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No hay mas que una red formal de relaciones, hay realidades, pero que no son esencias, que no son una sola sus- tancia, que son compuestas, producidas por los juegos sistémicos, pero dotadas de todos modos, de cierta autonomía.

Edgar Morin.

Las distancias ahora no se miden igual que antes, así como se mide el tiempo. Como un ejemplo extremo, tenemos la historia de Marco Polo, que junto con su padre y su tío, se dedicaba al comercio con Oriente. Su primer viaje rumbo a Asia comenzó en Venecia hacia 1255 y alcanzaron China en 1266, llegando a lo que hoy conocemos como Pekín. Ahora un viaje desde Venecia hasta Pekín dura 10 horas en avión, pero es posible que en segundos tengas contacto con alguna persona en Pekín, desde cualquier parte del mundo a través de un teléfono o por Internet, donde además puedes tener un acceso rápido a imágenes e información sobre el lugar. En la época de Marco Polo, además de la distancia en tiempo y espacio, enfrentarse a una cultura tan lejana implicaba una distancia ideológica y cultural incluso más grande que la física.

Actualmente, nuestra manera de dimensionar el mundo es muy distinta, porque no tenemos que vivir la experiencia de recorrerlo metro a metro. Parece que en nuestros días todo se ha vuelto un poco más cercano a medida que avanza el tiempo y evoluciona la tecnología, creando la ilusión de que todo se vuelve más rápido: nuestra manera de procesar

la información, de comunicarnos y de conocer el mundo cambia vertiginosamente con el uso de nuevas tecnologías que avanzan día a día. Ahora hasta las formas de viajar son distintas. Normalmente simbolizamos todo lo que existe en el mundo para poder decodificar lo que pasa en nuestro entorno y poder llamarlo realidad; la tecnología es una herramienta más para interpretar el mundo e interactuar con otras personas, son una extensión mental de nosotros mismos, como Amber Case lo menciona (en sus estudios sobre la nueva rama de la antropología llamada ciber-antro-

pología), estas nuevas herramientas hechas por los humanos para los humanos, nos permiten ir más rápido y comu-

nicarnos de diferentes maneras, así como almacenar grandes cantidades de información en muy poco espacio físico real, incluso, el acceso a los espacios virtuales nos permite seguir en comunicación cuando no estamos conectados en tiempo real. “No es que las máquinas estén tomando el control; sino que nos están ayudando a ser más humanos; nos están ayudando a conectarnos mutuamente... termina siendo algo más humano que tecnológico, porque nos es- tamos co-creando unos a otros todo el tiempo.”10 La comunicación es lo que nos mantiene unidos con las personas,

la diferencia es que ahora usamos medios más plurales para ampliar nuestros procesos de comunicación con los otros. La comunicación es un fin en sí mismo en tanto que no sirve para nada excepto para comu-

nicarse, o sea, para entender la vida y encontrarle algún sentido que haga que valga la pena vivirla, y hasta hoy en único sentido encontrado ha sido la comunicación misma. (Fernández Christlieb, 2004: 17)

La experiencia virtual que tenemos con el uso del Internet y otros medios interactivos, de una manera tan cotidiana, ha hecho que nuestras vidas se vuelvan más complejas; contamos con gran variedad de medios que nos ponen en contacto con el mundo de maneras simbólicas, todas nuestras construcciones sociales y culturales están presentes en el carácter propio de la época, llena de vertiginosos cambios y una renovación constante en tecnologías, ideologías, métodos de procesamiento y convivencia con estos. “Nuestra experiencia visual se ha vuelto compleja, enriquecida por un siglo de imágenes fotográficas y luego cinematográficas, permitiéndonos reconocer como ‘mundo’ una colección de elementos dispersos” (Bourriaud, 2008: 20). La manera de concebir nuestra existencia en el mundo, se va diversificando a medida que estamos en contacto con más elementos que nos muestran diferentes interpretaciones y formatos acerca de lo que pasa en el ámbito de lo humano y con ello nuestra relación con el mundo. Ahora estamos más habituados a intervenir las imágenes, a apropiarnos de lo que vemos coleccionando cosas que nos gustan o participando de diferentes maneras en el uso de los nuevos medios y las relaciones que generamos haciendo uso de ellos.

Vivimos el proceso de conformación de una generación que ha presenciado una serie de cambios dramáticos en la concepción del uso de los nuevos medios audiovisuales. La transición de lo análogo a lo digital; del disco de acetato al mp3, pasando por los cassettes y los cd’s, del teléfono fijo a los Smart-phones, de la carta al e-mail, etc. Ahora es- tamos acostumbrados a grabar video y fotografía con un celular en cualquier momento y hasta tenemos aplicaciones

que pueden editarlos en el mismo celular, pero hace no mucho tiempo esto era inimaginable. Tenemos cada vez más medios de acceso y formatos distintos para acercarnos a un sin fin de producciones audiovisuales, desde grabaciones caseras hasta cine, videoarte, vídeos musicales, etc. Hemos visto año con año, cómo han surgido nuevos medios y nos hemos adaptado rápidamente a vivir todos estos cambios y a utilizarlos de manera cotidiana, para relacionarnos con otras personas y estar en contacto con diferentes producciones realizadas por otros. Parece que ahora el carácter de los medios de comunicación implica necesariamente una forma específica de socializar a través de ellos, o usarlos como un pretexto para hacerlo. Ir al cine, por ejemplo, generalmente forma parte de un ritual de socialización, un acontecimiento que ya forma parte de nuestras costumbres. Ver la televisión ha sido una de las primordiales formas de educación de nuestras mentes y es un punto central para las reuniones, desde la familia hasta los amigos, así como también es una buena compañera cuando no quedan ánimos para hacer nada más que ver la programación que nos brinda la televisión, ahora es más habitual pasar horas frente a las pantallas solo o en compañía. Las formas de comunicación visual van modificando nuestros rituales sociales, y nosotros evolucionamos junto con ellos. Sabemos muy bien cómo adaptarnos a cada novedad y hacerla parte de nuestras vidas. El sentido de lo nuevo ya no aparece como algo lejano, ya no pertenece a un futuro modernista, sino a una práctica cotidiana, en la que hemos aprendido a movernos continuamente, a correr junto con el desarrollo tecnológico y cambiar nuestras formas de hacer, que in- fluyen a nuestras formas de pensamiento.

Las imágenes que percibimos a través de señales electrónicas como la televisión, el cine o las computadoras, parti- cipan en nuestras vidas yendo más allá de la realidad física, creando un mundo que no tiene un referente palpable, que es una mera abstracción y construcción simbólica a la que nos hemos adaptado y de la que hemos aprendido a depender, para formar parte de nuestra sociedad actual. Estas formas de actuar, ver, pensar, han influenciado nuestra manera de ser, nuestras estructuras mentales, que se han vuelto simultáneas, veloces, inestables, multifacéticas. Se ha convertido en un fuerte atractivo el poder navegar de una página a otra, de una noticia a otra, de una imagen a otra intermitentemente, volviendo a ella cada vez que se quiere y que el sistema lo permite, para ya no tener que depender completamente de una programación establecida como pasa en la televisión, dependiendo de su disponibi- lidad en la web, (inclusive puedes ver programas de televisión OnLine) en Internet no hay interrupciones impuestas por los comerciales en medio de un programa, porque la publicidad tiene un espacio ya definido en lugares predis- puestos para ello, que no interfieren con los tiempos en los que estamos en una página u otra y muchas veces esta- mos tan habituados a ellos que los ignoramos y no notamos que siempre están ahí, al lado derecho de la pantalla. Estas características abren la posibilidad de que el usuario mantenga sus propios ritmos y se entregue a la sensación de atemporalidad provocada a partir de una multiplicidad de informaciones que suceden al mismo tiempo, y no acon- tecen de manera lineal, provocando un sentido de la urgencia ante los cambios informáticos, una mirada rápida a la que le cuesta trabajo detenerse a esperar.

La vida en el ciber espacio abre también las posibilidades de descargar información de otros tanto cómo subir la propia y compartirla a un público virtualizado. La vida cotidiana se ha facilitado en tantos aspectos que las preocu- paciones de una persona inmersa en este mundo de la ciber-cultura son otras, comenzando desde un contexto lleno de ideas e información, para a partir de esto generar nuevas interpretaciones, jugando un remix con los datos que nos encontramos alrededor nuestro. El mundo floreciente de las imágenes actuales junto con la accesibilidad a la información e intercambio cultural, ofrece una mayor posibilidad a las personas de elegir que personaje mostrar, públicamente. Una persona cualquiera puede coleccionar experiencias, en el mundo real, que de alguna manera se mantendrán como una bitácora de su vida en imágenes Online, con la sensación de que el tiempo que parecía que se acababa, por pasar tan rápido, se queda congelado en las imágenes que se almacenan en un espacio sin tiempo, sujeto a la mirada de las personas que tengan el privilegio de tener acceso a ellas.

Auto-exponerse a la mirada pública, subir fotos privadas, actualizar el estatus de las relaciones en las redes sociales, se ha vuelto una práctica cotidiana, las personas que participan de estos nuevos grupos sociales que se articulan en la web, están más conscientes de que son una figura pública y cuidan su reputación, hacen una edición de su vida, y la cámara fotográfica se convierte en una nueva especie de espejo de bolsillo, donde nos vemos diariamente, y evaluamos la calidad de nuestra imagen que mostramos hacia el mundo, aunque no siempre se puede tener el control

total de las imágenes y contenido así como el uso que se hace de ellas ya estando publicadas en la web. Las nue- vas generaciones con tanto acceso a la información y a los cambios vertiginosos estamos acostumbrados a navegar entre los cambios, parece que por momentos nos extraviamos entre la multitud de gente y de información, haciendo necesario elegir filtros para ordenar las experiencias entre tanto contenido y personas en nuestras vidas. Es difícil en- tender el lenguaje que se ha desarrollado a partir de este caos informático, ya que se ha creado un modo no lineal de pensamiento, que refleja exactamente el lenguaje de Internet, donde un sin fin de asuntos pueden ser acompañados a un mismo tiempo, haciendo natural el proceso de iniciar con una cosa y terminar en otra11. Cada día surgen nuevos

soportes y nuevas estrategias para la transmisión de mensajes, en nuevos medios de comunicación. Ahora es posible que cada persona sepa acerca de muchas cosas aunque no estén completamente especializados en una sola cosa, las nuevas generaciones se aprenden muchas técnicas a partir de los tutoriales que encuentras en páginas como YouTube y diversas informaciones que circulan por la web. La cultura, la ciencia y el entretenimiento conviven en espacios que se trastocan unos con otros, el usuario común de las redes informáticas tiene acceso a estas formas de conocimiento de una manera accesible y cotidiana.

La tecnología va de la mano con nuestros pensamientos, hábitos, maneras de hacer, forma parte de la cultura y per- mite reinventarnos cada vez en múltiples formas de concebir la vida y nuestras acciones en el mundo. Habitamos un

mundo en el que se vive la noción de un espacio inmerso en la atemporalidad o más bien una idea de tiempo más compleja y apresurada que la que alguna vez se vivió, como si fuese un pasado, presente y futuro en una misma si- tuación, no sólo mirando hacia los avances de un futuro próximo, o sólo una nostalgia por el glorioso pasado, sino una época en la que conviven muchos acontecimientos muy distintos entre sí, con ritmos diferentes; mirando hacia adelante, tomando en cuenta el pasado y viviendo el presente simultáneamente, compartiendo existencia dentro de una estructura mas o menos esquizofrénica y caótica, llena de complejidad. La aparición de un sinfín de pensamientos existiendo a un mismo tiempo, sin que se creyera que es hay una única postura válida, creó la necesidad de pensar el mundo a partir de una ruptura de la estructura de pensamiento histórico-lineal, y pensar en la coexistencia e in- teracción de una multiplicidad de pensamientos en un mismo espacio y tiempo. Ahora sólo falta estar en contacto con el mundo virtual, para darnos cuenta cómo miramos a otros a través de ventanas simbólicas, y que en cada una de estas ventanas se guardan un tiempo y un espacio distintos para cada uno, un tiempo distinto para cada relación que tenemos con los otros.

Una manera de medir este tiempo tan inaprensible podría ser identificando la aparición de nuevos descubrimientos tecnológicos, que han llegado a formar parte de nuestra vida cotidiana y permiten multiplicar nuestras formas de comunicación, es posible rastrear la aparición de estos avances tecnológicos como una forma de organización de

nuestras vidas a partir de la utilización de estos descubrimientos que se integraron a nuestra cotidianidad al grado de haber creado una dependencia con ellos para definir nuestros estilos de vida actuales. A través de la historia hemos visto cómo las maneras de transmitirse información, han influido totalmente en la concepción de nuestras culturas, desde las afecciones propias hasta los conocimientos que nos han permitido reconfigurar nuestras formas de mirar al mundo y de vivir en él. Una de las primeras manifestaciones de la impresionante revolución de la información que se veía venir, fue con el surgimiento del telégrafo (Solé, 2009: 50) creando una inmensa red de comunicaciones al rededor del mundo, por primera vez de manera masiva e inmediata, precediendo a la aparición del teléfono y lo que actualmente conocemos como la red de Internet. Estos sucesos han acelerado tanto nuestro poder de comunicación, sobre todo tomando en cuenta que reducen simbólicamente las distancias, que han hecho posible que la concepción de la geografía del espacio cambien y el mundo parezca más pequeño cada vez, ante nuestras reducidas conciencias. Pareciera que estas interconexiones que he construido socialmente en los mundos virtuales hacen que las distancias entre una información y otra sean más cortas, se ‘achica’ el mundo, paradójicamente, cuando el pequeño y personal mundo de relaciones se va ampliando.

La compleja red que forma a la World Wide Web, hace posible que nos comuniquemos simultánea y rápidamente con muchas perso- nas, porque no se necesita que la información vaya recorriendo de manera lineal de un dato al otro, sino que un complejo sistema

de interconexiones y de relaciones entre todos los elementos que componen el sistema de Internet crean atajos entre los datos que están relacionados, similar a lo que nos ocurre con nuestras amistades y nuestras relaciones sociales, en espacios reales o simbólicos; cada vez que conocemos más gente, es posible que conozcamos más y más, y poco a poco vamos ampliando nuestra red de relacio- nes, aunque no nos sea imposible cuantificar las relaciones que existen fuera de nosotros, vamos conformando poco a poco una red propia ampliando nuestras conexiones con más gente cada vez, constituyendo un ejemplo de la construcción de lo que Ricard Solé llamaría una red compleja:

Nuestra percepción del tejido de la sociedad está fuertemente limitada por nuestras relaciones cotidianas, con amigos compañeros de trabajo o simplemente conocidos. Éstos forman aquella parte de la sociedad con la que estamos directamente relacionados y definen en gran medida lo que denominaríamos entorno social. Podemos imaginar estas conexiones como dentro de una red de vínculos sociales. (Solé, 2009: 30)

El hecho de pertenecer a una extensa red social que ha trascendido las fronteras por medio del Internet, nos hace creer algunas veces que el mundo es más pequeño. Esta red compleja está armada por situaciones de interconexión simultánea, como por ejemplo cuando tus amigos están conectados contigo, y ellos a su vez pueden estar conectados entre sí, al mismo tiempo que están conectados con otros que tú no lo estás. Así muchas informaciones que posee gente que aparentemente no está conectada con nosotros de manera directa nos llegan por medio de los contactos

que tenemos en común con otras personas. Un ejemplo de esto es una de las más importantes redes sociales que se encuentran en el espacio del Internet, el Facebook, es más grande que muchos países que existen físicamente deli- mitados, sólo superado por la cantidad de personas que viven en China e India, formando una inmensa comunidad de personas que sería imposible reunir en el espacio físico, pero que comparten muchas cualidades y hábitos entre sí, y que utilizan muchas herramientas informáticas en común. Los habitantes virtuales de estas grandes redes desarrollan muchas de las actividades que también realizan en la vida cotidiana, manteniendo comunicación con muchas personas, comparten aspectos de su vida diaria, y utilizan el espacio que brinda la web para obtener y aprender información al mismo tiempo que se mantienen al tanto de los asuntos de la actualidad, juegan en línea con otras personas, compran artículos, contratan servicios diversos, ven vídeos, películas, programas de televisión y escuchan música, entre otras múltiples actividades que se realizan a través de muchos viajes cotidianos al mundo virtual. Normalmente los usuarios que están interconectados con nosotros proceden de nuestros contactos reales en la vida cotidiana, y otras relaciones se construyen a partir de experiencias totalmente virtuales. Formamos parte de un sistema complejo de relaciones so- ciales, que de por sí son inherentes a nuestra condición humana, comparada con una red común: los nudos en la red o nodos como les llama Ricard Solé, serían una representación simbólica de las personas o los usuarios de esta red, y el espacio entre un nodo y otro, las relaciones que mantenemos con nuestros semejantes. (fig. IX)

Existen muchas redes complejas inmersas en el mundo, ya sea en el mundo natural, el cerebro, un ecosistema o simplemente una célula viva, hasta los sistemas informáticos relacionados por el Internet, y la sociedad misma. Estas redes constituyen sistemas de relación, que inevitablemente se vuelven complejos, al ser imposible ser reducidos a pequeñas partes independientes del todo, “El todo es más que la suma de las partes o quizá más apropiadamente, el todo es distinto a la suma de las partes” (Solé, 2009: 24). Las conexiones que existen entre los elementos y las interacciones entre estos, constituyen una parte muy importante de todo el fenómeno que abarca todo el sistema “…Las interacciones entre elementos crean nuevos fenómenos. Este poder creativo del intercam- bio de información es lo que hace al mundo tan interesante y complejo” (Solé, 2009: 19). Ricard Solé nos invita a reflexionar acerca de los diferentes fenómenos que constituyen redes de relación, en las que es imposible tener un acercamiento reduccionista, a menos que se tenga en cuenta la complejidad que implica un sistema donde el todo no se reduce a las partes. Cuando Morin describe la red que implica lo complejo, nos dice que es “lo que está tejido en conjunto... la paradoja de

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