El texto fue redactado en tres cuartillas manuscritas por Remedios Varo, bajo el título El
caballero Casildo Martín de Vilboa e ilustrado con dibujo, a manera de un emblema heráldico,
que encabeza la carátula. Este escrito acompañaba la obra pictórica Retrato de Juan Martín
datada en 1960, según se lee en la ficha técnica de la pintura (Gruen y Ovalle 298). Este conjunto creativo lo realizó Varo para regalárselo a Juan Martín, dueño de la galería de arte que comercializó algunas de sus obras. Janet Kaplan, en el estudio sobre la vida y obra de la artista,
Martín había empezado haciendo exposiciones de arte como complemento de una librería francesa que tenía instalada en un local alquilado en la parte de detrás de la tienda de discos de Walter Gruen. Cuando conoció a Varo, vendió algunas obras suyas y, animado por su éxito, abrió una galería aparte. La nueva asociación resultó un éxito muy grande y la Galería Juan Martín pronto ganó mucho prestigio, en buena parte porque representaba a Remedios Varo. En 1962, ésta celebró allí su segunda exposición individual en la que expuso quince obras (Kaplan Viajes145).
En el Archivo Gruen se conservan dos versiones en borrador de este relato. El primero de ellos, en un cuaderno con espiral, de forma vertical, mide 22 cm. de largo x 16 cm. de ancho. El texto escrito con tinta muestra enmiendas y tachaduras que revelan su proceso de elaboración. Un segundo borrador, que se encuentra en otro de sus cuadernos, de las mismas medidas que el anterior y escrito también con tinta, presenta la versión depurada del primero; una versión casi en limpio, en la que omite las tachaduras, incluye algunas enmiendas y un dibujo de un ave que ilustraría la carátula (Ver Fig. 4).
El trabajo de edición de El caballero Casildo Martín de Vilboa, lo presentamos tanto en su versión genética como en la crítica pues, en el Archivo Gruen se conservan dos escritos que muestran etapas diferentes del proceso de creación de este texto. Ante la imposibilidad de acceder al manuscrito final, se ha tomado como texto base el último borrador en limpio conservado en el archivo Gruen.
2.3.2 Hacia una lectura de El caballero Casildo Martín de Vilboa.
El texto de El caballero Casildo Martín de Vilboa, enlazado estrechamente al retrato (Ver Fig. 5), nos habla de la complementariedad de los lenguajes utilizados por la artista. La pintura y el texto, como un todo creativo, se cargan de significado y, al mismo tiempo, cada uno de manera independiente posee atributos particulares. La apariencia de arcaísmo es la característica evidente en ambas creaciones: en la pintura utiliza el craquelado, técnica que permite dar al óleo un aspecto antiguo y envejecido, al reproducir finas grietas imitando aquellas que se forman a menudo en la superficie de viejas pinturas ajadas por el paso del tiempo. Por lo que respecta a la versión final del escrito, Varo imitó la apariencia de un manuscrito antiguo pues con la caligrafía lograba armonizarlo con el retrato al que hace referencia. Casildo Martín de Vilboa es la figura principal del relato y en la pintura es el personaje retratado, como si se tratase de alguno de los ancestros de Juan Martín. Kaplan afirma que a Remedios “no le gustaba nada pintar retratos” (Kaplan Viajes 135) y que éstos “nada tenían del modelo tradicional”55. Esta misma autora señala que Varo, “después de 1957 rechazaba todas las peticiones de retratos” (Kaplan Viajes 135). Lo anterior nos lleva a afirmar que a Remedios Varo le interesaba, más que el retrato o el texto en sí mismos, el juego ficcional que implicaba su elaboración, combinando, una vez más, la escritura y
55 Kaplan en Viajes inesperados… incluye tres retratos: el de los niños Andrea y Lorenzo Villaseñor (1957), el de las
hijas de la familia Arnouz, (1957) y el retrato del Dr. Ignacio Chávez, 1957. En el Catálogo razonado Gruen y Ovalle, el retrato de los niños Andrea y Lorenzo Villaseñor está fechado en 1956 (136-139).
la pintura. Aunado a lo anterior, la vinculación de la autora con el surrealismo, identificado por su
necesidad de jugar con las convenciones sociales y estéticas (Zavala Humor 116), nos permite
comprender estos rasgos manifiestos en la mayoría de su producción escrita.
Fig. 5. Retrato de Juan Martín (Gruen y Ovalle 191).
2.3.2.1Resumen del argumento.
El relato hace una reseña de la razón que llevó a Amarraco IX a armar caballero a Casildo Martín de Vilboa en el año de 1462. Casildo era un ornitólogo que realizaba expediciones para capturar aves. En uno de sus viajes se ocultaron tres ladrones en su barco donde enfermaron de fiebres muy altas. En este viaje llegaron a unas islas donde encontraron los búhos parlantes que le interesaban al estudioso. Él y su secretaria Dulcifrís capturaron una pareja de éstos y un centenar de huevos.
Como los polizones yacían inmóviles a causa de su enfermedad, colocaron los huevos entre ellos para que los empollaran. Éstos, al sentirse al borde de la muerte, rezaron durante todo
el viaje de regreso, lo que provocó que las aves adultas y los polluelos que nacieron en el trayecto se aprendieran las oraciones.
En el reino de Vilboa se había perdido la tradición de rezar, lo que provocaba que la “Espiral Sonora de la Oración” no llegara al cielo regularmente, causando por ello tempestades. Al llegar a tierra el ornitólogo con sus búhos orantes, la “Espiral” se regularizó pues éstos no paraban de orar y los habitantes del reino, avergonzados, recuperaron sus antiguos hábitos espirituales, motivo por el cual se nombró caballero al científico. Finalmente, el escrito hace referencia a la autoría del retrato.
2.3.2.2 La estrategia literaria.
La autora, en su estrategia literaria para crear el efecto de antigüedad que deseaba proyectar, utilizó diversas técnicas visibles tanto en la temática como en la selección léxica, la disposición sintáctica y en la onomástica de los personajes. Es posible observar un cierto paralelismo en el estilo de El caballero Casildo Martín de Vilboa con aquel utilizado por Fernán Pérez de Guzmán
en su tratado Generaciones y semblanzas, del año de 1450. En el estudio introductorio de esta
obra se menciona que estos escritos “no son exactamente historia ni biografía; son retratos, o más bien, bocetos de personas a quienes el autor conoció y observó, y a muchas de las cuales amó y odió cordialmente” (Domínguez 21), en éstos presenta, con la “graçia de la brevedad” (Pérez 108), las semblanzas de “algunos grandes señores, perlados y caualleros” (Pérez 8), en los que incluye datos relacionados con el oficio y linaje, hace referencia a la descripción física56 y
56 Véase, por ejemplo, la semblanza de Don Alvar Perez de Osorio en la que se lee: “Fue este Alvar Perez Osorio alto
de cuerpo, feo e mal guarnido, de poca administraçion e hordenança en su fazienda; de una dolencia que ouo de perlesia quedo tullido del medio cuerpo, ainsi que no podia andar sino sofriendose sobre otro…” (Pérez 80).
enumera algunos de los vicios y virtudes57, así como las hazañas más importantes hasta terminar
con información relacionada con su muerte58; todo esto con la intención de escribir “como en
manera de registro o memorial”(Pérez 8).
Dada la similitud entre las semblanzas de Pérez de Guzmán y El caballero Casildo Martín
de Vilboa podría pensarse, hipotéticamente, que Varo redacta su escrito como si se tratase de uno de los bocetos de este antiguo tratado, ocupándose solamente de las hazañas del caballero pues de su descripción física se ocupaba la pintura. De ahí también la noción de constructo creativo.
Otra de las técnicas literarias utilizadas por Remedios Varo está relacionada con los nombres de los personajes. Al protagonista, lo llama Casildo Martín de Vilboa y utiliza para el apelativo un juego de palabras relacionado también con el origen vasco de Juan Martín. Dicho topónimo alude a Bilbao, y el juego de su ortografía resulta en una palabra compuesta por “vil” y “boa”, lo que apunta a la “multivocidad simbólica de la serpiente [que podría relacionarse con] las tentaciones de quienes han vencido la constricción de la materia y han penetrado ya en los dominios de la sequedad espiritual” (Cirlot Diccionario 406), que coincide con la idea de haber perdido la costumbre de rezar.
Por lo que respecta a Dulcifrís de Iruña, cuyo nombre Dulcifrís presenta una aliteración por evocación, en el que las primeras dos sílabas Dulci- como Dulcinea, y la sílaba -frís que
57 Véase, por ejemplo, la semblanza de Don Enrique de Villena quien: “naturalmente fue inclinado a las ciencias e
artes mas que a la caualleria e aun a los negoçios çeuiles nin curiales […] Tan sotil e alto engenio auia, que ligeramente aprendia cualquier ciencia e arte a que se daua […] e porque entre las otras ciencias e artes se dio mucho a la estrologia, algunos, burlando, dizian del, que sabia mucho en el çielo e poco en la tierra. E ansi este amor de las escrituras non se deteniendo en las çiençias notables e catolicas, dexose correr a algunas viles e rahezes artes de adeuinar e interpretar sueños e estornudos e otras cosas tales que nin a principe real e menos a catolico christiano convenian” (Pérez 102).
58 Véase, por ejemplo, la semblanza de Don Ruy Lopez Davalos quien: “Fizo en la guerra de Portugal notables actos
de caualleria, pero después, por mezcla de algunos que mal lo querian, e porque comunmente los reyes, desque son ombres, desaman a los que cuando niños los apoderaron, fue asi apartado del rey e puesto en grande indignaçion suya, que fue çerca de perder el estado e la persona. Pero, o por el ser inocente e sin culpa, o porque el rey ouo voluntad de le guardar, considerando a los serviçios suyos e por non desfazer lo que en el auia fecho […] basta que el fue apartado de la priuança e poder que tenia, quedando en su estado e onra […] e ansi ya el viejo, en hedad de setenta años, muy apasionado de gota e otras dolencias, muy afligido por la falsa infamia e por el destierro e perdimiento de bienes, murio en Valencia del Çid” (Pérez 33).
evoca a Amadís, onomástica claramente relacionada con las novelas de caballería. Asimismo, Iruña es el nombre vasco para Pamplona. En el caso del nombre de la autora de la obra pictórica “la beata Rodriga de Varo y Antequera” (L-29), éste puede relacionarse con el de uno de los antepasados de Varo, ya que entre sus papeles conservaba “una copia mecanografiada […] de la historia detallada de Don Rodrigo de Varo y Antequera y la fundación del convento de carmelitas
descalzas de San José y San Roque, de Aguilar de la Frontera” (Kaplan Viajes 255); con este
nombre Varo se construye un pseudónimo y entra de lleno en el juego de ficción. El nombre que utiliza para el rey, por demás grotesco, es el de Amarraco, el cual por antonomasia, hace alusión al adjetivo “amarrado”, que señala a alguien que es tacaño o avaro, pues cabe recordar que sólo recompensa a Casildo con el nombramiento de caballero, sin ninguna retribución adicional; igualmente por su terminación “-aco”, podría relacionarse con “pajarraco” o con “bellaco”, cuya fonética se asocia con aspectos negativos además de relacionarlo con el adjetivo que utiliza para los polizones. Así pues, Varo introduce con la onomástica un elemento irónico y lúdico que denota la estrecha relación con el destinatario del escrito, así como el hecho de que entre ella y Juan Martín compartían ciertos referentes simbólicos.
En cuanto a la selección del vocabulario se observa el uso de algunos arcaísmos, tales como bellaco (L-6), asaz (L 11), goleta (L-14), malandrines (L-14); así como en algunas formas de expresión, específicamente en aquellas en las que utiliza los verbos seguidos de los pronombres enclíticos tales como: “Hízose a la mar” (L-5), “que guarecídose habían” (L-7), “hallábase entonces” (L-22).
2.3.2.3. La configuración de los personajes.
El personaje protagonista de este texto es Casildo Martín de Vilboa, el que antes de ser nombrado caballero era “un simple y modesto varón de ciencia” (L-8), un “audaz ornitólogo” (L-9), cuya
labor científica, con inesperados efectos sociales, lo llevó a hacerse acreedor de tan alta investidura. Nuevamente, con este personaje, el tema relacionado con lo científico se hace presente aunado a lo fantástico.
Por lo que respecta a Dulcifrís de Iruña, cuyo oficio y carácter intrépido resultan un tanto anacrónicos en el contexto “medieval” del texto, ésta contrasta con la beata Rodriga de Varo y Antequera, autora del retrato, quien vivía en un convento. Los personajes que denotan el poder en el texto son Amarraco IX, quien otorga el nombramiento de caballero a Casildo, y el obispo y la abadesa del convento. De los tres ladrones que viajaron como polizones, nada se sabe de su destino final, a pesar de que ellos fueron los que empollaron los huevos de los búhos y que indirectamente los convirtieron en búhos orantes (Véase Tabla 3).
Tabla 3. Relación de personajes de El caballero Casildo Martín de Vilboa.
Personajes Cualidades
Casildo Martín de
Vilboa Ornitólogo que fue armado caballero. Realizó una expedición científica que se convirtió en una cruzada Majestad Amarraco
IX
Armó caballero a Casildo Martín de Vilboa como recompensa por su labor de evangelización y reordenación social de Vilboa.
Dulcifrís de Iruña Secretaria de Casildo, intrépida doncella.
Tres bellacos Ladrones que se habían escondido en el barco de Casildo. Búhos parlantes Búhos parlantes de color verde.
Búhos orantes Búhos adultos capturados por Casildo y Dulcifrís y los polluelos, cuyos huevos habían sido empollados por los bellacos, que habían nacido en la embarcación y aprendieron a recitar las oraciones.
Vilbohitas Habitantes de Vilboa. Beata Rodriga de
Varo y Antequera Autora del retrato del Caballero Casildo.
Obispo Obispo del Convento donde vivía retirada la pintora del retrato del caballero Casildo. Abadesa Abadesa del Convento donde vivía retirada la pintora del retrato del caballero Casildo.
Es posible observar que la creación de los personajes presenta, por una parte, a aquellos relacionados con la historia que protagoniza el caballero Casildo, y por la otra, los relacionados con la autora del cuadro. Simultáneamente, este juego creativo a manera de mascarada, oculta tanto a la persona retratada como a la autora de la pintura y del escrito, pues ni el personaje retratado corresponde a Juan Martín, ni la autora del retrato es Rodriga de Varo y Antequera.
Finalmente, a través de la reflexión sobre los constructos creativos, se aprecia la fuerza polisémica que poseen y la forma en que la silenciosa reciprocidad de los lenguajes utilizados los potencia logrando que de éstos se desprendan diversas lecturas posibles. Resulta evidente que Varo buscaba hacer reír a sus lectores, pero no sólo eso, utilizaba la ironía como un subterfugio para entablar un diálogo con su lector al que le exigía una profunda mirada. De tal suerte que, para aventurarse a la interpretación de los constructos creativos de Varo, no se trata solamente, parafraseando a Gadamer, de recoger la información transmitida y correr impacientes a la búsqueda del sentido final59, sino de que una vez rebasado ese primer nivel de comprensión, los constructos creativos inciten entonces a averiguar, a revelar los posibles significados ocultos; a avanzar hacia un nivel más íntimo, pues su categoría sugiere que encontrar ese sentido final implica una interpretación más honda, ya que transmiten un mensaje que va más allá de sus lenguajes por los pensamientos que provocan. Sin embargo hay que considerar que “lo que es, nunca se puede comprender del todo” (Gadamer 323), de ahí la riqueza de la experiencia con el arte.
59 “En ellos [los textos literarios] no se trata simplemente de recoger la información transmitida por el texto. No
corremos impacientes, directamente a la búsqueda del sentido final para captar con él la totalidad de la comunicación” (Gadamer Verdad… 344).