The 12 month reference period
2.6 Other questions not tested in cognitive testing
3.1.1 Question 6
Como se evidenció en el aparte anterior, para muchos micro, pequeños y medianos campesinos propietarios una de las principales afectaciones es la pérdida de la tierra como casi único patrimonio real que poseían.
Ahora, existe una capa muy amplia de habitantes del municipio que sin ser propietarios accedían a la tierra mediante contratos de aparcería, a dicho grupo de habitantes jurídicamente se les conoce como tenedores. Así, la tenencia es un contrato entre dos partes, un propietario, poseedor u ocupante que acuerda con otra persona la posibilidad de vivir y/o trabajar en el predio del primero a cambio de ciertos beneficios como pueden ser dinero, productos, cuidado del predio, entre otros.
Para el tenedor, la posibilidad de acceder a la tierra, aún sin ser propietarios, resolvía necesidades básicas como son la vivienda, la seguridad alimentaria y el trabajo. La comunidad detalló la situación en la cual tenedores o parceleros de grandes, pequeños y medianos predios se vieron afectados por la terminación forzada de sus contratos luego de que la contraparte (el propietario) tuviera que salir desplazada con ocasión de la violencia vivida en la región.
En un municipio en el que el principal reglón económico es el sector agropecuario este tipo de afectación es especialmente grave, máxime si se tiene en cuenta que la altísima concentración de tierras del municipio no permite el acceso de las personas a la tierra como propietarios y que en otros casos, aún existe el imaginario según el cual tener tierra es casi “perder un poco de libertad”; así entonces, una amplia proporción de la población ha vivido de la tenencia de la tierra o de la aparcería.
Este es el caso de Gladys y de muchos de los habitantes del corregimiento de El Playón. El centro poblado consiste en un pueblito muy humilde, con casas bastante precarias; sus habitantes son principalmente trabajadores rurales, muchos han sido parceleros de grandes fincas circundantes.
Gladys caracteriza la vida de los habitantes del corregimiento antes de los desplazamientos masivos en los siguientes términos:
“Era una vida divina, era bonito porque en Playón todos teníamos, si tu tenías el vecino también tenía, porque de lo que tu tenías le dabas al vecino, eee, todo era abundante, si tu criabas un cerdo decían: bueno mañana vienen a matar un cerdo, cuanto vas a agarrar tu julano, los vecinos, cada quien agarraba su parte y se la iban pagando como ellos… o la cambiábamos por trabajo, no? se llevan esto y me hacen dos días de trabajo ya y así vivíamos bien, todo era bonito, toda la gente trabajaba, toda la gente tenía donde sembrar, la mayoría en tierra prestada porque hay poca tierra… pero somos una comunidad muy pobre, porque la riqueza esta allá y es de los grandes. Allá todo era felicidad y tranquilidad, prácticamente en la pobreza, como pobres, no nos faltaba nada, porque al pobre lo único que le interesa al pobre es que la barriguita este llena, entonces si la barriguita esta llena, estamos felices y eso era lo que había en Playón, mucha comida, con decirle que en Playón, diariamente, cuando llega la fuerte de la cosecha, que llega el maíz, el ñame, la yuca, salían 2 camiones, sacábamos hasta 12 toneladas de alimentos para Cartagena, pero ya ahorita, ahorita se nos metieron las palmas, Playón esta lleno de palma yo me siento desplazada nuevamente, no sólo yo, todos, porque ahorita no tenemos, no conseguimos ni donde comprar el alimento”.
En el relato se aprecia la importancia de los contratos de tenencia de la tierra para el acceso a alimento, trabajo y en algunos casos vivienda.
Al indagar por la relación entre el desplazamiento y los cultivos de palma en las tierras que ellos antes cultivaban, Gladys afirma que la transformación la viven cuando ellos intentan el retorno y reiniciar su proyecto de vida:
“…la gente fue retornando porque imagínese, la gente que no esta acostumbrada a estar en la ciudad, sino donde su casa, ahí en el monte a buscar su pancoger y a la represa a pescar un pescado; entonces la gente empezó a volver; no volvió la gente que tenía ganado, tierras, los riquitos de Playón no volvieron, se quedaron en Cartagena o Barranquilla, para donde se fueron ellos, y las tierras quedaron ahí, nosotros volvimos a trabajar en esas tierras; sin embargo ellos ahorita están vendiendo las tierras, porque como ellos no piensan volver a Playón, y ahí es donde los palmeros, los palmicultores se están aprovechando de eso y la comunidad no tiene ya donde cultivar y no tiene para comprar tierra, nosotros no”.
Así pues, el desplazamiento de los propietarios de la tierra y su falta de intención para el retorno facilita la venta masiva de tierras al proyecto de palma y con esta se acaba la posibilidad de tenedores al acceso a la tierra como fuente de vivienda, trabajo y alimento.
Según Gladys, en este momento las personas tienen que hacer esfuerzos mayores para conseguir tierra en la que puedan hacer sus cultivos:
“Aún hay tierras para cultivar pero entonces nos quedan más lejos porque están para allá en los sectores del agua (al otro lado de la represa), y hay personas que no tienen forma de pasar en una canoa o en un ‘jonce’ que la lleve hasta allá, una chalupa no hay, y hay personas que no tienen para pasar para allá”.
Si bien la comunidad se ha planteado la posibilidad de adquirir predios para trabajar, entienden que la presión sobre la tierra en los Montes de María ha encarecido enormemente la tierra con lo cual los precios son inaccesibles:
“Ahora ya vendieron (propietarios), la mayoría no está quedando con tierra para cultivar, porque ya ellos están vendiendo, y no hay forma de parar porque ellos dicen que tienen que vender porque no van a trabajar más en Playón y tampoco hay para comprarles porque como ellos (palmeros) llegaron comprando esas tierras a cinco millones o tres millones por Ha, imagínate. Y si alguna ONG nos va a ayudar, esa cantidad de plata no pueden, entonces no hay forma¡¡¡”
A la reiterada pregunta por los sectores, empresas o personas que están comprando la tierra Gladys contestó:
“Bueno, el señor que compra las tierras por aquí es el señor Murgas, con los segundos o terceros que él tiene frente a esos negocios.”
La respuesta de Gladys llama la atención en tanto que el análisis realizado en el capítulo anterior evidenciaba que en el periodo de estudio no se habían presentado cambios relevantes relacionados con posibles fenómenos de
concentración de tierra; entonces, es posible que las compras se estén dando bajo diferentes personas naturales o jurídicas que no permiten reflejar en las cifras la concentración en manos de una sola persona.