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Dado que estás leyendo este libro, es posible que hayas padecido un síndrome doloroso durante semanas, meses o años. La cantidad de tiempo no afecta al diagnóstico de SMT, ni tampoco el hecho de que hayas tenido episodios recurrentes de dolor que comenzaron con una lesión o un accidente. Piensa que ésta es tu primera consulta conmigo. Tu dolor puede estar localizado en la zona lumbar, acompañado de entumecimiento, hormigueo o debilidad en cualquier parte de una o ambas piernas. O puede localizarse en la parte media o superior de la espalda. O quizá en el cuello y en el hombro, con dolor, entumecimiento, hormi- gueo o debilidad en uno o ambos brazos, o en las piernas. Es posible que se halle en la zona de la articulación del hombro, en el codo, la muñeca, los dedos, la zona de la cadera, la rodilla, el tobillo, la parte superior o la planta del pie, en uno o ambos lados.
Todas éstas son manifestaciones comunes del SMT.
El dolor puede ser peor durante el día o durante la noche. Quizá sea intenso al despertar y cuando intentas levantarte, mejorando gradualmente a medida que el día avanza, o puede que te encuentres mejor por las mañanas y el dolor vaya aumentando a lo largo del día. El dolor puede aumentar o disminuir al estar sentado, al caminar o al permanecer de pie sin moverse. Es probable que tengas miedo de agacharte o de levantar objetos pesados; si no eres capaz de hacer estas cosas, no vas a serlo de realizar tu trabajo, correr o practicar cualquier deporte. Puede que tengas miedo de realizar cualquier actividad física, por muy fácil que sea.
O puede que sigas siendo una persona activa que practica incluso deportes vigorosos, a pesar del dolor. Puede que el dolor se presente en momentos intempestivos, ilógicos y no cuando debería presentarse.
Todos éstos son escenarios comunes para las personas con SMT y ejemplos clásicos de cómo estas personas son programadas para sentir dolor en ciertos momentos y en asociación con distintas actividades y posturas físicas.
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en tu espalda, en tu cuello o en tus hombros, algún defecto estructural, una degeneración o un deterioro de partes de tu columna, una hernia de disco, fibromialgia, un desgarro o un esguince muscular, una tendinitis en alguna parte... Normalmente estos diagnósticos están confirmados por radiografías, tomografías computarizadas o resonancias magnéticas, y es muy probable que tu dolor haya empeorado considerablemente desde que te enteraste de lo que mostraban estas pruebas.
Puede que tu vida esté literalmente dominada por el síndrome doloroso; es algo que te atormenta a lo largo del día. Has acudido a muchos médicos y has probado infinidad de tratamientos distintos, pero aunque a veces mejoras durante un tiempo, el problema siempre regresa.
Tus amigos y tu familia se muestran comprensivos y siempre te están advirtiendo que tengas cuidado.
He aprendido todas estas cosas de ti al redactar tu historial. El examen físico o bien no reveló ninguna anormalidad neurológica o bien reveló una variedad de pequeñas anormalidades como la pérdida del reflejo del tendón, alguna leve debilidad o un cambio en la percepción de un estímulo doloroso, como por ejemplo un pinchazo. Algunos de vosotros teníais una capacidad de movimientos extremadamente limitada; otros podíais moveros con gran agilidad. Sin embargo, casi todos vosotros sentíais dolor cuando yo presionaba ciertos músculos en la parte lateral de las nalgas, en la zona lumbar y en la parte superior de los hombros. Además, el 80% de vosotros sentisteis dolor cuando presioné los largos tendones de ambos muslos.
Gracias al examen físico y al historial pude concluir que tenías SMT y mi siguiente paso fue decirte lo que eso significaba. Te advertí que las anormalidades estructurales que te habían detectado anteriormente no eran la causa de tu dolor y que iba a presentar evidencias en ese momento y a lo largo de mis conferencias para respaldar esa conclusión. El dolor, el agarrotamiento, la sensación de ardor o de presión, el entumecimiento, el hormigueo y la debilidad eran causados por una leve deficiencia de oxígeno en los músculos, nervios y tendones implicados en cada caso. En sí misma, esta deficiencia es inofensiva. Aunque este síndrome pueda producirte un dolor más intenso que cualquier otra cosa en la medicina clínica, no te va a dejar ninguna secuela cuando los síntomas desaparezcan.
Luego te expliqué por qué el cerebro había decidido reducir el flujo sanguíneo hacia esas áreas, produciendo los síntomas de dolor. Te expuse que la ira, la rabia y otros poderosos sentimientos en el inconsciente amenazaban con irrumpir en la conciencia y que el dolor tuvo que ser creado como una maniobra de distracción para evitar que eso ocurriera. En la mayoría de los casos, tú tomaste conciencia de los importantes factores psicológicos como el estrés en tu vida, el perfeccionismo y el «buenismo» o un trauma infantil, que eran los responsables de tu dolor. Te tranquilizó saber que la curación vendría con la comprensión del proceso. Te dije que todo esto iba a quedar claro después de dos conferencias
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sobre el tema, ya que no había tiempo suficiente para presentar la historia completa durante la consulta. En total, pasamos unos cuarenta y cinco minutos juntos.
Este compendio realizado durante la consulta inicial da una idea de cuál va a ser el programa terapéutico. Tenemos que frustrar la estrategia del cerebro. Para lograrlo, aliento a los pacientes a que:
Rechacen el diagnóstico estructural, las razones «físicas» del dolor (el SMT es un tipo distinto de proceso físico).
Reconozcan la base psicológica del dolor.
Acepten la explicación psicológica y todas sus ramificaciones como algo normal entre las personas con buena salud en nuestra sociedad.