Hemos mencionado recientemente la incursión de Al-‘Ushairah cuando una caravana perteneciente a Quraish se había escapado para evitar un inminente encuentro bélico con el Profeta y sus hombres. Cuando regresaban de Siria, el Profeta envió a Talhah bin ‘Ubaidullah y a Sa‘id bin Zaid rumbo al norte para estar atentos a cualquier movimiento de los paganos. Los dos grupos permanecieron en Al-Haura’ durante algunos días hasta que Abu Sufián, el líder de la caravana, pasó cerca de ellos. Los dos hombres se apresuraron en volver a Medina para reportarle al Profeta las noticias. Una caravana valiosa costeada con los bienes que Quraish habia
usurpado de los musulmanes de la Meca, custodiada por 40 hombres, que pasarían relativamente cerca de Medina constituía un atractivo objetivo para los musulmanes, que haría sacudir a los incrédulos de La Meca en lo político y militar, impidiéndoles seguir con sus atrocidades contra los musulmanes.
El Profeta inmediatamente exhortó a los musulmanes a que se apresuren en atacar la caravana. No impartió las órdenes obligando a todos, sino que les dio total libertad de salir o quedarse, pensando que era una misión en pequeña escala.
114
El ejército musulmán estaba compuesto por 317 hombres, 86 Muhâÿirún, 61 pertenecientes a Aus y 170 de Jazraÿ. No estaban bien equipados ni adecuadamente preparados. Contaban con dos caballos pertenecientes a Az-Zubair bin Al-‘Auuâm y Al-Miqdad bin Al-Asuad Al-Kindi, 70 camellos, que se turnaban entre dos o tres personas para montarlos. El Mensajero de Allâh mismo, ‘Ali y Murzid bin Abi Murzid Al-Ganaui tenían un solo camello. Los asuntos de Medina quedaron a cargo de Ibn Umm Maktum, pero luego se los confiaron a Abu Lubabah bin ‘Abdul Mundhir. El líderazgo general estuvo a cargo de Mus‘ab bin ‘Umair Al-Qurashi Al-
‘Abdari, y el estandarte era de color blanco. El pequeño ejército fue dividido en dos batallones, los Muhâÿirún con un estandarte llevado por ‘Ali bin Abi Tâlib, y los ansâr cuyo estandadrte lo llevaba Sa‘d bin Mu‘adh. Az- Zubair bin Al-'Auuâm estuvo encargado del flanco derecho, Al-Miqdad bin ‘Amr líderó el flanco izquierdo, y la retaguardia comandada por Qais bin Abi Sa‘sa‘ah. Por supuesto; el Comandante en jefe era el Profeta . El Profeta , a la cabeza de su ejército, marchó por la ruta principal que conducía a La Meca. Luego giró hacia la izquierda rumbo a Badr y cuando llegó a As-Safra’, envió a dos hombres para inspeccionar los camellos de Quraish.
Abu Sufián estaba muy atento a la evolución de los acontecimientos. Se dio cuenta que la ruta que estaba siguiendo era muy peligrosa. También estaba ansioso de saber algo de los movimientos de Muhammad . Sus espías le reportaron que los musulmanes deseaban apoderarse de su caravana, entonces para estar a salvo mandó un mensaje con Damdam bin ‘Amr Al-Gifari pidiendo ayuda a los Quraishíes. El emisario llegó rápidamente a La Meca. Desmontó su camello y se paró frente a la Ka'bah, cortó la nariz y las orejas de su camello, dio vuelta la montura hacia arriba, se cortó su túnica106[1] y gritó: “¡Oh Quraish! Vuestras mercaderías que están con Abu
Sufián. La caravana está siendo interceptada por Muhammad y sus Compañeros. No puedo decir lo que pasaría. ¡Auxilio! ¡Auxilio!”
Los efectos de estos gritos fueron instantaneamente atendidos por Quraish e inmediatamente recordaron su orgullo herido por los musulmanes cuando estos interceptaron la caravana de Al-Hadrami. Todos se movilizaron excepto Abu Lahab que quedó atrás. También movilizaron a algunas tribus árabes para que combatan contra el Profeta . Todos los clanes de Quraish dieron su concentimiento menos Banu ‘Adi. 1300 soldados incluidos 100 jinetes y 600 soldados con cotas de malla con un gran número de camellos procedieron para combatir a los musulmanes. Para la comida sacrificaban cada día entre nueve y diez camellos. Temían que Banu Bakr, debido a una larga enemistad que databa desde hacía mucho tiempo, ataque su retaguardia.
Entonces Satanás se les apareció en la forma de Suraqah bin Malik bin Ju‘sham Al-Mudlaÿi — jefe de Banu Kinâna — para decirles: “Les garantizó que nada les ocurrirá en la retaguardia.”
Salieron llenos de indignación, motivados por el deseo de venganza y para exterminar a aquellos que se interponían en las rutas de sus caravanas:
Haciendo ostentación ante la gente, mientras apartaban del camino de Allâh. [8:47] Como dijo el Profeta:
“¡Oh Allâh! estos son los arrogantes y egoístas; han venido para desafiar a Allâh y a Su Mensajero.” Se movilizaron en dirección norte hacia Badr. En el camino recibieron otro mensaje de Abu Sufián que les pedía que regresen a La Meca porque la caravana estaba a salvo de los musulmanes. Accidentalmente, Abu
115
Sufián, se entero de la ruta de los musulmanes, y dirigió su caravana fuera de la ruta principal rumbo al Mar Rojo. Gracias a esto fue capaz de estar a salvo de los creyentes.
Cuando el ejército de los incrédulos se enteró del mensaje de Abu Sufián desearon regresar a sus casas. Pero el malvado de Abu Ÿahl, insistió arrogantemente para que sigan hacia Badr, y permanecieron ahí durante tres noches en las cuales festejaban haciendo fiestas. Ahora querían castigar a los musulmanes para escarmentarlos e impedir que intercepten sus caravanas, e impresionar a los demás árabes para demostrarles que Quraish tenía la supremacía en aquella área.
Abu Ÿahl los intimidó e insistió a pesar de que Banu Zahrah, siguiendo los consejos de Al-Ajnas bin Shuraiq, retornó a La Meca. Al-Ajnas era ciegamente obedecido por su tribu en los asuntos importantes.
Banu Hâshim también quiso desistir pero las artimañas de Abu Ÿahl le impidieron hacerlo.
El resto de los soldados, que ahora eran 1000, acamparon en Badr sobre una duna de arena en Al-‘Uduat Al- Qusua.
‘El comando de inteligencia’ del ejército de Medina le informó al Profeta que un encuentro sangriento con los incrédulos de La Meca era inevitable, y que había que seguir un curso audaz, o de lo contrario las fuerzas del mal perjudicarían y dañarían la noble causa del Islam y a sus seguidores. Los musulmanes temían que los paganos de La Meca invadan el cuartel general del Islam, Medina. Un acontecimiento de esa índole causaría un inoportuno impacto en la dignidad y en los sentimientos de los musulmanes.
Debido al grave desarrollo de los acontecimientos el Profeta convocó a una reunión de emergencia para evaluar la situación e intercambiar puntos de vista con los distintos líderes del ejército. Algunos de los musulmanes temieron el horrible encuentro y su coraje empezó a reducirse; respecto a esto, Allâh dice: Como cuando tu Señor te hizo (Oh Muhammad) salir de tu casa con la verdad, y ciertamente, a un grupo de creyentes les disgustó, te discuten sobre la verdad después de que haya sido aclarada, como si les llevaran a la muerte mientras miran. [8:5, 6]
El Profeta informó a sus hombres sobre la gravedad de la situación y les pidió que lo aconsejaran. Abu Bakr fue el primero en hablar y le aseguró al Profeta de su total obediencia a sus órdenes. 'Umar habló después y expresó el mismo punto de vista que su noble amigo. Luego Al-Miqdad bin ‘Amr se paró y dijo: “¡Oh
Mensajero de Allâh! avanza hacia donde te ordene Allâh, que estaremos a tu lado. Nosotros no te diremos lo que los judíos dijeron a Moisés :
Ve tu solo junto a tu Señor a pelear que nos quedaremos aquí. Nosotros diremos:
Ve tú con tu Señor a pelear que también estaremos peleando a vuestro lado.
116 El Profeta agradeció sus palabras y lo bendijo.
Los tres líderes que hablaron pertenecían a los emigrados, que constituían el grupo minoritario del ejército. El Profeta quería escuchar la opinión de los ansâr dado que formaban la mayor parte del ejército y recaería sobre ellos el mayor peso de las actividades bélicas. Es más, las clausulas del Juramento de Al-‘Aqabah no los obligaba a pelear pasando su territorio.
El Profeta dijo:
“¡Aconsejadme, mis hombres!”
Con esto se refería a los ansâr en particular. Entonces Sa‘d bin Mu‘adh se levantó y dijo: “Por Allâh, me parece que quieres nuestra opinión (la de los ansâr ).” El Profeta le dijo: “¡Oh, Si!” Sa‘d le dijo: “¡Oh Profeta de Allâh! Creemos en ti y somos testigos de que has venido con la verdad. Te dimos nuestro juramento y compromiso para obedecerte y esforzarnos. Te obedeceremos de buen grado en lo que nos ordenes, y por Allâh, Aquel que te envío con la verdad, si nos pides que nos dirijamos hacia el mar verás que ninguno de nosotros se queda atrás y lo haríamos rápidamente. No nos preocupa la idea de encontrarnos con el enemigo. Tenemos experiencia en la guerra y somos competentes para el combate. Espero que Allâh te muestre a través de nuestras manos aquellas acciones de valor que harán complacer tus ojos. Diríjenos hacia el campo de batalla en el nombre de Allâh.”
El Profeta se complació por esta demostración de fidelidad y el espíritu de sacrificio que sus sahâba
mostraban en estos momentos tan delicados. Luego les dijo: “Avancen con felicidad, debido a que Allâh me ha prometido una de las dos (las riquezas del botín o el martirio en la causa de Allâh), y por Allâh es como si estuviese viendo al enemigo cayendose bajo nuestros pies.”
En las inmediaciones de Badr, El Profeta y su amigo Abu Bakr guiaron una operación de reconocimiento para dar con el campamento de Quraish. Se encontraron con un anciano beduino del cual trataron de sacarle
información sobre la ubicación exacta de los incrédulos. Por la tarde del mismo día, envió a tres líderes de los muhâÿirún, ‘Ali bin Abi Tâlib, Az-Zubair bin Al-'Auuâm y Sa‘d bin Abi Uaqqás para que consigan información del enemigo. Vieron dos hombres llevando agua para el ejército de La Meca. Cuando los interrogaron,
admitieron que era agua para los de Quraish. Pero esta respuesta no satisfizo a algunos musulmanes y golpearon a los dos severamente para ver si les sacaban más información, aunque no era mentira, dijeron que la caravana estaba llena de riquezas. Los dos entonces mintieron y fueron dejados. El Profeta se enojó y les dijo:
“¡Cuando les dijeron la verdad los golpearon y cuando mintieron los dejaron!” luego les habló a los dos y le informaron los detalles del enemigo: la cantidad de soldados, la ubicación exacta y los nombres de los jefes. Luego volviéndose a los musulmanes les dice: “Escuchad, Quraish os ha enviado sus más preciados notables .” Esa noche llovió en ambos lados siendo para los incrédulos una causa de estorbo mientras que para los
musulmanes resultó ser una bendición. Allâh les envió la lluvia para fortalecer sus corazones y para afirmar sus pasos. Avanzaron un poco hasta estar cerca del valle y Muhammad se detuvo cerca del manantial de Badr. Al-Hubab bin Mundhir le preguntó, “¿Ha designado Allâh este lugar o es una estrategia militar producto de la consulta?” El Profeta respondió “Es una estrategia militar que me aconsejaron.” Al-Hubab dijo: “Este
117
lugar no es adecuado para que nos ubiquemos; permítenos acampar lo más cercano al agua, hacer una reserva de agua y luego destruir todos los demás lugares donde haya agua, así los dejaremos sin ella.” El Profeta aprobó su plan y lo implementaron por la noche.
Sa‘d bin Mu‘adh sugirió que se le construya al Profeta un lugar que sirva de cuartel general para el ejército musulmán y que sea seguro para el líder. Sa‘d justificó su punto de vista diciendo que si ganan estarán felices. Pero en caso de perder, el Profeta podría regresar a Medina para juntarse con aquellos que lo aman y lo asistirían en las dificultades, y así podría reanudar su prédica y podrían junto a él esforzarse en el camino de Allâh una y otra vez.
Un escuadrón fue elegido entre los ansâr bajo el líderazgo del mismo hombre, Sa‘d bin Mu‘adh, para defender al Profeta en su cuartel general.
El Mensajero pasó toda la noche anterior al día de la batalla de Badr suplicando y rezando. El ejército musulman, fatigado, pudo descansar bien, un signo del amparo Divino.
(Recordad) cuando os cubrió como protección un sueño que venía de Él, e hizo caer sobre vosotros agua del cielo para con ella purificaros, quitaros el susurro de Satanás, dar firmeza a vuestros corazones y afianzar vuestros pasos. [8:11]
Esto fue el viernes por la noche, durante el día 17 del mes de Ramadán del año 2 d.H.
A la mañana siguiente, el Profeta rezó junto a sus hombres y los exhortó a que combatan en la causa de Allâh . Cuando el sol aparecía sobre el desierto, el Profeta alistó al ejército y, señalando con una flecha que sostenía en su mano, arengó a la tropa.
Quraish, posicionó a sus hombres en Al-‘Uduat Al-Qusua, enfrente de las líneas musulmanas. Algunos de ellos se acercaron para provocar y para beber el agua de Badr, pero todos fueron muertos excepto uno, Hakim bin Hizam, que más tarde abrazaría el Islam y se haría un devoto musulmán. ‘Umair bin Uahab Al- Ÿumahi, tratando de ver el poderío del ejército musulmán, se acercó para ver la cantidad del mismo y reportó que eran 300 hombres. En otra incursión dijo que no esperaban refuerzos. Comprendió que eran muy valientes y que tratarían de matar la mayor cantidad de sus enemigos a pesar de que los sobrepasaban en número. Este informe y teniendo en cuenta las relaciones de parentesco, incitó a algunos de los hombres de Quraish a desistir de combatir.
Cuando los dos grupos se aproximaron, estuvieron cerca y estaban a la vista, el Profeta le suplicó a Allâh de la siguiente manera: “Oh Allâh, los malvados y arrogantes Quraishíes vinieron a desafiarte a Ti y a tu Mensajero. Oh Allâh, Confio en la victoria que me has prometido. Te imploro a Ti, Oh Allâh, para que los destruyas.” Luego dio instrucciones para que no empiecen el combate hasta que él lo autorice. Recomendó que usen las flechas con presición 106[2] y que no usen las espadas a no ser que tengan al enemigo cerca. 106[3]
Abu Ÿahl también rogó para la victoria diciendo: “Señor nuestro, derrota a cualquiera de los dos grupos que sea menos bondadoso con sus parientes”. Los paganos confiaban en la superioridad de su cantidad, equipamiento y experiencia. El Noble Corán les informó que ya estaba decidida la victoria, pero no como la esperaban:
118
[¡Oh, incrédulos!] Vosotros pedisteis que triunfara quien tuviera la verdad, y esto fue lo que ocurrió. Y sabed que si desistís [de combatir a los creyentes y abandonáis la incredulidad] será mejor para vosotros; y si volvéis a hacerlo volveré [a castigaros] y de nada os servirán vuestras huestes, aunque fuesen numerosas. Ciertamente Allah está con los creyentes. [8:19]
Según las costumbres árabes de la guerra, antes de que comenzara cualquier batalla debería haber un duelo de espadas entre los representantes de ambos bandos.
El primero que encendió el fuego de la batalla y que fue su primera víctima fue Al-Asuad bin ‘Abdul Asad Al- Majzûmi, un malvado idólatra. Juró que bebería de los recipientes de agua pertenecientes a los musulmanes, de lo contrario, los destruiría o moriría en el intento. Se enfrentó a Hamzah bin ‘Abdul Muttalib, quien hirió su pierna con su espada y luego lo mató cayendo dentro de la fuente.
La batalla había comenzado. Protegido con una armadura y un escudo, ‘Utbah bin Rabi‘a se adelantó junto a su hermano Shaibah y a su hijo Al-Ualîd para maldecir a los musulmanes. Tres jovenes pertenecientes a los ansâr se adelantaron para enfrentarlos: 'Auf y Mu‘auuadh el hijo de Hâriz, y ‘Abdullah bin Rauuaha. Pero los
Quraishíes les dijeron que no querian nada con ellos, sino que querían enfrentarse a los líderes de entre sus primos. Debido a esto, el Profeta le pidió a ‘Ubaidah bin Al-Hâriz, a su tío Hamzah, y a su primo ‘Ali que los enfrenten en combate. Los tres cumplieron rápidamente. Hamzah mató a Shaibah y ‘Ali mató a Al-
Ualîd.106[4] ‘Ubaidah fue seriamente herido pero antes de que caiga, Hamzah decapitó a ‘Utbah. ‘Ali y Hamzah
acarrearon a ‘Ubaidah debido a que le habían cortado la pierna, muriendo cuatro o cinco días más tarde. ‘Ali estaba convencido de que las siguientes palabras de Allâh fueron reveladas a causa de ellos: Estos dos oponentes (creyentes e incrédulos) disputaban mutuamente acerca de su Señor. [22:19] Estas Aleyas fueron reveladas en conección a hombres de fe que confían en su Señor y se esfuerzan en implementar Su mandato, y a hombres que niegan a su Señor y lo desafían.
Este acontecimiento fue sucedido por otros duelos donde los Quraishíes sufrieron numerosas bajas y perdieron muchas de sus más preciados guerreros. Irritados y furiosos, se lanzaron contra los musulmanes para tratar de exterminarlos a todos. Los creyentes, sin embargo, después de pedirle asistencia a su Señor, mantuvieron sus posiciones y planearon una defensiva que fue lo suficientemente exitosa como para causarle muchísimas bajas a los atacantes. El Profeta rogó a su Señor día y noche para conseguir Su ayuda. En el momento que el
combate estaba creciendo en intensidad y estaba al rojo vivo, rogó a Allâh de la siguiente manera: “¡Oh Allâh! si este grupo (de musulmanes) es vencido hoy, No serás adorado luego de este día.”
Continuó suplicando a su Señor, extendiendo sus manos en dirección a la Qiblah, hasta que su manto cayó de sus brazos. Abu Bakr se acercó lo levantó y se lo puso sobre sus hombros y le dijo: “Oh Profeta de Allâh, ya has suplicado a tu Señor. Él cumplirá lo que te ha prometido.”
Inmediatamente vino la respuesta de Allâh , Quien envió ángeles desde el cielo para socorrer y asistir al Profeta y a sus sahâba. El Noble Corán dice:
119
Cuando tu Señor inspiró a los ángeles, Estoy con vosotros, dad firmeza a los que creen. Infundiré terror en los corazones de los incrédulos. [8:12]
Allâh, el más Poderoso, también inspiró a Su Mensajero: Os ayudaré con mil ángeles en turnos sucesivos. [8:9]
El Profeta , desde su cuartel se asomó y exclamó con entusiasmo:
“Oh Abu Bakr, te albricio con buenas noticias: la victoria de Allâh está acerca, por Allâh, puedo ver a Gabriel sobre su caballo en lo más reñido de la batalla.”
Luego exclamó:
Tal grupo será derrotado y dará la espalda. [54:45]
En la presencia de Gabriel , el Profeta tomó un puñado de arena, y se lo arrojó al enemigo diciendo: “¡Confúndanse vuestros rostros!”, y cuando arrojó la arena, un violento tornado de arena apareció como un torbellino ante los ojos de sus enemigos. Respecto a este acontecimiento, Allâh dice:
Tú (Muhammad ) no eras el que arrojaba sino que fue Allâh el que lo hizo. [8:17]
Sólo en ese momento el Profeta dio claras órdenes de dar un contraataque. Estaba comandando al ejército, inspirándoles confianza y exhortándolos a que peleen con valentía en la causa de Allâh , recitando Sus Palabras:
Acudid prestos hacia un perdón de vuestro Señor y a un Paraíso cuyo ancho son los cielos y la tierra. [3:133] El espíritu de coraje infundido a sus hombres se evidencia claramente por el valor demostrado por ‘Umair, un joven de apenas 16 años, que arrojó unos dátiles que estaba comiendo y dijo: “Estos (dátiles) me están
manteniendo fuera del Paraíso.” Y se precipitó al lugar donde el combate era más peligroso y combatió con coraje hasta morir heroicamente. Acciones de valentía, profunda devoción y total obediencia al Profeta eran demostradas en el transcurso del combate. El ejército de los creyentes cada vez tenía más entusiasmo. Una gran cantidad de incrédulos fueron muertos y otros empezaron a vacilar y a temblar. El estandarte de la Verdad estaba siendo asistido por fuerzas celestiales (los ángeles), con el permiso de Allâh para vencer a las fuerzas