CHAPTER 6: CONCLUSIONS AND RECOMMENDATIONS
6.4 RECOMMENDATIONS
Comorera, que había sido denunciado a bombo y platillo por la prensa y la radio del PCE desde que tienen conocimiento de que se encuentra en Cataluña, pasa a convertirse, a partir de la detención de López Raimundo, en el traidor que lo ha entregado a la policía. Obreros de Cataluña: Juan Comorera es un provocador cuya actual actividad es entregar a los comunistas a la policía, tanto en Francia como en Cataluña. La campaña sube un grado en la infamia y el órgano del PSUC oficial, Treball, denuncia con sus nombres y apellidos a los dos únicos colaboradores de Comorera en la clandestinidad: Martí Salvat y Francesc Perramón. Salvat, que se encontraba en una situación irregular desde su llegada a España, es detenido por la policía e interrogado sobre la posible presencia de Comorera en Barcelona. Al régimen le parece improbable, hasta el punto de que para los mandos de la policía de Barcelona toda esa historia de Comorera no es en opinión de un comisario “más que otra maniobra del comunismo internacional”.
Quizá la cima de los ataques contra Comorera, el más barroco y hasta sofisticado dentro de su pedestre esquema, sea el texto leído por Radio España Independiente y debido a la pluma de su director Ramón Mendezona. Tiene párrafos que parecen una lectura estaliniana de Kafka: La sociedad burguesa no produce genios, ni pensadores, ni filósofos, ni grandes polemistas. Produce engendros monstruosos, enanos deformes a los que viste en el oropel de una propaganda barata y los coloca en primera fila como bufones de una sociedad que se derrumba y que en las muecas de estos tristes seres, quiere encontrar alivio al cáncer que lleva en las entrañas... Cuando sus viles criaturas, los Rajk, los Kostov, son llevados a la picota por la indignación de los pueblos, la burguesía va sacando sus reservas del arsenal de la infamia y un día aparecen a la luz de las candilejas un Castro, un Comorera, un Hernández.
Tito en Yugoslavia, Rajk en Hungría, Comorera en Cataluña. Si se señalaba a Comorera como el denunciador de Gregorio López Raimundo se le enlodaba, está claro, pero al tiempo se ensalzaba su víctima. Desde el momento de su detención el PCE y el PSUC promueven una febril campaña “contra la pena de muerte que amenaza a López Raimundo”. Bacarisse compone un himno con letra de Juan Rejano —...salvemos esas venas españolas / que con López Raimundo a la cabeza / han cuarteado el tenebroso muro / donde el gusano uniformado tiembla... —. Rafael Alberti, convocado para la ocasión, saca a su Juan Panadero del baúl y le enjareta unas coplas: Me llamo López Raimundo, ya el mundo sabe quién soy...
El mundo lógicamente no tenía ni idea de quién era el tal López Raimundo, incluso en el PSUC era un perfecto desconocido. Había ingresado en el partido durante la guerra y combate como soldado raso en la 31 División del X Cuerpo.124 Perdida Cataluña, se queda en Francia y marcha enseguida
hacia México, donde trabaja de contable. Vuelve a Europa a finales de los cuarenta para reforzar el debilitado aparato de enlaces con el interior que dirige en Francia Ramón Soliva. Cuando se produce la crisis de Comorera, se le envía a Barcelona clandestinamente para que se turne con Emiliano Fábregas, otro miembro de la dirección del PSUC en el interior. Como ya dijimos, pasa las jornadas históricas de febrero y marzo de 1951 en París y a su vuelta, es detenido. Con estos antecedentes ni siquiera un obseso de la represión como el coronel Eymar podía pedir pena de muerte. En aquella época en la que para abultar un expediente la policía no necesitaba que nadie la incitara, resulta que se hace una campaña contra la “pena de muerte” a López Raimundo y el siniestro Tribunal de la Masonería y el Comunismo le condena a ¡cuatro años!125 para mayor sarcasmo, Joan Comorera cuando le cojan será condenado a 30.
Detenido, juzgado y condenado López Raimundo, Comorera sigue. A las dificultades inherentes a la clandestinidad debe sumar la falta de dinero, su penuria de medios, que se hace más frustrante con la mejora en las condiciones de lucha tras los acontecimientos de marzo. Al fin, consigue trasladarse a Barcelona y hacerse con una multicopista. Él y su esposa, Rosa Santacana, encerrados en un piso alquilado de la calle Consejo de Ciento, redactarán, imprimirán y distribuirán por correo el órgano Treball, versión comorerista. El primer número llevará fecha de 15 de enero de 1952 y no se interrumpirá hasta su detención en 1954; 32 números de Treball lograrán poner en circulación, con una edición límite de mil ejemplares cada uno.
Todos los números repetirán un lema hasta la saciedad: ¡Desperta, Catalunya! (Despierta, Cataluña). Los boletines, íntegramente escritos en catalán, sólo romperán el hábito introduciendo el castellano en un artículo sobre el Pacto de Franco con Estados Unidos.126
El interés de esos Treball multicopiados es más humano que político, su incidencia escasísima, pues a las dificultades de toda prensa ilegal hay que sumar la nula infraestructura del grupo comorerista.
No es difícil imaginar la actividad cotidiana de Comorera durante los tres años largos de vida clandestina en Cataluña. Cabe suponer que estaba dominado por el afán de supervivencia, sin salir de casa, salvo al anochecer, leyendo los periódicos con mirada de entomólogo, de la primera página a los anuncios por palabras, percibiendo cómo crecía la hierba desde su habitación y, a partir de 1952, con la gran cura mental y política de redactar Treball; hacer algo, aunque fuera una gota sobre el desierto. Está obsesionado por las penurias económicas, que para un clandestino suponen tanto como el aire que respira. Esas dificultades obligan a procedimientos nada rigurosos para hacerle llegar el escaso dinero, procedente del exilio mexicano o francés, aunque tuviera el divertido detalle de usar al novelista Georges Simenon como intermediario; se supone que involuntario e ignorante de esa historia, que por cierto hubiera sido el mejor argumento de su obra.
Su supervivencia no era fácil porque debía escapar de dos enemigos, tenía que batirse en clandestinidad sobre dos frentes; el de la represión franquista, con una policía que no acababa de convencerse de que estaba en Barcelona, y un PCE que no pierde oportunidad para amenazarle de muerte. En marzo de 1953, Comorera se siente más acosado que nunca y denuncia en un comunicado que el Buró Político del PC español prepara su asesinato, y lo hace como lo que es, como el estalinista que por encima de desgracias, de calumnias y hasta de la propia muerte de Stalin, sigue siendo medularmente fiel al estalinismo, a sus fantasmas y a sus mentiras: Que el Buró Político [del PCE] se aplique la lección ejemplar de lo que ha ocurrido personalmente a gente que se creían intocables, inamovibles, infalibles y que se parapetaban tras la adulación... que ejercían el terror político que les eximia de la obligación de hacer una autocrítica comunista. Que el Buró Político [del PCE] se pregunte cómo han acabado Malinovski, Bujarin, Piatakov en Rusia; Rajk en Hungría, Kostov en Bulgaria, Slansky en Praga... O es que el Buró Político cree de verdad que el PC de España es por decreto divino invulnerable a la provocación... ¿Es que el Buró Político se ha creído de verdad que
saldaría la cuestión con la eliminación de Joan Comorera?127
La salida de los Treball, las denuncias del PCE, los contactos para llevarle las exiguas cantidades de dinero, iban reduciendo el cerco y acercando a la policía hasta su casa. El 9 de junio de 1954 le detenían en su piso alquilado del número 248 de Consejo de Ciento. Tardará varios días en hacerse pública la noticia y cuando lo hagan irá acompañada de una foto en la comisaría donde la policía exhibe a su trofeo, al que denomina “El Lenin Catalán”. Es un Comorera delgado, viejo, con una barba abundante y nada leniniana. Mundo Obrero también recogió inmediatamente la noticia: Días pasados la prensa franquista dio a conocer que se había "detenido” al traidor Comorera... Para que los hechos queden en su verdadero tugar, frente a la inmunda leyenda que los servicios policíacos franquistas y otros extranjeros han hecho circular, es necesario decir que el traidor Juan Comorera se ha entregado a la policía después de haber estado viviendo durante unos años en Barcelona, a donde fue llevado como delator de los comunistas.128
Joan Comorera i Solé será juzgado y condenado a treinta años de cárcel. Enviado a la prisión de Burgos, desasistido por los médicos, morirá en la cárcel de una bronconeumonía el 7 de mayo de 1958. Tenía 63 años. Su esposa, Rosa Santacana, no pudo ver el cadáver. A ella, la modista que ni sabía ni quería saber de política, pero que amó al hombre Comorera y sufrió las consecuencias del Comorera dirigente, las autoridades no le permitieron verle muerto. Rosa iniciará un doloroso peregrinaje sin rumbo hasta que el gobierno yugoslavo, a solicitud de unos amigos de su marido, tuvo el gesto encomiable de aceptarla, ya desquiciada, a finales de 1960. Murió tranquila, en agosto de 1964, en Split, allá en la costa báltica, mientras intentaba poner en orden sus recuerdos para que no la devoraran.
Dos años antes de que muriera Comorera, en 1956, mientras seguía en la prisión de Burgos, se celebró el I Congreso del PSUC que él había creado veinte años antes. Pusieron de secretario general a José Moix, el veterano, y en el comité ejecutivo figuraban Pere Ardiaca, Josep Serradell, Margarita Abril y el nuevo Comorera de incubadora, Gregorio López Raimundo.
Comorera se enteró en la cárcel pero nadie conoce su reacción; posiblemente fue una sonrisa. Había perdido la batalla, pero la guerra la ganaría él aunque fuera después de muerto. El PSUC, sin Comorera, quedó al servicio del PCE, como su delegación catalana y a la larga recuperaría algunas de las características que le distinguieron en su creación. En 1954, en el V Congreso del PCE, con Comorera en la cárcel y el PSUC domesticado, sus máximos dirigentes, Rafael Vidiella, José Moix y Gregorio López Raimundo, propusieron integrarlo en el PCE sin más demora. El Buró Político del PCE no lo consideró necesario.
Todo lo ocurrido lo resumen las palabras pronunciadas ante el biógrafo de Comorera, Caminal, por una de las personas que estuvieron en el secreto, Margarita Abril: Comorera era un obstáculo para el PCE. Después, López Raimundo ha hecho todo lo que le han dicho. El PSUC ya no era ningún problema, no debía cambiar los estatutos ni ir a la unificación. Santiago Carrillo lo había conseguido aplicando a la política el principio popular de “muerto el perro, se acabó la rabia”.
El ajusticiamiento político de Comorera lo dirigió en sus detalles Santiago Carrillo. Lo ejecutó Josep Serradell, más conocido por “Román” y su esposa Margarita Abril. Y el convidado de esta historia fue Gregorio López Raimundo, un oscuro militante aragonés que había llegado a Barcelona para convertirse en sastre, y que conocería la lucha política gracias a su hermano Antonio, líder del Sindicato de Trabajadores de la Banca.
Carrillo y Serradell harán de él un dirigente; su nivel político brillaba tan bajo que su esperada intervención en el V Congreso del PCE, tras salir de la cárcel, sorprende a los miembros del Buró Político del PCE que no eran precisamente ni Lenin ni Bujarin. Sólo Santiago Carrillo conocía la verdad y la encubrió, desarrollando la idea de que López Raimundo no sería un talento político pero tenía lo que él necesitaba; sonriente, represaliado, constante, discreto hasta el oprobio. Lo formó como
quien cuida un geranio; con paciencia, esperando cada primavera para ver la flor, pero consciente siempre de que por más esfuerzos que haga no perfumará el jardín. Carrillo decidirá enviarle a la Unión Soviética nada más terminar el V Congreso. Allí asistirá durante dos cursos (1954-1955, 1955- 1956) a la Escuela Superior del PC de la URSS. Este centro, exclusivo para futuros dirigentes del partido soviético y lo más granado de otros países, tendrá en López Raimundo un alumno aplicado tanto en el estudio del ruso como en los rudimentos de la ciencia marxista-leninista-estalinista.
Carrillo está seguro de que con ese barniz soviético se reforzará su leyenda, lo que junto al reencuentro feliz de una mujer con raigambre catalanista, Teresa Pámies, permitirá moldear al futuro secretario general del PSU de Cataluña. Porque el V Congreso del PCE no será la ocasión esperada para el recién creado Dimitrov de Cataluña, pero sí va a suponer un hallazgo personal de trascendencia en la vida de Gregorio López Raimundo. En la Checoslovaquia de 1954, va a encontrar a una admirada dirigente de las JSU durante la guerra; se habían conocido entonces y vuelven a encontrarse ahora, quince años después, cuando para él la vida todavía puede empezar porque mantiene esa sonrisa que encandila y esos cabellos de Gary Cooper en Por quién doblan las campanas. Ella, sin embargo, está casada y tiene tres hijos. Se llama Teresa Pámies y es hija de un campesino de Balaguer, llamado Tomás. Mientras él hace de jardinero del Estado ella trabaja de locutora para las emisiones en castellano de Radio Praga. Está casada con un personaje interesante, Félix Barriga, un hombre de acción, simpático y pendenciero, hecho para la aventura, fanfarrón y mujeriego, agente del NKVD y retirado del servicio por “individualista” e “indisciplinado”. Es un matrimonio que va mal. Teresa empezará otra vida con Gregorio López Raimundo.
Al mismo tiempo que marcha hacia Moscú a la Escuela Superior del PC de la URSS, entra por la puerta grande en el grupo de jóvenes veteranos de las JSU de Cataluña, los que admiran a su líder natural, Santiago Carrillo; el matrimonio formado por Josep Serradell-Margarita Abril y Wenceslao Colomer, su superior jerárquico en México. Miembros todos, durante la guerra, de la dirección de las JSU. Gregorio López Raimundo ya tiene todo para alcanzar la cúpula con un poco que ponga de su parte; además de su leyenda, tiene una mujer catalana hasta la médula, una Pámies, y cuando vuelva de Moscú ya sabrá la suficiente “ciencia” como para hacer el resumen al final de las reuniones y citar a las autoridades políticas sin equivocarse. Será el más elaborado invento que fabrique Santiago Carrillo en los primeros años cuarenta, pero la elección no era equivocada: mantendrá la constancia, conservará su proverbial sonrisa y se mostrará inasequible al desaliento.