Chapter 7 Conclusions and Recommendations
7.2 Recommendations
que deforman a los de la F1 y por el plega- miento generalizado de S1; los más abundan- tes, de tamaño medio, poseen una cuerda de algunas decenas de metros. Son pliegues aproximadamente simétricos (simetría róm- bica) y con el plano axial subvertical; pue- den presentar una ligera vergencia, pero és- ta es variable de unos a otros y puede ser explicada en muchos casos suponiendo que la superficie que se pliega, ya deformada an- teriormente, poseía una inclinación inicial, que podía ser diferente de unos sectores a otros. En general, los pliegues decamétricos de F2 son suaves y en su núcleo se observa, a la escala del afloramiento, una fracturación muy grosera que se abre en abanico hacia la zona de charnela; en ocasiones se desarrollan pequeñas fallas inversas que ex- truyen el núcleo y laminan el flanco más corto del pliegue. Otras veces los núcleos más intensamente replegados, agrupan plie- gues angulares de menor tamaño, con agudas charnelas fracturadas.
Muy frecuentemente, en el campo, se pre- sentan pliegues de menor orden (decimétri- cos a centimétricos) que acompañan a los de orden mayor. Entonces poseen simetría monoclínica, con uno de los flancos ligera- mente más largo y se han formado con un fuerte componente flexural.
La geometría de los pliegues de F2 está fuertemente controlada por las característi- cas litológicas de los niveles que se plie- gan: mientras los lechos de grano más grue- so, los menos dúctiles, muestran un compor- tamiento isópaco, los horizontes lutíticos tienden a engrosarse en el núcleo y a adel- gazarse en los flancos. En el núcleo de los pliegues sobre materiales incompetentes en niveles finalmente filiados se desarrolla una esquistosidad de fractura poco espaciada, acompañada de trasposición.
En ocasiones la deformación de F2 se ma- nifiesta por la formación de pliegues angu- lares de pequeño tamaño. Cuando son mono- clínicos, lo que es usual, desarrollan una es- quistosidad en el flanco corto únicamente; tal esquistosidad no es paralela al plano axial y forma un ángulo bajo con el flanco largo, a la vez que crenula a la S1 del flanco me- nos desarrollado.
Los pliegues de F2 se asocian en dos sis- temas conjugados P2a y P2b que no tienen ne-
Fig. 35. Pliegues menores de F1 afectados por una S2
de fractura. Esquema dibujado sobre la superficie pu- lida de una muestra.
Fig. 38. Pliegue de F2. Carretera de Leiza a Hernani,
Km. 44. (Según foto).
Fig. 36. Pliegues de F2. Carretera de Leiza a Hernani,
Km. 25. (Según foto).
Fig. 37. Pliegue de F2. Carretera de Leiza a Hernani.
Km. 45. (Según foto).
cesariamente que ser contemporáneos y que normalmente se encuentran aislados, aunque en algún caso han podido ser observados conjuntamente. El estilo de ambos sistemas de pliegues es muy semejante, y ambos sis- temas responden a las características geo- métricas que acabamos de describir.
En la figura 39 se recogen los diagramas en los que se representan estadísticamente las orientaciones de los ejes B de pliegues de F2, agrupados por diferentes sectores. Co- mo puede observarse, los máximos agrupa- mientos indican que la orientación preferen-
Fig. 39. Representaciones en proyección equiareal (hemisferio inferior) de ejes de plie- gues de F2. Intervalos: 1-2, 3-5, 6-7 y > 7%. Cada diagrama representa 100 medidas.
A, sector de Arano; B, sector del río Bidasoa; C, al N del río Urumea; D, entre las minas de Ollín y el río Leizarán.
te de estos pliegues es NE-SW y más exac- tamente oscila entre N 25ºE y N 75ºE (P2a); sin embargo, en algunos de estos diagramas se perciben concentraciones de pliegues P2b, con una orientación aproximada NW-SE, que consideramos como la conjugada del sistema anterior. Los pliegues P2a deben ser algo an- teriores a los P2b y, de hecho, las máximas concentraciones en los diagramas de sus ejes, ocupan áreas alargadas según círculos mayores, cuyos polos se sitúan entre las máximas concentraciones de ejes P2b.
Los pliegues de ambos sistemas no son
igualmente frecuentes, siendo mucho más abundantes los de dirección NE-SW, muchas veces homoaxiales con los P1 de primera fa- se; el sistema NW-SE sólo se presenta lo- calmente, por lo que el número de medidas representadas en los diagramas es mucho menor.
LA ESQUISTOSIDAD S2
En relación con los pliegues de F2 existe una esquistosidad que no es penetrativa, afectando únicamente a los niveles de grano más fino.
Fig. 40. Esquemas de los diferentes aspectos que pre- senta al microscopio la esquistosidad S2.
Esta esquistosidad es de fractura, de es- paciado milimétrico y produce un microple- gado, a veces intenso, de S1 y S0 en los ni- veles lutíticos, mientras que no afecta nun- ca a los areniscosos. En los flancos de los pliegues es subparalela al plano axial, pero en el núcleo se abre formando un ligero aba- nico. Cuando atraviesa niveles de diferente ductilidad suele sufrir una ligera refracción. La S2 no atraviesa a los lechos arenisco- sos, y cuando entre ellos se intercala uno lutítico, en éste se desarrolla bien, doblán- dose y tendiendo a hacerse paralela al lími- te que separa a las dos litologías.
En lámina delgada esta esquistosidad adopta características variadas. Con frecuen- cia se manifiesta como una esquistosidad de fractura espaciada y muy irregular que produce una ligera crenulación de S1 + S0, en esos casos las superficies S2 resaltan por la concentración en ellas de óxidos de hierro. En ciertas ocasiones la esquistosidad se manifiesta como un intenso microplegamien- to en el que no se pierde la continuidad de las superficies de S1. Los micropliegues sue- len ser asimétricos y las alineaciones de sus flancos cortos representan las superficies S2. Por último, en los casos en que mejor se patentiza la esquistosidad S2, ésta se ma- terializa por una serie de planos de discon- tinuidad paralelos y muy poco espaciados.
entre los cuales se disponen microlitones en los que S1 + S0 se encuentran intensamen- te microplegadas. En este caso se aprecian débiles trasposiciones según las superficies de S2 y pequeñas láminas de mica y concen- traciones de hierro se orientan paralelamen- te a dichas superficies.
En rocas en las que previamente existía una foliación formada por alternancias de delgados lechos micáceos y cuarzosos, S2 sólo se manifiesta en los más micáceos creo nulando intensamente a S1. Raramente atra- viesan los planos de esquistosidad a los ho- rizontes cuarzosos, y cuando lo hacen, sólo aparecen fracturas aisladas y muy irregula- res, preferentemente en los núcleos de los pliegues.
Cerca del borde de NW de Cinco Villas, donde afloran los términos aparentemente más altos de la sucesión carbonífera, S2 es una esquistosidad de fractura espaciada e irregular.
En los casos en que la crenulación de S2 es más intensa, se produce en las zonas de charnela de los micropliegues una concen- tración diferencial de cuarzo de segregación o de zeolitas; entonces la roca, al microsco- pio, se presenta caracterizada por una repe- tida alternancia de delgados lechos claros y oscuros que puede ser interpretada como un «tectonic-banding» (DE SITTER, 1964).
Fig. 41. Ejemplo de kink-band. Dibujado sobre una su- perficie pulida de la roca.
En algunas láminas transparentes se pue- den observar dos esquistosidades posterio- res a S1 que se cortan, siendo una de ellas posterior a la otra. Debe tratarse de los dos sistemas conjugados a los que ya nos he- mos referido anteriormente al tratar los plie- gues de F2. Ambos lotes de superficies (S2a y S2b), no presentan el mismo aspecto; la S2a, mucho más patente, suele ser una esquisto- sidad de crenulación y está deformada se- gún S2b y que coincide con los planos más espaciados de un microplegado de aparien- cia angular.
No se ha encontrado en el campo ningu- na lineación de estiramiento de objetos preorogénicos en relación con F2. Sólo en los bancos más lutíticos se puede apreciar una lineación producida por la intersección de S2a con S1 + S0; además está generalmente re- presentada la lineación correspondiente a la propia crenulación producida a favor de S2a.
A veces, superpuesta a las anteriores Ii- neaciones, se puede apreciar otra mucho más espaciada y discontinua que se dispo- ne paralelamente a los ejes de los pliegues P2b; coincide con la traza de delicados pla- nos de fractura y debe corresponderse con la intersección de S2b con las restantes su- perficies.
La orientación de las lineaciones consi- deradas coincide, lógicamente, con la de los ejes de los pliegues originados en la segun- da fase de la deformación hercínica.