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Recent Developments: Graduate Attributes and Program Learning Outcomes

LEONARDO BRANT, Presidente del Instituto de Diversidad Cultural y Vicepresidente

de la International Network for Cultural Diversity.

El objetivo es trazar un panorama sobre la diversidad cultural en el mundo y sus implicaciones y dimensiones en Brasil, creando las bases para establecer una agenda política que consista en los efectos de la globalización en las culturas locales, particularmente en la brasileña.

El Brasil de Lula asumió un importante papel en el ámbito internacional, ejerciendo un fuerte liderazgo en situa- ciones como el encuentro de la Organización Mundial del Comercio (OMC), en Cancún, en septiembre del 2003, cuando se creó el G21 en torno a la cuestión de la agricultura. Los enfrentamientos con los Estados Unidos, tan- to en la cuestión del Alca como en el proceso de registrar y fichar los a turistas norteamericanos en represalia al sistema que adoptaron tras el 11 de septiembre, entre otros, son episodios que adquirieron importancia en los medios de comunicación internacional, colocando a Brasil como líder del bloque de los países en desarrollo.

En el área cultural, existe un fuerte debate mundial sobre la hegemonía norteamericana. Se cree, por ejemplo, que el 85 % del contenido cultural en el mundo proviene de aquel país. La concentración de esos contenidos en manos de muy pocos grupos de la industria cultural llega a asustar. Son grupos que unen estudios de produc- ción, distribuidoras, cadenas de comunicación, con televisiones, periódicos, radios e Internet, grabadoras y dis- tribuidoras musicales.

La fuerza política que organismos como la Motion Pictures Association (MPA), asociación que congrega a las sie- te mayores empresas de cine de los Estados Unidos, adquieren en aquel país, y más recientemente en el mundo, les aporta un poder de presión capaz de modificar legislaciones de innumerables países, rompiendo bloqueos y facilitando la entrada de productos que atienden a los intereses específicos de esa propia industria y del proyec- to de hegemonía norteamericano.

La propia legislación brasileña ha facilitado la vida de los socios de la MPA, de forma que todos nuestros grandes éxitos de taquilla de la llamada «retomada» del cine brasileño son las denominadas majors.

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Vivimos un momento de euforia con el crecimiento y la consolidación de un cine capaz de generar beneficios, causando una sensación de pertenencia e identificación relevantes para el pueblo. Por otro lado, observamos que el sistema de distribución y exhibición está en manos de empresas que juegan con intereses completamente opuestos a esa premisa esencial.

El beneficio generado con esas producciones no llega al productor, que asume los riesgos de responsabilidad de esa gestión y trabaja, como regla general, con dinero público. Pero llega en buena medida al mercado distribui- dor, totalmente dominado por esos pocos grupos.

No se trata aquí de hacer un manifiesto xenófobo contra las empresas extranjeras. Solo cuestionamos la autono- mía del proceso, para no hablar del efecto de esa estrangulación a la libertad del pueblo, sin opción de elección.

Las recientes batallas en torno a la regionalización de la producción televisiva y cinematográfica, la mala distribu- ción regional de los caudales públicos, sobre todo los relacionados con las leyes de incentivo a la cultura, etc. son asuntos fundamentales cuando se habla internamente de diversidad cultural.

Contrariando las expectativas de quien trata el asunto bajo este prisma tradicional y dominante, pretendemos abordar, en este estudio, un enfoque multidimensional con el escenario externo como punto de partida para la discusión de los efectos de dicha globalización sobre las culturas locales, en general, y sobre la brasileña, en par- ticular.

En 1998, la UNESCO eligió la diversidad cultural como tema de su conferencia en Estocolmo. De allí surgieron in- numerables iniciativas, como la Declaración Universal por la Diversidad Cultural, la creación de la International Network for Cultural Policies [Red Internacional por las Políticas Culturales (INCP)], grupo de ministros de cultura de innumerables países reunidos periódicamente para discutir las cuestiones internacionales que implican a las políticas de cultura, y la International Network for Cultural Diversity [Red Internacional por la Diversidad Cultural (INCD)], de la unión de esfuerzos de la sociedad civil por el progreso y promoción de la diversidad cultural en el mundo.

Desde entonces, la INCP y la INCD actúan paralelamente y en sintonía por el desarrollo de una agenda política in- ternacional, haciendo de interlocutores con organismos internacionales en busca de un modo de evolución que

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respete y promueva el creciente comercio internacional de la cultura y, al mismo tiempo, garantice que las más diversas formas de manifestación cultural tengan su lugar asegurado y sean capaces de promover la convivencia pacífica entre naciones, pueblos y etnias.

En ese sentido, el trabajo conjunto de estas organizaciones, y de muchas otras internacionales, o incluso locales, camina hacia el desarrollo de una convención internacional en el ámbito de la UNESCO, para la definición de pa- rámetros de desarrollo que alcancen eses objetivos.

Hoy día, la instancia reguladora del intercambio de bienes y servicios culturales es la OMC que, por sus caracte- rísticas genéticas y estructurales, tiende a entender la cultura como un producto cualquiera, ignorando el impac- to de este comercio sobre la estructura social, sobre todo de los países en vías de desarrollo.

El GATS (que, traducido, significa «Acuerdo General de Comercio de Servicios») surgió como un entorno favora- ble para la (des)regulación del intercambio de bienes simbólicos, haciendo hincapié en los audiovisuales y en la industria fonográfica y editorial. En este sentido, la comunidad internacional pasa a considerar estas manifesta- ciones como servicios, sin considerar su carácter identificador y simbólico. Esa categorización reduce el entendi- miento del proceso cultural a su mínimo denominador, al elemento palpable. Se ignoran, de esta manera, los efectos de ese elemento intangible cuando es impuesto por el poder económico a estructuras sociales poco pro- tegidas, como es el caso de las naciones menos favorecidas.

En su más reciente reunión general, en octubre del 2003, la UNESCO se decidió por la Convención Internacional sobre Diversidad Cultural, que deberá tomar cuerpo hasta el 2005. En este proceso, la INCD ha contribuido a la convención con el diseño de un borrador, que trae puntos importantes sobre los que la sociedad brasileña tiene que discutir para la definición de un texto final sobre el tema.