PSI Aktiengesellschaft für Produkte und Systeme der Informationstechnologie, Berlin, 31 December
C. NOTES ON THE CONSOLIDATED BALANCE SHEET
5 Receivables from long-term development contracts
Al analizar el conjunto de hechos y episodios de protestas de la década de 1970, se hace evidente que la última parte de los mismos (sobre todo aquellos ocurridos después de 1975) tuvieron un claro carácter nacional (Cf. Capítulo 5); es decir, ocurrieron no solo en ámbitos translocales y nacionales que rebasan el marco de la comunidad campesina como tal, sino que también convocan a habitantes rurales de múltiples zonas del país, hacen reivindicaciones generales que afectan al conjunto de la vida económica y sociopolítica rural, y generan un impacto nacional que configura coyunturas políticas también en todo el territorio.
Siendo de ese modo, no resulta extraño que de un primer acercamiento a aquellas movilizaciones se tienda a priorizar el estudio de las mismas en su escala nacional. Uno podría, después de todo, estudiar las características macro-institucionales de FECCAS y UTC, federadas además en la FTC y coaligadas con otros actores populares en el BPR; analizar su discurso público, sus documentos internos y el despliegue de su actividad política en el
ámbito nacional. Sin embargo, al introducirnos con mayor profundidad en los orígenes de este actor particular, se hace evidente que la constitución del mismo, la formación particular y característica del actor rural salvadoreño del período, fue el producto de la acción interactiva que una multiplicidad de actores (enraizados y vinculados con procesos de escala nacional, claro está) desplegaron entre el campesinado en el marco de lo local.
Por consiguiente (y sin desmedro de las características macro apuntadas), consideramos que la dimensión interactiva y local de la formación de la contienda política (cristalizada, para nuestro caso, en la formación de FECCAS y UTC y el despliegue de su actividad
contenciosa), debería constituir, al día de hoy, el núcleo central de la indagación histórica de la formación del movimiento campesino de la década de 1970. Y, en ese mismo sentido, postulamos aquí que cualquier marco explicativo de alcance nacional sobre los orígenes de la
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contienda política señalada (es decir, del proceso de su constitución) debería estar sustentado en la reconstrucción histórica y comparada del proceso de su formación en la escala local, donde es posible aprehender la acción de los múltiples actores que fueron sus artífices directos y concretos.
Y, de hecho, este ha sido precisamente el modo de proceder de múltiples historiadores
preocupados por la producción de esquemas explicativos (o, por lo menos, de aproximaciones explicativas) de alcance nacional (o esquemas comparados de regiones particulares de varios países) sobre el cambio sociopolítico y los procesos revolucionarios de base campesina en América Latina en general. Para el caso mexicano (probablemente el ejemplo más importante para el enfoque aquí propuesto), los estudios históricos de Alan Knight (2012 [1986]) y sus reflexiones teóricas de ellos derivadas (2002 [1994]) sugieren, precisamente, que lo que en un panorama nacional aparece como una gran revolución triunfante que modificó
estructuralmente la vida económica y política del país (Cf. Knight 2013; 2005 [1985]), está constituida en realidad por múltiples revoluciones (y disputas contrarrevolucionarias) locales con diferente arraigo en regiones particulares del gran territorio mexicano. Como dice el autor al comentar la importancia del trabajo de James Scott en el estudio del proceso mexicano:
Sus argumentos se pueden aplicar a muchas zonas y actores “revolucionarios”: regiones, comunidades, barrios, clientelas, clanes, familias e individuos. Pero no todo México era “revolucionario”. Sin acudir a la burda dicotomía de “campesinos revolucionarios y no revolucionarios”, tenemos que reconocer que en México, al igual que en Francia o Rusia o China o Bolivia o Cuba, la revolución tenía una geografía precisa. ¿Por qué algunas partes de México fueron especialmente apacibles después de 1910, por ejemplo, gran parte del noreste (Nuevo León, Tamaulipas), partes del Centro y del Bajío (Aguascalientes, Guana) nato, Que re taro), gran parte del sur y del sureste (Yucatán, Campeche y Quintana Roo)? (…) Si suponemos, no obstante, que nadie cree que la protesta campesina se haya extendido de manera uniforme a lo largo y ancho del país, ni que fuera absolutamente inexistente fuera de Morelos (…), entonces debe haber existido un patrón de protesta relativa (Knight 2002 [1994], 73).
Situaciones similares se pueden apreciar, así mismo, en el movimiento campesino de los cristeros en México (Meyer 1985 [1973]) o, para citar otra región, las revueltas rurales del siglo XIX peruano que Florencia Mallon (2003 [1995]) compara con el proceso
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lo que Ospina Peralta (2016) llama “la reconversión oligárquica” y la asincrónica “crisis de lealtad” de los sectores populares costeño y serranos de aquel país. Se trata, en suma, de procesos contenciosos rurales de alcance nacional (y que, por tanto, configuran coyunturas y situaciones también nacionales) que, no obstante, están constituidos en su base por complejos procesos fraguados en el marco de lo local.
Sin embargo, y a diferencia de México y los países andinos (e, incluso de naciones vecinas como Nicaragua), El Salvador carece de hondas fracturas territoriales, lo cual podría sugerir que las diferencias locales no tuvieron aquí un peso tan significativo en la constitución de la contienda política campesina de la década de 1970. No es, sin embargo, el caso observado: la formación de la contienda política campesina de la década de 1970 ocurrió en El Salvador a través de complejos procesos locales. ¿Locales en qué términos? Como ya lo señalamos, aquí entendemos lo local como una configuración socio-territorial móvil que, dependiendo del proceso considerado, puede referir bien a un municipio, un conjunto de municipios, un departamento o, incluso, unos cuantos departamentos.14 En ese sentido, no es que la formación de la contienda política campesina haya ocurrido en regiones físicamente bien diferenciadas (y hasta opuestas), sino más bien en conjuntos territoriales diferenciados y configurados histórica, política, económica y socio-espacialmente.