• No results found

4.4. Data Generation Methods

4.4.1. Questionnaire

En el año 383, mientras en Italia, las Galias e Híspanla la hambruna causaba estragos, los soldados destacados en Britania nombraron Augusto al general Quinto Aurelio Máximo, un católico. Al intentar derribar al usurpador, tras una serie de pequeñas escaramuzas, el emperador Graciano, abandonado por sus descontentas tropas, fue perseguido por el Ma-gister

equitum Andragatio, general de caballería y amigo de Máximo,^ capturado

en Lyon y allí, el 25 de agosto, cuando contaba veinticuatro años de edad, fue muerto a traición en el curso de un banquete. Sin embargo, mientras huía de París a los Alpes a la cabeza de 300 jinetes, y las puertas de todas las ciudades se cerraban ante él y todos sus amigos le evitaban, encontró, afirma Ambrosio, ayuda y consuelo en la religión, en más de un salmo, en la fe sobre la inmortalidad de su alma. Y su última palabra, informa Ambrosio, fue: «Ambrosio».84 \

El hecho es que con Graciano, de quien Ambrosio, sobre todo en los,' últimos tiempos, era el que más próximo estaba, nadie se sentía satisfecho, y el propio Teodosio participó en su eliminación. Por un lado tenía con él grandes diferencias en cuanto a política de la Iglesia, por otro había luchado antaño junto a Máximo, un pariente suyo, lo que no hizo más que favorecer la caída de Graciano.85

Está claro que los paganos no se afligieron por el pupilo de Ambrosio. Tampoco los católicos le lloraron mucho, pues gozaba de escasa popularidad por haber suprimido todas las exenciones de impuestos y privilegios en favor de unos pocos, llegando esas mismas leyes (de 19 de enero y 5 de marzo de 383) aperjudicar también a la Iglesia, así como por su política frente a los priscihanistas, restituyendo los «templos» a los sectarios incluso en contra del deseo de los obispos de Milán y Roma. Pero Máximo, el compañero de armas y pariente de Teodosio, como riguroso católico arremetió fanáticamente contra los «herejes». ¿Acaso pudo haber sido más hábil?86

En cualquier caso, Ambrosio fue por dos veces a visitar al usurpador, al asesino de su^protegido, aunque por encargo de la emperatriz madre Justina, su enemiga personal y rival política, la «hereje». Al parecer, ella misma, con el pequeño Valentiniano de la mano, se lo pidió. ¿A quién, pregunta el clérigo diplomático, aludiendo sólo de manera excepcional a la sospechosa misión, a quién deben proteger más los obispos si no es a las viudas y los huérfanos? También en las Galias la «sucia adulación» de los obispos (foeda

adulatio: Sulpicio Severo) rodeaba al vencedor Máximo. Incluso el más

importante príncipe de la Iglesia galo, Martín de Tours, acudía a la mesa imperial y dejaba que en la corte del usurpador éste y la emperatriz le veneraran. Así, el asesino del piadoso Graciano, el católico celador, acaba siendo reconocido como señor de Britania, Galia e Híspanla, conformándose el hermanastro del asesinado Graciano, Valentiniano II, con la parte media del Imperio: Italia, África e Iliria.87

Sin embargo, Valentiniano II, de educación cristiana aunque no bautizado, estaba bajo la influencia de su madre, que era manifiestamente amana; es decir, era un «hereje». Y mientras que Ambrosio, el protector de viudas y huérfanos, se enemistaba cada vez más con los dos, Máximo, que aunque usurpador era ortodoxo, instaba a Valentiniano, el «hereje» pero emperador legítimo (una situación paradójica), «a cesar la lucha contra la fe verdadera» y «no renunciar a la piadosa ortodoxia del padre». Máximo exigía la conversión, una enmienda rápida, y amenazó con una guerra, que inició en 387, aunque sólo, como afirma solemnemente, para defender la fe nicena. Sin encontrar resistencia, avanza hasta Milán, donde el obispo Ambrosio puede permanecer confiado, mientras que Valentiniano, con su madre, su hermana y la corte, busca refugio junto a Teodosio, quien se apresura a afirmar que sus desgracias son el castigo por su apostasía y consigue que se pasen a la ortodoxia. Teodosio, viudo reciente -su mujer, Aelia Flavia Flaccilla, acababa de morir-, se enamora de Galla, la joven hermana de Valentiniano, y pronto se casa con ella, aunque en realidad más por razones dinásticas y a la vista de una «guerra necesaria pero sucia» (Holum). Se pertrecha, recoge las profecías favorables del anacoreta egipcio Juan y se dirige contra el ortodoxo Máximo. (La delicada situación del alto clero explica el fracaso del patriarca ale-

jandrino Teófilo. Quería ser el primero en felicitar al vencedor y, como demostración de sus dones proféticos, envió a Italia al mismo tiempo regalos y cartas para Teodosio y Máximo. Su enviado, el presbítero Isidoro, debía entregar una u otra misiva según fueran las circunstancias, pero se las robó su lector y todo el asunto se hizo público, con lo que debió regresar apresuradamente a Alejandría.)88

Teodosio venció en el verano de 388 en dos batallas que tuvieron lugar en Siscia (Esseg) y Poetovio (Pettau). Máximo, el compatriota, pariente y buen católico, que no dejaba pasar ocasión de declararse protector de la cristiandad ortodoxa y de afirmar que su victoria era el testimonio de la voluntad de Dios para que reinara, fue capturado y muerto. Ambrosio recuerda entonces el salmo 37, versículos 35-36: «Vi al impío arrogante y alzado como los cedros del Líbano. Y entonces pasé y ya no estaba». También fue liquidada la guardia personal árabe de Máximo. Además, por orden del emperador, a muchos de los «bárbaros» que se habían pasado con él al ejército romano y que después habían huido a las regiones pantanosas y a los bosques de las montañas de Macedonia, se les persiguió y degolló. El general Andragatio, el asesino de Graciano, se ahogó. También el hijo de Máximo, Flavio Víctor, que era todavía un niño y había regresado a la Galia, fue pasado a cuchillo, y los prelados españoles y galos que habían colaborado con el usurpador fueron inexorablemente desterrados.89

El joven Valentiniano, tras la victoria sobre Máximo y la muerte de su madre amana, había ido cayendo cada vez más bajo la influencia de Teodosio y Ambrosio. Adopta su fe y dicta las correspondientes leyes de religión.

El 14 de junio de 388 prohibe a los «herejes» reunirse y predicar, construir altares y celebrar cualquier tipo de servicio religioso. El 17 de junio de 389 se lanza (junto con Teodosio) contra los maniqueos. Se les prohibe la permanencia en todo el orbe, pero sobre todo en Roma, bajo pena de muerte; sus bienes revierten al pueblo. En el año 391 Valentiniano amenaza con graves multas (de hasta 15 libras de oro para los funcionarios de mayor rango) a los paganos que entren en los templos y recen a los dioses, así como a los «herejes», prohibiéndoles reunirse en ciudades y pueblos, y por último, con especial dureza, a los apóstatas:

no solamente no pueden transmitir ni recibir por herencia, sino tampoco prestar testimonio, hacer penitencia ni recibir la absolución. Deben perder todos los títulos y quedar deshonrados para siempre. En 392 Valentiniano II resulta asesinado, probablemente también por intervención de Teodosio.90

Dos masacres de un emperador «notoriamente cristiano»