Chapter 4 Director Social Status and Incidence of Fraudulent Financial Reporting
4.4 Results
4.4.7 Receiver Operating Characteristic (ROC) Analysis
En su artículo, Pedro Trigo sugiere una relación intrínseca entre modelos de Iglesia y sus correspondientes teologías:
El Concilio [Vaticano II] puso las bases para que existieran Iglesias católicas africanas, asiáticas y latinoamericanas, en comunión entre sí y con las Iglesias occidentales y por supuesto con el centro de comunión que es el Papa. Cada una de estas Iglesias tendría que desarrollar su propia teología teniendo en cuenta el desarrollo dogmático pero no menos la novedad que significa para la expresión de la fe cristiana el verterla a esas culturas.130 Después de revisar los contenidos del texto de la CDF, concluye acerca de la TL:
128Mo Sun, “O que está por tras da notificação sobre Jon Sobrino?”, 264. 129 Richard,“¿En qué Jesús cree la Iglesia?”, 201-202.
109 Por eso no sin razón pueden temer muchos que lean la Notificación que en el fondo tal vez inconscientemente se quiera neutralizar esta carga cuestionadora de este tipo de teología, que sin embargo es tan saludable para la Iglesia y para la teología.131
Encontramos, pues, un juicio de valor mesurado que pretende abrir espacios y que nos remite a explicitar la reiterada postura de autoras y autores en sus artículos sobre la
Notificación: el necesario pluralismo teológico.
Codina lo defiende desde una visión de teología fundamentalμ “Yendo más al fondo, detrás de este pluralismo de teologías y de eclesiologías se esconde algo más profundo: el
Misterio absoluto, inefable, indecible, incomprehensible, infinito, de Dios”.132
Alberto Parra, por su parte, reclama coherencia de las jerarquías con la misma enseñanza magisterial y pontificia que ya ha definido criterios y principios hermenéuticos:
Por su parte, la justa libertad de la teología la vinculó Juan Pablo II con la irrenunciable autonomía, por cuanto que la fidelidad a la Iglesia y al magisterio pastoral “No enajenan al teólogo de su tarea ni le restan nada de su irrenunciable autonomía. Magisterio y teología tienen distintas tareas que cumplir. Por eso no puede ser reducida la una a la otra, aunque ambas sirven a una sola totalidad. Se debe profundizar en ese horizonte y seguir adelante a pesar de los conflictos que siempre pueden surgir” (Discurso a los teólogos en Altöting, L´Oservatore Romano, noviembre 30, 1980, 12).
Así, dice el propio Papa, “Es deber ineludible del teólogo hacer nuevas propuestas dirigidas a la comprensión de la fe. Por ese motivo, de su esencia forman parte la discusión imparcial objetiva, el diálogo fraterno, la apertura y la disposición de cambio respecto a las propias opiniones” (Ibíd., p. 10).133
De otro lado, Ivonne Gebara reivindica con tono adversativo su tentativa de pluralismo cristológico:
131 Ibid., 286.
132Codina, “Los pobres, la Iglesia y la Teología”, 58. La negrilla es del original. 133Parra, “El método hermenéutico bajo sospecha la notificación a Jon Sobrino–“, 174.
110 Muitas vezes os impérios religiosos pregam e exigem a Cristologia da Torre de Babel. Constroem torres e do alto supervisionam as ações e os pensamentos dos trabalhadores exigindo que falem a mesma língua, mesmo sabendo que são originários de povos diferentes. Ameaçam os que falam sua própria língua com castigos diversos visto que a diversidade de línguas pode ser ameaça à hegemonia política e religiosa dos que detêm o poder. Tornam-se intolerantes e exclusivistas afirmando a superioridade cristã como pura escolha e decisão divina.... Os detentores do poder político e religioso vivem na maioria das vezes de equívocos e nos ameaçam a partir deles. Fazemnos crer que o fazem por responsabilidade eclesial, por amor a Cristo e à Verdade. Mas qual é o seu Cristo na diversidade de cristologias? Creio que, apesar da boa vontade de alguns, afirmam sua imagem de Cristo a partir de categorias imperiais e dualistas que garantiram por séculos, a superioridade do cristianismo em relação às outras aproximações religiosas.134
Paul Knitter asevera que, de suyo, la teología cristiana es teología de la liberación y, por tanto, teología pluralista. Para él, lo que está en juego es la posibilidad de una teología de las religiones, advirtiendo que “…lo que el teólogo Ratzinger y el Papa Ratzinger temen – como tantos otros teólogos y dignatarios de la Iglesia– es que tan pronto como los cristianos comiencen a reconocer el valor real y único de otras religiones y de otras personalidades religiosas (como Buda o Mahoma), pronto comenzarán a difuminarse las
diferencias reales y características de todas las religiones”.135 En el mismo sentido Rivera
Pagán entiende que la teología hoy “…implica un marcado énfasis paradójico en su
contextualidad y ecumenicidad”, lo cual obliga a “…la teología, al igual que tantas otras esferas del pensamiento, [a que pase] hoy por un proceso drástico de descolonización intelectual y espiritual. Ya no es cuestión de traducir, adoptar y adaptar la última moda
teológica europea o norteamericana”.136
Por lo anterior, José María Vigil concluye sin rodeos que “no existe “una” cristología, la
que sería “la cristología”, sino muchas cristologías… con frecuencia, cristologías diversas, y hasta adversas, se dividen, enfrentan, sirviendo a intereses contrarios, se expresan en lenguas distintas, se entregan a filosofías diferentes, convergiendo unas veces y divergiendo
134Gebara, “Cristologias Plurais”, 132-133.
135Knitter, “Una cristología liberadora es una cristología pluralista, ¡y con garra!”, 145. 136Rivera, “Entre elegías y herejías”, 204.
111 otras, aunque se sientan llamadas en todo caso a hacer su aportación a la pluralidad y la
riqueza de la vida cristiana”.137Y esto de ninguna manera debe sorprender porque “…hubo
pluralidad de cristologías ya en el principio, en el momento mismo del nacimiento de la cristología, en el Nuevo Testamento. Hay allí varias cristologías, diferentes, muy diferentes, y en buena parte, sencillamente incompatibles... Pero, sin embargo, todas ellas fueron
toleradas, y todas ellas queridas, amadas…”.138
Entonces, ¿cómo asumir los primeros Concilios, considerados magisterio extraordinario en la Iglesia Católica? Leonardo Boff interpreta el sentir de fe que llevó a la fórmula de Nicea, explicando que “…todo culminó cuando los cristianos helenistas, osadamente, afirmaron que Jesús es el Salvador, el Hijo Unigénito, la Cabeza del Cosmos y de la Iglesia, y Dios mismo. Ningún título de grandeza conseguía agotar la riqueza de Jesús. Sólo llamándolo
‘Dios’. En el fondo pensaron: ‘humano así como Jesús, solo Dios mismo’.”139 o, en otras
palabrasμ “El Dios que en Jesús se revela es humano. El hombre que en Jesús se revela es
divino”140. De cualquier modo, en todo caso, para Boff el Concilio de Nicea no resuelve un
asunto crucial: cómo se da esta unidad de Dios y humanidad en Jesucristo, lo cual queda abierto para ulteriores interpretaciones. De tal manera, no se trata de desconocer lo enseñado por ese Concilio, sino de asumirlo con la misma apertura implícita en aquello que apenas expresó. Y sobre ello hay que seguir dialogando…
En esa dirección Eduardo Hoornaert propone recuperar el espíritu de diálogo y creatividad característico del cristianismo de los tres primeros siglos y que se plasma en los Evangelios, textos que, antes que prescriptivos, interpelan al lector y persiguen la conversión y el cambio de mentalidad y de actitud de quienes escuchan. “He ahí la gran diferencia entre las fórmulas de los concilios y ‘el hecho revelado’ (en los evangelios): Las primeras son normativas, mientras el último es de orden dialogal. No se puede hablar de ‘interpretación
auténtica’.”141 En forma diferente, hay que comprender que “Nicea no es una simple
traducción o ‘adaptación’ de términos evangélicos. Hay un cambio de sentido. Los términos
137Vigil, “Cristologías contingentes”, 288. 138 Ibid., 290.
139Boff, “Cristología a partir del Nazareno”, 30. 140 Ibid., 31.
112 evangélicos son sometidos a una operación de cálculo que los transforma en instrumentos de lucha por la ortodoxia contra la herejía”142 en el contexto del imperio romano, donde se conjugaban los intereses de consolidación política del emperador Constantino, con el deseo de los cristianos de que cesara la persecución oficial.