En este capítulo se incursiona en el análisis de las relaciones agroindustriales y cómo afectan los cambios tecnológicos ocurridos en las últimas décadas en citricultura correntina.
Se observa cómo interactúan los diversos actores (productores-procesadores- agroindustriales y comercializadores), en una compleja red que busca optimizar los distintos componentes de la cadena.
Se analiza, la estructura socioeconómica de la cadena, el componente laboral (familiar y asalariado) y la constitución del empleo en las diversas ramas que posee la actividad citrícola, se realiza una descripción y análisis pormenorizado de los distintos componentes o actores sociales que integran la cadena citrícola correntina.
4.1.- Relaciones agroindustriales y cambio tecnológico en producciones alimentarias en la argentina
La citricultura, al igual que el resto de las producciones agropecuarias, ha sufrido cambios que van más allá de aspectos tecnológicos y están estrechamente relacionados a cuestiones organizativas de la empresa agropecuaria.
Gutman, afirma:
La consolidación de ventajas comparativas en la producción agropecuaria ha traído aparejados profundos cambios en la organización de la producción rural. El desarrollo tecnológico se ha transformado en el principal sustento de estas ventajas en el largo plazo, desplazando relativamente la importancia de los recursos naturales (Gutman, 1991: 495).
Esta autora continúa diciendo que:
La moderna empresa agropecuaria se encuentra hoy muy alejada de las explotaciones agrícolas de las primeras décadas del siglo XX y uno de los rasgos más relevantes de esta evolución ha sido la pérdida de la autonomía productiva y tecnológica de los productores primarios (Gutman, 1991: 495).
Esta situación se aprecia también en la citricultura argentina y en la correntina en particular, en la que el nivel de tecnificación en la producción primaria, la estructura productiva y su relación con los mercados y otros actores externos a la propia explotación, definen la eficiencia o no de la actual explotación.
Los puntos considerados en los párrafos anteriores son esenciales para comprender la citricultura actual. Muchas veces el éxito de un establecimiento se debe al grado de tecnificación (riego, fertirriego), variedades utilizadas, destino de la producción (industria,
mercado interno, exportación), grado de organización del establecimiento (mano de obra), más que a la superficie o número de plantas que se posea.
Gutman, expresa:
Durante las últimas décadas se han verificado cambios significativos en la producción vinculada a un mayor dinamismo de las exportaciones, el que se origina en el estancamiento y retroceso del mercado interno, en una relación de cambio más favorable, en precios atractivos en los mercados mundiales y en políticas internas de promoción a las exportaciones. Ello ha dado lugar a un proceso de paulatinas transformaciones en los patrones de producción primaria, con el propósito de adecuar los productos a las exigencias del mercado exterior (Gutman, 1991: 509).
La apreciación de esta autora es reafirmada con el comentario de uno de los productores entrevistados:
Si pensamos en una citricultura exitosa, ningún comprador debe ser descartado, el mercado interno es importante, pero se satura fácilmente, si todos enviamos nuestra producción al mismo tiempo, ocurre por ejemplo cuando una variedad tiene buen valor, todos mandamos esa variedad, saturamos el mercado y el precio siempre cae, el mercado internacional es ilimitado. Hoy no podemos pensar en una citricultura solo para el mercado interno, hay que apuntar también al mercado de exportación (presidente de la cooperativa exportadora Citrícola Correntina).
Esto trajo aparejado una serie de cambios y acuerdos entre la producción primaria y las empresas agroindustriales (exportadoras de frutas frescas o industrias procesadoras de frutas), en donde el productor opera como proveedor de materia prima y las agroindustrias como procesadoras y en la comercialización de la producción.
Las formas de agricultura de contrato permiten la más estrecha articulación entre productores primarios y empresas agroindustriales, sin borrar la independencia jurídica de los agentes involucrados. Las empresas industriales eliminan por este arbitrio el riesgo económico del productor primario, reteniendo el control de aspectos clave de la organización productiva y tecnológica del agro. Esta forma de articulación agroindustrial se ha difundido en décadas recientes en la agricultura latinoamericana (Gutman, 1991: 514).
La citricultura correntina, al igual que la citricultura del país, no está exenta de este tipo de relaciones, siendo común los acuerdos entre productores e industrias y entre los primeros y las empresas exportadoras.
Los acuerdos son muy diversos, desde algún simple convenio de palabra hasta contratos firmados. Por lo común, los complejos agroindustriales colaboran con la asistencia técnica y la provisión de insumos para la producción primaria, a cambio de asegurarse la producción. En general podría decirse que todos los productores tienen algún tipo de convenio formal o informal con algún complejo agroindustrial, no olvidemos que estamos en un cultivo perenne, en donde las relaciones se van tejiendo a través de muchos años de trabajo en conjunto (gerente de Mager S.R.L. de Bella Vista).
4.2.-Estructura socioeconómica de la cadena
La cadena citrícola, si bien guarda alguna similitud con otras cadenas enmarcadas en los denominados cultivos regionales, posee rasgos típicos que merecen ser estudiados.
Como lo expresa Tadeo:
El interés por indagar sobre las regiones extrapampeanas-territorio conocido como el interior del país- el desarrollo de sus fenómenos y procesos espacio-temporales, no es reciente en nuestra actividad como docentes e investigadores. La implantación de cultivos (caña de azúcar, vid, tabaco, algodón, yerba mate, cítricos, peras y manzanas entre otros), genera emprendimientos agroindustriales sustentados en una monoproducción, configurando las denominadas economías regionales, por la notable incidencia que tienen en el desarrollo de otros sectores de la producción, servicios y en la población local (Tadeo y otros, 2006).
La actividad citrícola en Corrientes, representa no sólo una de las economías regionales más importantes, sino que está fuertemente arraigada en la idiosincrasia de los pobladores de la provincia, en particular en los departamentos Monte Caseros y Bella Vista, en los que es común encontrar productores de tercera o cuarta generación en esta actividad.
La planta de citrus, al ser perenne, requiere entre 3 y 5 años para su primera producción, y más de 8 años (según variedad, pie utilizado, suelo, etc.), para que esta actividad sea económicamente rentable. Esta “larga espera”, hace que la actividad no despierte mayor interés como una alternativa viable para empresas capitalistas tradicionales.
Los puntos citados anteriormente explican en cierta forma, por qué la citricultura es básicamente una actividad de unidades agrícola familiares, ya que independiente del grado de capitalización y tamaño, es común que todas las explotaciones citrícolas de la provincia, tengan algún componente de mano de obra familiar
Entrevistas realizadas a integrantes de las asociaciones de citricultores de Mocoretá (como entidad representativa de la zona citrícola de Monte Caseros o del Río Uruguay) y de Bella Vista (entidad que representa la zona Litoral Paraná), sumado a los comentarios de productores referentes consultados, permiten considerar esta interacción entre la explotación citrícola y el núcleo familiar.
Observando el cuadro nº 5, puede apreciarse la diferencia en el grado de utilización de mano de obra familiar y asalariada en cada zona citrícola, mientras que en la zona del Litoral Paraná, predomina el uso de mano de obra asalariada (63,2 %), ésta es muy baja en la zona del Río Uruguay (9,1 %), por el contrario, si se analiza la mano de obra familiar, queda a las claras la escasa participación del grupo familiar en las tareas de la quintas de la región Litoral
Paraná (36,8 %), mientras se observa una alta participación en la zona del Río Uruguay (90,9 %).
Cuadro nº 5
Mano de obra familiar y asalariada en los Establecimientos
Litoral Paraná Región del Río Uruguay
Mano de obra familiar 36,8 % 90,9 %
Mano de obra asalariada 63,2 % 9,1 %
Fuente: elaboración personal a partir de una encuesta realizada en 2008 – Ver anexo 4
Sin embargo, a pesar de la escasa utilización de mano de obra familiar, aun los productores de Bella Vista, resaltan la importancia de la mano de obra familiar en la actividad citrícola:
Es lamentable la escasa participación de nuestras familias, en particular nuestros hijos en el establecimiento, tal vez los periodos de crisis por lo que pasamos, hicieron a que desmotiváramos la continuidad de nuestras familias en la actividad. Yo en particular tengo un hijo médico y una hija odontóloga, sin duda tuve alguna influencia en la elección de la carrera de mis hijos, así que en cierta manera propicie el abandono de la tradición citrícola, ya que mis hijos se dedican a sus profesiones y no a la citricultura (productor citrícola de Bella Vista).
Los productores de la zona del Río Uruguay, también resaltan la importancia del trabajo familiar, que queda expresada en la opinión de un productor de Mocoretá:
En épocas buenas la mano de obra asalariada es un componente que no afecta mayormente el nivel de costos en el establecimiento, lamentablemente, tenemos un año bueno y tres malos, por lo cual la mano de obra familiar es un componente indispensable (productor citrícola de Mocoretá).
El comentario del referente citado en el párrafo anterior, se describe específicamente a la forma de remunerar el “trabajo familiar y asalariado”, mientras que el trabajo familiar es remunerado “según la disponibilidad”, es decir de los fondos o el dinero de que disponga cada familia, después de realizar las previsiones correspondientes, el trabajo asalariado debe ser remunerado efectivamente todas las semanas, quincenas o meses.
Párrafo aparte merecen las cargas sociales, ya que dado el control siempre presente de los organismos estatales sobre el trabajo informal, el personal asalariado permanente está regularizado, lo que implica una serie de aportes sociales por parte del productor. Esta erogación no se produce en el caso de los miembros de la familia que trabajen en la quinta.
Las tareas de las familias pueden ser muy variables, ya que pueden limitarse a tareas administrativas o bien ser un componente en las tareas propias de producción, tales como el control fitosanitario, de malezas, la cosecha y la poda.
En general, podría afirmarse que el trabajo de las familias es vital para el sostenimiento de la complejidad de las actividades productivas y administrativas de la explotación.
Esto fue reconocido por varios autores, entre los cuales podemos nombrar a Cloquell, quien expresa:
La consolidación de la familia tanto en el trabajo físico como administrativo de la explotación, sigue garantizando la realización, en el momento necesario, de las distintas tareas del proceso de producción, atendiendo por otra parte las atinentes al trabajo administrativo. Esto brinda flexibilidad en la gestión del trabajo en la medida en que opera independientemente de la constitución de un fondo de salarios (Cloquell y otros, 2003).
La cantidad de mano de obra utilizada por el sector citrícola correntino, así como la participación del grupo familiar y los asalariados fue poco estudiada.
Los Censos Nacionales, del año 2002 y el relevamiento citrícola provincial efectuado por el área de recursos naturales del INTA, Centro Regional Corrientes en el año 2004, se esforzaron en conocer aspectos cuantitativos de esta producción, tales como el número de productores, hectáreas implantadas, localización, asistencia técnica, etc., pero muy poco se ha trabajado sobre el tema empleo y los componentes sociales de la cadena.
Sobre un total de 15.244 explotaciones agropecuarias (EAP) provinciales, 1.323, es decir un 8,7 % son frutícolas, y en las que predomina la actividad citrícola (Censo Nacional Agropecuario, 2002).
Si bien los trabajos de mantenimiento y cuidado de la plantación cítrica están altamente mecanizados, lo cierto es que la mayoría de los demás trabajos que se realizan en la explotación y que requieren un uso intensivo de mano de obra, no pueden evitar la contratación de asalariados, tales como la poda, el raleo y la cosecha. Esto implica que en las zonas en donde se realiza la actividad cítrica, la demanda de mano de obra es alta.
Tomando como referencia el trabajo de Molina del INTA de Bella Vista, se puede estimar la mano de obra utilizada por esta actividad, y apreciar la importancia que tiene en el ámbito de la provincia.
El empleo generado por el sector citrícola es de 4.700 puestos de trabajo promedio, la menor cantidad de mano de obra es utilizada durante el mes de enero, con 2.500 puestos de trabajo y la mayor durante el mes de agosto con 8.700 puestos de trabajo (Molina y otros, 2005).
La cantidad de puestos de trabajo está vinculada a las distintas tareas en el establecimiento, entre las cuales la cosecha de la fruta es importante al momento de generar empleo, ya que toda la cosecha es manual y por lo tanto el número de personas requeridas para dicha tarea es coincidente con el volumen de fruta producido.
Es difícil conocer con exactitud la cantidad de mano de obra ocupada por el sector citrícola en la provincia, el alto índice de trabajo en forma irregular, está dado por la periodicidad en algunas tareas como la cosecha, la poda y el raleo que demandan el contrato eventual y a veces por pocos días del personal (presidente de la FUCOCIT – Fundación Correntina Citrícola).
El empleo directo es el más conocido, ya que abarca a los administradores, capataces, tractoristas y peones permanentes.
Son personas que permanecen todo el año en el establecimiento, existiendo una relación directa entre el número de hectáreas y la cantidad de personas necesarias, la que si bien varía según cada establecimiento, ronda en un puesto de trabajo directo cada 12 ha de cultivo, lo que indica que en la provincia existirían 1825 puestos de trabajo permanentes, a los que habría que sumar los alrededor de 1000 productores citrícolas con sus familias.
Esta realidad de empleados permanentes y trabajadores eventuales, es tratada por Piñeiro, para el caso de la fruticultura del Uruguay, quien expresa que debido a la estacionalidad de las tareas de los ciclos productivos: “hay momentos en que se demandan cantidades extraordinarias de trabajo para atender tareas específicas, la que es atendida por los trabajadores eventuales” (Piñeiro, 1998:15).
Este autor es claro al expresar las características del trabajo eventual:
Acentúa las condiciones de precariedad del trabajo rural. Por definición el trabajo eventual es inestable. Se trabaja en un establecimiento una cierta cantidad de días y terminado el mismo se debe abandonar para pasar a otro. Sin embargo con frecuencia el trabajador no logra pasar de un establecimiento a otro sin estar algunos días desocupado. El desempleo, es así una parte inherente al trabajo eventual. Si bien el jornal que recibe un trabajador eventual es con frecuencia más alto que la retribución mensual (jornalizada) que recibe el peón permanente, si se computan los días en que está parado, posiblemente el monto total de jornales cobrados al término del mes sea menor que el salario del peón permanente. Dicho de otra manera el jornal más alto es sólo a efectos de compensar los días de paro (Piñeiro, 1998: 15).
El empleo generado por la actividad citrícola, no sólo varía según las zonas y las características de cada explotación sino también según la especie, la producción en toneladas y la superficie en hectáreas de cada una de ellas.
Si prestamos atención al cuadro nº 6, observamos que la mayor cantidad de mano de obra es generada por el cultivo de naranjas y mandarinas, especies predominantes en la zona con mayor cantidad de hectáreas, es decir la zona del Río Uruguay.
Estos factores son importantes al momento del cálculo de la mano de obra requerida en cada zona o por cada especie en particular.
Se da el caso por ejemplo de las mandarinas que con el 22 % de la producción en toneladas, genera el 28 % de la mano de obra necesaria, comparada por ejemplo con las naranjas, que representando el 59 % de la producción, genera el 58 % de la necesidad de mano de obra.
Esto se da simplemente por el hecho de que las mandarinas requieren más atención manual, es necesario podarlas y ralearlas (raleo manual de frutos) todos los años. Es fácil deducir entonces, que si aumenta la superficie con mandarinas en la región del Río Uruguay, tal cual marca la tendencia, la demanda de mano de obra se incrementará proporcionalmente.
Cuadro nº 6
Resumen de producción, superficie y empleo citrícola
Producción en miles de ton. Superficie en miles de ha Empleo: promedio 2006 Naranja 130 12.1 58% Mandarina 50 7.3 28% Limón 35 2.1 12% Pomelo 5 0,4 2% Total 220 21,9 100% (Molina y otros, 2005).
Podemos observar que la naranja ocupa alrededor del 60 % de la superficie cultivada, de la producción y del empleo promedio, la mandarina el 33 % de la superficie, el 23 % de la producción y el 28 % del empleo, mientras que el limón representa el 16 % de la producción, el 10 % de la superficie y el 12 % del empleo (Molina y otros, 2005).
En la cadena existen diversas partes que generan empleo, entre ellos podemos nombrar a la industria, los viveristas, la cosecha, el empaque, la poda, la plantación y los trabajadores permanentes de cada quinta.
Gráfico nº 1:
Distribución del empleo en el sector citrícola de Corrientes.
(Molina y otros, 2005).
Si sumamos el trabajo requerido en la quinta, se observa que la mayor fuente de trabajo se encuentra en la propia chacra con el 88.6% del empleo: (42,3 % permanentes + 0,4 % plantación + 19,1 % poda + 26,8 % cosecha) (Molina y otros, 2005).
Viveristas
0,6%
Permanentes
42,3%
Plantación
0,4%
Poda
19,1%
Empaque
7,8%
Cosecha
26,8%
Industria
3,0%
Es interesante analizar cómo cambia durante el año, la demanda de mano de obra requerida por cada una de las actividades, y la influencia de algunas actividades estacionales como la cosecha y la poda en la distribución del empleo (gráfico nº 2).
Gráfico nº 2:
Tipo de empleo según período.
(Molina y otros, 2005)
En este gráfico se observa que mientras que el empleo permanente se mantiene constante a lo largo del año, la cosecha y la poda sufren variaciones importantes y son las causales del importante incremento de la demanda de mano de obra durante ciertos períodos del año.
4.3.- Los actores sociales del ámbito citrícola correntino
Existen diversos actores sociales presentes en el territorio, ligados a la actividad citrícola.
En un primer grupo encontramos a aquellos relacionados en forma directa con la actividad, entre ellos podemos nombrar: operarios, productores, empacadores e industriales.