5. Case Studies – Data Analysis
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He insistido también en que el diagnóstico de neurosis obsesiva, según la propuesta freudiana, no puede derivarse exclusivamente del rasgo de la compulsión. Que no es el registro de la descripción, solidario con la clínica de la mirada propia de la psiquiatría, el que legítimamente permite calificar a un síntoma de obsesivo, sino el hecho de estar puesto en función en una estructura obsesiva.
Con todo, hay que reconocer que en Freud, a pesar de la subver- sión que introduce en el saber psiquiátrico, quedan ciertos rastros de positivismo. Por lo menos en el interlocutor a quien se dirige. No podría ser de otra manera, diría Lacan. Ni siquiera los pioneros pue- den pensar con categorías que no sean las de su época. Recuerden el cuidado que pone Freud en delimitar en los distintos momentos del mecanismo obsesivo, cuáles surgen directamente de la observación y cuáles necesitan ser postulados.
Recuerden también que de los tres pilares que sostienen la nosolo- gía, el primero es calificado como descriptivo. Es una "semiología" podemos decir, entre comillas, ya que no la podemos equiparar a las descripciones psiquiátricas. Pero aún así está planteada en un registro distinto al de los mecanismos que deben ser postulados (segundo pi- lar) y a la terapia (tercero).
Lacan siguiendo la inspiración freudiana, puede ir más allá. Y al reconocer en el inconsciente la estructura del lengue franquea la oposición entre fenómeno y estructura. Los remito a la clase 24 pu- blicada en el cuaderno II. Si la fenomenología del psicoanálisis se ubica en el registro de la palabra, es porque la estructura del lenguaje es la máquina originaria que pone en escena al sujeto, La estruc-
tura no está entonces mita allá de la experiencia, está en la experien- cia misma.
Debo reconocer por lo tanto, que afirmar que la estructura es transfenoménica, es una formulación que padece de un cierto resto
positivista. Sobre todo si la enseñanza de Lacan nos permite plantear que la estructura está en el decir mismo del analizante. Es en este decir entonces, donde vamos a reconocer no sólo las estnic 1."1— ii•as - d - érdé-
seo, lalmodalidades deLgoce,...las funciones del fantasma, sino el sín- tórnii..mismo en sus articulaciones ii:tiartffirca.diriflán,
siguiéntfliTa -vra de tereird,—iiiri'd-éjáf ire—ser una clínica del síntoma,
nos pone en condiciones de formular un diagnóstico de estructura. Por ejemplo, algo que ustedes ya conocen, que ya han discutido en los prácticos, esas dos clases del seminario 3 referidas a la pregunta del obsesivo y a la pregunta de la histérica. Pueden incluir eso en esta cateenría. Esto que podemos llamar una clínica de las preguntas.
¿Cuáles son las preguntas que se hace el sujeto? Cuando Lacan di- ce las preguntas del sujeto, las preguntas del obsesivo, las preguntas de la histérica, en un sentido estricto esto está referido al síntoma. Es en el síntoma e interpretando el síntoma donde vamos a acceder a esta otra pregunta del sujeto de manera estricta, es decir que no necesa- riamente es una pregunta que aparece de manera manifiesta y abierta. Pero también aparece a veces de manera manifiesta y abierta o siempre que uno la sepa reconocer y en muchos casos ocurre que los sujetos las dicen con todas las letras. No necesariamente se van a en- contrar con que el obsesivo hace la pregunta por el a la manera de Hamlet, "ser o no ger" digamos, "to be or not to be" y que uno ade- más se lo Inag5ia, incorrectamente por otra parte, con la calavera y toda la problemática del obsesivo y la muerte. Pero sin embargo se presenta de maneras que son reconocibles. Tomo otro ejemplo, un sujeto que hacía dos carreras: ingeniería y economía. Se pasaba todo el tiempo preguntándose: ¿tengo que ser ingeniero o tengo que ser contador? Ustedes no se queden pegados allí en lo de ingeniero o - contador, pongan el acento en el tengesle ser, ¿ tengo aue spr estn, tengo ue ser esto otr9? O en la idea de encontrar su verdadero ser, ¿cu es mi verdadero ser? ¿Ser ingeniero, ser esto otro?
n esas clases qt.----1-7-ael des han discutido, Lacan hace un esfuerzo
por mostrar cómo estas preguntas no son contingentes, por mostrar la articulación estructural de estas preguntas, es decir que no es porque sí que surgen éstas y no otras sino por lo queAl jlama_dos_fallas del
significante. Hay dos fallas allí, dos imposibilidadeS en_ el-si&ná.-
ficantb.
Hay muchos desarrollos de Lacan que podemos utilizar para ir construyendo una clínica de las diferentes estructuras subjetivas. En el caso de la estructura obsesiva hay algo que es sumamente im- portante: es lo que Lacan llama la proeza, la hazaña, lo podríamos llamar también el record, querer alcanzar recordíjfikar a hacer algo que está más allá de lo común. Ya Freud señalaba que en estos casos 106
el valor erótico surgía del destinatario, ¿a quién está dirigida esa proeza?
Puede tomar diversas formas. En el caso que les mencionaba re- cién: un sujeto a quien no le alcanza con hacer una carrera universi- taria, quiere hacer dos, además quiere hacer las dos al mismo tiem - po, o que convierte su carrera en "una carrera" y no le importa si aprende o si no aprende, para qué le serviría eso, sino que lo que le importa es meter materias y recibirse rápido. Entonces se toma esto en el sentido de un deporte pero no en el sentido de que un deporte es un deporte, en el otro sentido, en el de marcar records: "Este año metí 8 materias" (risas).
Esto está vinculado con otra cuestión que podemos decir que es específicamente obsesiva, aunque también en rasgos generales podría valer para todo neurótico, que es la cuestión de la impotencia, o la vi- vencia de la impotencia,(el creer Que "nopueirliY. Es una vivencia imaginaria que los neuróticos cultivan mucho. Puede presentarse como alguien que sufre por sus impotencias y aún quejarse amargamente, puede presentarse como alguien que intenta superarlas o que las ha superado. En ambos casos la vivencia de impotencia está presente. (
El neurótico necesita de esa sensación de impotencia. necesita culti-
v
ada
porque la utiliza como apoyo para mantener su creenciadie que., s?t _quiqrejti castración y consecuerae—nierité-ilo—sUlér su posición srei indicativa; de esta manera puede evitar la experiencia de la castra- ción del Otro que es la que más lo angustia. Necesita verse a sí mismo — como impotente y lo cultiva por más que se queje, o bien se plantea cosas para superar esto que él siente como su impotencia y para de- mostrarse a sí mismo que es potente, que puede.
En una clase pasada comencé a relatarles un ejemplo donde se veía claramente la hazaña y el record. En el momento en que llegó a la consulta era un obsesivo que se presentaba como un don Juan, se ha- bía dedicado a las conquistas sucesivas de muchas mujeres. Pero en realidad antes de esto hay otras hazañas. Llega un momento en el que se da cuenta que siempre ha vivido haciendo este tipo de cosas, lo di - ce así, que frente a su sensación de impotencia necesitaba demostrarse que podía. Se dio cuenta que cuando entró a su adolescencia él hacía esto con los deportes: se había metido a hacer deportes, y había llegado un momento en que realmente era muy bueno y había llega do a jugar en buenos equipos, además dentro del equipo era muy va- lorado. A pesar de que se podría haber creído que esta actividad esta - ba muy enraizada en su deseo, a partir de un cierto momento eso dejó de interesarle, no se ocupó más de los deportes. Pero se empezó a ocupar de la música y con este mismo estilo, con esta misma modali - dad, aprendió distintos instrumentos hasta poder llegar a destacarse, sobre todo en alguno de ellos, a formar conjuntos, y se demostró que pudo. A partir de un momento, en que con tanta pasión se dedicaba a esta actividad que se podía creer nuevamente que había encontrado la vía de su deseo, la música dejó de interesarle. Ahí es don-
de se articula y empieza el tercer momento, el de las mujeres del que ya les hablé y cuando él llega a la consulta ya estaba terminando con esta etapa de las mujeres y había entrado en otra etapa donde con el mismo estilo había comenzado a dedicarse a su trabajo.
Había empezado una carrera de trabajo en la que estaba siendo muy exitoso, a pesar de todos los temores que él había tenido duran te toda su vida acerca de si él iba a ser capaz, si él iba a tener éxito en ciertos campos, él se estaba demostrando que sí, que podía, y que podía tener el reconocimiento, la legitimación de esto a partir de los demás. Es decir que aquí ustedes pueden ver que, aunque no aparez- ca en un primer momento esta cuestión del Otro, es algo que está allí, ya sea con los deportes donde está el público, están los periódi cos, en la cuestión de la música también. Acá en el campo del trabajo está el reconocimiento que él obtiene de la gente con la que trabaja ba, y también de la gente de la competencia, de sus competidores. Pero ahí ya se dibujaba, más claramente que en las otras actividades, un Otro que no era cualquier Otro sino que era el padre, el padre que siempre había pensado de él, y tomen acá la referencia del padre de Freud: "este chico nunca va a llegar a nada", o el padre del Hombre de las Ratas.
El padre que siempre había pensado de él que se podía dedicar a la música, a esas cosas que parece que este padre no valoraba en absoluto pero era un padre que sí valoraba el trabajo y siempre había pensado que éste era un chico que en esa actividad nunca iba a llegar a nada. Y ahora no sólo obtenía el reconocimiento de los otros, sino en este caso de este Otro tan particular que era el padre que estaba totalmente sorprendido de lo que su hijo podía hacer en este campo.
¿Pero qué le ocurría? ¿Qué es lo que funciona en este paciente como motivo de consulta? A poco de comenzar las entrevistas él se da cuenta de que su trabajo tampoco le interesa. Y que realmente todo lo que está haciendo y que le insume 16 horas diarias de su vida no le interesa en absoluto. Y que lo podría dejar de un día para el otro como había hecho con sus otras actividades. (Cosa que, aunque cierta, ya no le resultó tan fácil. Transcurrió un año largo de entrevistas antes de que pudiera renunciar a ese trabajo en que estaba permanentemente puesto bajo la mirada del padre. Y un tiempo más hasta que inicia lo que se puede llamar su primera relación de pareja). Pero
recién en ese momento puede empezar a preguntarse por qué hacía las cosas que hacía, recién en ese momento accede a esta vivencia de insatisfacción, de que él efectivamente se podía demostrar que él po- día y con eso combatir su vivencia de impotencia, pero esto no lo hacía disfrutar para nada. Y es esta vivencia de insatisfacción en este ca- so lo que lo lleva a la consulta. Estos actos, esto que Lacan llama las ,5proezas o las hazañas o el establecer records surge como una nueva
categoría que tenemos que agregar a la "semiología" freudiana. Pode- mos decir que son actos obsesivos aunque no sean actos delimitados y que abarquen gratiodos de la vida del sujeto, pero podemos
colocarlos en la categoría freudiana de actos obsesivos aunque no exactamente en el mismo sentido de los distintos tipos de actos obse- sivos que Freud describe corno medidas preventivas o como rituales. Es decir que con esto Lacan agrega una nueva variedad de actos obsesivos a la clínica de las estructuras obsesivas, esto que él llama la
..2199u. Un acto obsesivo que no es un síntoma; por lo menos en éi caso
que les relaté todavía no lo era. Y en la estructura de este acto de la proeza Lacan dice que hay algo decisivo y que tienen que tomar siempre en cuenta para orientarse bien en su práctica y que es difer' renciar claramente aquí este tipo de acto obsesivo de un acting, por-1 que es
muy seTnejanté-áTo—cra ilámarnoa "Un acting, sería un tipo de acting
muy especial que se extiende a lo largó de varios años. La connotación de acting en este tipo de acto proviene de la clara connotación que tiene de estar hecho para Otro. Es decir, son cosas que estáñ hechas para ser mostradas, que tienen toda la estructura de los escenarios y que en esta estructura del escenario hay que pociPr diferen ciar siempre, diré Lácán, lo_que_son-los-etres-eort-miriúscula, que se-
rían aquellos_que juegan con el sujeto 0195ta proeza, en el escenario,13-d-OtiqbCon mayúscula que en éste caso es el que
está
ubicad- - Pe - Fi el
papel del público.
Entonces ahi hay que diferenciar los otros en el sentido del seme- jante, los otros que muchas veces, esto no está claro en los ejemplos que yo lea he dado, pero muchas veces toma un sentido de competencia en el sentido de agresividad, es decir el otro como rival, poder vencer al otro, pero que no es nunca lo que importa y lo decisivo, por el contrario, es no quedarse en ese registro, que en última instancia, corresponde al registro de lo especular.
A . : D e l a c o m p r e n s i ó n .
P.: De la comprensión en el sentido de la comprensión imaginaria.
Porque todas estas cosas que Lacan nos enseña, nos enseñan a com- prender también, pero ya más a entender en el nivel de la estructura. Pero también a comprender, porque estas cuestiones estructurales están siempre vinculadas a cuestiones fenomenológicas, a cuestiones observables, por lo menos yo hago el esfuerzo por mostrarles conti- nuamente esta articulación. Esta diferencia entre el Otro con mayúscula y el otro con minúscula ustedes la pueden reconocer aún en el imaginario de la escena, que el Otro con respecto al cual se legitima la meza no es nunca 1_0 ro serne_h_Lnle, el otro que pueclellegar,a _ser 4
compañero_o el_rival, sino que es este Otro con mayúscula: el que, d
ocupa el lugar del público.
La-corTeáaóláricroro con otros desarrollos que él propone y que les
voy a mencionar más adelante en el sentido de que el obsesivo siempre tiene un amo, acá se superponen los dos lugares, entonces él / dice que el amo está en este lugar del espectador invisible. Porque no siempre el público aparece con claridad, entonces dice: en esta es-
y en definitiva el que rige el juego, el que rige las reglas de la proeza, el que va a legalizar si hubo triunfo o no hubo triunfo, si ganó, si no ganó, es ese espectador invisible que hace de jurado,
Hay que. buscar dónde está ese espectador invisible, que es el que dictamina. Esto se ve más claro, dice Lacan, si hacemos la compara- ción con aquellos deportes . . . está bien siempre hay competidores, el sujeto le dane que ganar a otro, pero en aquellos deportes donde los sujetos no juegan unos contra otros como suele ocurrir en los juegos comunes, fútbol, tenis, lo que sea, sino en estos deportes en que los sujetos hacen su actividad solos, uno a uno como ha ocurrido ahora cuando han transmitido por televisión los campeonatos de esquí, que allí los competidores no compiten estrictamente uno contra otro sino que baja uno y cuando ése terminó de bajar recién baja el otro, ¿qué es lo que se marca allí? Se hace visible la cuestión es- tructural, lo que marca allí quién ganó es el reloj. Ahí se ve bien claro que los competidores compiten no entre sí sino contra el reloj. Esto — dice Lacan— es lo que pasa siempre en esta estructura de la hazaña, en esta estructura de la proeza y es müy importante no dejarse llevar por esa pendiente del rival imaginario, porque tal como lo presenta el sujeto es por ese imaginario donde habitualmente uno termina deslizándose, O por lo menos es por ahí por donde se deslizaron los psicoanalistas post-freudianos y llegaron a plantear toda esta cuestión de la neurosis obsesiva como la cuestión de la agresividad del obsesivo, de la rivalidad del obsesivo.
Rivalidad que la van a encontrar en los obsesivos, pero eso es lo que menos importa, no hay que meterse por allí. La cosa ya es más grave cuando en la transferencia el analista, en lugar de ocupar su lugar en el lugar del Otro con mayúscula (A) pasa a ocupar este lugar del otro con minúscula, y la cosa empieza a plantearse en términos de rivalidad con el analista mismo.
Esta es una pendiente por la cual efectivamente entró el psicoaná- lisis de la neurosis obsesiva postfreudiano, poniendo en primer plano esta cuestión de la rivalidad obsesiva y de la agresividad del obsesivo también en la relación transferencial y cifrando el progreso de la cura en la interpretación de este supuesto tipo de transferencia. O de la su- puesta homosexualidad de los obsesivos. Y es por esto que este psico- análisis llega a la cuestión de la incurabilidad de los obsesivos, o de la interminabilidad del análisis de los obsesivos. Es claro que no se pue- de hacer nada eficaz si uno se equivoca. En cambio, si el analista ocu-- pa el lugar que le corresponde en la transferencia y ejerce correcta- mente su función, el análisis de los obsesivos es eficaz y progresa hasta la curación dentro de los mismos límites que existen para las otras estructuras neuróticas. Hay casos más o menos difíciles también en la histeria.
Entonces Lacan dice que es decisivo en esta estructura de la proe- za distinguir el otro como imaginario, el otro con minúscula, el semejante, del Otro con mayúscula, del espectador invisible. Ya
que es sólo llegando a ese lugar donde se puede deshacer esta imagi- nería. ¿Qué es lo que supuestamente está en juego? Lo que efectiva - mente importa habitualmente no está puesto allí. Es la otra cosa que vamos a ver en Lacan, el obsesivo se plantea todas estas proezas co- mo si en definitiva fueran una apuesta fuerte, como si se estuviera ju- gando la vida, o como si fuera una cuestión de vida o muerte. Lacan dice tengan cuidado, efectivamente para el obsesivo la cosa se plantea así, pero tengan cuidado porque el juego del obsesivo —lo que en tér - minos de Freud podríamos llamar desplazamientos— lo lleva a poner este juego de vida y muerte exactamente en los lugares donde no se juega absolutamente nada. En todas estas proezas en definitiva y en el