Chapter 3. Integrating connectivity and climate change into marine conservation
3.4 Discussion
3.4.1 Qualitative vs quantitative objectives
Hasta el momento hemos presentado algunos de los múltiples factores extra e intramiliares que intervienen en la formación socio- emocional y axiológica del ser humano y cuya influencia se hace más evidente durante la etapa en la que el hogar es el único medio social en contacto con el niño.
Pero llega el momento en que éste debe incorporarse a aquella nueva comunidad educativa que es la escuela y lo hará llevando consigo una historia vital larga, compleja y dotada de una gama de arquetipos familiares muy diferenciados y a veces contradictorios que repercutirán, en mayor o menor grado, en el éxito con que el niño se integre al ambiente escolar y social en general.
En esta etapa muchos padres, presionados por diversas situaciones – entre ellas, la problemática socio- económica que viven - se concentran más en dar solución a las
mismas y delegan en la escuela la responsabilidad casi total de la formación de los
hijos, estableciéndose un nivel superficial y esporádico de comunicación con el
centro educativo focalizado, generalmente, en el rendimiento académico de los hijos. Esta situación de desencuentro entre escuela y familia es puesto de manifiesto por Rodari (2001) en un estudio que ratifica el predominio de una relación funcional entre familia y escuela, así como percepciones de mutua desconfianza entre padres y docentes que, aunque poco expresadas, emergen continuamente en comportamientos y discursos en forma de desconfianza recíproca, desacuerdos, rivalidad y poca disponibilidad de cada parte. Luego, es débil aún la imagen de la escuela como
institución que COMPLEMENTA, ORIENTA y REORIENTA la formación recibida en
la familia y la conciencia que ésta junto con la escuela, deben cumplir una labor sinérgica y co- responsable en la formación de los niños y adolescentes.
De ahí que sea necesario replantear las relaciones entre maestros, padres y autoridades de las instituciones educativas. Se debe superar la tradicional relación orientada sólo a la búsqueda de ayuda o de información específica – de ambas partes – para hacer del centro, mas bien, un espacio de promoción educativa que propicie la toma consensual de decisiones y la participación organizada de los padres de familia desde su experiencia laboral personal.
Por un lado, la escuela no puede ignorar lo que diversos estudios confirman: que la educación no formal ofrecida por las familias tiene más importancia en los niños que el sistema educativo formal (Portois: 1978; Mc Conkey: 1985, citados por Gonzáles Tornaría: 1999). Por otro lado, la familia no debe minimizar el papel que les corresponde ni asumir una actitud pasiva en su relación con la escuela. La innegable existencia de una diferenciación de roles y espacios - que hace que el padre actúe como tal y el docente lo haga en su calidad de docente – no invalida la posibilidad de que ambos asuman un compromiso con miras a promover el desarrollo individual y comunitario, desde el lugar que cada uno ocupa.
Se trata entonces de hacer de la escuela un espacio generador de alternativas a nivel
personal, de relación familia – escuela y de comunidad. Esto supone concebirla no
sólo como un lugar para tomar conciencia sobre problemas vinculados a situaciones académicas, sino como “punto de encuentro para la construcción y propuesta ante la crisis y las diversas manifestaciones de violencia” (Gallardo y otros, 1992: 123). La adecuada estructuración de la personalidad del sujeto – ahora en su doble faceta de
hijo y alumno – requiere por tanto una unidad y continuidad en los criterios
educativos de modo que la labor formativa de la escuela encuentre resonancia en el
hogar y viceversa, es decir, que exista coherencia entre las orientaciones que se le dan en relación a su desarrollo. Esto se pondrá de manifiesto no sólo en la esfera
emocional sino también en la social, observándose en ambas un incremento evidente
de las potencialidades del niño o adolescente y, específicamente en el último caso, en una mayor capacidad de ajuste social. (Ríos, 1988: 62- 64; Mosteiro, 1991: 16). La unidad de cometidos educativos entre el hogar y la escuela será igualmente
beneficioso para los docentes, ya que el seguimiento de la formación de los niños en
sus hogares les proporcionará mayor información y elementos de juicio para manejar con más eficiencia las dificultades que puedan surgir en el ámbito escolar.
Para que se dé una confluencia permanente y sólida de esfuerzos en la tarea educativa
es indispensable que los padres descubran y asuman su función como EDUCADORES
NATURALES Y PERMANENTES e incorporen nuevos criterios que les permita
comprender y encauzar mejor las capacidades reales de sus hijos.
Los padres requieren por tanto, acceder a canales educativos que, a través de
elementos no sólo teóricos sino fundamentalmente afectivo – vivenciales, les confiera
seguridad para superar exitosamente el desafío de hacer de la familia un contexto
humano y dinámico que prepare a los jóvenes para superar creativa y armoniosamente los conflictos y contradicciones que el entorno les presenta.
Existen varios mecanismos que pueden emplear los centros educativos con el fin de establecer y/o fortalecer paulatinamente los lazos de cooperación entre familia y escuela, favorecer el apoyo mutuo, la valorización de todos los actores implicados y la promoción de compromisos. Entre ellos, siguiendo a Mosteiro (1991:18), podemos citar en orden progresivo de complejidad y alcances, los siguientes:
a) Realización de sesiones informativas del centro.- Aunque tienen un carácter muy
general y suponen contactos más burocráticos que personales, constituyen una primera vía de acercamiento a la realidad familiar.
b) Realización de sesiones de información pedagógica.- El objetivo central es
brindar información sobre las actividades pedagógicas que se prevé desarrollar a nivel de aula o de institución, entre las cuales se puede presentar algún encuentro formativo dirigido a los padres de familia. Con este tipo de sesiones, al igual que con las descritas en el punto anterior, se busca despertar la inquietud en los padres/ madres de familia que más adelante facilite su integración a la dinámica escolar.
c) Relaciones personales con los padres.- Solicitadas a raíz de algún episodio
frecuente o anormal en la evolución de la vida escolar o familiar del educando.
d) Sistema tutorial.- Referido a entrevistas convocadas con cierta periodicidad por el tutor y/o profesor del niño/ adolescente.
e) Organización de convivencias.- Aunque no necesariamente tengan un contenido formativo sino estén referidas mas bien a excursiones, actividades culturales, recreativas, etc., constituyen una estrategia importante de acercamiento e integración con los padres de familia.
f) Organización de tertulias, círculos de estudio, etc.- En este rubro se consideran aquellas actividades que respondan a necesidades, intereses, aficiones e inquietudes de los padres de familia. Su finalidad sería motivar de modo más personalizado y
detectar a los padres/ madres más dispuestos para mantener vínculos permanentes con el centro.
g) Implementación de clubes de padres.- Suponen una realización más sistemática
de los eventos descritos en el punto anterior, pero con una misión más formativa y orientada a reforzar los lazos de unión entre los padres de familia y entre éstos y la institución. Pueden funcionar al interior del centro o en un local diferente.
h) Desarrollo de ciclos de formación familiar.- Tienen un carácter esporádico y pueden girar alrededor de un problema concreto de la comunidad educativa o surgir a partir de un tema de interés público generado en el radio de acción de las familias. Si afecta a un número significativo de padres pude dar lugar a un ciclo de charlas sobre el tema.
i) Escuela de Padres.- Constituye el paso más serio en el propósito de acercamiento e integración con los padres de familia.
En el tercer capítulo veremos precisamente las características y alcances de las Escuelas de Padres como espacios formativos capaces de favorecer el encuentro e intercambio de experiencias entre instituciones de tanta trascendencia en la vida del ser humano como el hogar y el centro educativo.
CAPITULO III
LA FORMACIÓN DE LOS PADRES DE FAMILIA COMO AGENTES