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Recognition and De-recognition Initial recognition

En el presente apartado me gustaría precisar hasta qué punto el cuidado de sí constituye una línea que cruza el cuerpo y la subjetividad como aspectos centrales de la reflexión filosófica de Foucault. Para esto, es indispensable trazar un panorama general sobre esto último mediante ciertas preguntas: ¿el cuidado de sí es un tipo de subjetividad? ¿Acaso el cuidado de si articula más el cuerpo que la subjetividad? ¿El cuerpo y la subjetividad son simplemente tejidos que inciden en el cuidado de sí? ¿El sí mismo es familiar al cuidado de sí? Lo que impulsa la mayoría de estas preguntas, es la constitución del carácter histórico de nuestros cuerpos y subjetividades, es decir, de qué forma se van consolidando prácticas discursivas hoy en nuestro presente.

El cuidado de sí en las épocas estoicas o griegas no constituye el rostro de una identidad o máscara, puesto que el cuidado de sí representa una forma de darse a uno mismo en el sentido de procurarse o tratarse, tal como convertirse en el médico de uno mismo o estar al pendiente del cuerpo. Al menos en el Alcibíades de Platón, el cuidado de si está separado del cuerpo, ya que “cuando uno se preocupa del cuerpo, uno no se preocupa de sí. El sí no es el vestir, ni los instrumentos, ni las posesiones."196 En efecto, el cuerpo es el aspecto menos indicado para cultivar el cuidado de sí, por el contrario, para Platón el preocuparse por el alma es la actividad principal del cuidado de sí.

Por eso, el alma es la más pura y perfecta a diferencia del cuerpo; el cuerpo es la cárcel del alma. En cambio, para los estoicos el cuerpo no era tan importante como para Marco, aunque teóricamente existe una ambigüedad hacia el cultivo de sí mismo. En la carta de Marco se nota una preocupación por su salud que por la del cuerpo, no obstante, el cuerpo después de todo es un factor propiamente físico. Al igual que los órganos son parte del cuerpo, la salud es un elemento indispensable que prevalece en las condiciones más generales de lo corporal. Por tanto, el cuerpo resulta ser en la antigüedad un tema poco profundizado pero acotado directa o indirectamente en el cuidado de sí.

Es difícil pensar sólo una perspectiva de cómo se ha desarrollado el cuidado de sí durante siglos atrás; los griegos, estoicos, cristianos, etc., se instalan en un escenario adverso, debido a que la configuración del cuerpo y el cuidado de sí no corresponde a una misma práctica discursiva.

Cfr. Michel Foucault, T e c n o lo g ía d e l Y o, Barcelona, Paidós. 2010 p.59

No obstante, como observamos en el capítulo anterior el cuerpo para Foucault juega un papel importante en las relaciones de saber-poder. No es una excepción el

cuidado de sí o el sí mismo el querer ver un parentesco con el cuerpo.

Es importante hacer una aclaración; para Foucault el cuidado de sí, el sí mismo,

askesis, el examen de sí, exomologesi se refieren principalmente a las prácticas que se construyen en la cultura antigua -grecorromana- acerca de un yo. Foucault llama a esto

tecnologías del yo, es decir, traza las diversas formas de constitución del yo visible desde los griegos pasando por los estoicos y culminando con los cristianos. Ahora bien, alejándonos un poco del análisis del yo de acuerdo a estos periodos -sin tomar distancia considerable a tales épocas-, Foucault en La historia de la sexualidad, los usos de los placeres, emplea el "sí mismo" en el terreno de la moral de manera que “(•••) el

individuo debe dar forma a tal o cual parte de sí mismo como materia principal de su conducta moral.”' 9/

Entonces, la función de “sí mismo” se ajusta a las necesidades según la conducta moral que lleve a cabo cada individuo, puesto que lo que legitima en realidad es la regla que se encuentra inscrita como obligatoria en un código. Por eso, Foucault en esta parte de la obra, hará hincapié más en la historia de los “códigos” como sistemas de reglas y valores que están en juego en una sociedad o en un grupo dado, que en la ramificación ideológica de la sexualidad. El sí mismo y el cuidado de sí, representan ataduras que se derivan de la construcción subjetiva de cada individuo como sujetos históricos, libres y morales. Por tanto, no podemos decir que la construcción del cuidado de sí o de algunas formas del yo, sean similares en todas las épocas.

Al contrario, la vida es un elemento importante en la construcción del “cuidado de sí”, la cual está sometida a las modalidades histórico-sociales que el individuo lleva a cabo. Por otro lado, en el capítulo anterior exponía que el cuerpo y la subjetividad son dos construcciones que se co-producen, quiero decir, que ambas depende una de la otra. El cuidado de sí no sería una excepción. En este sentido, el cuidado de sí -o las experiencias sobre el yo como llama Foucault- están en función del cuerpo y la subjetividad. Sería absurdo que el cuidado de sí sólo se enfocará al cuerpo -tal como sucede en otras épocas-.

El cuerpo y la subjetividad: son receptivas de todo eso que conocemos como el cuidado de sí, el sí mismo, askesis, el examen de sí, exomologesi, etc., en tanto formas 197

197 Michel Foucault, Historia de la sexualidad, El uso de los placeres. México, siglo XXI. 2009 p. 27. 92

diversas del yo que se ejemplifican según cada época. Y que prevalecen desde distintos ángulos en el sujeto o individuo, de modo que adquieren un carácter especial no sólo en los “códigos morales" o penitencias del yo sino que inciden fuertemente en el ámbito de lo privado.

Más allá de entrever las similitudes entre el cuerpo-subjetividad y el cuidado de si, creo que existen condiciones que sitúan ciertas experiencias sobre el yo; me refiero a un modo de ser en especial que nos coloca en el centro de cualquier reflexión o posición ya sea pública o privada. Algunos lectores de Foucault , insistían tanto en la importancia que recibían el “sí mismo" o “el cuidado de sí" en la esfera de lo privado, debido a su condición homosexual. Lo cierto es que las historias198 199 de Foucault constituyen en gran medida una autobiografía, es decir, el “cuidado de sí" simplemente representa sólo una inquietud personal, la cual podía remontarse -desde distintas interpretaciones- a las genealogías sobre el castigo, la sexualidad y el yo.

En cambio, hay quienes reconocen el mérito de Foucault pero reprochan -los tonos autónomos y subversivos- del carácter justamente del “sí mismo" y el “cuidado de sí". Richard Rorty es uno de ellos; según Rorty la visión de Foucault consiste en

inventarse a sí mismo, a partir de la libertad y autonomía personal. Donde el sujeto no tiene rostro, ni hogar, ni mucho menos depende de los otros200 201 para ser. El problema que señala Rorty es que Foucault “(...) dejó de lado toda la tradición de la interioridad agustiniana. Esta tradición afirma que la más íntima identidad de uno es aquella que nos une a nuestro congéneres, que existe algo común a todos los hombres y que entrar en contacto con este elemento común es entrar en contacto con el verdadero sí mismo de uno” 20'

Más tarde, Rorty termina diciendo que el modelo que propone Michel Foucault es demasiado romántico para una sociedad de ideales democráticos. En efecto, su visión estaba más arraigada a trasgredir los límites precisamente de esos modelos, valores o formas de vida que se han homogeneizado en nuestra sociedad. Lo que exige más en reconocemos como sujetos históricos que como sujetos de derecho o soberanos de una

198 Véase Óscar Mártiarena, Estudios sobre Foucault, Xalapa, Ver. México, U.V. 2005 199 Historias tanto en el sentido arqueológico como genealógico.

200 Foucault nunca pretende excluirse de los otros, simplemente reconocerse -como tantos otros sujetos libre e históricos- diferentes a las máscaras predispuestas en un modelo de sociedad.

201 Richard Rorty, “Identidad moral y autonomía privada: el caso de Foucault“ en Ensayos sobre Heidegger y otros pensadores contemporáneos, Barcelona, Paidós. 1993. p. 272.

democracia. A pesar que Rorty simplifique a Foucault sólo como “el caballero de la autonomía”, el carácter público -desconocido hasta entonces por Rorty- se halla en la posibilidad de “resistir” colectivamente/individualmente a un conjunto de mecanismos de saber-poder. No podemos presidir sólo de lo privado puesto que el poder es algo que afecta de manera pública; “el poder está en todas partes”.

Del mismo modo, que la subjetividad es una cuestión que depende de nosotros, el “sí mismo” o “cuidado de sí” es algo que también depende mucho de nosotros en la medida en que existe una inquietud personal. Cada quien es dueño de su “sí mismo”, como nadie es objeto, ni sujeto de otros “sí mismos”. Finalmente, vale la pena aclarar que Foucault nunca se encerró en su burbuja -como algunos" ' dicen peyorativamente-. Si lo fuera así, cómo explicar la emergencia de esta pregunta: ¿por qué hablar de una ontología de nosotros mismos, si se supone que está de por medio a final de cuentas el carácter privado de cada sujeto o individuo?

La problematización del cuerpo y la subjetividad a partir del “cuidado de sí”, se enfocó a entrever los nichos privados donde el sujeto se conduce y se liberan. Ahora, es importante resaltar el campo de análisis en el que es posible observar el carácter público de los cuerpos y las subjetividades, por medio de lo que Foucault llama la biopolítica.