Analyses and results
Definition 15. Quality Index = (Ratio of simple to complex type declara-
Penúltima parada de Jesús y sus discípulos antes de entrar en Jerusalén. En esta ocasión llegan a Jericó, ciudad milenaria, primera en ser conquistada por los israelitas, bajo el liderazgo de Josué (cf. Jos. 6). La Jericó que cruza Jesús no es la misma del primer asentamiento, abandonada siglos antes, y que se reconstruye a casi dos kilómetros de distancia de la primera, y a veinte kilómetros al este de Jerusalén, junto a un oasis en la hondonada del Jordán, llena de palmeras. Disponía de un hipódromo y un anfiteatro. Su clima benigno la convertía en residencia de invierno de reyes asmoneos. No habría que descartar elementos simbólicos en el paso de Jesús por Jericó antes de llegar a Jerusalén, pues Jericó fue la ciudad desde la que se gestó la conquista de la tierra de Canaán, y desde Jericó Jesús se dirige a la conquista o culminación del plan divino en Jerusalén. Curiosamente, no se dan detalles de la estancia de Jesús y los suyos en esta ciudad, más allá de que cuando se disponen a salir de ella, lo hacen acompañados de una gran multitud. No queda claro en el texto si todos son
seguidores de Jesús o grupos de peregrinos que se dirigen a Jerusalén a la fiesta. La comitiva se cruza en el camino con un mendigo ciego (tuflós5185), llamado Bartimeo. Marcos decide explicar a sus lectores que desconocen el arameo que el nombre es un patrónimico, compuesto por el prefijo arameo Bar, que significa hijo, y el nombre griego Timeo. Es poco frecuente que un judío lleve un nombre así, aunque no improbable dada la mezcolanza de gentes en Palestina en aquel tiempo. Que Bartimeo se encuentre en un camino, lugar de paso de gentes, mendigando evidencia que no pertenecía a una familia acaudalada que le pudiera sostener, por lo que no había otra solución en la época más que confiar en la caridad de la gente.
El ciego se percata de que quien preside esa comitiva que se acerca es Jesús de Nazaret. Dado lo habitual en Palestina del nombre Jesús, este necesita ser cualificado, en este caso con su origen de Nazaret, ya que se encuentra en una población lejana como es Jericó. Marcos cita el hecho de que quien viene es Jesús de Nazaret dando a entender que Bartimeo ya tiene conocimiento de él. Es decir, la fama que tanto le ha acompañado por Galilea, ahora le acompaña por Judea. Bartimeo comienza a gritar para llamar la atención de Jesús sobre sí, exclamando ¡Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí! Bartimeo, al vincular a Jesús con la figura regia de David le está reconociendo como Mesías. Es la única instancia en Marcos en que Jesús recibe este tratamiento de hijo de David.
Frente a los gritos de Bartimeo aparecen algunos que pretenden callarlo. Es dudoso saber por qué le quieren hacer callar, si por evitar molestias a Jesús; porque no creían en el poder de Jesús para sanar, o porque se sentían incómodos porque llama a Jesús, hijo de David. Lo cierto es que en este intento de acallar a Bartimeo hay reminiscencias de la parábola del sembrador, en lo tocante a la semilla que cae junto al camino (cf. 4:15). Así, Bartimeo está sentado junto al camino, oye que es Jesús quien pasa por ahí y le llama, pero en seguida es reprochado por sus gritos. Sin embargo, la semilla en Bartimeo no es quitada, ni aún por aquellos que le reprenden (epitimáo2008), término habitual en Marcos de la lucha contra espíritus inmundos (cf. 1:25; 9:25). Su uso aquí parece implicar la lucha de fuerzas malignas contra el deseo de Bartimeo de encontrarse con Jesús. Bartimeo, sin embargo, persiste en sus gritos reclamando la atención del hijo de David, para que tenga misericordia de él. Esta insistencia es evidencia de la fe de Bartimeo, que fue puesta a prueba en la acción de quienes querían hacerle callar.
En esta ocasión, los gritos surten efecto, y Jesús se detiene y ordena que le traigan al ciego. La escena presenta entonces un gran cambio. Si las primeras palabras a Bartimeo por parte de muchos fueron de reproche, intentando silenciarle, el tono ahora es de ánimo, pues llaman al ciego y le dicen que tenga confianza y se levante. ¿Dónde se produce el cambio, si no se quiere simplemente concluir que la muchedumbre es manipulable y sin criterio? Lo trascendente aquí está en la autoridad de Jesús, que le llama (fonéo5455). Es el poder irresistible de la palabra de Jesús el que opera el cambio en la gente.
La respuesta de Bartimeo no se hace esperar, y Marcos la relata con grandes dosis de realismo, pues dice que arroja su manto para ir a Jesús. El manto era una prenda importante en la vestimenta de alguien que se sentaba a mendigar en los caminos, pues le servía de protección ante las inclemencias del tiempo. El gesto de tirarlo puede simbolizar su renuncia a todo por seguir a Jesús, algo propio de un discípulo, así como una muestra de su fe en el poder de Jesús para sanarle; el manto ya no le servirá más, pues ya no tendrá que mendigar. Es muy importante responder con diligencia al llamado de Jesús.
Es interesante que Jesús no presupone la necesidad o petición de Bartimeo, sino que quiere que este exprese abiertamente su petición. La pregunta que le dirige es la misma que la recibida por Jacobo y Juan, cuando le solicitan que les conceda lo que le pidan (vv. 36, 37). Es inevitable ignorar el contraste que se establece entre una petición y otra. Mientras los dos discípulos piden posiciones de privilegio en el reino de Dios, algo que Jesús dice que no le es dado conceder (v. 40), Bartimeo solicita recuperar la vista (anablépo308), algo que está dentro del plan escatológico de Dios (Isa. 35:5) que Jesús representa. Bartimeo introduce su petición tratando a Jesús de maestro (rabbouní4462), que debe entenderse como una muestra de respeto hacia él, a la manera propia de un discípulo, en contraste con el uso equivalente rabbí, mencionado en ocasiones que denotan menor aprecio y comprensión de Jesús y su ministerio (cf. 9:5, 6; 14:45).
Semillero homilético
―Que yo recobre la vista‖
Introducción: El incidente con Bartimeo tiene lugar en la salida para Jerusalén. Este milagro nos
enseña a tener determinación, confianza y claridad cuando buscamos un encuentro con el Señor. I. Persistencia en fe (vv. 47, 48).
1. El ciego persiste porque para él era ahora o nunca; nadie lo puede callar porque toda su existencia estaba en juego.
2. Determinación. La determinación del ciego era tal que aguantaba y sobrepasaba a los que lo querían callar.
3. Lo suyo no era un asunto de mera curiosidad, o un deseo de poder contar después que había estado con Jesús; su desesperación se evidenciaba en lograr la atención del Señor. 4. Sin duda que el nombre Jesús no era desconocido para Bartimeo; quizá Jesús ya había
pasado por allí; quizá había oído del poder sanador y de la compasión hacia los necesitados.
II. Bartimeo llamó la atención de Jesús (vv. 47–52).
1. Los que estaban cerca lo animaron, pues el Señor se detuvo a atender su caso.
2. Bartimeo dejó el manto, se levantó y fue a Jesús. Hay ocasiones que no se deben dejar pasar por ningún motivo. Bartimeo sabía que esta era la hora que había esperado por tanto tiempo.
3. Para ir a Jesús tendremos que dejar de lado muchas cosas que nos puedan impedir el compañerismo con él.
4. La entrega demanda dejarlo todo para seguirlo fielmente.
5. Si no actuamos cuando tenemos la oportunidad, tal vez la ocasión no vuelva y quizá dejemos pasar el momento más importante de nuestra vida.
III. ―¿Qué quieres que te haga?‖, pregunta el Señor.
1. Bartimeo expresa al Señor con claridad lo que espera que haga por él.
2. Con el respeto debido a un maestro le dice: ―Rabí, que yo recobre la vista‖ (v. 51). 3. Jesús le da la posibilidad de poder ver: ―Vete. Tu fe te ha salvado‖ (v. 52).
4. En ese instante recobró la vista y seguía a Jesús en el camino.
5. La fe en Cristo en ese encuentro personal obró en Bartimeo este milagro. 6. El resultado natural de tal evento es seguir a Jesús en el camino.
7. Hay quienes desean milagros en los tiempos de crisis y dolor y vienen buscando la ayuda del
Señor, pero después de que les concede el milagro no quieren seguir a Jesús en el camino.
Conclusión: ¿Qué es lo que queremos que nos conceda el Señor? ¿Lo que deseamos lo deseamos
tanto como la vida? ¿Tenemos la misma insistencia de Bartimeo? ¿Sabemos plenamente lo que deseamos? Cuando nos acercamos de esta manera, el poderoso y amoroso Señor nos concederá las peticiones que le hacemos de corazón.
Jesús reconoce fe en la actitud y palabras de Bartimeo, por lo que el milagro tiene lugar y recupera la vista, sin recurrir a ningún gesto o imposición de manos sobre el ciego. Es su fe la que destaca poderosamente en este relato. Esto contrasta con la escasez de milagros realizados, por ejemplo en Nazaret, debido a la falta de fe en la gente (6:5, 6).
Cómo entiende Jesús la evangelización
10:46–52
En el milagro de Bartimeo hay varias acciones en Jesús que nos orientan a cómo él entendía la evangelización: 1. Valora al recipiente del milagro, el enfermo tiene nombre concreto, es una persona. 2. Su acercamiento aliviará de varias marginaciones: física (era ciego, que equivalía a pecador indigno de dar culto a Dios), social (es rechazado por los que creen que Jesús se preocupa solo por los importantes), económica (necesita la caridad) y espiritualmente (tiene necesidad de que le tengan misericordia). 3. Además, Jesús le hace a Bartimeo sujeto de su sanidad no solo objeto (él tiene voz propia, v. 51).
Una vez más, Jesús concluye un milagro de sanación despidiendo al hasta entonces enfermo con la orden vete (jupágo5217), habitual tras este tipo de milagros (cf. 1:44; 2:11; 5:19, 34; 7:29). Con la excepción de 5:19, donde Jesús específicamente impide al hombre exorcizado seguirle para que quede con los suyos, convirtiéndose así en uno de los primeros misioneros entre los gentiles, esta expresión debe entenderse como una confirmación de que el milagro ya ha tenido lugar y que la persona puede retomar una vida normal. Bartimeo, sin embargo, decide hacer camino a Jerusalén con él.
No menos importante es la mención de que Jesús continuó su camino. El encuentro con Bartimeo ha hecho patente una vez más la misericordia y poder presentes en el ministerio de Jesús, como evidencia de la presencia del reino de Dios. Pero nada puede apartar a Jesús del propósito al que ha sido encomendado por Dios, por lo que retoma camino a Jerusalén, lugar de consumación de su obra.
IV. JESÚS CULMINA SU MINISTERIO EN JERUSALÉN, 11:1–13:37
1. Cuestión de autoridad, 11:1–33
(1) La entrada triunfal en Jerusalén, 11:1–11
Marcos hace una descripción bastante detallada de la ubicación en la que se encuentran Jesús y sus discípulos, acompañados hasta ese punto de la multitud de peregrinos que se dirigen a la fiesta, en las afueras de Jerusalén. Existían en aquel tiempo dos términos para Jerusalén, uno Ierusalem y otro Ierosóluma. El primero era el que mostraba mayor consideración hacia la ciudad, mientras que el segundo era usado por los no judíos con connotaciones menores. En este contexto, Marcos usa el segundo término, Ierosóluma, puesto que la ciudad es el lugar en el que se ubican los opositores a Jesús (cf. 3:22; 7:1) y donde este será muerto (cf. 15:41). Menciona también dos poblaciones, Betfagé y Betania, además del monte de los Olivos. Betfagé era una pequeña población pegada a Jerusalén, casi un barrio de esta, situada en la ladera oriental del monte de los Olivos. Su nombre significa ―la casa de los higos‖, lo cual es llamativo en una sección previa a la maldición de un higuera (vv. 12–14). Betania era una población situada a tres kilómetros de Jerusalén, si se venía desde Jericó. El monte de los Olivos es mencionado aquí probablemente por su significancia cristológica, pues existía el convencimiento de que Dios se habría de manifestar en el día del juicio (cf. Zac. 14:4), por lo que se aguardaba la manifestación del Mesías en ese monte.
Betfagé y Betania
Betfagé significa ―casa de los primeros higos‖. Era el límite de lo que se podía caminar en el día sábado ya que se encontraba a menos de una milla de la ciudad de Jerusalén. Betania significa ―casa de dátiles‖; estaba situada en la falda oriental del monte de los Olivos al otro lado del valle del Cedrón. Allí vivían Marta, María y Lázaro, cuyo hogar ocupó un lugar muy importante en la vida del Señor, ya que era su casa cuando iba a Jerusalén. Betania se encontraba a unas dos millas al este de Jerusalén. Eventos importantes como la resurrección de Lázaro, el ungimiento, y la ascensión de Jesús tuvieron lugar allí. Betania era uno de los sitios donde se alojaban los que venían a las celebraciones festivas en Jerusalén. Si solo existiera el Evangelio de Marcos se concluiría que Jesús subió a Jerusalén una sola vez. Pero gracias al Evangelio de Juan nos damos cuenta que el Señor visitó varias veces la ciudad durante las fiestas (Juan 2:13, 5:1, 7:10). Las varias visitas permiten que Jesús pueda decir: ―¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar tus hijos, así como la gallina junta sus pollitos debajo de sus alas, y no quisiste!‖ (Mat. 23:37).
Jesús envía a dos de sus discípulos, que no se nombran, a una aldea cuyo nombre tampoco se precisa, a recoger un borriquillo (pólos4454) que no haya sido montado, lo cual es propio de las tradiciones religiosas judías (cf. 1 Sam. 6:7). Aunque se debate la mejor interpretación de polos, desde la cría de un caballo a un asno, es más probable en este contexto que se trate de un asno o borriquillo, animal en el que habría de llegar el Mesías (cf. Zac. 9:9). La orden a los discípulos es de que, tras encontrar el animal, lo desaten y lo traigan, lo cual plantea algunas dudas sobre cómo se ha dispuesto esto. En el Evangelio de Marcos no se da ninguna
indicación de que Jesús haya visitado Jerusalén con antelación, como para dar órdenes tan precisas. De ser así, cabría pensar que se trata del uso de un conocimiento sobrenatural por parte de Jesús. Si se opta por una estancia previa no mencionada en este Evangelio, de la que sí se hacen eco los otros evangelistas, eso explicaría la precisión de las órdenes y las facilidades para su consecución. Si se opta por desestimar esta posibilidad, entonces Marcos estaría conviniendo a sus lectores sobre cualidades proféticas en Jesús, capaz de prever los siguientes acontecimientos. Posiblemente Marcos no esté aquí del todo preocupado de las preguntas de carácter histórico que su descripción suscita, pues está más interesado en el simbolismo y mensaje que conlleva. Así, en caso de que alguien preguntase por qué los discípulos se llevan el animal, bastará con que digan que el Señor (kúrios2962) lo necesita, y que posteriormente lo devolverá. El uso de kúrios aquí es más que una mención de cortesía o respeto, sino que es usado como un título divino aplicado a Jesús, lo que en este momento supone un paso adelante en la asunción pública de su rol como Mesías por parte de Jesús, algo que se hace patente en el uso del título kúrios, además de en el arreglo de todos los preparativos para hacer su entrada en Jerusalén. Desde esta perspectiva, hay autores que interpretan también la orden de ir a por el pollino como una especie de incautación propia del derecho de un rey. Indicar que el Señor lo necesita sería razón suficiente para superar cualquier objeción que se planteara, pues se estaba indicando que se necesitaba el animal como un servicio a Dios. El hecho de que el pollino estuviera atado no está carente de simbolismo, pues Gén. 49:10, 11 es interpretado desde una perspectiva mesiánica, y menciona que el que tiene el poder tiene su pollino atado a una vid.
Joya bíblica
―¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!‖ (11:9).
Cuando los discípulos ejecutan la orden de Jesús, todo sucede tal y como lo había dicho; el animal estaba atado a la puerta, y cuando hicieron el intento de llevárselo, fueron cuestionados por su acción y bastó con decir que el Señor lo necesitaba, para que se lo pudieran llevar. Marcos destaca que los discípulos repiten las palabras de Jesús, es decir, no hablan por sí mismos. Es la palabra de Jesús la que resuelve cualquier dificultad que se plantea. Una vez que el animal es llevado a Jesús, dado que al no haber sido montado carecía de montura, los discípulos disponen sus propios mantos para que Jesús se sentara sobre estos. También se interpreta como un gesto de reverencia, en sintonía con el de aquellos muchos (polús4183) que echan sus mantos al suelo, en trato semejante al de un rey (cf. 2 Rey. 9:13). El momento en que Jesús se sienta sobre el animal se puede identificar como el momento en el que a la manera que los siervos de David sientan a Salomón en la mula de David su padre, como parte del proceso que le lleva a ser reconocido como rey de Israel (cf. 1 Rey. 1:33–40). La acusación que penderá sobre la cabeza de Jesús en la cruz será la de pretender ser ―el rey de los judíos‖ (cf. 15:26), reclamo que se hace público en este momento con la entrada de Jesús en Jerusalén a lomos de un borriquillo a modo de rey davídico.
Todas las referencias en este relato de Marcos hacen entender que la proclamación y exaltación de Jesús proviene de aquellos que le acompañan, principalmente galileos. Es decir, no es gente de la ciudad que le recibe según entra, sino que Jesús entra en Jerusalén acompañado de un grupo de personas, mayor que meramente los doce, que van aclamándole. No solo extienden sus mantos a su paso sino que cortan ramas de los árboles para que también pisase sobre ellas. Este hecho ha llevado a varios autores a vincular esta acción con la celebración de la fiesta de los Tabernáculos, en la que la gente agitaba ramas de palma durante dicha celebración. Aquí, además, aclaman a Jesús gritando ¡Hosanna! que significa, sálvanos, por favor o sálvanos ahora, expresión que tiene su origen en el Salmo 118:25, 26, himno que se utilizaba en diferentes celebraciones judías, especialmente en la fiesta de los Tabernáculos. La comprensión de este pasaje del salterio fue evolucionando hasta alcanzar los énfasis mesiánicos, algunos dicen que tan solo escatológicos, que encontramos en el tiempo de los Evangelios. Junto con el canto ―Hosanna‖, aquellos que acompañan y aclaman a Jesús, bendicen al enviado divino, que es el que habrá de ejecutar la salvación que Dios ha preparado para su pueblo. Aunque la exclamación hosanna en las alturas podría hacer referencia a la ciudad santa de Jerusalén, que se encontraba en un lugar alto, a unos
ochocientos metros por encima del nivel del mar, es evidente que la declaración apunta a la altura del cielo, allí donde está Dios, que es de quien se espera que envíe la salvación.