4 Application Deployment
7 Evaluation and Comparison of Application Virtualization and VM Synthesis
7.4 Coupling Between Application and Cloudlet
7.4.2 Range of Offload-Ready Applications
He bebido de múltiples fuentes, he estudiado todas las grandes tradiciones espirituales de este planeta; me he adentrado en cientos de libros, he viajado por todo el mundo, he vivido en España, Suiza, Alemania y EE. UU.; he conversado con miles de personas de diferentes credos, procedencias y nacionalidades; me he nutrido de muchos maestros, a los que siempre estaré agradecida por su aportación a mi proceso de conocimiento y crecimiento personal.
Medito todos los días, intento que mi mente piense desde su parte divina. He buscado y rebuscado, y he encontrado muchas respuestas, he tenido muchos maestros; pero hace tiempo que he comprendido que te puedes ir a la India, a Tíbet (como me ocurrió a mí) o a la Conchinchina buscando un maestro, pero que el
mejor maestro que puedes tener es tu pareja.
Todas las relaciones humanas son espejos, pero la pareja es el espejo con el que convives, del que no te puedes escapar, es el espejo 24 horas. Esto supone una enorme oportunidad de sanación, una oportunidad de ver tus heridas emocionales, de ver tu sombra reflejada fuera y tu ego en su máxima expresión.
En el Curso de Milagros aprendí acerca de cómo la vida se encarga de transformar esas relaciones especiales en las que el ego busca su salvación en una relación santa. Una relación cuyo propósito es que recuerdes quién eres esencialmente, el amor que eres en esencia y puedas regresar a casa, a la fuente, a Dios.
Por eso la relación de pareja es una enorme oportunidad de hacernos
conscientes, porque el universo no da puntada sin hilo y siempre nos enamoramos de
un espejito. Un espejito que nos refleja el mismo nivel de inconsciencia en el que estamos inmersos y nuestras mismas proporciones de luz y sombras, pero con diversos ingredientes.
Todos estos ingredientes se van a potenciar con la alquimia mutua de la convivencia hasta que se conviertan en luz. El objetivo es que el aprendizaje sea bilateral y los miembros de la pareja se puedan nutrir el uno del otro y potenciar su parte de luz. Todo esto ocurre de forma inconsciente, pero es increíble como la vida, el universo, el espíritu santo o como lo quieras llamar, utiliza las relaciones de pareja (la especialidad del ego) al servicio de nuestro despertar y sanación.
La pareja te va a ofrecer una oportunidad de sanación y te va a mostrar tus heridas emocionales no sanadas.
Os puedo poner algunos ejemplos reales que demuestran esta teoría:
Ya he expuesto mi caso, y eso me da autoridad para afirmar en primera persona que no hay víctimas ni verdugos, sino que ambos miembros de la pareja son espejos, seres que no han aprendido a amarse a sí mismos y se relacionan desde ese plano. Yo no quiero minimizar el sufrimiento de nadie, pero es importante que, cuanto antes, tomemos conciencia de que todo lo que nos ocurre lo estamos cocreando con otros espejitos, que tomemos conciencia de que no hay culpables; todos somos inocentes y desde nuestra inconsciencia hacemos lo que podemos.
Qué bonito fue darme cuenta de que esos hombres que me maltrataban no eran más que mis maestros, aquellos que me mostraban el camino y el propio maltrato interno que yo me infligía a mí misma al no valorarme. Las frases destructivas que me decían no eran más que las ideas inconscientes que yo tenía sobre mí, sus palabras se correspondían con mi propio dialogo interno, mi autosaboteador: la voz de mi ego. Qué bonito fue reconducir mi vida, empoderarme, aprender a amarme, conectar con mi grandeza y que el mundo comenzase a reflejarme de golpe toda esa belleza. Qué bonito fue convertirme en quien era realmente: una mujer poderosa y capaz de cualquier cosa para que sus relaciones reflejasen ese cambio. Ahora por fin podría tener una relación de pareja con alguien que me cuidase, me mimase, me valorase y me respetase. Y qué bonito ver reflejado en el espejo de la vida que cuando tú cambias todo cambia. Como tú te respetas, te amas, te cuidas y te valoras, tu pareja
te respetará, te amará, te cuidará y te valorará. ¡¡Qué bellezaaa!! Así, de pronto, descubres que siempre has tenido todo el poder y que la vida es maravillosa.
No tengo palabras para describir la vida… ¡¡La vida es simplemente maravillosa!! No tenemos que intentar cambiar a nuestra pareja para que se amolde a nuestras expectativas, eso no funciona; estás tratando de cambiar el efecto, no la causa. Es dentro de ti donde se debe producir el cambio para que tu vida lo refleje.
Nadie me valoró hasta que yo no aprendí a valorarme.
Quiero compartir contigo otros ejemplos de espejos que he conocido, ya reconvertida en coach de relaciones de pareja.
-He conocido a una pareja en la que él era muy bruto, muy tosco, decía lo primero que se le pasaba por la cabeza e inconscientemente verbalizaba burradas; y ella en cambio era extremadamente susceptible, todo se lo tomaba de forma personal, cualquier pequeño comentario le hacía mella y se ponía a darle vueltas a la cabeza y a infravalorarse, de modo que juntos estaban creciendo muchísimo. Ella estaba trabajando el no tomarse todo tan a la tremenda y aprendiendo a no ser tan susceptible; mientras que a él no le quedaba más remedio que aprender a filtrar y a empatizar. Ambos estaban aprendiendo a amar e inconscientemente se estaban convirtiendo en una mejor versión de sí mismos gracias a su pareja.
-He conocido a muchos dependientes con miedo a la soledad, se enamoraban una y otra vez de personas que los abandonaban para que no les quedase más remedio que enfrentarse a su miedo a la soledad y de ese modo poder crecer y empoderarse. Es bonito ver cómo el mayor acto de amor que se puede tener con un dependiente es soltarlo. El que estaba al otro lado del dependiente solía ser una persona con dificultades a la hora de poner límites, una persona que pensaba que tenía que hacer concesiones para que le quisieran, con un modus operandi de sacrificarse por amor. Qué gran oportunidad le estaba dando el dependiente, todo el día demandando afecto y atención para que por fin aprendiese a poner límites, a dejar de hacer concesiones, a tomar conciencia de que el sacrificio no le llevaba a ningún sitio, que era un callejón sin salida, y que debía empoderarse o el dependiente le iba a chupar la sangre. ¡Qué gran aprendizaje para los dos!
En muchas ocasiones los dos miembros alternaban los roles de dependiente- complaciente, de modo que ambos se veían obligados a abandonar sus personajes para sobrevivir a la relación.
enseñanza y el aprendizaje, esas energías de pareja ya no le reflejan nada y la ruptura es lo más saludable para los dos; para seguir su camino en busca de nuevos espejitos. Generalmente el que está en el rol complaciente aprende a poner límites, de modo que acaba abandonando al dependiente, soltándolo y empoderándolo.
Qué bonito es poder ver esto.
-Otro de los espejos que he visto es el de personas muy impulsivas, que montan
escenas con ataques emocionales. Ellos se suelen enamorar de personas frías,
distantes y calculadoras, que no reaccionan de forma efervescente, pero que pueden tirarse días enfadados castigándoles sin hablarles. ¡Bufff!, ambas horribles manifestaciones del ego, la ira y el rencor se juntaban en una pareja.
El iracundo sufría mucho con la incomunicación y el castigo, y se intentaba contener antes de sufrir un ataque de ira.
El rencoroso se pasaba días enfadado por cada manifestación de ira, sufriendo muchísimo por tomársela como algo personal y pasándose, innecesariamente, demasiado tiempo enfadado. De modo que ambos aprendían a hacer ajustes, a moderar tanto su ira como su rencor si querían sobrevivir a la relación, inconscientes de que ambas manifestaciones egoicas eran equivalentemente dañinas. Qué belleza contemplarlo.
-He visto espejos de personas cuadriculadas y meticulosas que le daban mucha importancia a los detalles, a hacer las cosas de una manera determinada; y muchas veces su pareja se comportaba espontáneamente, haciendo las cosas sin acogerse a un patrón, sin planificación ni normas. El otro miembro de la pareja se enfadaba porque se le rompían los esquemas, y precisamente eso era lo que estaba flexibilizando su rígido ego. El otro miembro, al tiempo, estaba aprendiendo a poner límites, reafirmarse y no buscar la aprobación externa.
Todos estaban aprendiendo a amar.
-Otro de los espejos habituales es el de personas cuya pareja les es infiel, esto les hace ver su autoengaño, como ellos se engañan a sí mismos permaneciendo en relaciones en las que ya no son felices. Inconscientemente, su pareja les engaña para que puedan ver su falta de honestidad consigo mismos y no les quede más remedio que aceptar que esa relación ya no funciona, por mucho que se hayan resistido a admitirlo.
-He visto espejos de personas muy agobiadas por el deber, por el «tengo que», por el trabajo y la disciplina, que se enamoraban de un hippie que les enseñaba la inutilidad de todo eso, que la vida es mucho más que disciplina y que las cosas se
hacen desde el quiero y no desde el «tengo que». Les enseñan la inutilidad del sacrificio.
-He visto personas intolerantes que se enamoraban justo de una persona que representaba todo aquello que condenaban.
-He visto personas con problemas con el dinero que se enamoraban de otras que vivían en clave de abundancia.
El espejo que más tiempo tardé en descifrar y más cautivó mi atención es el espejo de Cristina. Cristina acudió a mí con un incipiente despertar espiritual; no solo había comenzado a leer y había encontrado en diversos sitios la información sobre la vida como espejo y la pareja como el espejo por excelencia, sino que estaba fascinada por el conocimiento de que había más dimensiones más allá de la tercera y que nosotros éramos seres multidimensionales.
No tengo ninguna duda de que somos seres multidimensionales y que mi yo superior guía cada uno de mis movimientos, pero lo que realmente me interesaba comprender era por qué a Cristina se le manifestaba una pareja tan dura como un alcohólico. No lo entendía porque yo no veía su problema con las adicciones por ningún lado, de modo que me puse a observarla atentamente, incapaz de ver el espejo.
Indagando comencé a conocer a más personas con una pareja inmersa en algún tipo de adicción, ya fuera ludopatía, drogas o alcohol. El proceso de exploración del enigma duró meses y durante ese tiempo quería comprender qué le pasaba a Cristina y por qué se le manifestaba esa pareja. Yo era consciente de que su pareja era su espejo, pero era incapaz de comprender dónde estaba el aprendizaje.
Cristina, a pesar de que poseía un conocimiento fuera de lo común, en una ocasión rivalizó conmigo en un taller, era como si se comparase conmigo como terapeuta, entonces sentí su envidia. De pronto, al escucharla hablar sentí su dolor y cómo se comparaba. Había en ella mucho ego espiritual. Era maestra de reiki, iba repartiendo amor, pero en su interior había mucho rencor escondido; había vivido una infancia muy difícil y el resentimiento hacia sus padres la acompañaba cada día.
En esa época comenzaron a aparecer más y más personas con una pareja afectada por el alcoholismo pidiéndome ayuda, de hecho uno de mis clientes era una persona que había superado un alcoholismo.
Estudiando la sombra y después de mucho cavilar, comprendí lo que estaba ocurriendo.
Todos juzgamos como mala una parte de nosotros, esa parte de la que nos avergonzamos, aquella que siente ira o envidia, esa parte de nosotros que es agresiva y que en ocasiones manifiesta rabia… y la reprimimos. Esa parte que juzgamos como mala es la sombra, que, paradójicamente, cuando reprimimos hacemos más grande, dándole fuerza y poder. Esa sombra tiene que salir por algún lado ya que es una energía de ira o rabia que necesita ser canalizada. ¿A alguien le suena esa persona dócil y complaciente en el trabajo que cuando llega a casa es agresiva con su pareja? Esa persona tímida, suave y complaciente que de pronto comete una atrocidad, esa es la sombra.
Todos tenemos un lado oscuro, una sombra que muestra la dualidad inherente a la condición humana, y reprimirla es lo peor que podemos hacer con ella, porque entonces la sombra toma el control.
La tradición religiosa de nuestro país nos ha hecho creer en la culpa y en el pecado, nos ha hecho creer que tenemos que ser buenos, sin tener en cuenta el riesgo que corremos cuando se nos obliga a reprimir una parte de nosotros.
Eso que consideramos malo tiene que salir por algún sitio y el alcohol es el «sitio ideal». Las personas que intentan ser buenas a toda costa, que intentan ser complacientes para que las quieran y no se permiten ser quién realmente son canalizan ese miedo a ser ellos al 100 % con el alcohol y las drogas, porque en esa faceta son totalmente ellos y dan rienda suelta a todo lo que piensan. De ese modo tienen una fuerte dualidad no integrada, es como si fueran dos personas diferentes. El alcohol y las drogas permiten a mucha gente expresarse sin miedo, sentirse poderosos y dejar de lado todas las barreras mentales que les impiden ser ellos mismos al 100 %.
El alcohol y las drogas son la vía de escape para canalizar todo aquello que reprimimos de nosotros mismos. Por ejemplo, si estoy sufriendo, me siento frustrado, no encuentro razones para vivir, etc., el alcohol puede ser la excusa perfecta para salir a divertirme, montar una superfiesta, sentirme eufórico y dar rienda suelta a toda esa frustración, canalizándola y reconvirtiéndola en ganas de vivir. Por eso es tan adictivo, porque es un área en la que nos sentimos poderosos y no tenemos miedo.
solo cuando estamos embriagados. Si lo hiciéramos tendríamos la sombra integrada, podríamos ir poquito a poco trascendiendo la dualidad y convirtiendo esa agresividad o esa ira en fuerza motriz o asertividad, convirtiendo esa timidez en espontaneidad, es decir, encontrando el equilibrio entre nuestros dos lados.
Yo trato de ser yo al 100 % y de no reprimirme, trato de expresar lo que siento, de modo que a veces tengo una salida de tono o le doy un corte alguien, y hay gente que me dice «una coach como tú, ¿cómo puede hacer eso?».
Y sonrío, es lo que hago ahora. Antes montaba escenas, rompía cosas y me ponía agresiva. Eso sí, siempre de puertas para dentro, de puertas para fuera era dulce y dócil. Ahora no soy ni lo uno ni lo otro, y a veces contesto con mucha fuerza, pero no le monto escenas a nadie. He integrado positivamente mi agresividad y soy más yo al 100 %, sin tanta dualidad ni tanta máscara. Hay gente que te juzga por no ser ideal, pero, seamos honestos, ¿existe alguien ideal?
No se trata de ser perfecto, ¡se trata de ser tú!, de aceptarte. Y paradójicamente cuando dejas de juzgarte y machacarte, dejas de juzgar y machacar a los demás, porque el modo en que les juzgamos es directamente proporcional a cómo nos juzgamos a nosotros mismos.
Cuando yo acepté que en mí existía una mentirosa, manipuladora e iracunda, miedosa en ocasiones y envidiosa en otras, de pronto comencé a ver con ternura a todos los mentirosos, manipuladores e iracundos que conocía. Entendí que lo hacían desde la inconsciencia, que eran sus heridas emocionales y sus estrategias de supervivencia aprendidas por ese niño profundamente herido en su búsqueda de amor y aceptación las que les llevaban a actuar así. Por eso cuando le veía la sombra a alguien trataba de poner amor, no de corregirlo ni de cambiarlo sino de amarlo.
La pareja siempre nos va reflejar nuestro lado oscuro. Y qué bonito que así sea, qué belleza poder trascender nuestra sombra con ayuda de nuestra pareja.
Entonces comprendí por qué a Cristina se le manifestaba una pareja con adicciones. Un tema de adicciones es una sombra no integrada, es la dualidad; y ella estaba viviendo una profunda dualidad al ser maestra de reiki, taaaan presuntamente espiritual y llena de amor y sin embargo estar tan resentida y llena de dolor por dentro en la relación con sus padres. Mucha luz y mucha sombra no integradas lo cual genera una pareja con mucha luz y mucha sombra no integradas. Un locurón de desamor que te puede llevar a tomar conciencia de tu propio desamor interior.
se dio cuenta de que no se conocía tanto como ella pensaba. Que a pesar de ser conocedora de los maestros ascendidos y la multidimensionalidad del ser, no había hecho una labor propia de introspección. Este episodio le ayudó a avanzar y ser una mejor versión de sí misma, creciendo y tomando conciencia de su incipiente ego espiritual. Pero, sobre todo, este episodio la ayudó a soltar su pasado, perdonar y convertirse en una mujer feliz.