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5.5 Research methods and data collection

5.5.1 Qualitative Data Collection

La suerte del planeta tierra dependerá, primeramente, de la manera ética como se construya el conocimiento, y, en segundo lugar, de sus aplicaciones prácticas, lo cual implica asumir urgentemente una ética protectora de todo tipo de vida por parte de los constructores del conocimiento tecno-científico y

107 PESSINI, Leo y DE BARCHIFONTAINE, Christian de Paul. Algunos Retos para el Futuro de la

Bioética en Iberoamérica. Perspectivas de la Bioética en Iberoamérica. Organización Panamericana de la Salud (OPS). 2007. p 280-283.

simultáneamente, esa misma ética por parte del tejido social que se beneficia o perjudica por la tecno-ciencia, estableciendo explícita coherencia entre los dos.

Es en la década de los 70 cuando el peligro ecológico cobra importancia. Desde entonces diversos informes han evidenciado que el agotamiento de las materias primas, la contaminación de los mares, la destrucción de los bosques y alteración de la atmósfera, entre otros, pueden disminuir drásticamente la calidad de vida de los hombres en las próximas generaciones y comprometer seriamente la viabilidad de la especie humana108.

Los problemas ambientales de latinomarica son en parte característicos de la región, y parte similares a los de Europa y América del Norte. La contaminación de las grandes ciudades, es superior a la de las ciudades europeas y la crisis urbana se extiende desde la limpieza a los deshechos radiactivos de controles nucleares. En las zonas agrícolas, el uso indiscriminado de biocidas contamina los cultivos y el suelo pierde fertilidad. La extinción de especies animales y vegetales produce desequilibrios en el ecosistema. La devastación de la Amazonía es de consecuencias planetarias.

Todos los seres vivos, vegetales, animales y humanos tenemos derecho a la vida, y la vida de calidad. Este derecho es inherente a la vida misma, como un logro inalienable de la materia altamente organizada a través de una larguísima evolución físico-química constitutiva de leyes biológicas que valen por sí mismas y merecen respeto. La propiedad y el uso privado de los recursos naturales son éticamente inaceptables. El bien común y universal prima sobre los derechos territoriales porque todos los ecosistemas forman

108 LLOPIS GOIG, Ramón. La Bioética como “Tercera Cultura”. Un análisis desde la Sociología de la

Ciencia. Revista Selecciones de Bioética. No 7.Instituto de Bioética-CENALBE. Bogotá, Colombia, 2005. p, 95. Disponible en:

http://www.javeriana.edu.co/bioetica/revistaselecciones/revistaseleccionesNo.7.pdf: agosto 28-008

una macroestructura. Todo esto implica la solidaridad del hombre para con el medio ambiente.

3.5. LA PERSONA HUMANA COMO META DE LAS POLÍTICAS SOCIALES, SANITARIAS Y AMBIENTALES.

En el capítulo anterior nos hicimos la pregunta por el hombre, siguiendo la perspectiva del personalismo ontológico, ahora, en este tercer capítulo, nos preguntamos por el concepto calidad de vida en la bioética latinoamericana y nos hemos aproximado a él siguiendo tres ámbitos: el sanitario, el social y el ambiental. Estos tres ámbitos del concepto calidad de vida nos muestran que se trata de un concepto multidimensional, que integra realidades materiales, inmateriales y trascendentes, además requiere de una interrelación armónica entre todos a fin de posibilitar las condiciones necesarias para una auténtica calidad de vida. La bioética latinoamericana, no dice mucho acerca de la calidad de vida, al menos de manera directa, pero sí esta preocupada por las condiciones socio-económicas y socio- culturales en las que viven millones de personas, con pocas posibilidades de desarrollo y con sus aspiraciones truncadas.

Sin embargo, en este recorrido por la bioética latinoamericana, se hecha de menos una preocupación antropológica que marque el punto de partida de la reflexión bioética y que a su vez le sirva de fundamento al concepto calidad de vida, si bien, son muy importantes y pertinentes, las preocupaciones sociales, no podemos perder de vista que es la persona humana el centro y fin de toda actividad biomédica, política y social. Todo esto implica tener en cuenta sus relaciones sociales, culturales y con el medio ambiente.

La perspectiva personalista tiene un origen puramente racional, basado en la realidad de la persona humana y en la consideración de su dignidad, por esto, consideramos que el personalismo ontológico aporta bases sólidas para la reflexión y profundización del concepto calidad de vida en la bioética latinoamericana, enfrentada a tantos y tan variados desafíos éticos. Es

importante, tener muy claro, que es la persona la que necesita que se le respeten y garanticen todos sus derechos, empezando por el de la vida. Es la persona la que necesita de la solidaridad, de la justicia y condiciones básicas para el ejercicio de su libertad.

La solidaridad aparece como un valor central en la bioética latinoamericana y nace de personas que buscan la formación y la difusión de una cultura democrática y justa. Tal idea implica, necesariamente, la tolerancia, el respeto a la diversidad y el reconocimiento de la dignidad de todo ser humano, posibilitando dar evidencia y voz a los menos favorecidos, por medio de la acción interactiva e interventiva de aquellos que poseen el compromiso real con la igualdad social.

En esta visión antropología, la calidad de la vida es una tarea permanente109. La calidad de la vida será una búsqueda infatigable por hacer de la vida humana, el centro de todo cuidado biomédico con respeto y servicio a la misma, independientemente de las cualidades que esta pueda ofrecer en un momento determinado. Existe una calidad esencial, la propia vida, que modula la calidad de vida a alcanzar. Es decir, hay vidas, que siempre lo serán, que expresan o realizan diversos grados de calidad, pero no existen calidades diversas de vidas que entrañen grados de vida cualitativamente diversos.

Es evidente que la vida humana no está en función de su calidad sino a la inversa, en cuanto que lo sustancial tiene prioridad sobre lo accidental, el todo sobre las cualidades que lo expresan, salvo que se quiera caer en una visión del hombre donde el ejercicio de las funciones humanas constituyen al hombre, tal como defienden las teorías funcionalistas del hombre. Es cierto que a través del obrar conocemos al ser, y en ocasiones lo identificamos experimentalmente con él, pero, en el fondo, el propio ser del cual emana el obrar se nos muestra más allá que su propio obrar aunque por incapacidad

109

Op.Cit, VASQUEZ. P, 151.

de nuestra inteligencia no podamos limitarlo según coordenadas espacio- temporales, como ocurre con las acciones.

Tenemos que reconocer de forma sensata que somos constitutivamente seres dolientes, enfermizos y dependientes. Todos, en mayor o menor medida, y en un momento u otro de nuestra vida estamos bajo esas condiciones que suponen una actualización de nuestras cualidades por debajo del posible tope que puedan alcanzar o alcanzaron. Además, no hay nadie perfecto. Somos todos frágiles, contingentes y mortales. Esta realidad exige la solidaridad de ayudarnos mutuamente aplicando la regla de oro de todo comportamiento humano, que no quiere para los demás lo que uno no quiere para sí mismo.

El sufrimiento pertenece al universo de nuestras vidas, propias y ajenas y como tal hay que afrontarlo. El hedonismo utilitarista es refractario a él. Lo quiere eliminar, pero como no puede, elimina a la persona o la hace infeliz con supuestos cánones de calidad de vida que hay que alcanzar o mantener. Cuando la calidad de vida está en función del hombre hay que intentar compatibilizar sufrimiento y crecimiento de las personas. De esta forma, ante lo fácil, que es negar el sufrimiento, surge lo virtuoso que es afrontarlo y ayudar a hacerlo a otros, no abandonando a quien lo padece. De esta forma, las vidas adquieren calidad muy diversa e imposible de ser comparadas cuantitativamente entre ellas, afirmando que unas tienen más calidad de vida que otras110.

Nadie puede abrogarse la capacidad de dictaminar esa calidad que puede suponer la exclusión de alguien rompiendo la igualdad esencial que existe entre los miembros de la especie humana. Hay que considerar la calidad de la vida como una realidad pluridimensional que tiene aspectos objetivos y

110

Op. Cit. PASTOR, L. p, 4008.

subjetivos. Hay que huir de la idolatría de que es posible una salud perfecta y liberada por completo de la enfermedad.

La medicina no puede aspirar a quitar todo el sufrimiento. Siempre cualquier vida humana con la discapacidad que puede presentar encierra múltiples posibilidades de desarrollo aunque las circunstancias sean muy limitadas. Esto nos llevará a que al mismo tiempo que ejercemos el respeto y la promoción de toda vida humana busquemos incrementar la calidad de esa vida, pero nunca la destrucción en aras del mito de la perfección corporal que sabemos que nunca se alcanzará. La actitud a mantener estará guiada siempre por el principio ético de que la dignidad humana nunca puede ser sometida a condiciones, y, en consecuencia, también la vida humana corporal que sostiene, y participa de esa dignidad. La calidad de la vida, no puede ser equiparada con la dignidad de la persona111.

Es fundamental captar la primacía del ser sobre el tener. Los atributos, por importantes que sean, son algo accidental. Se tienen en virtud de lo que se es, pero la primacía del ser hace que se puedan perder parcialmente, sin que eso menoscabe el ser ontológico. La dignidad radica en el plano ontológico y los derechos humanos, por ejemplo, son algo que se atribuye a la persona en el plano del tener. Por importantes que sean los derechos humanos, puede renunciarse o verse privado de su ejercicio sin que se pierda ni un ápice de la dignidad humana. Ésta es, en último término, la razón de la ilicitud de la pena de muerte, la tortura o, en general, cualquier tipo de trato vejatorio. Aunque pueda parecer que un delincuente depravado ha perdido su dignidad, lo que ha podido perder son algunos de los atributos que poseía en el plano del tener, como el ejercicio de su derecho a la libertad, al voto, a fijar libremente su residencia, etc.112.

111 Ibíd. P, 409. 112

TOMAS GARRIDO, Gloría María. Manual de Bioética. Editorial Ariel. Barcelona, 2001. p, 85

En el lenguaje corriente, la calidad o las calidades de las cosas son objeto de requerimiento. La calidad es objeto en definitiva de precio. A mayor calidad, el mercado exige un mayor precio por el producto. Siempre las cosas intercambiables están sujetas a esta lógica del mercado económico. Los precios y las calidades en definitiva son intercambiables, no así con las personas. Kant, afirmaba, todos los seres humanos son fines en sí mismos y, por consiguiente, jamás puede sacrificarse a alguno de ellos por el bienestar de la mayoría, ni puede decirse que una regla es justa si merma la libertad de alguno de ellos. Una norma es justa, sólo si es universalizable, si puede pensarla y quererla cualquier ser racional. Algunas actitudes y acciones valen por sí mismas, y no por la utilidad que reportan113.

113

Op. Cit. CORTINA. P, 241.

CONCLUSIONES.

Se puede decir como conclusión que en la segunda mitad del siglo XX ha habido hechos muy significativos que apuntan a proteger y mejorar la calidad de vida de los seres humanos, tanto en el ámbito jurídico, especialmente con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, como en el campo tecnocientífico y biotecnológico. En este contexto el concepto calidad de vida es muy usado. El desarrollo de muchos programas y políticas sociales tienen como objetivo principal mejorar la calidad de vida de algún sector de la población. Sin embargo, una las debilidades en el uso del concepto es que no se hace una reflexión integral del concepto incluyendo su multidimensionalidad, es decir, que encierre no solamente los elementos que tienen que ver con el poseer bienes de consumo, sino también los aspectos objetivos, subjetivos, materiales e inmateriales que confluyen en la persona humana. En este sentido la bioética tiene el deber de no callar su voz ante tantos desequilibrios y amenazas no solamente para la vida humana, sino también para las demás especies vivas.

La bioética personalista hace hincapié sobre el valor inviolable de la vida humana en cualquier circunstancia y etapa de su desarrollo en que se encuentre. La vida humana vale por sí misma, merece absoluto respeto y consideración independientemente de su calidad. Desde la perspectiva ontológica, la calidad de vida es siempre un atributo. Sin embargo, en Latinoamérica hay una ausencia de condiciones básicas para que la vida alcance niveles de calidad acorde con la dignidad humana. La calidad de vida debe ser una tarea y compromiso permanente no solamente de los gobiernos sino también de la sociedad civil por mejorar las condiciones de vida de miles de seres humanos. Se necesita de la justicia y la solidaridad como principios centrales en los distintos ámbitos de la bioética como el sanitario, social y medioambiental.

También podemos cerrar este trabajo, diciendo que la Bioética norteamericana tiene sus principales problemas éticos tanto al comienzo como al fin de la vida humana. Se relacionan con el uso de tecnologías reproductivas, la ilicitud o licitud del aborto; terapia intensiva, trasplante de órganos, la ilicitud o licitud de la eutanasia. En cambio, para la bioética latinoamericana los principales problemas éticos están ligados con la realidad socioeconómica, sociopolítica y cultural de nuestros países, que se relacionan con la salud pública, pobreza, exclusión social. Entre nosotros los problemas bioéticos no solamente se inscriben al comienzo y fin de la vida, como en la sociedad desarrollada, sino a largo de toda la vida. Son millones de personas que mueren prematuramente cada año por causa de la extrema pobreza. Esto genera un conflicto moral. Por esta situación, la bioética latinoamericana hace el esfuerzo por dar el paso de una bioética individualista a una bioética pública, basada en los derechos humanos de segunda, tercera y cuarta generación asumiendo compromisos por un mañana mejor. En este sentido, los valores éticos de corte ontológico que fundamentan el concepto calidad de vida se hacen más relevantes para la reflexión bioética.

Finalmente, quiero concluir diciendo, que el núcleo conceptual de la bioética latinoamericana, es muy amplio, permite seguir distintas líneas de reflexión y acción para ayudar a crear mejores condiciones objetivas y subjetivas de calidad de vida para todos nuestros pueblos. Este trabajo es sólo un marco de referencia para seguir estudiando y profundizando el concepto calidad de vida en la bioética latinoamericana. Es nuestro gran desafío, al igual que la solidaridad y la justicia social.

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