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PART D – OTHER INFORMATION

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No debemos pensar en la doctrina de la Trinidad como tanto equi- paje que estamos obligados a llevar sólo porque la Biblia la enseña y porque Dios se ha revelado a sí mismo en el proceso de la

historia como una Trinidad. La doctrina de la Trinidad es indis- pensable para la armonía y unidad de otras doctrinas mayores en el sistema cristiano.

(A) La doctrina de la Trinidad provee el único medio por el cual podemos racionalmente concebir a Dios existiendo en la eterni- dad antes de la creación del mundo finito. No iría al extremo de algunos en decir que una personalidad no podría existir sin un objeto, pero estaría de acuerdo, sí, en que es difícil, si no imposi- ble, que concibamos un sujeto personal sin objetividad.

Agustín pensó que la cuestión de las actividades de Dios antes de la creación era una «cosa profunda», contestada correctamente al decir que no había tiempo «antes de la creación», porque el tiempo empezó cuando la creación se realizó. Agustín se resiente por una cierta respuesta como burlona: ¿Qué hacía Dios antes de la creación del mundo? «He aquí como respondo yo a quien pre- gunta qué es lo que hacía Dios antes que hiciese el cielo y la tierra. Respondo, pues, no como dicen que respondió otro, bur- lándose, huyendo de la dificultad y diciendo que entonces estaba Dios preparando los tormentos del infierno para los que preten- den averiguar las cosas altísimas e inescrutables. Una cosa es reír y otra enseñar. Así, no respondo lo que aquel, pues con más gusto respondería: «No lo sé», cuando efectivamente lo ignorara, que responder una chanza con que se vea burlado el que pregun- tó cosas muy altas y alabado el que respondió falsas» (Confe-

sión, libro XI, cap. 12).

Calvino, por el contrario (Institutas I, XIV) se resiente de esta pregunta como impertinente y piensa que esta es una contesta- ción adecuada. Él, francamente, presume que hubo algún tiempo antes de la creación, según las Escrituras, del cual no sabemos nada sino lo que estas revelan. Calvino dice: «No sería legal ni oportuno inquirir por qué razón Dios la demoró tanto; porque si la mente humana trata de penetrarla, fallará cien veces en la ten- tativa; ni en verdad podría haber alguna utilidad en el conoci- miento de lo que Dios mismo ha ocultado a propósito para pro- bar la modestia de nuestra fe. Un cierto ancianito devoto mostró

gran astucia cuando cierto burlón preguntó cómicamente lo que Dios había estado haciendo antes de la creación del mundo. Él replicó que había estado haciendo el infierno para hombres de- masiado curiosos. Esta admonición, no menos grave que severa, debe reprimir el desenfreno que estimula a muchos y los impela a especulaciones perversas y dañinas».

No estoy de acuerdo con Agustín en que el tiempo —es decir, la mera posibilidad abstracta de secuencia en la relación de antes y después— empezó con la creación de la materia finita. Por otro lado, el reproche de Calvino de la indagación especulativa en este mundo, es uno de los pocos lugares en que no puedo seguir a Calvino. Estoy a favor de la mente inquisitiva. Me parece que no hay impropiedad de especular en cuanto a Dios antes de la crea- ción del mundo finito. En realidad, el Salmo 90 guiará mi mente justamente a estas especulaciones.

El gran físico y filósofo de la generación pasada de la Universi- dad de Cambridge, Sir Arturo Eddington (1882-1944), aunque sostuvo que el universo material ha tenido un principio, sin em- bargo, no podía aceptar la doctrina de la creación por un Dios personal, por la razón de que no podía concebir de un sujeto personal que existiese por toda la eternidad pasada sin un objeto para luego, de repente, crear un universo. Esto, dijo, para él im- plicaría una falta de continuidad en el mismo ser de Dios. Por supuesto, Eddington (y ha habido otros pensadores que han lu- chado con el mismo problema de una manera similar) estaba pen- sando solamente en el concepto unitario de Dios. Creo que él tenía razón al decir que tal concepto carece de consistencia. No obstante, la doctrina de la Trinidad quita completamente esta dificultad. Si «hay tres personas en la Divinidad: el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo; y estas tres personas son un solo Dios, las mismas en sustancia, iguales en poder y en gloria», entonces la subjetividad de Dios desde toda la eternidad pasada, los atri- butos personales del amor y la autoexpresión en confraternidad, tenían infinita objetividad.

En otras palabras, la doctrina de la Trinidad, lejos de ser una dificultad filosófica o una carga al pensamiento cristiano, es el único modo razonable por el cual podemos pensar de la existen- cia de Dios en la eternidad pasada.

(B) La doctrina de la Trinidad es el único modo por el cual nuestras mentes humanas pueden concebir la ejecución de la expiación que Cristo ha hecho por nuestros pecados. Sería difícil para no- sotros, sin esta doctrina, tener concepto del hecho de que una Persona que es «infinita, eterna, e inmutable en su ser, sabiduría, poder, santidad, bondad, justicia, y verdad»; una persona que, conservando todos sus atributos esenciales de Deidad, literal- mente llegó a ser un miembro de nuestra raza en la historia; que tal Persona confrontó nuestra raza humana con el amor de Dios en una vida terrenal; que nosotros, la raza humana, lo clavamos en la cruz, lo colgamos allí, mientras lo ridiculizamos y burla- mos; que él literalmente llevó nuestros pecados en su cuerpo so- bre el madero, muriendo en el acto de perdonar, cuando merecía- mos ser echados al castigo eterno; que él literalmente fue al lugar de los muertos mientras su cuerpo permaneció en la tumba; que él literalmente se levantó de entre los muertos en su cuerpo de resurrección, como el que nosotros tendremos en nuestra resu- rrección; que él ascendió al «país lejano, para recibir un reino», y que él volverá (Lc 19.12) y reinará sobre su reino, sería imposi- ble que nuestras mentes se apoderaran de todos estos hechos re- lacionados con la expiación de Cristo, excepto en términos de la Deidad Trina. «Porque de tal manera amó Dios [Padre] al mun- do, que ha dado a su Hijo unigénito [la Segunda Persona de la Trinidad], para que todo aquel que en él cree [por medio de la convicción del Espíritu Santo, Jn 16.8; Ef 2.8], no se pierda, mas tenga vida eterna» (Jn 3.16).

(C) La doctrina de la Trinidad ilustra el significado de la comunión cristiana con Dios. «Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos hijos de Dios» (1 Jn 3.1). Los versículos de Juan 17 ya citados contribuyen a este tema. El hecho de que Dios sea Padre, Hijo, y Espíritu Santo prueba que Dios es un Dios de amor y de comunión. Las palabras de Cristo, como las tenemos en su oración sumo-sacerdotal, muestran que Dios se propone tomarnos en comunión consigo mismo, que debemos ser miem- bros de la familia de la fe, de la familia de Dios.

Por supuesto que somos finitos; somos creados, mientras que las Personas de la Trinidad son infinitas en sus perfecciones, eternas y no creadas. Sin embargo, debemos estar anonadados por la maravilla del pensamiento que Dios, quien es un Dios de amor y

de comunión, nos creó para comunión con sí mismo. Pensemos en las posibilidades infinitas del futuro, la contemplación de las riquezas infinitas del amor, conocimiento y desarrollo personal, que se extienden delante de nosotros, en el reino eterno de Dios. ¿Cómo puede uno con tal herencia ser llevado por los desatinos y la locura de una vida mundana?

Recuerdo muy bien un sermón predicado por Guillermo Sunday en la ciudad de Chicago hace muchos años, sobre el texto de 1 Samuel 10.22, «El está escondido entre el bagaje». Cuán vívidamente pintó el cuadro de la figura gigantesca de Saúl, el rey, arrastrándose por algún escondrijo entre el bagaje, cuando una corona esperaba a su cabeza. Este es un cuadro de la locura de uno que da la espalda a la invitación del evangelio. Le es ofrecida a uno una corona si uno la recibe. Uno está invitado a hacerse miembro de la familia del Rey de Reyes y Señor de Señores.

Capítulo IV

LAS OBRAS DE DIOS: (DECRETOS)

CREACIÓN

Catecismo Menor:

P. 7.¿Qué son los decretos de Dios?

R. Los decretos de Dios son su propósito eterno, según el consejo de su propia voluntad, en virtud del cual ha preordenado, para su propia gloria, todo lo que sucede (Ro 9.22,23; 11.36; Ef 1.4,11; Hch 2.23). P. 8.¿Cómo ejecuta Dios sus decretos?

R. Dios ejecuta sus decretos en las obras de creación y providencia (Ap 4.11; Dn 4.35; Is 40.26).

P. 9.¿Qué es la obra de la creación?

R. La obra de creación consiste en el haber hecho Dios todas las cosas de la nada, por su poderosa palabra, en el espacio de seis días, y todas muy buenas (Gn 1; Heb 11.3).

P. 10.¿Cómo creó Dios al hombre?

R. Dios creó al hombre varón y hembra, según su propia imagen, en ciencia, justicia, y santidad, con dominio sobre todas las criatu- ras (Gn 1.26-28; Ef 4.24; Col 3.10).

Para el estudio ordenado, la obra de Dios en la creación bien pu- diera considerarse bajo el tema de sus decretos eternos, por la razón de que los decretos son necesariamente eternos e inmutables, mientras que la creación es temporal y cambiable e incluida en los decretos.

Sin embargo, puesto que la obra de la creación está terminada y porque en el proceso de la experiencia humana debemos referirnos a los propósitos decretados de Dios a cada paso y en cada momento de nues- tras vidas, será más práctico que consideremos la doctrina bíblica de los decretos de Dios con sus obras de providencia en el próximo capítulo. Por tanto, teniendo presente el hecho de los decretos eternos de Dios como una presuposición, consideremos la doctrina bíblica de la creación.

I. L

OS ÁNGELES

,

SERES PERSONALESNO HUMANOS

El hecho de que Dios ha creado seres personales que no pertene- cen a la raza humana es un tópico apropiado para seguir la discusión de los atributos de Dios y las evidencias de su existencia, y antes de

hablar de la creación del universo y del hombre. Las palabras para ángel en griego y en hebreo, aggelos y maliach, significan «mensaje- ros». El contexto tiene que determinar (1) si se indica un mensajero humano, o (2) si se indica uno de los seres que ordinariamente son llamados «ángeles», o (3) si, como indicamos en el capítulo anterior, la palabra tiene referencia a la segunda persona de la Trinidad en su función del divino Logos.

La Escritura no indica precisamente cuando, con relación a la creación del mundo y el hombre, se crearon los ángeles. Satanás, jefe de los ángeles caídos, hace su aparición como una criatura ya caída mientras el hombre está todavía en el jardín del Edén. Si la frase «todo lo que había hecho» en Génesis 1.31, quiere decir todo sin excepción, entonces tenemos que inferir que los ángeles fueron crea- dos antes del fin del sexto día, pero que la caída de Satanás y de los ángeles malvados ocurrió después de la declaración de Dios de que «todo lo que había hecho era bueno en gran manera» (Gn 1.31). En cuanto a la enseñanza de la Escritura, la creación de los ángeles pudo haber ocurrido en cualquier tiempo antes del fin del sexto día. La caída de Satanás tiene que haber ocurrido entre el fin del sexto día y la tentación del hombre en el jardín del Edén.

El propósito de esta sección de nuestro estudio no es el de estu- diar en detalle la naturaleza y función de los ángeles. Cualquier buen diccionario bíblico o índice tópico dará al estudiante suficiente infor- mación. Todo lo que intentamos aquí será una presentación de ciertos hechos en cuanto a los ángeles que tengan significado teológico.

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