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La atención a la salud mental de la población LGBTI tiene características particulares en el estado peruano. Es necesario identificar una serie de factores que nos permiten comprender por qué el acceso a servicios de salud mental sea tan complicado para la comunidad LGBTI en nuestro país (Velarde, 2011), a pesar de la discriminación y violencia que sufre nuestra población (Jaime, 2013).

El primero de estos alude al poco peso que la salud mental tiene dentro del sistema de atención en salud. La salud mental no es un tema prioritario, ni con el mismo nivel de importancia, que la salud física. En segundo lugar, no hay una capacitación de calidad e integral en la atención hacia esta población por parte del Ministerio de Salud (siendo los propios profesionales los que tienen que autocapacitarse), lo cual genera imprecisiones de abordaje. Además, se detecta la presencia de discursos que relacionan a la diversidad sexual con la anormalidad y enfermedad, lo cual contribuye a no atender de forma correcta las necesidades que la comunidad puede tener. En cuarto lugar, la intervención psicológica realizada en los centros especializados u hospitales está enfocada en el marco de la salud sexual en enfermedades de transmisión sexual y VIH/sida (específicamente en consejerías pre y post test, así como en la adhesión al tratamiento farmacológico en caso de presentar una enfermedad de transmisión sexual). En quinto lugar, la atención psicológica no siempre es realizada por profesionales de psicología sino también por otros trabajadores de salud (obstetrices, promotores), debido a la ausencia o déficit de este servicio en las instituciones. Finalmente, no hay un registro oficial, elaborado por arte del estado peruano, sobre las características de la salud mental de las personas LGBTI, ni del acceso a servicios. En este sentido, la información que se presenta a continuación, proviene de investigaciones realizadas por organismos particulares, ONGS y colectivos. (Velarde, 2011; Jaime, 2013)

Las necesidades en salud mental de la población LGBTI van a variar según la edad de la persona LGBTI, según si es una persona gay, lesbiana, trans o bisexual, según las redes de soporte social con las que cuente, según las características de su salud física, según el riesgo de exposición a violencia y según el estrato socioeconómico.

En la comunidad LGBTI adolescente o adulta joven, el proceso de aceptación de la identidad y orientación es un etapa difícil emocionalmente, no solo por lo que implica el discernimiento de la propia subjetividad (momento que puede estar acompañado de muchas dudas, falta de información, miedos y culpa), sino por la posibilidad de que tanto la sociedad como la familia pueda rechazarlos. En este sentido, la atención psicológica ofrecida por los servicios de salud especializados suele ser vista como insuficiente. De no contar con una red de soporte social (sobre todo familiar), los riesgos en salud mental durante esta etapa abarcan la dificultad de autoaceptación, baja autoestima, episodios depresivos, riesgo de suicidio, exposición a situaciones de violencia y angustia. Cabe señalar que si bien estos riesgos también son reportados por adultos y adultas LGBTI, la posición de indefensión y dependencia material de los y las adolescentes LGBTI ocasiona una mayor situación de desventaja. (Velarde, 2011; Jaime, 2013)

Debe hacerse una mención especial sobre el tema de violencia hacia la población LGBTI por parte de la familia. Si bien no hay un registro oficial de las situaciones de violencia familiar (tanto física como psicológica) para adolescentes LGBTI, se han realizado campañas de visibilización y registro de esta problemática, iniciativas que han sido elaboradas por diversas instituciones (por ejemplo, la Red de Prevención y Atención en Violencia Familiar, Sexual y de Género de Loreto), siendo la información del Colectivo No Tengo Miedo (2014) uno de los insumos más recientes e interesantes pues recoge la voz de los y las propias afectadas, así como el informe de Velarde (2011).

La dificultad de autoaceptación, baja autoestima, episodios depresivos, riesgo de suicidio, exposición a situaciones de violencia y angustia en las personas LGBTI son problemas muy complejos, originados habitualmente en el ámbito familiar pero que se presentan en otras instancias de sus vidas. El resquebrajamiento de los vínculos familiares suele darse durante la adolescencia o adultez joven de la persona LGBTI, una vez que comienza a plantearse la autoaceptación de su identidad y orientación, y suelen continuar a lo largo de la vida. El rechazo y falta de apoyo familiar genera, en ocasiones, la tendencia al consumo de alcohol y drogas, las dificultades para realizar un proyecto de vida, abandono o expulsión del hogar. (Velarde, 2011).La frecuencia de consumo de alcohol y drogas también puede estar relacionada a la socialización en salidas nocturnas o a la exposición a situaciones sexuales intensas o de riesgo (Cáceres, Salazar, Rosasco; 2007).

En el caso particular de las personas trans, los conflictos familiares suelen ser mucho más fuertes y las manifestaciones de violencia explícita abarcan, además de golpes y actitudes hostiles de diversa consideración, violaciones e intentos de asesinato por parte de miembros de la propia familia. Sin embargo, esto no quiere decir que no se puedan presentar los mismos hechos cruentos de violencia en el resto de la población LGBTI. (Velarde, 2011). El consumo de alcohol y drogas, para este grupo, puede estar relacionado con factores adicionales a los ya detallados, si es que la persona trans se dedica al trabajo sexual: pueden recurrir a éstos para lidiar con el trabajo sexual o a solicitud de sus clientes (Cáceres et al 2007; Salazar et al, 2010).

Otra fuente de depresión y riesgo suicida emergen en el contexto de las relaciones de pareja que la población LGBTI establece. Los problemas de pareja de la población son un motivo de consulta frecuente.

Sobre el tipo de intervenciones recibidas por parte de la población LGBTI, se detecta una ausencia o déficit de capacitación en torno a conceptos como identidad de género, orientación sexual, diversidad sexual y prácticas sexuales. Esto, unido con las intervenciones más de corte religioso, moralista o patologizante, origina que la población LGBTI cese o interrumpa su búsqueda de ayuda profesional o que reciba un servicio que represente un perjuicio a su salud mental más que una intervención beneficiosa. En algunos casos, se opta por buscar centros particulares en donde el profesional cuente con una mayor sensibilización y conocimiento de sus problemáticas, pero esta alternativa solo es viable para personas de la comunidad que puedan costear dicho servicio. Una carencia específica en las intervenciones psicológicas hacia la población trans es la ausencia de soporte emocional en los procesos de modificación corporal.

Se han reportado explicaciones que vinculan los problemas familiares con el surgimiento de una persona LGBTI. Dentro de las razones esgrimidas, están las condiciones familiares complicadas, el autoritarismo, la ausencia de figura paterna, la falta o exceso de afecto materno. También se han registrado la utilización de terapias correctivas o de cura de la homosexualidad, a pesar de la prohibición de esta práctica, el cuestionamiento de su efectividad y el reconocimiento del carácter violento de estos intentos (APA, 2013). En estos casos, es la familia de la persona LGBTI adolescente o adulta joven quien solicita el servicio. Este tipo de terapias incluyen reclusiones, discursos religiosos y castigos para

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desaparecer la “conducta problemática”. La existencia de estas instituciones fomenta la patologización de la comunidad LGBTI, así como la discriminación y violencia por orientación sexual e identidad de género, contraviniendo los acuerdos internacionales, tanto médicos y de derechos humanos, sobre la exclusión de la homosexualidad como una patología

Para finalizar, es importante describir la dinámica de atención psicológica para la población que vive con VIH/sida. La atención psicológica sí está contemplada dentro de la estrategia de atención, bajo el formato de consejería pre y post diagnóstico, soporte emocional, identificación de redes de soporte y pautas para el tratamiento TARGA. Cabe mencionar que el consejero o promotor de pares, así como otros profesionales de la institución, suelen hacer también esta labor.

A pesar de que la atención está focalizada en estos aspectos, los y las profesionales se percatan de la necesidad de un acompañamiento distinto para algunos casos, pues la presencia de un diagnóstico puede originar problemas depresivos y de ansiedad que no solo afectan la salud mental y bienestar de la persona, sino que también afectan su adhesión al tratamiento.