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2. Radiological Method:

A lo largo de este capítulo hemos recogido los motivos que llevaron a Darwin a desarrollar su obra La expresión de las emociones en los animales y en el hombre. Hemos señalado que, motivado por profundos intereses de carácter personal y dispuesto a señalar la continuidad evolutiva de las facultades anatómicas y psicológicas del ser humano, el naturalista recurre a la obra de Sir Charles Bell para aprovechar, pero sobretodo discutir, elementos claves de su propuesta anatómica y fisiológica. Darwin responde directamente a dos argumentos: el de la anatomía especial que deriva en el argumento fisiológico que otorga funciones fisiológicas y expresivas exclusivas en el hombre. También refuta el argumento filosófico-teológico de Bell, que se encuentra basado en una comprensión teística de la naturaleza de la expresión. Esto le permite comprenderla de una forma exclusivamente biológica, que le obliga concluir que no existe expresión emocional. En consecuencia, desatiende por completo al propósito estético que tanto había inquietado a Bell y que se deriva de la funcionalidad que este último otorga a la expresión.

Respecto del argumento anatómico de Bell, Darwin parece dubitativo en su libro sobre la expresión. No conoce bien, como sí lo hace Bell, la compleja estructura del sistema nervioso y las funciones de cada departamento de nervios y órganos. Sin embargo, Darwin no necesita de este conocimiento para advertir que los músculos presentes en el rostro humano, también se encuentran presentes en muchos animales superiores. Al igual que los perros o los simios, también nosotros apretamos los dientes y fruncimos el ceño cuando sentimos ira, ¿no sería esto una prueba entonces de que ellos y nosotros poseemos músculos dispuestos de manera casi idéntica, siendo tal vez unos más desarrollados que otros? Las diferencias sutiles entre los músculos del rostro de unos y otros, sólo probaría, según la teoría evolutiva de Darwin, que las diferencias son de grado pero no de tipo.

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El sistema respiratorio, que para Bell confería la capacidad exclusiva en el ser humano de expresar emociones, en Darwin pone en funcionamiento los mismos tipos de músculos en unos y en otros:

Pero el sencillo hecho de que los monos afines al hombre posean los mismos músculos faciales que nosotros hace improbable el que esos músculos tengan en el hombre exclusivamente la misión de una expresión facial; porque creo nadie querrá admitir que los monos dispongan de músculos especiales al solo objeto de manifestar sus repugnantes muecas.” (Darwin citado por Bühler, 1980, p. 120).

Entonces, según la cita, si compartimos estructuras anatómicas y capacidades expresivas similares, a veces incluso idénticas, con otros animales, el argumento fisiológico de Bell también se derrumbaría. Si ciertos músculos y expresiones faciales existen exclusivamente para expresar a otros nuestros sentimientos, sería necesario admitir, o que los monos desean expresarse y comunicarse con otros a través del rostro, o, que, de hecho, la expresión no existe para comunicarnos. Darwin, como ya es claro en este punto, se inclinará por la segunda opción, la cual será parte fundamental de sus ideas sobre la expresión y concluirá que la naturaleza biológica de la expresión hace que no ésta no tenga una función expresiva

De esta forma, si ningún músculo del rostro podría estar diseñado para algún propósito específico, tampoco podría tener una función expresiva en concreto. A diferencia de Bell y, contradiciendo el argumento de la creación especial, Darwin sostiene que no existe ningún músculo, nervio u órgano que existiese para alguna tarea específicamente humana, si bien algunos de ellos nos proporcionan, de forma accidental, habilidades particulares. Las expresiones emocionales entonces, se deben a la asociación de hábitos útiles en el pasado, pero también muchas de ellas parecen ser meramente accidentales y heredadas de forma casual a medida que se imprimen ciertas conductas antitéticas o involuntarias en los individuos (Darwin, 1984, p. 59).

Bien sea que hagan parte de hábitos que tuvieron funciones adaptativas en el pasado, sirvan como antítesis de cierto estado mental o sean parte de reacciones fisiológicas involuntarias, la expresión emocional se origina en los procesos adaptativos en todos los

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mamíferos superiores. Así, los dos frentes de ataque de Darwin a la teoría de Bell, el anatómico y el fisiológico, pretenden probar precisamente que los principios de la expresión pueden aplicarse análogamente en seres humanos y animales y que, independientemente de la intervención del Creador, la expresión emocional tiene un carácter natural que nos vincula con el resto de los animales. No existen entonces músculos exclusivos del rostro humano y tampoco poseen éstos una función expresiva especial que no se encuentre presente en el resto de los animales, al menos, en los mamíferos superiores.

Sin embargo, hay un desequilibrio entre los frentes de trabajo de Bell y la respuesta de Darwin. Este último responde a los argumentos anatómicos y fisiológicos, y tangencialmente también ataca los presupuestos filosófico-teológicos de Bell, pero olvida uno de los puntos más relevantes de la teoría del escocés: la aplicación de la teoría de la expresión emocional en el campo estético. Darwin no se manifiesta respecto del increíble potencial estético que tiene la expresión emocional, sobre todo en un nivel comunicativo. Al relegar la comunicabilidad de la emoción a un plano casi accidental, la expresión emocional como herramienta estética queda completamente opacada. Por el contrario, Bell había mostrado que las capacidades comunicativas y mentales exclusivas en el hombre, como la imaginación, la anticipación y la memoria, nos permitían comprender de forma compleja las expresiones emocionales de otros, capacidad que podía ser aprovechada en el plano estético o pedagógico para producir reacciones e provocar expresiones, emociones y acciones concretas en los espectadores. El estudio del alcance estético y expresivo que puedan tener los principios generales de la expresión propuestos por Darwin y el saldo de esa deuda que tiene el naturalista con Sir Charles Bell, es una tarea que corresponde realizar en estudios posteriores.

A manera de síntesis, el siguiente cuadro recoge las conclusiones a las que llega Charles Bell respecto de la naturaleza y la función de la expresión emocional y que será objeto de críticas en la obra de Darwin, objeto de estudio del siguiente capítulo:

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La expresión emocional según Charles Bell

Naturaleza Función Utilidad

Teológica

Expresiva:

 Comunicativa

 Estética

Estética

Abandonamos ahora la historia del libro, para entrar a la exposición de las ideas de Darwin sobre la expresión. ¿Por qué Darwin abandona la funcionalidad de la expresión e ignora la utilidad estética de la misma? A esto dedicaremos el segundo capítulo del trabajo.

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