2.4 Nonlinearity
2.4.4 Raman effect
Intentar definir una pedagogía de Jesús consistiría entonces en identificar los
“cómos, porqués y para dónde” de la educación dada por Jesús, que para el caso
del análisis de datos proporcionados por el evangelio sería seguir las huellas de la enseñanza a sus discípulos, a las gentes que le escuchaban, pero también a aquellos que le controvertían. Sin embargo, su pedagogía padece de algo especial; como ya se ha dicho, su ser, decir y actuar es uno sólo y por lo tanto la suya es una pedagogía del ejemplo; su vida es una completa enseñanza por su manera de manifestarse al mundo como Verbo encarnado, es decir, desde la persona de su ser, que bajo la única pretensión de amar al hombre tradujo en lenguaje humano todo lo que había visto del Padre en su Gloria.
121 GIRONÉS, op. cit, p.82 122 Ibíd., p.83
123 PUJOL, op. cit, p.139 124 GIRONÉS, op. cit, p.84
125 LUCIO A, RICARDO. Educación y pedagogía, enseñanza y didáctica, diferencias y relaciones.
{en línea}. {08/03/2011}. Disponible en:
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Buscando en los datos que las escrituras refieren sobre la acción de educar del único maestro, se encuentra que ésta consiste en una dinámica circular en la cual
‘Jesús llama a sus discípulos, les muestra lo que les ofrece (cf. Jn 2, 35-39) y lo que espera de ellos (cf. Lc 14, 26). Es una educación que parte del "ven y sígueme" (cf. Mt. 19, 21), continúa por el "vayan y evangelicen" (cf. Mt. 28, 19) y termina con el "Yo estaré con ustedes siempre" (cf. Mt. 28, 20), para que gracias a esta permanencia de Cristo, cada discípulo ejerza la maestría del único maestro
desde la misma dinámica que Jesús usó con ellos’126. La enseñanza que trasmite
se resume en el mandamiento del amor y adquiere infinidad de matices cada vez
que Él, porque es el arquetipo de maestro “perdonó, consoló, fortaleció y ayudó a
cada uno”127.
Sin embargo, para conocer en más detalle la pedagogía de Jesús hace falta una lectura cuidadosa de tales datos tanto con los sentidos físicos como con los espirituales, pues acercarse a la figura arquetípica de Jesús desde la estética teológica no sólo implica el acto contemplativo del misterio pascual sino poder ver siempre más allá de lo conocido y encontrar quién era el personaje histórico al cual, como ya se ha dicho, el evangelista atribuyó con razón la particularidad de
ser ‘único maestro’. En torno a la exégesis hecha previamente, la lectura de la vida
de Jesús habrá de iluminar una pedagogía de Jesús que confirme su figura arquetípica de maestro; así pues, porque la formación del ser de alguien es una tarea de toda la vida, es imperante recorrer toda la vida del Maestro, desde su inicio, para rastrear las huellas que señalarían una educación configurativa de su ser.
En cuanto a la previa educación del Maestro, como es sabido, “la mayoría de la
gente no podía estudiar la ley bajo la dirección de un maestro famoso, y su conocimiento procedía de la lectura y la interpretación de la misma que se hacía
cada sábado en la sinagoga local”128. De igual manera que el resto de la gente,
Jesús de Nazaret aprendería la sabiduría de las escrituras. Él nunca fue una persona de suficientes recursos económicos como para estudiar en una escuela
rabínica (cf. Jn 17, 15), sino que, al igual que su predecesor Juan el Bautista, ‘se nutrió de la misma sabiduría’ (cf. Lc 7, 35), la sabiduría que brota de la escucha de las Escrituras a la luz de la fe. Es por eso que cuando los judíos se preguntan «¿cómo entiende de letras sin haber estudiado?» (cf. Jn 17, 15), la respuesta de Jesús es que le había enseñado el mismo que le mandaba, Dios, y todo el que estuviera realmente preocupado por cumplir la voluntad de Dios, reconocería la fuente de su doctrina y le seguiría (Jn 7, 16--17).
126 Cf. PONTIFICIUM OPUS A SANCTA INFANCIA. La escuela con Jesús. No 2 127 Ibíd., No 3
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Pero tal aprendizaje directo de su Padre celestial no evita que Jesús, como todo otro ser humano, hubiera adquirido su primera formación en la casa paterna129. Antropológicamente ésta es la institución educacional por excelencia, la más importante si se tiene en cuenta la cantidad de horas diarias que el niño ha de pasar en su casa. En el caso del niño Jesús, es evidente que haya aprendido de ellos su buen ejemplo en todos los aspectos de la vida, ya que la misma Tanaj demandaba del judío ser una persona justa en todos los aspectos de la vida, y fiel cumplidora de los preceptos según lo ordenaba el Shemá130. Es de su hogar que
proviene la formación de su carácter, pero también la recepción oral de las escrituras, la visita a la sinagoga y su profunda devoción por la celebración de las fiestas judías, aquellas que posteriormente él trasformará en formas nuevas de relacionarse con el Padre del Cielo, pero que en su esencia siguen siendo judías. Por el contenido de sus enseñanzas y el estilo de vida que llevaba, se cree que Jesús recibió una formación intensa religiosa también fuera de casa, la cual no se podía adquirir en otro sitio que no fuera ‘la escuela básica’ para los niños judíos
(bet sefer y bet talmud)131. Entre sus años de niñez y el tiempo de su misión, fue la experiencia de la vida su mejor maestra y, con ella, su compartir con el Padre. El mismo Dios desde hace mucho tiempo ya se había comprometido en dar a Israel otro profeta como Moisés que le sirviera de guía (cf. Dt 18, 18-19); por lo que para la época de Jesús los esenios se habían encargado de propagandear la inmediata llegada de un profeta así, que igualmente fuera un verdadero Rey como David y un verdadero sacerdote como Melquisedec132. En el culmen de tal expectativa
aparece Jesús como hombre carismático (y entiéndase por carisma “haber sido llamado por Dios para realizar una determinada tarea”133), que demostró a
aquellos judíos abiertos a los sentidos del espíritu ser el profeta, el sacerdote y el rey esperado pero que se relacionaba con Dios Padre de manera muy particular a cualquier otro profeta, sacerdote o rey.
Por razones interculturales de la época, era probable su conocimiento de la lengua griego134, pero eso nunca hizo en menos que su hablar fuera muy judío, para que
así su magisterio pudiese llegar primero ‘no a la gente selecta sino para la multitud’135. Esto implicó que su hablar fuera tan sencillo que, como bien lo
muestran los encuentros con la sirofenicia y la samaritana, su mensaje del Reino y su vivencia pudiesen ser escuchados e incorporados aún por aquellos que no pertenecían al judaísmo136. Para el contenido de sus lecciones retomaba ‘las
129 Cf. GRENIER, op. cit, p.23 130 Cf. Ibíd., p.46
131 Cf. BRAVO, op. cit, p.6 132 Cf. PERKINS, op. cit, p.28 133 Ibíd., p.38
134 Cf. BRAVO, op. cit, p.48 135 Cf. PERKINS, op. cit, p.46 136 Cf. Ibíd., p.55
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enseñanzas que formaban parte de las tradiciones sapienciales de Israel, así como dichos breves que contienen verdades comunes y observaciones de
experiencia diaria’137. Por otro lado, ‘sus referencias a la ley y las anécdotas
tomadas de las Escrituras hebreas eran las que popularmente eran conocidas por la más de las gentes, del mismo modo que sus parábolas se inspiraban en la
experiencia cotidiana de sus oyentes’138. Pero lo que más le distinguió de
cualquier otro maestro de la época fue el uso que Él hizo de la tradición sapiencial,
es decir, que ‘todos sus recursos escriturísticos están puestos en defensa de su
visión del Reino de Dios, para que así la gente se dé cuenta de que había llegado
el momento de experimentar de forma nueva la presencia de Dios.’139
Así pues, el maestro ‘en vez de reglamentos, exhortó a sus oyentes a procurar vivir como Dios quiere’140; ‘en vez de nuevas leyes, pidió a la gente un cambio de
corazón que se manifestara en el comportamiento que la ley trataba de inducir’141 y fue por eso que ‘incitó a sus oyentes a ir más allá de la ley para ver lo que Dios quiere que sean los hombres’142. Esto era posible a razón de que “los dichos que
siguen las pautas de las enseñanzas sapienciales (en las que él basó sus enseñanzas), incluso aquellos que ahora subrayan la realidad del juicio, ponían
originalmente el énfasis en comportamientos humanos de validez universal.”143
Siendo el comportamiento humano el eje transversal de sus enseñanzas, es
comprensible el hecho de que no haya establecido “una escuela con una filosofía
propia o una forma especial de interpretar la Ley; por el contrario, sus discípulos aprendían observando lo que él hacía y decía en distintas situaciones”144, porque “se esperaba que la vida de los maestros famosos fuera un reflejo de sus
doctrinas, por lo que la mezcla de episodios de su biografía con ejemplos de sus enseñanzas era un magnífico medio para difundir los puntos de vista de una determinada escuela”145; mucho más, cuando en la escuela de Jesús la máxima
expectativa la puso Él y sus seguidores en la esperanza de que sus oyentes, pero
sobre todo sus discípulos, “vivieran de acuerdo con lo que Dios quería que fuera la humanidad”146. 137 Cf. Ibíd., p.63 138 Cf. Ibíd., p.57 139 Cf. Ibíd., p.65 140 Cf. Ibíd., p.74 141 Cf. Ibíd., p.75 142 Cf. Ibíd., p.85 143 Ibíd., p.104 144 Ibíd., p.10 145 Ibíd., p.87 146 Ibíd., p.76
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3.2.1 El estilo pedagógico de Jesús Maestro
El estilo pedagógico de Jesús es Él mismo. Porque la educación del ser humano es propia del ser humano, no puede haber enseñanza sin que todo el sujeto que es maestro se implique en la labor educativa que desempeña. Así pues, Jesús se implica de tal modo en lo que hace, que cada vez que Él se autorevela “los
apóstoles son arrebatados por aquello que ven, oyen y palpan, por aquello que se revela en la forma; Juan (sobre todo, pero también los demás) describe continuamente cómo en el encuentro, el dialogo, se destaca la forma de Jesús y se dibujan sus contornos de manera inconfundible, y cómo de repente, de un modo indescriptible, surge el rayo de lo incondicionado y derriba al hombre, haciéndole caer postrado en adoración, transformándolo en un creyente y seguidor de Cristo”147 en camino de ser un nuevo ‘apóstol’ (mensajero) del
Maestro.
Sólo la Gloria de Dios puede arrebatar a quien le contempla porque ésta seduce a
primera vista, sin ninguna razón ‘racional’ a la del impulso de la atracción por lo
bello, la del amor padecido ‘porque sí’. Fue el estilo de Jesús la luz que sedujo a
sus oyentes de corazón sencillo porque ellos permitieron que una forma de ser maestro diferente les hablara sobre la verdad. Es así como mientras los maestros de la época escogían a los discípulos, Jesús escogía a sus oyentes; mientras los primeros buscaban a los más capacitados y puros, Jesús llamó a personas de distinta condición y sin mayores estudios.148
El maestro buscó hablar a los más despreciados del pueblo para desde allí hacer
eco, a través de su Iglesia, a toda la humanidad. Él “no fundamenta ni lo que hace
ni lo que dice en alguna determinada escuela de interpretación ni en tradiciones humanas; no enseña apoyándose en una autoridad magisterial externa, sino directamente en su propia autoridad o en Dios”149. Es tal autoridad la que le faculta
ante sus discípulos de ser radical como ningún otro maestro en lo que espera de sus discípulos (cf. Mt 10, 40-42) ya que él no los prepara para ser maestros que abandonan a su formador sino mensajeros del evangelio, servidores de aquel que les enseñó a servir primero150 y, en eso, maestros del Reino.
Nadie sino Jesús, ha hecho una combinación perfecta de parábolas, sentencias, imágenes, preguntas dialécticas, recursos a citas de la Torá, denuncias para enseñar su contrario, milagros, pero sobre todo el propio testimonio151; todo esto,
147 BALTHASAR, Hans Urs von. Gloria, una estética teológica: La percepción de la forma. Madrid: Encuentro, 1985. p.34
148 Cf. BRAVO, op. cit, p.55 149 Cf. Ibíd., p.56
150 Cf. Ibíd., p.57 151 Cf. Ibíd., p.67
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para trasmitir un conocimiento más práctico y supremo que cualquier otro conocimiento, aunque entendido por pocos: aquellos que poseen en sí la actitud estética que abre el entendimiento al Espíritu y la vida trascendente. El conocimiento que busca forjar Jesús es el de concebir en sus discípulos las actitudes que los ha de constituir en verdaderos hombres poseedores del Reino.
Para ello sus métodos buscan “estimular y facilitar el aprendizaje”152 que se da
exclusivamente por medio de la reflexión153 y por la reflexión a la contemplación de La Gloria que remueve el ser de los hombres y los transforma.