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Questionnaire development

3.1. Research design

3.1.2. Questionnaire development

Tal como hemos visto en el epígrafe anterior, Más merece quien más ama y Querer por solo querer presentan una serie de rasgos y motivos que llevan a adscribirlas en el teatro de Corte, ese que tiene su origen en la fiesta principesca que nace en Italia, desde donde llega a otros países europeos como Francia o España, y que tiende a unir poesía, artes plásticas y música dando como resultado lo que Ettinghausen denominó un “espectáculo multimedia”. Esos fastos teatrales,

180Según Fanshawe, el traductor de Querer por solo querer al inglés, Sir John Suckling puso en boca de uno de los personajes de su obra The goblins (1637-1641) las siguientes palabras: “Carer per so lo carer, or he that made the Fairie Queene” (acto IV, escena V). De este modo, el personaje, que encarna a un poeta borracho, alude directamente a la comedia mendoziana.

inscritos en las fiestas cortesanas181 y caracterizados por el lujo, fueron denominados “invenciones”182, término que se forjó alrededor de 1622 para diferenciar este tipo de representaciones en las que predominaba el espectáculo visual del texto de las comedias de corral.

Si se toma como punto de partida para establecer las características de la fiesta teatral española El premio de la hermosura (1614) de Lope de Vega, pieza que ha sido considerada la primera fiesta principesca en España, veremos que, como la obra lopesca, Más merece quien más ama y Querer por solo querer manifiestan muchas de las peculiaridades que toda pieza cortesana de este tipo solía presentar. Entre esas particularidades, cabe mencionar el empleo de personajes principales como pueden ser príncipes y/o princesas (“Felisbravo,/ un Príncipe generoso”, f. 205r; “La Princesa viene”, f. 198r; “majestades”, f. 198v; “ha llegado a Palacio”, f. 198r; “Yo soy la Princesa altiva/ de Polonia”, f. 208v; o “eso tienen las Infantas”, f. 208v), personajes que, muy seguramente, serían interpretados por verdaderos miembros de la realeza, damas de corte y/o meninas; o, en su defecto, por actores de compañías que, por orden real, habían recibido el encargo de escribir e interpretar una comedia en la Corte con el fin de amenizar la celebración de algún acontecimiento alegre relacionado con la familia real.

Como la pieza iba dedicada a miembros de la monarquía, era lógico que los protagonistas fueran príncipes o princesas y que, bajo unos nombres ficticios, se escondieran personajes reales (en el doble sentido de la palabra) asistentes al espectáculo. Así, por ejemplo, como ya se ha comentado en “Los frutos del mecenazgo real o cuando la realeza sube a escena”, bajo el nombre de Fidelina, muy seguramente, se encontraba Isabel de Borbón, a quien, posiblemente, en un primer momento fuera dedicada Más merece quien más ama, así como también lo fue Querer por solo querer. Y es que, por aquellos años, se generalizó la costumbre de asociar teatro con celebración regia, es decir, cualquier hecho que fuera motivo de fiesta (un santo, un aniversario, un nacimiento, una victoria, la visita de algún príncipe extranjero, la jura de algún cargo, etc.) se celebraba con una representación teatral. Entre los ejemplos que atañen a Hurtado de Mendoza, cabe destacar, además de Más merece quien más ama y Querer por solo querer, una obra (de la que se tiene constancia, pero de la que no se ha conservado ni un verso) que escribieron por encargo Hurtado de Mendoza, Mateo Montoro (mayordomo mayor de Felipe IV y gentilhombre de cámara) y Quevedo para obsequiar a la reina

181Tal como apunta Jordi Bermejo en su artículo “La expresión caballeresca en las fiestas reales barrocas españolas”, “en el ámbito general y social de las fiestas cortesanas nació en la fiesta real barroca”; de modo que “la fiesta cortesana es el hiperónimo y la fiesta real… los hipónimos” (2015:30).

182Hurtado entiende por “invención” lo siguiente: “la fábrica de variedad desatada, en que la vista lleva mejor parte que el oído, y la ostentación consiste más en lo que se ve, que en lo que se oye”.

(09/07/1625), o la que inventó íntegramente Hurtado de Mendoza en 1632 para celebrar la jura de Baltasar Carlos.

Este tipo de piezas, generalmente, iban acompañadas de una loa inicial en la que se aclaraba el motivo de la celebración y en la que se informaba de los asistentes regios. De hecho, en Querer por solo querer de Hurtado de Mendoza, se conserva esa loa que precedía a este tipo de comedias. Sin embargo, en Más merece quien más ama, no disponemos de ninguna loa introductoria, sino que, por el contrario, la pieza comienza de forma abrupta, es decir, in media res, con la exposición de un conflicto que parece que, aunque al espectador pudiera resultarle desconcertante, bien conocen los personajes implicados: hace dos años que la Princesa, tal como había dejado fijado su padre, debería haber contraído matrimonio y, por consiguiente, haber subido al trono y gobernar el desgobierno que imperaba en el reino; no obstante, Fidelina no ha cumplido esta última voluntad, no tiene intención de elegir esposo y no siente preocupación alguna por la desorientación que sufre su pueblo al no tener un cabeza de estado que guíe sus pasos.

El hecho de que no presente loa no sería un motivo de peso para decir que Más merece quien más ama no es una pieza cortesana, pues, posiblemente, cuando se compuso, sí tendría esa loa introductoria que pretendía guiar o enmarcar el espectáculo. No obstante, como viene siendo habitual en la dramaturgia hurtadiana, la cual durante siglos ha estado totalmente descuidada, muy seguramente, esa loa se perdió o anda extraviada en el sinfín de misceláneas barrocas que aún quedan por estudiar y analizar.

En relación con la peculiaridad de incluir a personajes de la realeza en las piezas cortesanas, cabe decir que, en este tipo de obras que iban dirigidas a la Corte, no tenían cabida, al contrario de lo que sucedía en la comedia nueva, las capas bajas de la sociedad, las cuales no hacían acto de presencia, a excepción de la figura del criado, pero como un miembro, aunque del peldaño más bajo, de la corte.

Sin embargo, estos no son los únicos rasgos que determinan que Más merece quien más ama o Querer por solo querer sean consideradas invenciones. El uso de motivos del mundo pastoril y mitológico, o de los libros de caballerías son otros indicadores que ayudan a sostener esta hipótesis. Veámoslos con detalle.

Entre los motivos propios de la novela de caballerías, se podría mencionar la inclusión de príncipes de países lejanos que emprenden viaje movidos por el amor a una dama (Rosauro viaja en busca de Fidelina en MMQMA y Felisbravo, de la bella Celidaura en QPSQ). Rosauro, Felisardo o Felisbravo podrían encarnar, perfectamente, a esos nobles, linajudos, bizarros, inteligentes y fuertes jóvenes de las novelas de caballerías, que se lanzaban a la aventura en aras de conquistar la hermosura de una princesa. En las comedias de Hurtado, la inclusión de este tipo de personajes

servirá para mostrar el tipo de amor (idealizado, cortés, de servicio a la dama) que entiende el autor que deberían profesarse los enamorados en la vida real, por lo que actuarán como modelo de cómo debe ser el comportamiento noble y caballeresco, un comportamiento que, idealmente, debía seguir o aproximarse al máximo a los antiguos valores encarnados por el Cid, personaje al que, como ya vimos en “Los moldes dramáticos y los guiños cidianos de No hay amor donde hay agravio”, Hurtado hace más de un guiño a lo largo de su producción dramática. Y es que no hay que perder de vista la doble intención de Mendoza en sus comedias, la cual manifiesta de una forma muy sutil, amparándose en la situación dramática contemporánea, tanto en Más merece quien más ama como en Querer por solo querer: entretener a la vez que reeducar a una sociedad cortesana perdida en los excesos y devaluada moralmente.

Rosauro: En sus comedias contemplo, que las celebran y admiran cuando juntamente miran

al deleite y al ejemplo. (f. 205r)

Propio también de la “invención” y de la novelas de caballerías es el uso del elemento exótico, consustancial al marco festivo del teatro de Corte. Por exotismo se entiende la inclusión de personajes lejanos, provenientes de países extranjeros. Así, por ejemplo, en Más merece quien más ama se menciona al Príncipe de Tracia (f. 205r), Fidelina se presenta como la “Princesa altiva/ de Polonia” (f. 208v), o se hace referencia a los tigres de Ircania183; y en Querer por solo querer, los personajes son de lugares como Persia, Arabia o Tartaria.

No obstante, a pesar de que ambas piezas hacen uso de motivos caballerescos, conviene observar una diferencia importante entre ellas. Y es que, mientras en Querer por solo querer aparece una geografía fabulosa, embrujos y seres maravillosos, así como sucede en los libros de caballerías, en Más merece quien más ama, no. En esta última, no hay rastro de ese elemento mágico y sobrenatural tan característico de este tipo de obras que, si bien Hurtado lo utiliza en otras de sus piezas de corte, en Más merece quien más ama opta por obviarlo. Del mismo modo, también decide prescindir de las máscaras, de los juegos, de los bailes y de la música o, al menos, esto es lo que se puede decir si nos ceñimos estrictamente a los testimonios textuales que han perdurado; pues, aunque es cierto que, en los impresos, en esa parte reservada a dar relación de los personajes que van a aparecer en la obra, se mencionan músicos y acompañamiento, también lo es que a nivel interno no hay ni rastro de ellos a lo largo de toda la comedia. No obstante, que se incluyan en esa relación inicial de personajes, podría ser un indicador de que, pese a que no hay acotaciones 183Selva de Arabia, fría y repleta de fieras.

expresas que muestren esos momentos dedicados a la música, seguramente, los habría, aunque no de forma tan recurrente como en otras fiestas teatrales como Querer por solo querer, la cual presenta explícitamente dos momentos musicales: el canto pastoril del inicio de la segunda jornada (“Lo que se cantó al principio de este acto segundo”) y el de final de obra (“Cantan dentro” o “Y en acabándose esta danza se tocaron todos los instrumentos”). La hipótesis expuesta respecto a MMQMA vendría reforzada por la evidencia de que en el teatro barroco las didascalias son mínimas y tienden a dar pocos detalles, por lo que no sería de extrañar que, incluso, se hubiese prescindido de las referidas a la música.

Dicho esto, también cabe decir que el hecho de que en una fiesta teatral como Más merece quien más ama no se le conceda tanta importancia a la música, como quizás se debería atendiendo al subgénero dramático al que se adscribe, o, mejor dicho, el hecho de que no se caracterice por incluir diversiones cortesanas, algo común, por no decir imprescindible en las fiestas principescas, cuya intención principal era divertir a la corte, debe atribuirse a que Hurtado no compartía esa idea sobre la finalidad del teatro. Y es que si consideramos en conjunto su producción dramática, la obra hurtadiana tiene una intención de reeducación social dentro de los valores olivarianos, intención en la que no tendría cabida única y exclusivamente el divertimento. Así pues, de alguna manera, Hurtado de Mendoza vuelve, muy sutilmente (ya que, si no, en una época en la que el teatro estaba puesto al servicio del gusto del espectador, Hurtado hubiese fracasado como dramaturgo, algo que no sucedió, puesto que tenemos constancia del éxito de sus comedias y entremeses), al docere et delectare horaciano, es decir, a ese enseñar, “manipular” o dirigir el pensamiento a través del ocio sin que el destinatario se percate de que su comportamiento está siendo reconducido (no hay que olvidar el desorden de la sociedad española en el siglo XVII).

Otro elemento propio de la “invención” que aparece en MMQMA y QPSQ es la mitología, la cual pudo ser tomada, a su vez, de la novela pastoril y/o de las églogas renacentistas, cuyo papel, tal como se explicará en el epígrafe “Ecos de la Tragicomedia de don Duardos en dos comedias palaciegas mendozianas”, fue muy importante en la aparición y desarrollo del teatro de Corte. Debido a la vinculación de Más merece quien más ama y Querer por solo querer con el teatro cortesano, ambas piezas presentarán muchas más referencias mitológicas que, por ejemplo, otras obras hurtadianas como Cada loco con su tema, El marido hace mujer o Los riesgos que tiene un coche. No obstante, a su vez, su presencia será muy distinta en las dos fiestas teatrales mendozianas que estamos comentando. Y es que la inclusión de elementos mitológicos es mucho menor en Más merece quien más ama que en Querer por solo querer u otras fiestas principescas al uso, pues, si bien es cierto que en Más merece quien más ama, hay constantes referencias a dioses como Diana, Apolo, Amor, Adonis o Marte, en ningún caso, las deidades acaban convirtiéndose en personajes de

la obra ni intervienen en el transcurso de la acción de la comedia como sí sucede en Querer por solo querer184; ya que su mención, más bien, responde a una advertencia del autor al espectador de que debe transferir las peculiaridades de estos seres mitológicos a los personajes con los que se les relaciona. De este modo, si se vincula a la Princesa con la figura de Diana es porque Hurtado, mediante este recurso, pretende que el público entienda que esa misma rebeldía por la que es conocida Diana también se le debe atribuir a la joven Fidelina. Siguiendo el mismo procedimiento, de igual modo que Afrodita, tras recibir inesperadamente el impacto de la flecha de oro de su desobediente y travieso hijo Cupido, se enamora de Adonis, un hermoso joven que, en ese momento, anda cazando por los alrededores del bosque y que resulta ser la primera imagen que ve tras recibir el flechazo; Fidelina, la Princesa cazadora, un día, paseando por el monte, se encuentra, herido y medio muerto, a Felisardo de quien cae inmediata e irremediablemente enamorada. Si se tiene en cuenta este mito, cobran sentido unos versos previos al flechazo de Fidelina, en los que Rosauro y Burón hablan de un jabalí al que Rosauro se dispone a aniquilar (Rosauro: “Este furioso/ jabalí voy a matar”, f. 202r; y Burón: “pues una dama dejaste,/ por seguir un jabalí”, f. 205v). De alguna forma, estos versos enlazan con el mito, ya que, de manera alusiva, refieren a cómo Ares- Marte, amante de Afrodita, al que representa Rosauro tanto por su carácter luchador (“La guerra esta caza encierra”, f. 205v) como por sus sentimientos hacia la Princesa (Venus), celoso de Adonis, se convirtió en jabalí y atacó a su rival hasta matarlo. Casualmente, justo después de que Rosauro comunique a Burón que va a derribar a un jabalí, se oyen voces de que un joven caballero, Felisardo, “matóse” (f. 203v). Si bien es cierto que, finalmente, el Príncipe está vivo y, por tanto, la historia no prosigue como en el mito de Adonis y Venus, la fábula sirve para anticipar la rivalidad que va a haber entre ambos amantes, sobre todo, por parte de Rosauro, que es quien encarna a Marte. En la misma línea, cuando el pintor llama Apolo a Felisardo, le está atribuyendo la belleza y perfección de dicho dios. Asimismo, cuando se habla de la Princesa como de una Ninfa es porque comparte con esta divinidad la belleza, la juventud y el gusto por habitar los bosques y las montañas (“y ella cazando, no sale/ de estos montes”, f. 198v); y cuando se la denomina Cloris, tampoco es algo casual, pues como Flora, la diosa de los Jardines, bella y eternamente joven, habitante del monte Nifates desde que, tras raptarla, Bóreas la llevó allí, Fidelina también es joven, bella, pasa

184En Querer por solo querer, la intervención de los dioses mitológicos es directa y repercute claramente en los personajes. Cabe recordar esa escena en la que aparece Cupido para poner a prueba el verdadero amor y ayudar a discernir a Claridiana si es mejor tomar como esposo a Felisbravo, Claridoro o Floranteo. El resultado incuestionable no gusta a la joven desencantada y esto provoca una serie de consecuencias que la llevarán, incluso, a perder el reino. Un reino que será repuesto cuando acate su sino y acepte la decisión de los dioses. Marte descenderá “en un carro de leones con una lanza de fuego” y, en medio de la guerra, determinará quién debe casar con quién y quién gobernará qué.

gran parte del tiempo en el campo y, quienes la conocen, coinciden en que ella actúa como si jamás fuera a desvanecerse su juventud.

Así pues, aunque con ciertos matices, todas las referencias mitológicas que aparecen en la comedia deben entenderse como traslados de las actitudes o de las vivencias de esos dioses a los personajes hurtadianos.

Felisbella: hacéis campañas de Marte (f. 198v) Pintor: Es un Apolo. (f. 200r) Felisardo: No llores mi Cloris bella (f. 203v) Rosauro: ¿Si es de aquella soberana

Ninfa el albergue? (f. 205v) Rosauro: Será Diana,

que con alma soberana

es de vidas cazadora. (f. 205v) Princesa: Así del querido Adonis,

menos lindo y más sangriento, Venus miraba el desnudo

hermoso, y nevado cuerpo. (f. 207r)

Otra referencia mitológica que se ofrece subrepticiamente en la obra y que sirve de guía al espectador para entender el comportamiento y carácter de los personajes es, por ejemplo, la mención a la fábula de Chipre185, con la que se pretende que el auditorio establezca un paralelismo entre la historia de Pigmalión y la de Fidelina, pues, así como Pigmalión, rey de Chipre, se resistía a casarse, debido a que no encontraba a ninguna mujer que reuniese las características que, a su entender, debía tener su futura esposa, y, que, tras soñar que una de sus esculturas (la de Galatea, de la cual se enamoró) cobraba vida, su sueño se hacía realidad gracias a la intervención de Afrodita; Fidelina tampoco encuentra al hombre en el que confiar, al caballero que merezca su amor, el goce de su hermosura y el privilegio de subir al trono y de gobernar tras su enlace matrimonial. Sin embargo, tiene un sueño en el que se le desvela que pronto perderá el seso por un joven que caerá de su caballo en el prado, sueño que le atemoriza y que acabará tornándose, como el de Pigmalión, en realidad. En relación con el caballo, podemos advertir otra referencia mitológica: la del mito de Faetón, relacionada con el amor y de uso tan recurrente en las comedias barrocas. No es casual que, cuando hacen su aparición los príncipes Rosauro o Felisardo, se mencione a dicho animal.

Princesa: Solo esta noche soñaba, que un mancebo como el Sol, 185Rosauro: La fama de tu hermosura,

ofensa de cuantos fingen plumas, pinceles de aquella

en un caballo español, viento, y no tierra, pisaba. Y de su furia llevado, caía airoso y violento,

desde los hombros del viento,

en los umbrales del prado. (f. 201v) Burón: Los caballos dejo.

Rosauro: Gusto por esta selva escondida

andar a pie. (f. 201r)

Princesa: despeña un caballo fiero

un gallardo caballero. (f. 203v)

Aunque, cuando se habla de Felisardo, la alusión al mito de Faetón es más evidente, no debe pasarnos por alto que, cuando aparece Rosauro y se habla de sus caballos186, se está aludiendo igualmente al amor y a la pasión desatada que sentirá por la Princesa. Por último, no podemos

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