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REASON NOT INVESTIGATED

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Las contribuciones contenidas en el libro La colonización de la na-

turaleza son a la vez propuestas

de reflexión teórica, comprome- tidas con las luchas ambientales. El núcleo de la obra está consti- tuido en torno al avance de la mi- nería a cielo abierto en la región de América Latina, y destaca el horror de la violencia perpetra- da sobre los cuerpos y territorios tocados por la actividad mine- ra. En conjunto, se trata de una nueva forma de comprender y dar significación a los problemas ambientales.

A menudo encontramos só- lidos trabajos que abordan la hecatombe ambiental desde la crítica al desarrollo de las fuerzas productivas impulsadas por la modernidad capitalista. Los au- tores aquí reunidos no se apar- tan de ello, pero su originalidad estriba en enfocar la devastación de la naturaleza en la génesis del mundo globalizado: la Conquis- ta y descubrimiento de América. No sólo por la “biota portátil”1

que traían consigo los conquista- dores, sino por las consecuencias que asumió la lógica del descu- brimiento.2

Y es el gran mérito de los autores, centrar la atención en

este aspecto. La Conquista fue mucho más que el trabajo y el sacrificio del noventa por cien- to de la población originaria, y mucho más de lo que tal vez fue la mayor sucesión de catástrofes ecológicas. El verdadero papel de la Conquista residió en natu- ralizar –hasta la actual globaliza- ción– las relaciones coloniales de dominación y subalternidad. Desde entonces –nos dice Ali- monda– la persistente colonia- lidad afecta tanto la realidad biofísica como la configuración territorial. Al igual que sus habi- tantes, la naturaleza aparece en el pensamiento hegemónico como un espacio subalterno que puede ser explotado, arrasado y recon- figurado de acuerdo a las necesi- dades presentes de acumulación. La Conquista es también el fenómeno fundante de la moder- nidad y, con ella, el despliegue de una dimensión conceptual de pensamiento universalmente válido que extermina los sabe- res y las prácticas culturales, en relación con la naturaleza, desa- rrolladas durante milenios por los pueblos no occidentales. El Enemigo –queda claro– es la na- rrativa de la modernidad y, así, el capitalismo.

Los artículos invitan, a con- tracorriente del pensamiento unidireccional, a cambiar la mi-

rada; a contextualizar los conflic-

tos ambientales en la persistente continuidad de subordinación y

colonialidad que permiten al siste-

ma internacional de acumulación vigente y a las élites de los Esta- dos Nacionales, arrasar la natu- raleza latinoamericana. La pro- puesta implica cambiar el guión histórico de la cultura lineal de progreso, sea de derecha o de izquierda, y en su lugar –como señala Weinstock– fundar una

mirada descolonizadora conducen-

te a otro “Locus de enunciación” desde la mirada de los pueblos que apuestan la vida por la de- fensa territorial. Porque defen- der el territorio, enfatiza Palacín, es defender todo, el pasado, el presente y el futuro.

Desde luego, para quienes estamos convencidos de que la historia del capitalismo es una lucha de clases, la propuesta de la mirada descolonizadora plan- tea nuevos retos que es necesario resolver (no sumar a la cuenta). Pues, como también señala Ali- monda, para la historia ecológica, una biodiversidad arrasada por la introducción de monocultivos, 1 meLviLLe, “Plaga”, 2009. 2 de sousa, “Epistemología”, 2009. So ta vent o 181

no tiene la mayor importancia que la mano de obra provenga de un esclavo o de un nativo.

La relación entre la mirada descolonizadora y la lucha de clases tienen en común el ob- jetivo por el cambio y la lucha contra la violencia; ya sea con- tra la violencia materializada en la narrativa universalizante de la modernidad, que barre la diver- sidad de saberes, o contra la vio- lencia inherente a la imposición del trabajo. La diferencia radica en la falta de colorido e imagi- nario que tiene el discurso de la lucha de clases al apostar por una revolución que deja fuera todas las formas naturales tradiciona- les creadas por las culturas no europeas.

Una lucha de clases carente de los aportes de las narrativas no occidentales no puede sino con- ducir al fracaso, pues, al mante- ner su identidad con la narrativa de la modernidad, la buscada li- bertad es colocada en un mundo previamente creado a partir de

la violenta separación del hom- bre con su naturaleza. Las luchas socioambientales contra los me- gaproyectos mineros, agroindus- triales y de infraestructura, son contra esa separación. El dolor y la memoria, levantados sobre las ruinas de lo despedazado y sacri- ficado, se nutre de la experiencia pasada y presente del vivir colo- nizados y de la imagen de una naturaleza brutalmente golpeada en el marco de la explotación ca- pitalista.

Frente a esto, nos dice Svam- pa, las luchas indígenas reivin- dican sus derechos y apuestan la vida por un “giro eco-territo- rial”, dentro del cual converge el Buen vivir. Ahora bien, ¿qué posibilidades existen para una lucha que apuesta por la susti- tución del paradigma narrativo de la modernidad y en su lugar coloca una pluridiversidad de na- rrativas orientadas al respeto de la naturaleza y el hombre? Por lo pronto parece que muy po- cas y, sin embargo, el horizonte

se vislumbra prometedor. En las narrativas de los pueblos origi- narios encontramos dos de los rasgos imprescindibles de toda

narración libertadora: la inverosi-

militud y la esperanza.

El papel del narrador consis- te en mantener la esperanza de los hombres dentro de sus posi- bilidades, el narrador es hombre que sabe aconsejar a sus oyen- tes.3 Pero, el consejo no debe

presentar las cosas de manera racional. Al contrario: “No hay tarea más ajena al narrador que la desmitificación […] Por eso, por ser esperanzada y esperanzadora, la narración es incurablemente

ingenua”.4 Sin duda, tratar de ter-

minar con la explotación natural y humana parece ingenuo, pero esperanzador. Este libro es una excelente introducción a la com- prensión de aquello que parece ingenuo: defender con la vida el agua, la tierra, el aire y la llama de la esperanza.

3 beNjamiN, “Narrador”, 1999, p. 44 [1936]. 4 savater, “Infancia”, 1994, p. 3.

Bibliografía referida

beNjamiN, Walter, “El narrador”, en Obras completas, libro ii, vol. 2, Madrid, Abada, 2009.

de sousa, Boaventura Santos, Una epistemología del Sur, México, Siglo Veintiuno Editores / CLaCso, 2009.

meLviLLe, G. K. Eleonor, Plaga de ovejas. Consecuencias

ambientales de la Conquista de México, México,

Fondo de Cultura Económica, 1999.

savater, Fernando, La infancia recuperada, Madrid, Taurus, 1994. N ostr o mo 182

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