Si comienzas a concentrarte en lo que está pasando, en lo que estás haciendo y sintiendo en cada momento, tu mente se centrará en el aquí y ahora, que es el único lugar y tiempo que realmente existe. Enfocarte en el presente es uno de los mayores secretos para gestionar nuestra mente.
Como bien dice Eckhart Tolle en su maravilloso libro El poder
del ahora, el ahora es el único momento donde no existen los
lavando los platos, independientemente de que tu objetivo sea que estén limpios; eso ya es el futuro y, si piensas sólo en el objetivo, te pierdes el proceso, que es donde sucede la vida.
Centra tu atención en lo que estás haciendo en cada momento. Tu mente tiene dos funciones incompatibles entre sí: estar pensando o estar presente, y si no estás presente es como si no hubiese pasado.
¿Sabes que en este preciso momento acaba de nacer Juan, el hijo de Carolina? No, ¿verdad? Pero no porque no nos hayamos enterado o no sepamos quien es Carolina, significa que no haya pasado. Esto mismo pasa a la hora de comer: si mientras comías pensabas en mil cosas, para tu mente es como si no hubiese pasado y te sigue pidiendo más comida, lo cual traducimos como ansiedad. ¿Ansiedad o falta de presencia? La presencia sana, calma y enriquece nuestra vida, nuestro cuerpo y nuestro metabolismo.
Me encanta imaginar nuestra mente como un campo de tierra fértil y a nuestros pensamientos como semillas que plantamos en ese campo fértil. Según todo lo que escuchamos, vivimos y experimentamos, nos iremos dando cuenta de que hay semillas de malezas y otras semillas de árboles frutales. Lo más probable es que hayamos plantado muchas semillas de todo tipo, pero tú puedes elegir qué semillas regar y cultivar y así, poco a poco, irán creciendo en el campo fértil de tu mente aquellas semillas que vayas alimentando.
Si en el camino te vas encontrando con alguna maleza, puedes acercarte a ella con comprensión, entendiendo que si estaba ahí es porque alguna vez llegó a ti para algo, explicándole que ya no la necesitas, agradeciéndole el tiempo que estuvo en tu jardín y las cosas que aprendiste gracias a ella, incluido el valorar aún más los frutos, y, por último, desde esa tranquilidad y agradecimiento, cortarla desde la raíz, ya que si lo haces desde la rabia y el rencor, la cortas sólo superficialmente y con el tiempo vuelve a crecer.
El amor tiene la capacidad de desvanecer la mala hierba desde la raíz, deshaciéndola y convirtiéndola en abono para el campo de tu mente, donde, si así lo eliges, cada vez podrás cosechar más y más frutos. ¿Qué semillas eliges regar?
Reprogramándonos
• ¿Qué te ha llevado a creer lo que crees?
• ¿Tus pensamientos hacia ti mismo nacieron de ti o de otros? • ¿Cómo has sido programado?
• ¿Podemos reprogramarnos?
Las creencias no son más que pensamientos que asumimos como verdaderos y comenzamos a pensar una y otra vez. Según donde hemos nacido, nuestra cultura, lenguaje, entorno, familia, amigos, religión o experiencia personal, entre otros factores, tendremos unas creencias u otras. Necesitamos desarrollar un sistema de creencias, puesto que vivimos en sociedad, y hay sociedades en las que, por ejemplo, comer cerdo es un pecado y otras, como en España, en las que el cerdo es uno de los alimentos más valorados.
Por ejemplo, actualmente en la mayoría de nuestros países las mujeres llevamos pantalones sin que se nos mire raro, pero ¿tu abuela usaba pantalones? ¡Porque la mía nunca! Muchas veces mi abuela prefería pasar frío antes que usar pantalones, hasta que, ya a muy avanzada edad, mi madre y mis tías la convencieron para usar pantalones un día de invierno y desde ese momento, no se los volvió a quitar. Se dio cuenta de que por creer que los pantalones no eran de señoritas, había estado pasando frío y enfermando cada vez más a menudo. A día de hoy, ¿qué mujer joven va a pensar que llevar pantalones no es de señoritas?
¿Hasta qué punto nuestras creencias nos están limitando a la hora de decidir cómo queremos vivir? Creemos que la mayor cárcel es donde están los prisioneros y que todos los demás somos libres,
pero realmente todos somos prisioneros de una u otra manera, al menos, hasta que aprendemos a liberarnos de nuestras creencias, rompemos las celdas de nuestra mente y comenzamos a elegir desde nuestra libertad de consciencia.
Todo es tan relativo y, como bien decimos en PNL, un 10 por ciento es lo que sucede y el 90 por ciento restante es la interpretación que hacemos de lo que sucede. Tus creencias van a determinar cómo estás interpretando lo que está aconteciendo en tu vida. ¿Qué estás eligiendo interpretar? ¿Qué resultados estás obteniendo a partir de tus creencias? Si no son los resultados deseados, la buena noticia es que puedes cambiar tus creencias ya que, así como te han programado, hoy te puedes volver a programar gracias a todos los nuevos aprendizajes que has ido experimentando y recogiendo.
Una creencia no es una realidad, sino una hipótesis sobre algo o alguien.
PRINCIPIO DE PNL
Muchas veces queremos que el otro cambie, pero realmente no estamos viendo al otro, sino nuestra percepción de él. Que el otro cambie o no, no está en tus manos, pero cambiar tu percepción de otra persona, sí, completamente. Increíblemente, cuando cambias tu percepción del otro, el otro cambia para ti.
¿Qué pasaría si vieras a esa persona, que supuestamente te ha hecho tanto daño, desde el amor, la comprensión y la compasión? Una vez, haciendo un ejercicio de Louise Hay sobre el perdón con los padres, preguntaba:
• ¿Qué sabes sobre la infancia de tu padre? • ¿Qué sabes sobre la infancia de tu madre?
• Imagínalos de pequeños, con dos o cuatro años, sintiéndose solos y llorando, ¿quién viene a consolarlos?
Con ese ejercicio rompí en llanto, porque me di cuenta de que tampoco sabía cómo había sido la infancia de mis padres y que, posiblemente, ellos también tuvieron traumas y carencias, los cuales los han llevado a actuar de la manera en que lo hacen.
Un día, estaba conversando con Soledad, una de mis alumnas de Colombia, y me comenzó a hablar acerca de su infancia. Ella había tenido una mala relación con su padre y durante toda su vida lo había sentido muy distante, frío e indiferente. En los momentos más importantes para ella, como cuando fue a una competición internacional de salsa, su padre no había ido a apoyarla ni había mostrado ningún interés. Ella siempre intentaba llamar su atención, pero no lo conseguía. ¿Por qué su padre no era capaz de verla, valorarla, reconocerla y demostrarle su amor?
Me contó que su padre había perdido a su madre cuando tenía cuatro años y que le habían enviado a un internado junto a sus hermanos más pequeños. Pese a esto, ella no encontraba que fuera un motivo suficiente para que su padre fuera tan frío con ella. Tras años de búsqueda y terapia, Soledad llegó al taller online de Nutrición emocional. En el taller tenemos un ejercicio de PNL donde trabajamos la sanación del niño interior y los padres. Cuando ella hizo este ejercicio sintió el clic que necesitaba para cambiar por completo la relación con su padre. Se imaginó a su padre tomándole las manos y diciéndole: «No te puedo dar más porque no tengo más para darte. Te he dado todo lo que tengo».
Si tú me pides una manzana, por mucho que yo te la quiera dar, no podré dártela si no tengo manzanas. Muchas veces entramos en el mundo de los juicios y suposiciones sin detenernos a pensar en la historia del otro, regidos por nuestras creencias de cómo deberían ser las cosas. ¿Cuántas cosas hemos dejado de disfrutar en nuestra vida, por nuestras creencias? Comenzamos a vivir la vida como querían nuestros padres y, a su vez, ellos la vivían como querían
nuestros abuelos, que lo hacían como nuestros bisabuelos decían, y así podríamos seguir con una larga lista, encontrándonos quizás con que estamos siguiendo un sistema de creencias de generaciones de cientos de años atrás, que ni siquiera conocemos. ¿La vida de quién estamos viviendo? Nuestras creencias las comenzamos a establecer principalmente en nuestra niñez y adolescencia, porque alguien nos dijo que así era y lo creímos y adoptamos sin siquiera cuestionarlo.
Las creencias son necesarias y es importante agradecer a todas las personas que nos han enseñado, ya que nos transmitieron lo que ellos sabían. No se trata ahora de rebelarnos y cuestionar todo lo aprendido, se trata de ser conscientes de que las creencias no son más que pensamientos tomados como verdades absolutas y que, desde el adulto que somos hoy, podemos observar nuestras creencias, cuestionarlas y sustituirlas por otras más potenciadoras, si así lo estimamos necesario. Tenemos ese derecho.
Expandiendo las fronteras de mi mente
Dentro de nuestros millones de creencias y patrones de conducta, me he dado cuenta de que la mayoría de las personas que conozco que tenemos o hemos tenido problemas de sobrepeso u obesidad, presentamos comportamientos comunes que me gustaría que revisáramos.