5 Conclusion and Recommendation 54
5.2 Recommendation and Future Research 57
Si antes hablábamos de los distintos métodos de traducción propuestos por Hurtado Albir (1999), ahora es Sager (1999) el que nos propone distinguir entre variantes de la traducción poética, que podrían ser: refundiciones, traducciones fieles al original y traducciones en las que la poesía se transforma en prosa. En primer lugar, las traducciones que realizan poetas pueden llevar a «refundir» el trabajo original, determina Eco (2009) en Decir casi lo mismo. Esto ocurre cuando se cambia el TO más de la cuenta, intentando ser fiel al principio inspirador del texto, pero vertiéndolo en otra forma y sustancia ante la dificultad de verter la tensión que, como decíamos, tiene lugar entre manifestación lineal y contenido, especialmente en el texto poético (Eco, 1988; 2009), es decir, entre «narratividad» y «discursividad» (Marrone, 2011). Además de las «refundiciones», encontramos, en segundo lugar, las traducciones en las que lo más importante es lograr transmitir el mensaje de la manera más fiel, jugando con los compromisos impuestos por la forma y el fondo22. Esto supone un tira y afloja para el traductor entre ambas caras (Eco, 2009), algo que no ocurre en la última modalidad, la tercera, donde la poesía se transforma en prosa y solo importa el contenido, afirma Sager (1999).
Ordenando paisajes: Un recorrido hermenéutico y traductológico por las estaciones de “Poeta en Nueva York” | Rocío Saavedra Requena
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Para Esteban Torre (1994), como veíamos en el apartado anterior, transformar la poesía en prosa y darle así prioridad solamente al contenido sería el procedimiento más acertado para traducir poesía. Sin embargo, consideramos que esto constituye, cuanto menos, una traición al TO y al lector del TM, algo que también apoya Torrent-Lenzen (2006), aunque esta admitiría recurrir a este procedimiento en según qué casos, por lo que aparecía junto a Torre en la sección anterior.
Mayhew (2009), por su parte, considera que el debate en torno a la traducción estaría entre una aproximación literal o creativa al texto, como la que lleva a refundir el TO. Este afirma que, al parecer, los modelos de traducción más extendidos serían: la paráfrasis fluida, donde el traductor intenta recrear el TO en un estilo poético adecuado para el lector del momento, y el compromiso entre la fidelidad semántica al TO y la fluidez para la aceptabilidad del TM, algo que recuerda al concepto de «equivalencia dinámica» de Nida, siempre y cuando a nivel pragmático se procuren generar también los efectos que puede experimentar el lector en la LO.
Hay casos, sin embargo, en los que no podemos escapar de la «domesticación» del original, es decir, de la pérdida de la fuerza del original en pos de la fluidez y el reflejo de las reglas de la cultura de la LM, según este crítico. “Translation has no choice but to place the poem in jeopardy”, declara el traductor y poeta Ben Belitt (1994). Para él, como para Honig (1992), una traducción poética debe ser lo suficientemente libre para ser una verdadera, algo con lo que estamos de acuerdo hasta cierto punto. Esto es, ha de gozar de cierta libertad a la hora de decidir la relevancia traductológica de la forma y sustancia del contenido y la expresión en cada texto.
Por su parte, Sánchez Robayna (2007) aporta una opinión que nos parece muy interesante respecto al procedimiento que se debe adoptar en la traducción poética: en el volcado al TM no hay que preocuparse tanto por la cuestión semántica como por la forma, que se configura en el texto mediante las palabras y sus relaciones. Esto es lo primero que intenta trasladar al TM y, de esta manera, no desatiende los contenidos, ya que este cree que estos son trasladables cuando «[…] la realidad material de los signos es atendida como se debe, único modo […] de acceder a la peculiar dialéctica de sonido y sentido que todo poema propone» (Sánchez Robayna, 2007, p. 228).
En la primera lectura, hay que escuchar el poema y detectar el ritmo que debe verterse al TM, teniendo en cuenta también los símbolos y conceptos del texto, es decir, la «textura verbal», declara Robayna. Según formula este poeta y traductor, es importante en este momento reconstruir el TO en la LM siendo fiel a la estructura lingüística de partida, de manera que no constituya una mera imitación, un aspecto a menudo descuidado. Asimismo, añade también que las transgresiones léxicas y sintácticas se han de recrear con el fin de acercarnos, en lo posible, al TO y, aunque es imposible mantener todas las relaciones del TO, el TM sí que ha de guardar con el TO una relación de isomorfía.
Una vez que tenemos este esqueleto del poema, es decir, la «trama» de la composición, de su discursividad, el propio texto nos va a guiar hacia si debemos inclinarnos en la traducción más hacia la consecución de los elementos formales, con el fin de tratar de rescatar el énfasis que estos elementos (aliteración, figuras de la expresión, etc.) pueden aportar en el poema, o si bien sería más adecuado centrarse en el contenido, explica Pérez Romero (2007), tanto en su sustancia como en su forma. Tal y como dice Coleridge (citado por Brown, 1979), el poema “must contain in itself why it is so and not otherwise”, lo que Shelley (ibid.) corrobora, pues el poema debe “contain the principle of its own integrity”. Por tanto, siguiendo aquí a Romero (2007), el traductor ha de hacer el máximo esfuerzo en su trabajo, a pesar de ser consciente en todo momento de que habrá de pagar el arancel impuesto por la frontera lingüística que, en el caso de la traducción poética, es mucho más alto que en el de otro tipo de traducciones.