1.2. Imaging Endogenous Release with PET
1.2.3. Questioning the Occupancy Model
La catolicidad tiene la capacidad universal e integradora de sus principios de unidad que en el último término están constituidos por la comunión Trinitaria86.
84
Cf. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen Pentium, sobre la Iglesia, 1964. n° 1
85 Cf. DE LA FUENTE, Eloy Bueno, “ Eclesiología” Ed. Bac, 1998, p. 77-78 86 Cf. Ibid. p. 255
La comunión significa, las «relaciones concretas entre varios». Lo primario en ella es la experiencia de la unidad vivida; los elementos institucionales son secundarios.
Sólo hay verdadera koinonía desde el momento en que vivimos el encuentro del otro de una forma que incluya la diversidad, cuando las diferencias son vividas como riquezas y no como obstáculos. Hoy matizaríamos así la expresión paulina; en Cristo hay siempre el judío y el griego, el hombre y la mujer, con toda la diversidad de condiciones, pero estas diferencias no impiden el reconocimiento mutuo, la fraternidad, la reciprocidad (Cf. Rom 10,12)
Esta experiencia es prioritaria, es signo del Reino que crece. Signo de que, en Jesucristo, el muro que separa a los humanos se derrumba. Y tanto mejor si podemos entonces compartir lo que para nosotros es la significación última de este encuentro; lo que hace posible es el hecho que al ligarnos a Cristo por la fe, estrechamos los lazos unos con otros87.
En otras palabras: el modelo de «vivir en unión» que el Espíritu de Cristo opera en la Iglesia se presenta ante todo como capacidad de relación a la manera como Cristo ha sido capaz de establecer relación con todo ser humano, hasta con el pecador. En él la unidad de Dios entra en la historia de los seres humanos, aparece de hecho como ser para los humanos sin
excepción alguna88. La raíz última de la catolicidad es el misterio trinitario,
sinónimo de unidad perfecta.
Todo católico debe tener la conciencia de que pertenece a una Iglesia Universal, el sentido de pertenencia favorece las relaciones con sus hermanos en cualquier parte del mundo, generando de esta manera procesos de unidad.
La catolicidad de la Iglesia se debe tener en cuenta dos momentos primeramente la donación previa de la plenitud, pero esta plenitud primigenia se convierte en donación ulterior y en exigencia en principio de esperanza y de acción.
2.10 ¿POR QUE DIVIDIDOS?
Este tema tiene relación con la experiencia de la Iglesia que está
buscando caminos de unidad, y se pregunta muchas veces porque a lo largo de los siglos, han sucedido rupturas internas de la misma ¿Por qué el Espíritu Santo ha permitido tantas y tales divisiones entre los que se llaman
seguidores del mismo Evangelio, discípulos del mismo Cristo?
Podemos preguntarnos de verdad: ¿Por qué el Espíritu Santo ha permitido todas estas divisiones? En general, sus causas y los mecanismos
históricos son conocidos. Sin embargo, es legítimo preguntarse si no habrá también una motivación histórica.
Para esta pregunta se puede encontrar dos respuestas:
Una, más negativa, ve en las divisiones el fruto amargo de los pecados de los cristianos.
La otra, en cambio, positiva, surge de la confianza en Aquel que saca el bien incluso del mal, de las debilidades humanas: ¿No podría ser que las divisiones hayan sido también una vía que ha conducido y conduce a la Iglesia a descubrir las múltiples riquezas contenidas en el Evangelio de Cristo y en la redención obrada por Cristo? Quizá tales riquezas no hubieran podido ser descubiertas de otro modo.
Desde una visión general, se puede afirmar que para el conocimiento y acción humana tiene sentido también hablar de una cierta dialéctica. El Espíritu Santo, en Su condescendencia divina, ¿no habrá tomado esto de algún modo en consideración? Es necesario que el género humano alcance la unidad mediante la pluralidad, que aprenda a reunirse en la única Iglesia, también con ese pluralismo en las formas de pensar y de actuar, de culturas y civilizaciones. ¿Esta manera de entenderlo no podría estar en cierto sentido más de acuerdo con la sabiduría de Dios, con Su bondad y providencia?
radicalizan cada vez más! ¡Tiene que llegar ya el tiempo en que se manifieste el amor que une! Numerosos son los indicios que permiten pensar que ese tiempo efectivamente ya ha llegado y, en consecuencia, resulta evidente la importancia del diálogo ecuménico para el cristianismo. Este diálogo constituye una respuesta a la invitación de la Primera Carta de Pedro a “dar razón de la esperanza que está en nosotros” (Cf. 1 Pedro 1, 15)
El mutuo respeto es condición previa para un auténtico ecumenismo. En donde se busca la unidad de los cristianos, éste sería el éxito en nuestra sociedad en donde los valores cristianos ya no existen, ante acontecimientos intolerables en cuanto al mal se ve como un bien y al bien como un mal, es necesario llegar a la unidad por amor al prójimo, tanto en la Iglesia, como en cada una de las familias, organizaciones y congregaciones religiosas.
C A P I T U L O I I I
FUNDAMENTACION ANTROPOLOGICA Y BIBLICA DE LA
UNIDAD
C A P I T U L O I I I
3. FUNDAMENTACION ANTROPOLOGICA Y BIBLICA DE LA UNIDAD
En la Biblia y en la Antropología encontramos fundamentos para la unidad, como una necesidad requerida por los hombres para ser imagen y semejanza con el Dios Trino que hemos analizado anteriormente.