar hay que tener una idea clara acerca del papel de la población, por lo general ausente de las teorizaciones, ya que, más allá de los límites del concepto “capital humano” para dar cuenta de esta problemática, es poco lo que se sabe acerca de la significación del hombre y sus organizaciones en el proceso del desarrollo.

La pobreza de la teoría económica (que contras­ ta con su enorme desarrollo analítico-operativo) puede explicarse porque la relación con la realidad que establece no tiene flexibilidad para abrirse hacia las exigencias de complejidad planteadas por ésta. Su lógica tiende a cerrarse a esta exigencia para en­ fatizar sus requerimientos instrumentales, lo que ha significado el sacrificio de sus posibilidades para aprehender los fenómenos como articulación.

Su carácter instrumental determina tener que re­ ducir la realidad a factores definidos como necesa­ rios para el logro de fines. La cuestión de fondo es dilucidar la naturaleza de esta visión de conjunto, pues se aprecia cada vez más la tendencia a identifi­ carla con el enfoque sistemático. Se ha puesto mu­ cho énfasis en el “carácter sistèmico de los proble­ mas sociales” (MG), aunque no se haya avanzado en el esclarecimiento de los problemas metodológicos implicados, más allá de la comprobación de que “en el ámbito teórico-metodológico aún hay muchos te­ mas por describir [...] particularmente en lo que se refiere a una definición multidisciplinaria de la teoría del desarrollo económico y social” (MG, 15). En consecuencia, “no se ha avanzado en la formulación y aplicación de modelos empíricos que capten el

conjunto de interrelaciones que existen entre las va­ riables sociales y económicas” (MG, 44), ya que pa­ ra ello se necesita desarrollar una metodología con­ gruente con la idea de que la realidad es un todo de procesos articulados, que no se puede reducir a la construcción de modelos ni a un simple operativo técnico.

Sostenemos que la idea sistèmica, en tanto des­ cansa en una fundamentación teórica, debe ser re­ emplazada por la de relación posible, en la medida en que la articulación real, para reconstruirse, requie­ re romper con estructuras de explicación teóricas, previamente determinadas, que impidan abrirse a la exigencia de objetividad en que consiste la articula­ ción. Lo dicho conlleva la crítica a todo tipo de razo­ namiento basado simplemente en “condiciones”, por cuanto presenta la enorme limitación de obligar a sa­ ber distinguir entre las que son "necesarias” y las que no lo son. Ello dependerá del concepto que se tenga del desarrollo, por lo que el problema no consiste en reconstruir las condiciones necesarias para el logro de un determinado fin, sino en la determinación de la viabilidad del cambio con base en el reconoci­ miento de un campo de opciones.

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