Mi trabajo está enmarcado por los llamados “estudios de guerra”. Los estudios de guerra reciben generalmente el aporte de diferentes disciplinas como la filosofía, la ciencia política, la sociología y otras ciencias sociales y otras más técnicas como la electrónica, la mecánica y la química (puestas al servicio de la creación de armamento). Los estudios de guerra están a la vez divididos en tres áreas: la primera es el “arte de la guerra” que se encarga de la evolución de la táctica y la estrategia y el uso de tecnologías durante conflictos armados; la segunda es la “historia de la guerra” y la tercera es la teoría de la guerra que se ocupa de encuadrarla en la evolución del estado y su aparato burocrático principalmente desde las ciencias sociales. Sobre Latinoamérica los debates de estudios de guerra se han dado principalmente desde esta última área: desde el trabajo de Charles Tilly17, que inaugura el modelo conceptual del “enfoque belicista” en la formación de los estados europeos, ha nacido un incipiente interés desde la ciencia política18 en cuanto a la experimentación de ese modelo en países hispanos.
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Agradezco por las estimulantes conversaciones sobre los modelos de estudios de guerra y su relación con los estudios de formación del estado en las ciencias sociales a Matías A. Bargsted del departamento de Political Science de la Universidad de Michigan, Ann Arbor.
17
Me refiero a sus trabajos The Formation of Nation Status in Western Europe. Princeton University Press: 1985, y Coercion, Capital, and European Status, AD 990-1992. Cambridge: Blackwell, 1992.
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La rama de la ciencia política que se encarga de los estudios de guerra es la llamada International
Relations o World Politics. Desde el nombre mismo de estas áreas tenemos la asunción de que la guerra se
El modelo de Tilly es un modelo conceptual (no matemático) sobre la formación del estado a través de la guerra que analiza principalmente la cantidad e intensidad de conflictos bélicos y su impacto en la formación y consolidación de la “institucionalidad estatal”. Para Tilly existen cuatro actividades principales del gobierno: la primera es hacer la guerra para delimitar sus límites internos y externos, la segunda es la coerción interna (a través de la violencia de la policía o el ejército) de factores que puedan poner en peligro la cohesión estatal, la tercera es la protección y estimulación de personas o instituciones adeptas al gobierno y finalmente es el cobro de impuestos: “the extraction of resources form the population they are attempting to control” (Tilly The Formation… 130). La primera tarea es la de mayor importancia ya que es fundacional al demarcar sus límites externos demarca sus límites externos también y crucial para la unidad, solidez y centralización del poder.
Para el caso latinoamericano este llamado “enfoque belicista de la formación estatal” se ha aplicado en trabajos fundacionales como los de Miguel Ángel Centeno19, Fernando López-Alves20 y Cameron Thies21. Estos politólogos aplican el modelo de Tilly para mostrar las consecuencias opuestas al modelo europeo: el estado en Europa se forma y consolida a través de las guerras, en Latinoamérica no hubo tantas guerras como en
19
De Miguel Ángel Centeno cfr. Democracy within Reason: Technocratic Revolution in Mexico. University Park: Pennsylvania State University Press, 1997. Centeno and Fernando López-Alves. The
Other Mirror: Grand Theory through the Lens of Latin America. Princeton, N.J.: Princeton University
Press, 2001. Blood and Debt War and the Nation-State in Latin America. University Park, Pa: Pennsylvania State University Press, 2002. y Warfare in Latin America. The international library of essays on military
history. Aldershot, England: Ashgate, 2007.
20
De López-Alves cfr. López-Alves, Fernando. State Formation and Democracy in Latin America,
1810-1900. Durham: Duke University Press, 2000.
21
“War, Rivalry and State Building in Latin America”. American Journal of Political Science. V49. #3. 2005, 451-465. En este trabajo Thies intenta reformular la variable de la “guerra” por la idea de “rivalidad interestatal” que le permite aplicar el modelo de Tilly con un mayor margen de eficacia en sus “resultados” (“son eficaces” porque se acercan más al modelo de Tilly).
Europa, por lo tanto los estados van a existir pero con una debilidad estructural ya que la falta de la amenaza externa debilita la centralización del poder (Centeno Blood… 138).
Existen en esa aplicación al menos tres problemas centrales: el primero, es que el modelo es literalmente eurocéntrico ya que está basado en casos europeos. El segundo, es un a priori del modelo en cuanto a la asunción de un núcleo estatal preexistente ya que postula un origen del estado que existe en el presente y del que se retrotraen sus
cualidades coyunturales; dicho de otro modo, asume que los estados latinoamericanos que sufrimos hoy en día son iguales a sí mismos desde un comienzo, que son
trascendentes y transcendentales a la vez22. El último problema es el concepto de guerra ¿cómo define este modelo un fenómeno de casi imposible definición? La guerra a partir del siglo XIX según los analistas de las ciencias sociales es un fenómeno que debe cumplir sí o sí las siguientes cinco características: 1- debe tener una significativamente alta tasa de mortandad o total mortandad de alguno de los participantes, 2- debe
expandirse la zona de mortandad desde el frente a objetivos civiles, 3- debe existir una alta carga ideológica capaz de asociar a los participantes entre sí mismos y frente a un enemigo (lógica amigo/enemigo), 4- debe involucrar a grandes partes de la población en el combate o en tareas de apoyo y 5- debe ser un evento capaz de militarizar a la sociedad lo cual implica que las instituciones estatales se definan por su participación en y juicio
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En mi opinión sería bastante polémico llamar estados a los primeros núcleos de poder asociados generalmente con asambleas legislativas, juntas de representantes, cabildos ad-hoc y tantos otros etcéteras de principios de siglo XIX. Si seguimos la definición de estado –un tanto formal- que propone Oscar Oszlak, en La Formación del Estado Argentino, la existencia de un estado presupone: 1) La capacidad de proyectar poder, obteniendo reconocimiento en un sistema interestatal como unidad “soberana”; 2) la capacidad de institucionalizar la autoridad y de monopolizar los medios de coacción dentro de un territorio, y 3) la creación de instituciones públicas diferenciadas y funcionales. El problema aquí es doble: esta definición es una deducción de las características de los estados del siglo XX que de ningún modo va a poder coincidir con la deformidad de poder que implica la primera mitad del siglo XIX y, por otro lado, la definición dejaría afuera a todos los países que, inclusive en el siglo XX y XXI, en algún momento de su existir no cumplieron con alguno de estos tres requisitos (y principalmente con la difusa idea de
al conflicto armado (Centeno Blood 21). Bajo esta estricta definición llegamos a la conclusión de que se dan muy pocas guerras en el nuevo mundo. De ese modo en el siglo XIX en Latinoamérica solo hubo “solamente” 15 guerras23 -como si una no fuera
suficiente-, el resto de los conflictos armados son llamados simplemente “guerras civiles” (Centeno Blood… 44-45) y afectan al modelo belicista porque ellas son las que no
permiten la consolidación nacional. Para Centeno muchos de estos 15 conflictos quedan fuera también de la definición de “guerra” (porque hay una “guerra absoluta” frente a una “guerra limitada”) ya que no cumplen con el “modelo de Singer y Small” de un mínimo porcentual de mil muertes por año; si esto no se cumple entonces no es “guerra” (Blood 34):
Latin America has experienced low levels of militarization, the organization and mobilization of human and material resources for potential use in warfare. Latin Americans have frequently tried to kill one another, but they have generally not attempted to organize their society with such goal in mind. The region has experienced what we may call a violent form of peace. (Centeno Blood 35).
Finalmente, en estos “modelos” causales lo que se va a concluir es que a causa de la ausencia de guerra existe hoy en día una ausencia de centralización de la autoridad institucional y una falencia en cuanto a la administración de violencia organizada políticamente en los estados Latinoamericanos (261-262). El paradigma de las ciencias sociales es simplemente uno de los lugares desde los que se analiza el fenómeno bélico.
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Las guerras que incluye Centeno en Blood and Debt (44) que son las que el resto de los críticos sigue también son: La Guerra Cisplatina (1825-1828) entre Argentina, Brasil y Uruguay; La Guerra Grande del Plata (1836-1851) entre Uruguay, Brasil, Argentina, Francia e Inglaterra; La guerra de la confederación Peruano-Boliviana con Chile (1836-1839); La independencia de Texas (1836); la Guerra de los Pasteles entre México y Francia (1838); La Guerra Peruano-Boliviana (1841); La Guerra Mexicano-Americana (1846-48); La Guerra Franco-Mexicana (1862-1867); La Guerra entre Ecuador y Colombia (1863); La Guerra contra el Paraguay (1864-1870); La Invasión de España en el Pacifico entre Chile, Bolivia, Perú y España (1865-1866); La Guerra de los 10 años entre Cuba y España (1868-1878); La Guerra del Pacífico entre Chile, Perú y Bolivia (1879-1883); La primera Guerra entre Guatemala y El Salvador (1885) y la de la Independencia de Cuba (1895-1898).
Mi posición está fuera de estos modelos analíticos que reducen y racionalizan de modo trágico la violencia entre seres humanos.
Por otro lado, podemos encontrar otro tipo de “teoría de guerra” que desde el análisis filosófico del fenómeno bélico pone al estado en una estrecha relación con la violencia bélica. Mencionaré de manera sucinta tres trabajos fundamentales del XIX que desde mi punto de vista son cruciales para los estudios actuales sobre la filosofía de guerra y estado decimonónicos latinoamericanos.
El primero es tratado bélico On War [1832] escrito por el oficial prusiano Carl Von Clausewitz a principios del siglo. Clausewitz participó activamente para el ejército prusiano y para el ejército del Zar en las campañas de Moscú (1812-1813) durante las guerras napoleónicas24. On War refleja distintos momentos del pensamiento político y teórico de Clausewitz y está enmarcado por un mundo que ha cambiado debido a la movilización total de la sociedad a las armas25 y el avance de la tecnología bélica en las guerras napoleónicas. En este contexto la guerra para Clausewitz tiene dos momentos y dos grandes conceptualizaciones: la primera es la popular formula que considera que hacer la guerra es una forma de continuar por otros medios una política estatal: “War is a mere continuation of policy by other means” (119)26; y la segunda es la guerra moderna
24
Para más datos sobre la biografía de Clausewitz cfr. la introducción a On War de las ediciones de Pelican o Penguin de Anatol Rapaport. O también el trabajo de Raymond Aron. Clausewitz: Philosopher of war. London : Routledge & Kegan Paul, 1983.
25
Cfr. Shelby T. McCloy “Military Inventions” en French Inventions of the Eighteenth Century. Lexington, KT: Universtiy of Kentucky Press, 1952.
26
Para analizar en profundidad las diferentes formulaciones de esta afirmación en Clausewitz y sus consecuencias en el plano politico cfr. Etienne Balibar. “Politics as War, War as Politics.
Post-Clausewitzian Variations”. Public Lecture, Alice Berline Kaplan Center for the Humanities, Northwestern University, Evanston, May 8, 2006. y Alain Joxe and Sylvère Lotringer. Empire of disorder. Semiotext(e) active agents series. Los Angeles, CA: Semiotext(e), 2002.
como una máquina anárquica: “the destructive force of the elements set free” (387)27. Para el teórico prusiano la guerra está íntimamente relacionada con el estado ya que es solo él quien puede declararla y llevarla a cabo: “State policy is the womb in which War is developed, in which its outlines lie hidden in a rudimentary state, like the qualities of living creatures in their germs” (203). No obstante, en sí misma tiene un grado imposible de controlar e imposible de teorizar:
War is the province of chance. In no sphere of human activity is such a margin to be left for this intruder, because none is so much in constant contact with him on all sides. He increases the uncertainty of every circumstance, and deranges the course of events. (Clausewitz 140).
A esto se le agrega una dimensión más: para Clausewitz durante la guerra coexisten tres planos simultáneamente: un factor racional que está determinado por la naturaleza política de ésta, un factor irracional que es el odio y la animosidad como violencia que responde solo al instinto y, por último, la suerte, el elemento inesperado en el que la guerra se puede desatar como un autómata (140). De estos tres planos de la guerra el primero -su capacidad de ser racionalizada por una decisión política- es el más conocido y más explotado de Clausewitz. El segundo y el tercero son parte de la máquina incontrolable y es el lugar en el que la teoría de guerra exige historicidad, exige
considerar a cada guerra en su singularidad pero como un momento pasado en la Historia de la Guerra.
En segundo lugar, podemos encontrar en la “teoría de guerra” el influyente trabajo de Hegel y su concepto de guerra elaborado en sus Lectures on the Philosophy of
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Daniel Pick llama a este fenómeno “fricción” aprovechando las metáforas mecanicistas de Clausewitz. Para un excelente análisis de este elemento en On War cfr. su capítulo “Clausewitz and Friction” en War
Machine. The Rationalisation of Slaughter in the Modern Age. New Haven, CT: Yale University Press,
the World History [1822-1830] y desarrollado en relación con estado en sus Elements of the Philosphy of Right. Para empezar debemos considerar que en el paradigma hegeliano el Estado despliega en su devenir histórico la idea de soberanía; esto es, el estado es soberano porque es una unidad en sí y para sí (Hegel, Elements… §257-259). La unidad estatal establece límites móviles e interconectados y da forma y contenido a un interior y a un exterior: demarca un interior constitutivo y al demarcarlo discrimina y establece un
exterior próximo (aunque siempre amenazante). Ahora bien, el exterior ya está incluido
en el interior ya que lo afecta constantemente: afecta su unidad al demarcar otro negativo que compromete su composición y su despliegue en sí. Este despliegue para-sí es también un despliegue para-otros ya que el ser-en sí y ser-para-sí está también en la constitución de otros estados28. Esta relación invertida, por lo tanto, es una operación constitutiva del estado mismo: es el momento negativo del estado al presentarse como un exterior para otro estado, es el momento en que éste puede hacer efectivo su interior. En palabras de Hegel ese momento de soberanía externa
appears as the relation of another to another as if the negative were something external. The existence of this negative relation therefore assumes the shape of an event, of an involvement with contingent occurrences coming from without. Nevertheless, this negative relation is the state’s own highest moment. It is that aspect whereby the substance, as the state’s absolute power over everything individual and particular, over life, property, and the latter’s rights, and over the wider circles within it, gives the nullity of such things an existence and makes it present to the consciousness”. (Elements … §323)
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“Without relations with other states, the state can no more be an actual individual than an individual can be an actual person without a relationship with other persons. On the other hand, the legitimacy of a state and more precisely –in so far as it has external relations- of the power of its sovereign, is a purely internal matter. On the other hand, it is equally essential that this legitimacy should supplemented by recognition on the part of the other states. […] In the case of nomadic people, for example, or any other people at a low level of culture, the question even arises of how far this people can be regarded as a state.” (§331)
La interacción dialéctica entre interior y exterior es la que establece la
“existencia” de los componentes interiores en tanto realidad objetiva del estado: un todo que articula sus partes y las pone en existencia dentro de un espacio que se constituye al mismo tiempo y porque se constituye articula, por ende, sus partes. La guerra es la expresión máxima de esta soberanía externa e implica históricamente un momento antropológico en la formación estatal (Lectures… 160). La guerra implica la
consolidación interna del estado ya que además de constituirse en-sí y para-sí requiere “el sacrificio” del individuo como “deber universal” (Elements… §325)29. La guerra es al mismo tiempo un agente de perfeccionamiento estatal y nacional: “The higher
significance of war is that, through its agency, the ethical health of nations is preserved in their indifference towards the permanence of finite determinacies [sic]” (§324).
Tenemos en Hegel una clara relación entre guerra, formación, conservación y evolución estatal: el nacimiento del estado y evolución histórica dependen siempre de la guerra como relación externa, mientras que en Clausewitz la afirmación está invertida: es de la “matriz” del estado de la que nace la guerra, existe un estado ya conformado que es el único que puede llevarla a cabo. Existen otras posiciones similares a la de Hegel en cuanto a la guerra como elemento creador estatal. La más significativa es la de
fenomenología de la guerra que propone Pierre-Joseph Proudhon en su poco conocido ensayo War and Peace [1861] 30. Para Proudhon toda sociedad esconde siempre la idea de guerra como base de su fundación. En la guerra se puede encontrar el vínculo esencial
29
El individuo sacrifica su vida y su ser-para-sí. Cuando forma parte del ejército deja ya de existir como ciudadano; el estado requiere “total obedience and renunciation of personal opinion and reasoning, and hence personal absence of mind”( §328). Esto es visto como una “unión absoluta” ya que en esta
alienación del individuo, en esa sujeción al estado en armas, está el espíritu de ser-en-sí con el todo.
30
Con su característico tono sarcástico Proudhon explora en War and Peace la política decadente en la época del “Segundo Imperio” de Luis Napoleón y el apoyo popular de las campañas de Italia y Crimea.
y real de la vida social y las relaciones intersubjetivas (202), por ende no existe la posibilidad de establecer la paz; la paz es tan solo una reformulación de la guerra en términos de lucha de clases y explotación: para abolir la guerra habría que desintegrar la sociedad (209-213). Este razonamiento del pensador francés se establece tan solo para develar la estrecha relación entre la guerra y la fundación de un estado y sus
consecuencias político-sociales. La crítica de Proudhon es que la violencia social de la época está inmersa en las entrañas de la formación del estado ya que su “útero materno” es la guerra31. Esta posición es la exactamente contraria a la afirmación de Clausewitz y nos llega hoy en día matizada por las idas de Michel Foucault en tanto plantea que “politics is a contiuation of war by other means” (Society 48) y que esta última está en la base de todas las relaciones sociales:
Right, peace, and laws were born in the blood and mud of battles … The law is not born of nature, and it was not born near the fountains that the first shepherds frequented: the law is born of real battles, victories, massacres, and conquests which can be dated and which have their horrific heroes; the law was born in burning towns and ravaged fields. (Society… 50)
La diferencia central entre los filósofos franceses es que el principio anarquista de Proudhon aboga por la disolución del estado como única forma de lograr la paz y la disolución de la guerra.
En el diecinueve latinoamericano no hay casi tratados filosóficos sobre guerra