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Para finalizar el análisis de este modelo jerárquico nos detendremos en las consecuencias que produce la motivación.

Estas consecuencias han sido clasificadas en la literatura como cognitivas, afectivas y de conducta. La concentración, la atención y la memoria son ejemplos de consecuencias cognitivas que han sido estudiadas. Las consecuencias afectivas que han sido particularmente estudiadas son la diversión, satisfacción y aburrimiento. Finalmente, la conducta elegida, la persistencia en la tarea, la intensidad, la complejidad de la tarea y el rendimiento son ejemplos de consecuencias conductuales (Vallerand, 1997).

Esta clasificación va a ayudar a determinar las relaciones motivación- consecuencias de forma más precisa, considerando la situación o el contexto en el

que los sujetos interactúan, ya que, es posible que ciertos tipos de motivación conlleven diferentes consecuencias dependiendo de la situación o el contexto particular en el que están operando (Ryan, Koestner, y Deci, 1991). En este sentido, Vallerand y Rousseau (2001) postularon que la motivación hacia el deporte y el ejercicio estaría relacionada con determinadas consecuencias a nivel afectivo, cognitivo y de conducta, considerando además, que estas consecuencias serían más positivas en la medida que las experiencias de los sujetos fueran más intrínsecas y más autodeterminadas.

Pocas investigaciones han estudiado la relación entre las consecuencias afectivas más positivas en el deporte y la motivación intrínseca (Blanchard y Vallerand, 1996b, 1998b; McAuley y Tammen, 1989; y Vallerand y Rousseau, 2001;). En esta línea Blanchard y Vallerand (1996b) encontraron que las repuestas afectivas más positivas encontradas tras un partido de baloncesto estaban positivamente relacionadas con la motivación intrínseca y formas autodeterminadas de motivación. A partir de estos resultados y tomando como referencia el continuo de autodeterminación propuesto por Deci y Ryan (1985a) podemos considerar que las diferentes motivaciones van a afectar a los resultados de forma distinta, de manera que las consecuencias más positivas serán producidas por la motivación intrínseca, mientras las más negativos serán engendrados por la desmotivación y ciertos tipos de motivación extrínseca como la regulación externa. Estas consideraciones se pueden aplicar en los distintos niveles de generalidad.

En la relación entre la motivación y las consecuencias a nivel situacional en el deporte y el ejercicio físico, Blanchard y Vallerand (1996b) encontraron en un grupo de deportistas que la motivación situacional estaba correlacionada con las variables que evaluaban las consecuencias situacionales, concentración y emociones positivas. Los resultados fueron confirmados en un segundo estudio (Blanchard y Vallerand, 1998b) con individuos comprometidos en un programa de pérdida de peso basado en el ejercicio y en cambios dietéticos. En ambos estudios se observó que las correlaciones más positivas fueron obtenidas con la motivación intrínseca, seguido de la regulación identificada, mientras que las correlaciones con la regulación externa fueron negativas o cercanas a cero. Finalmente, las correlaciones con la desmotivación fueron fuertemente negativas. Resultados similares los encontramos en estudios llevados a cabo por Guay, Vallerand, y Blanchard (2000) con consecuencias situacionales como la concentración, las emociones y el compromiso con la tarea, y en los de Deci y Ryan (1987) y Vallerand, (1997) quienes han confirmado este resultado, encontrando que la motivación intrínseca lleva a las consecuencias más positivas.

A nivel contextual encontramos resultados similares. Así, en el contexto del deporte (Pelletier et al., 1995; Pelletier, Fortier, Vallerand, y Brière, 2001) y del ejercicio físico (Fortier y Grenier, 1999), se ha demostrado que consecuencias tales como el esfuerzo, la intención de continuar en la actividad y una persistencia real están positivamente correlacionadas con las formas más autodeterminadas de la motivación contextual, motivación intrínseca y regulación identificada, pero negativamente con la desmotivación que es la forma menos autodeterminada de la motivación. De manera similar, Biddle y Brooke (1992) han descubierto que la motivación intrínseca conduce a altos niveles de actuación en los niños en una tarea de educación física. Pelletier, et al. (1995) han confirmado este hecho de forma inversa al demostrar que una consecuencia cognitiva negativa, como la distracción, estaba negativamente correlacionada con la motivación intrínseca y la regulación identificada, pero positivamente correlacionada con la desmotivación. En esta línea de trabajo Hodgins, Yacko, Gottlieb, Goowin, y Rath (2002), encontraron en una población de escolares que aquellos que presentaron una mayor motivación intrínseca rindieron mejor en una prueba en maquina de remo que aquellos con un estado motivacional extrínseco.

En cuanto a la relación entre la motivación global y sus consecuencias, hemos de señalar las escasas investigaciones encontradas al respecto. Entre ellas Guay, Blais, Vallerand, y Pelletier (1996), descubrieron que los tres tipos de motivación global intrínseca de la Escala de la Motivación Global fueron positivamente correlacionadas con la satisfacción en la vida, mientras que la regulación externa y especialmente la desmotivación obtuvieron una correlación negativa. De forma similar Vallerand y Blanchard (1998) descubrieron que los participantes de un programa de ejercicio físico que mostraban un perfil más autodeterminado de motivación global experimentaron bajos niveles de afecto negativo en relación a aquellos con un perfil menos autodeterminado de motivación global.

Aunque la mayoría de las investigaciones sobre los efectos de la motivación intrínseca revelan que esta conlleva a consecuencias más positivas, ha habido algunas excepciones. La regulación identificada en ocasiones ha tenido consecuencias más positivas que la motivación intrínseca (Koestner, Losier, Vallerand, y Carducci, 1996; Pelletier, Vallerand, Blais, Brière, y Green-Demers, 1996). La explicación que se da al respecto es que este resultado dependería de la tarea sobre la que evaluamos, de manera que cuando una tarea es percibida como no interesante, la regulación identificada puede llegar a ser un determinante más importante de consecuencias positivas que la motivación intrínseca. Además es posible que ciertos tipos de motivación menos autodeterminadas, regulación externa y regulación introyectada, pueda, a veces, llevar a efectos positivos como contribuir

al rendimiento en atletas de elite adultos, así ocurre en algunos países con una cultura de fuerte control social (Chantal, Guay, Dobreva-Martinova, y Vallerand, 1996). De forma similar, Rovniak, Blanchard, y Koestner (1998) descubrieron que la regulación introyectada predecía positivamente el número de días en que los sujetos iban al centro a hacer ejercicio. Por tanto, aunque puede esperarse que las formas de motivación más autodeterminadas conduzcan a consecuencias positivas, las formas de motivación no autodeterminadas pueden también, en ocasiones, producir algunos efectos positivos, caso que probablemente tendría lugar en condiciones de control (Chantal et al., 1996) y a corto plazo (Rovniak et al., 1998).

Resumiendo, diremos que la motivación es particularmente importante en la vida de las personas, en gran parte porque produce importantes consecuencias, cognitivas, afectivas y conductuales, las cuales pueden presentarse en cada uno de los niveles de generalidad en función de la motivación que las produce y que irán decreciendo de positivas a negativas conforme nos movamos desde la motivación intrínseca hasta la desmotivación.

2.4. Instrumentos de medida de la autodeterminación en la actividad

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