• No results found

The reader in two worlds – real and fictional

PART III: THE SIMULATED SELF

6.2 The reader in two worlds – real and fictional

Sé que el sol me derrota... Pienso: el lugar de los hombres es una línea trazada entre la desesperación y el silencio.

José Luis Peixoto

No es del todo verdadera esa sentencia bíblica que señala que la luz es capaz de vencer a la oscuridad. Y si hay dudas al respecto, basta leer Nenhum Olhar, la novela de José Luis Peixoto, publicada en 2000 y ganadora del Premio José Saramago en su segunda edición. No se pue- de decir que el texto ficcional homologue la «Palabra de Dios», porque en realidad lo que domina el clima narrativo, es la actuación impoluta del demonio. Ahora bien, que intenta imitar su estructura, de eso no hay dudas. Como en el corpus doctrinal, también se puede reconocer un Antiguo y Nuevo Testamento, aunque no con esos títulos. Peixoto es menos ambicioso y se limita a pensar los acontecimientos divididos en dos Libros como una profecía autorrealizada. Es cierto que hay un Apocalipsis al final y que, probablemente, coincide con el esbozado en el imaginario católico, pero ocupa ese sitio compensando la falta de un Génesis redentor.

El personaje José que articula ambas secciones tiene el mismo nombre y sin embargo, obedece a dos personas narrativas diferentes. En un caso, es el padre y en el otro, el hijo que le sucede. Ambos son sujetos pasivos de la historia que les toca vivir y están trazados con un paralelismo que los identifica y que los torna dignatarios de la ficción. La luz solar es un determinante de la narración considerando que ésta se pasa en el Alentejo portugués donde el calor es abrasador y no da treguas. Es este calor el que permanece aún cuando cae la noche y se revelan los infortunios que dan origen a las tramas personales. José es provocado por el demonio en la taberna de Judas, esa suerte de edén profano que recuerda también las tentaciones de Jesús en el desierto.

En el primer Libro, mientras beben vino, le revela con cierto sarcasmo una información que lo altera y lo deja a la defensiva: el gigante parece conocer mejor a su mujer que él mismo. José sabe que está siendo ins- tigado pero sospecha que puede haber algo de razón en la ironía y esta duda lo tortura existencialmente, máxime cuando hay un hijo de por medio que es criado con la convicción de que le pertenece por derecho. La acción narrativa de esta primera parte focaliza en este agobio mental que confronta la desconfianza con la certeza y que pone en juego las razones mismas de la vida, siendo éstas tan vagas. A pesar de que el hombre más sabio de la aldea, el viejo Gabriel, media para garan- tizar la paz, José paga muy caro el titubeo –primero– y el saber –des- pués–, porque no puede contra las fuerzas del gigante que es tres veces mayor que él y que acaba con sus defensas. Confrontado con una ver- dad que no lo hace libre, flagra a la mujer con el enemigo en circuns- tancias de las más cómplices; y en virtud de esa revelación que recrude- ce su angustia, decide interrumpir su vida y se cuelga del árbol que protege su oficio de pastor.

Es esta tragedia la que pone fin al primer Libro y establece los presupuestos necesarios del segundo, en el que el hijo ocupa el lugar vacío de la historia. El nuevo personaje llamado por el mismo nombre no desmiente su origen pese a la duda de su progenitor. Sus rasgos y actitudes lo confirman como así también la tristeza y la irrealización que le son constitutivas. Instigado por el demonio, le cabe al protago- nista disputar en silencio a la mujer que ama y que es esposa de su primo Salomón. Aceptando un noble sacrificio personal fundado en la inercia y la cobardía se detiene a medio camino de la conquista y se resigna ante la derrota segura. Hereda la culpa del padre y es fustigado por su causa ya que experimenta la misma condena irresoluble que lo aleja de la felicidad. En ese instante donde el doblegar de brazos se hace evidente, no necesita autoinfligirse un castigo porque el fin del mundo lo sorprende como a todos, sumergido en la mayor indefinición y el peor fracaso: la desolación de la condición humana.

Este relato anti-bíblico de José Luis Peixoto se caracteriza por una indagación exacerbada que se comparece más con la vida que nos toca vivir que con las promesas que se nos han hecho desde los discur-

sos religiosos. No es un realismo documental, sin embargo. Está pobla- do de las mismas imágenes que los cuentos místicos y reproduce a pie juntillas los nombres propios de los libros sagrados. Lo que sí pone en evidencia –y en esto es paroxístico– es la eterna lucha del bien contra el mal donde el padecimiento parece ser el leit motiv del decurso humano. El sabor amargo de la experiencia y su densidad existencial muestran – a las claras– que no hay utopía posible al final del camino y menos aún, salvación eterna. Una suerte de pos-metafísica se dibuja en la novela aunque conjugada con la risa irónica de un diablo de saco y corbata que parece haberle ganado la partida a un Dios abandónico.

La excesiva materialidad de la ficción de Peixoto por más que niega la esperanza, no conspira contra el amor como única posibilidad. Lo recupera –no obstante– con una fuerza precaria e insuficiente que no garantiza la dicha, sino apenas la atisba. Sombrío, tremebundo, mágico y decadente es este texto del autor portugués que inicia su tra- vesía intelectual por el mundo y que espera su llegada a la Argentina en idioma español para exorcizar las falsas consciencias construidas alre- dedor de la fe en occidente.

Publicado en Hoy día Córdoba, Suplemento Magazine Cultura