4.3 Quantitative bone scan sub-study design
4.3.3 Assessments
4.3.3.1 Quantitative bone scan methodology
Estoy determinado desde el exterior. No se me da ninguna oportunidad. No soy esclavo de la “idea” que otros tienen de mí, sino de mi apariencia FANON, 2009, p. 241
Como vimos, los conceptos occidentales de patrimonio están estrechamente ligados con la tenencia de la tierra o de medios de producción, asociados con las jerarquías de color impuestas en el colonialismo, pero reproducidas después de este. Tenemos que las instituciones son fundamentales en la reproducción de este modelo y su larga perduración, en la construcción de narrativas hegemónicas, en especial en la construcción del Estado-Nación nucleado en la familia y la iglesia, con órdenes que aseguran la inmovilidad de las estructuras jerárquicas (MARICATO, 2010).
El sistema no solo descansa en lo abstracto de las letras y las narrativas, mas también en lo concreto y material. En el caso de la ciudad, el espacio construido y también vacío tiene significados fuertes sobre las relaciones de poder y los conflictos en el lugar. El colonizador para marcar su poder, erige sus edificios sobre lugares significativos para los colonizados; coloca su estética como
[84] medida de lo aceptable, bello, valioso y culto, mas también como control y diferencial. En el caso de la arquitectura las estéticas colonizadoras comparten el estar ligadas al conservadurismo y autoritarios—, y siempre remitiendo añoranza a un pasado “glorioso” –suyo o no, identidades calcadas— y “elevado” de civilización (SÁNCHEZ-MOJICA, 2015).
En Cartagena, la gran mayoría y la más visible, de las materialidades que son denominadas como patrimonio son blancas, producto de la violencia de la colonización. La identidad construida a partir de esos paisajes no puede ser otra, sino una reproducción de la figura colonial y blanco –racista, violenta, patriarcal, “civilizada”—.
Una de las muestras más destacables son las murallas de Cartagena, incluso ha dado el “apodo a la ciudad de “amurallada, siendo el primer conjunto de construcciones a ser patrimonializado en la ciudad. Sin embargo, no es colocado en el foco central y público el lado salvaje de tales construcciones y su significado colonial que, si bien no fueron exploradas por la historia formal, la literatura las puso al relieve:
“Las fortificaciones se construyeron en varios siglos. Los esqueletos de los esclavos muertos en ellas, habrían bastado para levantar murallas más altas y más extensas que las que vemos…Los que sobrevivían cavaban las fosas a sabiendas de que, al día siguiente, otros abrirían las suyas"46.
En la novela Ceiba de la memoria (2007)47, las murallas aparecen
retratadas con tres significados principales:
1 el trabajo esclavo y su carácter fundamental para la construcción de la modernidad;
2 el dominio y violencia colonial pasada y “presente” (en el tiempo retratado) y;
3 la exclusión racista instaurada en la colonia y perpetuada por el colonialismo global.
46 (ZAPATA OLIVELLA, 1984, p. 122) 47 (VALERO, 2014, p. 326-335)
[85] Estas claves o significados que nos trae el autor son imprescindibles para pensar los efectos subjetivos y objetivos de las estéticas y formas coloniales de la ciudad, aún más si estas se ponen en el contexto globalizado, donde se ven tales violencias radicalizadas en el proceso turistización de la ciudad. Hablamos entonces –y nuevamente— de las disputas de narrativas en la ciudad. Los procesos de transformación de la ciudad, aunque puedan parecer duales y anacrónicos, por el contrario, siguen una línea de coherencia, que es la valoración de las expresiones blancas y la folclorización de las expresiones negras. Los patrimonios consolidados y consagrados en la ciudad, responden a narrativa de una historia blanca, que refleja la estética hegemónica, los modos de vivir de la élite, el buen pasado colonial, en donde no parecería haber conflictos, es retratado con cuidado en la escenificación de la
Imagen 11 Escultura metálica representando a la Palanquera, localizada en la Plaza de San Pedro Claver. La Palenquera es una figura tradicional de la ciudad, que aún es conocida en los barrios populares por vender dulces artesanales y frutas, así como por sus vestimentas negras o blancas. Al parecer (Entrevista 1), sus atuendos coloridos actuales, son producto del deseo turístico, siendo una estética importada, antes que original. Foto propia, 2020.
[86] ciudad amurallada (Imagen 11-13) como un consumo complementario, el Caribe es representado por las expresiones culturales afro por medio de atuendos estereotipados y algunas estatuas, sin embargo, el rol de tales expresiones es colocado como exótico, primitivo. La historia de la esclavitud, los palenques y del trasfondo de la independencia, es una historia contada a medias que se pierde en las traducciones (ARBOLEDA, 2018) (CUNIN, 2003) (CUNIN, 2006) (STOLKER, 2017).
En el medio del proceso, encontramos pues que estas culturas de muestra, las identidades y “estéticas”, se vuelven comercializables, y que es posible
Imagen 12 Escultura metálica representando al vendedor de raspados, oficio tradicional del centro de la ciudad. Como esta y la anterior escultura, son los oficios y actividades consideradas como tradicionales y patrimonio inmaterial de la ciudad (palenquera, vendedor raspados y de frutas, embolador zapatos, jugadores de dominó y costureras. Al fondo, los únicos mobiliarios en la plaza de San Pedro Claver (privados), turistas y vendedor ambulante local. Foto propia, 2020
[87] ver ofertas de empleo buscando “mujeres de piel canela” (Imagen 14) para servir en establecimientos que tiene por temática el imaginario colonial: casas coloniales, con calor tropical, palmeras, frutas exóticas y platos de mar, servidos por una mujer de “piel canela” en un uniforme de negra.
Se presenta entonces otro fenómeno, y una ruptura de procesos sociales; y es la capitalización de las reivindicaciones culturales, y raciales, sociales, por parte de esta industria para su explotación visual y de consumo, pero que en el día a día, fuera de los horarios de trabajo y circuitos turísticos, vuelven a la histórica
Imagen 13 Turista norteamericano tomando foto de una de las “figuras tradicionales” de la ciudad, un vendedor de aguas en la plaza Simón Bolívar, como parte del recorrido grupal turístico del centro. Al fondo, se puede ver el palacio de la inquisición, hoy renombrado como Museo Histórico de Cartagena. Foto propia, 2020
[88] discriminación y separación de espacios y construcciones de ciudad. Bocagrande es blanca y “moderna”, el centro es el “buen pasado” colonial, y el resto, “salvaje y a civilizar”, relacionándolo de nuevo, con los lugares demarcados en la ciudad, y exacerbados por el turismo (RESTREPO, 2013) (CUNIN).
En otras palabras, ¿de qué vale estar bien preparado, si igual no te van a dejar entrar y pertenecer a dichos círculos de poder? En ese orden de ideas, el sistema de castas y blanqueamiento tiende a mantener a cada quien, en su sitio de forma perenne, permitiendo, de vez en cuando, cierta movilidad social necesaria para mantener el statu quo. Indiscutiblemente, Cartagena vive en el apartheid subrepticio y los cartageneros sufrimos de esquizofrenia colectiva48.
Acercándonos a la cuestión de significación de la ciudad y sus patrimonios, tanto en la turistificación como en los procesos de patrimonialización el entendimiento de la ciudad como mercancía es evidente. Igualmente son los procesos más contradictorios entre el discurso y la práctica. A continuación, se realiza un análisis crítico de las narrativas, pautas y preocupaciones principales, registradas en algunos fragmentos de las Cartas de Washington (1987) y de Turismo Cultural (1976), bien como de la Política de Turismo Cultural de Colombia:
48 (SALCEDO, E. apud in: REVISTA SEMANA, 2015, p. 247)
Imagen 14 Oferta de empleo para meseras en restaurante de la ciudad, enfocada en mujeres de identidad racial afro, con “piel canela”, destacando la necesidad de tener “vocación por el servicio”. Tomado de Facebook, 2020
[89]
Tabla 3 Cuadro de análisis de algunos trechos de la Carta del Turismo Cultural de 1976. Elaboración propia, 2020
Carta Turismo Cultural (ICOMOS,
1976) Análisis
OBJETIVOS:
(…) Promover los medios para salvaguardar y garantizar la conservación, realce y apreciación de los monumentos y sitios que constituyen una parte privilegiada del patrimonio de la humanidad (…) hacen un llamado a los Estado para que estos aseguren una rápida y enérgica aplicación de la Convención Internacional para la protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural adoptada el 16 de noviembre de 1972, así como la recomendación de Nairobi.
(…) Unánimemente prestos a la protección del patrimonio cultural que es la verdadera base del turismo internacional, se comprometen a ayudar en la lucha iniciada en todos los frentes contra la destrucción de este patrimonio por todo tipo de contaminación (...)
El hincapié se realiza siempre en la necesidad de la preservación de los patrimonios valorados como tal, entendiendo que el papel de las poblaciones es aceptar la denominación de estos bienes como patrimoniales, y “educarse” para la reproducción de los valores que representa este patrimonio. Es decir, no se contempla la construcción popular y colectiva de los patrimonios, así como establece una inamovilidad de los conceptos y valores patrimoniales y culturales, así como los mismos bienes así declarados.
La principal preocupación aparece en preservar las materialidades, dejando a la comunidad constructora de tal patrimonio, desprotegida, e inclusive, vista como riesgo de “destrucción y contaminación” de dichos bienes.
IMPACTOS DEL TURISMO:
(…) ejerce un efecto realmente positio sobre estos tanto cuanto contribuye - para satisfacer sus propios fines- su manutención y protección. Esta forma de turismo justifica, de hecho, el esfuerzo que tal manutención y protección exigen de la comunidad humana, debido a los beneficios socioculturales y económicos que comporta para la población implicada.
Tal percepción del turismo como necesaria para la preservación del bien patrimonial, e incluso, para otorgarle su valor, deja entrever la concepción de que toda actividad debe estar permeada por la privatización de los espacios públicos y de memoria, así como los bienes, colocando una dependencia en el consumo de estos bienes para su continuidad. Esto se hace evidente cuando en Cartagena, considerando que la mejoría de los inmuebles declarados patrimoniales en el Centro Histórico y Getsemaní ha sido reciente, y acompañado de la instalación de hoteles, restaurantes lujosos, o segundas residencias. Cabe también resaltar que, en el caso particular de Cartagena, los patrimonios inmuebles ahora “rescatados”, son privados o con acceso limitado. Son pocos los espacios públicos patrimoniales (incluyendo inmuebles) que en la ciudad proporcionan un ingreso libre y no perciben rentas sobre el inmueble.
ACTORES:
Por una parte, las entidades representativas del sector turística y, por otra, las de protección del patrimonio natural y cultural, profundamente convencidas de que la preservación y promoción del patrimonio natural y cultural para el beneficio de la mayoría solamente se puede cumplir dentro de un orden por el cual se integran los valores culturales y los objetivos sociales y económicos que forman parte de la planificación de los recursos de los Estados, regionales y municipios
En la línea de los objetivos, existe la comprensión de que la responsabilidad por la salvaguarda del patrimonio es privada, y pública apenas para la planificación de normativas y concesión de los recursos. Asimismo, existe el mal entendimiento, de que es el mercado, quienes lucran con el turismo, que lo van a regular para no extrapolar los límites de oferta que la ciudad pueda comportar. Muy por el contrario, lo que se ha visto es una ola de masificación en la oferta de camas, entre otros, que indican el poco interés por controlar o restringir la entrada de más turistas, y tal vez si sea la solución “ideal” para la industria, el restringir a los mismos cartageneros.
[90]
Tabla 4 Cuadro de análisis de algunos trechos de la Carta de Washington de 1987. Elaboración propia, 2020
Carta de Washington (ICOMOS, 1987) Análisis
VALORACIÓN:
Los valores a preservar son el carácter histórico de la ciudad y el conjunto de elementos materiales y espirituales que le determinan la imagen, en especial:
▪ La forma urbana definida por La malla fundacional y por La red viaria;
▪ Las relaciones entre edificios, espacios verdes y espacios libres;
▪ La forma y el aspecto de los edificios (interior y exterior) definidos por su estructura, volumen, estilo, escala, materiales, color y decoración;
▪ Las relaciones de la ciudad con su ambiente natural o criado por la humanidad;
▪ las vocaciones diversas de la ciudad adquiridas a lo largo de la historia. Cualquier ataque a estos valores comprometería la autenticidad de ciudad histórica
Leemos que, dentro de los valores, la gran mayoría de los enlistados se remiten más al valor estético y formal del edificio, lo que bien o mal, puede también hacer un recorte de qué tipo de edificaciones son albo de patrimonializar. Materiales de larga duración y con características de diseño destacables, monumentalidad u otras, que pueden sesgar a que el patrimonio listado y reconocido, sea el de apenas el reflejo de las élites y del Estado, pero no necesariamente, popular. Por otro lado, en el caso de Cartagena, cabría resaltar el último punto de valoración, pues la ciudad ha perdido espacios de la ciudad, justificándose detrás de la defensa del patrimonio, que justamente, han marcado negativamente el mismo, y perdiendo las vocaciones de lugares que se labraron en la historia. Por ejemplo, el mercado municipal removido de Getsemaní por la implantación de un centro de convenciones, con una arquitectura extraña, ¿no constituye una falta al punto de valorización del patrimonio?, o la misma situación del barrio Getsemaní, que se constituyó históricamente como un barrio de resistencia, de afroresistencia, de artesanos y libres, que hoy se ve habitado por turistas cool, pero sin sus habitantes, totalmente descontextualizado. O la exclusión del cotidiano de los cartageneros en el centro, que ha pasado a un lugar de trabajo, un lugar ajeno, cuando antes, realmente era un centro en el que convergían los cartageneros para trabajar, estudiar, recrearse, etc. Esta situación se proyecta como peor, en la medida en que las instituciones públicas de la ciudad se están relocalizando para liberar el centro de este tipo servicios, y enforcalo aún más en el turismo (REVISTA SEMANA, 2015).