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Martín Algarra parte de un interés humanista en la comunicación, dado por la importancia que ésta tiene en la formación y equilibrio de la persona y de los grupos humanos de cualquier tamaño194. Reconoce que el valor de la comunicación no proviene de ella misma ni de las relaciones que produce, sino de que es producto del ser humano que es su autor. Éste, por naturaleza, está abierto al diálogo que se da en la comunicación. De esta forma, la comunicación ya no es importante en sí misma, sino porque posibilita la unión entre personas y su desarrollo individual. De ella resulta la cohesión, integración y convivencia familiar, organizacional y social. Pero la comunicación en sí no es quien produce todo esto: el autor es la persona, y hay que estudiarla a ella para entender la comunicación.

Como preámbulo a su Teoría de la comunicación, Martín Algarra lleva a cabo un estudio sobre los modelos comunicativos y observa que la mayoría tienen un planteamiento funcional195. Es decir, los elementos que se utilizan para describir el proceso comunicativo son funciones. Por ejemplo, cuando se habla de emisor, se contempla no la persona, sino su función. De este modo, si la persona sólo es una función, el emisor puede ser cualquier cosa. Frente a este planteamiento, pretende, por una parte, distinguir conceptualmente entre los enfoques funcionales y el enfoque ontológico por él utilizado. Por otro lado, muestra cómo en bastantes modelos se mezclan ambos enfoques. De esta forma, su investigación aporta fundamentación antropológica y filosófica a la Teoría de la comunicación, partiendo de un concepto de persona completa.

Enfoca la comunicación como constitutiva del ser humano y se remite a los supuestos epistemológicos y axiológicos de la Antropología filosófica para explicar su naturaleza, que hemos explicitado previamente. Subraya la importancia de la comunicación para la persona por su naturaleza individual y social, y cómo contribuye al desarrollo de la humanidad a través de sus interacciones y relaciones con los demás.

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MARTÍN ALGARRA, M. (2003): Teoría de la comunicación: una propuesta, Tecnos, Madrid, p. 47.

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Esto produce una realidad social determinada que dependerá, en última instancia de cómo es cada persona y del enfoque con el que contempla la vida, del sentido que le da y si actúa conforme a ello.

Según este autor, hay cinco características esenciales de la comunicación y de las situaciones de comunicación concretas en la vida cotidiana196: (1) es humana, ya que sólo el ser humano puede racionalizar una percepción, transmitirla e interpretarla. Es un ser libre que da un sentido a sus acciones, por lo que queda reflejado en el resultado de su acción; (2) es social, porque si no hay otra persona, no hay nada que compartir y, por tanto, no hay comunicación; (3) es referencial, ya que el conocimiento que compartimos es siempre el conocimiento de algo, lo que implica ambos perciben un referente común; (4) es compleja, porque el ser humano es variado en su forma de comunicar y limitado cuando expresa e interpreta; y (5) se da en el tiempo presenteinterior de la persona, no en el tiempo estándar. Estas características centran el tipo de comunicación del que está hablando frente a formas de conceptualizarla que hemos analizado anteriormente.

No todo es comunicación ni tampoco cualquier tipo de interacción es comunicativa. Martín Algarra defiende que sólo es comunicación un tipo de contacto determinado: el que tiene como finalidad que lo expresado sea comprendido totalmente por la otra persona, para lo que debe comprender lo que significan tanto la acción como su contenido expresivo197. De esta forma, profundiza en el tipo de interacciones adentrándose en la noción de “compartir”, intrínseca a la comunicación. Define la comunicación como “un compartir sin pérdida: lo que se comparte en la comunicación se sigue poseyendo, no se pierde”198. Esto ocurre porque lo que se comparte es conocimiento. Debido a que su naturaleza inmaterial no se pierde, como ocurre con los bienes materiales, sino que se sigue poseyendo199 y se multiplica en contacto con los

demás, acerca, une e integra. Pero el conocimiento es siempre sobre algo que para

poder transmitir hay que conocer primero, a fin de poder expresarlo después de forma que la otra persona lo pueda interpretar.

196

MARTÍN ALGARRA, M. (2003): Op. cit., pp. 60-65.

197

MARTÍN ALGARRA, M. (2003): Op. cit., p. 56.

198

MARTÍN ALGARRA, M. (2003): Op. cit., p. 59.

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Ese “algo que compartir” es la realidad, que es “una y única. Y así se nos presenta. No obstante, el carácter limitado de nuestra inteligencia nos obliga a parcelar esa realidad con diversos criterios para de ese modo ser capaces de comprenderla”200. Para conocerla precisa de la especulación, de la reflexión y de la ayuda de otros seres humanos, que desde sus distintos puntos de vista, contribuyen a conocer aspectos que no se conocerían, tanto de uno mismo, como del mundo y de los demás: “Es precisamente éste uno de los motivos por los que nos comunicamos: necesitamos saber cosas que nosotros no podemos llegar a conocer por observación directa, pero que otros, que merecen nuestra confianza, sí llegan a observar”201.

Esta realidad se hace presente a las demás personas a través de un producto que la representa. Para conseguirlo, el ser humano debe transformar ese mundo que ve en un conocimiento que pueda ser expresado y compartido, lo que implica capacidad de producir símbolos202. Dado que el ser humano es variado, su forma de expresar estos símbolos también lo es, pues en ella está implicada toda la persona reflejándola, con sus objetivos y motivos.

Además, la realidad se puede conocer también por su carácter epifánico: “Si las cosas no se mostraran –si no tuvieran apariencia- no las percibiríamos. El dominio que los individuos tienen de su apariencia es muy limitado203. Las cosas son más de lo que parecen. Tienen una historia y un contexto que las hace ser como son, y aportan sus propias cualidades a él. El hecho de que “aparezcan” como son implica que la realidad viene dada, lo que impide que el individuo pueda darle una finalidad significativa subjetiva a su expresión.

La comunicación se realiza a través de interacciones que en la comunicación son la expresión y la interpretación204. La expresión no es un objetivo en sí misma ni “la producción e interpretación del producto, sino modificar la conciencia –en el sentido de darle a conocer lo que no sabía –de aquel a quien se dirige”205.

200

MARTÍN ALGARRA, M. (2003): Op. cit., p. 37.

201

MARTÍN ALGARRA, M. (2003): Op. cit., pp. 159-160.

202

MARTÍN ALGARRA, M. (2003): Op. cit., p. 59.

203

MARTÍN ALGARRA, M. (2003): Op. cit., p. 58.

204

MARTÍN ALGARRA, M. (2003): Op. cit., pp. 68-69.

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