CHAPTER 6 CONCLUSIONS AND RECOMMENDATIONS
6.2 Recommendations
La adopción de la agricultura, combinada con sus dos gran des consecuencias —las comunidades sedentarias y el constante aumento de la población— impusieron una creciente tensión so bre el medio ambiente. Esa tensión estuvo localizada en princi pio, pero según se extendió la agricultura también se extendie ron sus efectos. Algunas áreas como el ecosistema de bosques templados del norte y el oeste de Europa, con sus moderadas temperaturas, sus altas precipitaciones y sus ricos suelos, consi guieron soportar la tensión razonablemente bien. Otras áreas con ecosistemas más fáciles de dañar y con una densidad demográfi ca más alta empezaron a verse afectadas durante los mil años posteriores a la adopción de la agricultura y de una forma de vida sedentaria.
La agricultura conlleva el clareo de los ecosistemas naturales para crear un hábitat artificial donde los seres humanos puedan cultivar plantas y tener los animales que deseen. Los equilibrios
naturales y la inherente estabilidad de los ecosistemas quedan por tanto destruidos. Al contrario que cuando existe una diversi dad vegetal y una capa permanente de suelo natural, un núme ro pequeño de cultivos sólo usa el espacio disponible durante parte del tiempo. El suelo se ve expuesto al viento y a la lluvia en un grado mucho mayor que antes, particularmente en aque llos lugares donde los suelos quedan vacíos durante parte del año, ocasionando índices mucho mayores de erosión que los que se generan bajo ecosistemas naturales. Los procesos de reciclaje de nutrientes también resultan alterados y, por tanto, se necesi tan aportaciones adicionales en forma de abonos o fertilizantes para poder mantener la fertilidad del suelo. La adopción de la irrigación es aún más perjudicial por cuanto crea un medio am biente que es todavía más artificial que la agricultura de secano, que depende de la lluvia. Añadir grandes cantidades de agua a un suelo pobre puede permitir al agricultor cultivar las cosechas que prefiera, pero puede tener efectos catastróficos a largo pla zo. El agua adicional pasa a la capa freática subterránea y hará, en plazos de tiempo distintos dependiendo de las condiciones lo cales, que aumenten los niveles de agua hasta que el suelo que de anegado. El agua adicional también altera el contenido mine ral del suelo: aumenta la cantidad de sal que, especialmente en áreas con índices elevados de evaporación, puede acabar for mando una gruesa capa salina sobre la superficie que haga la agricultura imposible. La única forma de evitar este proceso es mediante un uso muy cuidadoso de la irrigación, no regando en exceso y dejando el suelo en barbecho durante largos períodos.
La difusión de las sociedades sedentarias también aumentó en otros sentidos las presiones que se imponían al suelo. El impac to global de los grupos dedicados a la recolección y la caza, con su forma nómada de vida y su bajo nivel de exigencia de ali mentos, había sido leve y relativamente difuso. Pero la aparición de aldeas y pueblos (y de una población cada vez mayor) hizo que la demanda de recursos estuviese ahora más concentrada, con lo que los esfuerzos por aumentar los suministros impondría tensiones significativamente mayores sobre áreas más reducidas. Surgieron nuevas demandas, especialmente de fabricación de materiales para la construcción de casas permanentes y también de productos nuevos y más variados. Los bosques sufrieron enor memente con el rápido aumento de la necesidad de madera para
construir casas, calentar las viviendas y cocinar los alimentos. La deforestación local que desencadenó una mayor erosión del sue lo se convirtió en un problema en torno a las zonas donde se producían los asentamientos. Datos recientes referidos a Jordania central sugieren que ya en el 6000 antes de J.C., unos mil años después de la aparición de las comunidades sedentarias, las al deas eran abandonadas porque la erosión del suelo causada por la deforestación dio como resultado un paisaje muy maltratado, un menor rendimiento de las cosechas y finalmente una imposi bilidad de conseguir alimentos suficientés.
La creación de medios artificiales para cosechar alimentos y el auge de las comunidades no sólo concentró el impacto me dioambiental de las actividades humanas, sino que hizo que a las sociedades humanas les resultase más difícil evitar las conse cuencias de sus acciones. En ecosistemas particularmente sensi bles y dado el impacto de las modificaciones que los seres hu manos introducían en el medio ambiente tuvo efectos especial mente concentrados: los pilares de la sociedad podían resultar tan dañados que provocasen su hundimiento. Estas primeras sociedades dependían de la producción de un excedente ali mentario para alimentar y mantener a un creciente número de sa cerdotes, gobernantes, burócratas, soldados y artesanos. Si la producción alimentaria se volvía más difícil y descendía el ren dimiento de las cosechas, entonces la misma base de las prime ras Ciudades Estado y de los primeros imperios se veía socava da. Quizá no sea de extrañar que los primeros indicios de un daño generalizado apareciesen en Mesopotamia, la zona donde se habían producido por primera vez las modificaciones más ex tensas del medio ambiente natural.
Cuando, en 1936, uno de los excavadores de las primeras ciudades de Sumeria, Leonard Woolley, escribió un libro sobre su trabajo titulado Ur o fth e Chaldees, se mostró perplejo ante el de solado paisaje prácticamente sin árboles de lo que es actualmen te el sur de Mesopotamia.
«Sólo a quienes han visto el desierto de Mesopotamia les resultará casi increíble la evocación del mundo an tiguo, tan radical es el contraste entre el pasado y el presente... que es todavía más difícil comprender que este vacío yermo una vez fértil diese frutos para el
sustento de un mundo próspero. ¿Por qué, si Ur fue la capital de un imperio, si Sumeria fue una vez un inmenso granero, ha quedado la población reducida a la nada y hasta el suelo perdió su virtud?»
La respuesta al interrogante de Woolley es que los propios sumerios destruyeron el mundo que habían creado con tanto es mero a partir del difícil medio ambiente del sur de Mesopotamia. El valle de los ríos gemelos, el Tigris y el Éufrates, impuso problemas enormes para cualquier "sociedad, especialmente en el sur. El caudal de los ríos era mayor durante la primavera después de derretirse las nieves del invierno cerca de sus nacimientos, y menor entre agosto y octubre, momento en que las cosechas re cién plantadas necesitaban mayor cantidad de agua. En el norte de Mesopotamia el problema se veía aliviado por las lluvias de finales de otoño y de invierno, pero el nivel de las precipitacio nes era muy bajo y con frecuencia inexistente más al sur. Esto hizo que en la región sumeria el almacenamiento de agua y la irrigación fuesen esenciales para que pudiesen crecer las cose chas. Sin embargo, una combinación de las condiciones locales hacía que estos procesos generasen tanto costes como benefi cios. Al principio las ventajas habrían sido mayores que las des ventajas, pero lentamente habría aparecido toda una serie de grandes problemas. En verano, las temperaturas eran altas, a me nudo de hasta 40 °C, lo que aumentaba la evaporación de la su perficie y como consecuencia la cantidad de sal del suelo. La re tención de agua en las capas más profundas del suelo, y por tan to el riesgo de saturación, aumentó por dos factores. El propio suelo tenía muy baja permeabilidad. Esto se vio exacerbado por el lento ritmo de drenaje causado por lo plano de la tierra, em peorado por la cantidad de cieno que arrastraban los ríos, pro bablemente procedente de la deforestación de las tierras altas, que añadía un metro y medio de cieno cada milenio e hizo que el delta de los dos ríos se extendiese unos 24 kilómetros por mi lenio. Según se iba anegando la tierra y aumentaba la capa freá tica, la superficie iba adquiriendo más sal, y los índices de eva poración hacían que se formase una gruesa capa salina. Los co nocimientos agrícolas modernos sugieren que la única forma de evitar los peores de estos problemas es dejar la tierra en barbe cho y sin regar durante largos períodos de tiempo para permitir
que baje el nivel de la capa freática. Las presiones internas den tro de la sociedad sumeria hizo que esto fuese imposible y pro vocó el desastre. La limitada cantidad de tierra que se podía re gar, el crecimiento de la población, la necesidad de alimentar a más burócratas y soldados y la creciente competición entre las Ciudades Estado aumentaron la presión para intensificar el siste ma agrícola. La imperiosa necesidad de producir más alimentos hacía que fuese imposible dejar la tierra en barbecho durante lar gos períodos. Las exigencias a corto plazo rebasaron toda consi deración sobre la necesidad de una estabilidad a largo plazo y el mantenimiento de un sistema agrícola sostenible.
Hacia el 3000 antes de J.C., la sociedad sumeria se convirtió en la sociedad del mundo que desarrolló un sistema de escritu ra. Los detallados registros administrativos que conservaban los templos de las Ciudades Estado aportan un testimonio de los cam bios que se introdujeron en el sistema agrícola y nos permiten hacernos una idea de los grandes problemas que aparecieron. En el período de la Primera Dinastía, que duró más de seiscientos años hasta el 2370 antes de J.C., las principales Ciudades Estado —Kish, Uruk, Ur y Lagash— eran sociedades organizadas milita ristas que utilizaban el excedente alimentario producido por la irrigación para alimentar tanto a los burócratas que dirigían los Estados como a los ejércitos con los que competían continua mente por el dominio de la zona. Todos estos Estados depen dían de su base agrícola para la producción a gran escala de tri go y cebada, y esta base estaba siendo lentamente socavada por la degradación medioambiental que provocaba la irrigación. Ha cia el 3500 antes de J.C., en el sur de Mesopotamia se cultivaban cantidades aproximadamente iguales de trigo y cebada. Pero el trigo sólo puede tolerar un nivel de sal en el suelo del cincuen ta por ciento, mientras que la cebada aún puede crecer con el doble de esta cantidad. La creciente salinización del suelo se puede deducir de la cada vez menor cantidad de trigo que se cultivaba y de su sustitución por la cebada, más tolerante a la sal. Hacia el 2500 antes de J.C. el trigo se había reducido a sólo el 15 por ciento de la cosecha; hacia el 2100 Ur había abandonado la producción de trigo y en conjunto había descendido a sólo un 2 por ciento de las cosechas cultivadas en la región sumeria. Ha cia el 2000, las ciudades de Isin y Larsa habían dejado de culti var trigo, y hacia el 1700 antes de J.C. los niveles de sal del sue
lo en todo el sur de Mesopotamia eran tan altos que no se cul tivaba trigo en absoluto.
Todavía más importante que la sustitución del trigo por la ce bada fue el descenso del rendimiento de las cosechas en toda la región. En las primeras fases de la sociedad sumeria, cuando al gunas áreas quedaron fuera de producción debido a la saliniza- ción fueron sustituidas por campos de nuevo cultivo. El aumen to demográfico, y la necesidad de un mayor excedente alimenta rio para mantener un ejército a medida que aumentaba la frecuencia de las guerras, intensificó la demanda de nuevas tie rras. Pero la cantidad de tierra nueva que se podía cultivar, aun con las más extensas y complejas obras de irrigación que se es taban generalizando, era limitada. Hasta aproximadamente el 2400 antes de J.C. la producción de las cosechas siguió siendo alta, en algunas áreas tan alta al menos como en la Europa me dieval e incluso mayor. Después, conforme se llegó al límite de tierra cultivable y la salinización empezaba a provocar pérdidas aún mayores, el excedente alimentario empezó a descender rá pidamente. La producción de las cosechas cayó un 42 por cien to entre el 2400 y el 2100 antes de J.C., y un 65 por ciento ha cia el 1700 antes de J.C. Hay documentos que datan del 2000 an tes de J.C. que hablan de que «la tierra se volvió blanca», una clara referencia al drástico impacto de la salinización. Las conse cuencias de esto para una sociedad tan dependiente de un ex cedente alimentario son fáciles de imaginar. El tamaño de la bu rocracia y, quizás aun más importante, del ejército que era posi ble alimentar y mantener, descendió rápidamente, haciendo al Estado muy vulnerable a la conquista exterior. Lo que es signifi cativo es cómo la historia política de Sumeria y sus Ciudades Es tado sigue tan de cerca el constante declive de su base agrícola. Las Ciudades Estado independientes sobrevivieron hasta el 2370 antes de J.C., cuando el primer conquistador exterior de la región —Sargón de Agade— fundó el Imperio Acadiano. Esa conquista es contemporánea del primer declive serio del rendimiento de las cosechas a consecuencia de la generalizada salinización. Duran te los seiscientos años siguientes, la región contempló la con quista del Imperio Acadiano por parte de los nómadas guti pro cedentes de los montes Zagros, una breve recuperación de la re gión bajo la Tercera Dinastía de Ur entre el 2113 y el 2000 antes de J.C., su hundimiento bajo la presión de los elamitas en el oes
te y los amoritas en el este y, hacia el 1800 antes de J.C., la con quista de la zona por el reinado babilonio centrado en el norte de Mesopotamia. A lo largo de este período, desde el fin de las una vez prósperas y poderosas Ciudades Estado hasta la con quista babilónica, la producción de las cosechas siguió descen diendo, haciendo que fuese muy difícil mantener a un Estado viable. Hacia el 1800 antes de J.C., momento en que la produc ción alcanzaba aproximadamente sólo un tercio del nivel que tuvo durante el período de la Priniera Dinastía, la base agrícola de Sumeria se había hundido por completo y el foco de la so ciedad mesopotámica se trasladó permanentemente al norte, donde una sucesión de Estados imperiales controló la región, y Sumeria quedó reducida a la insignificancia como un subpobla- do y empobrecido lugar atrasado del Imperio.
El sistema agrícola artificial que fue el fundamento de la civi lización sumeria era muy frágil y al final provocó su propia caí da. La historia posterior de la región refuerza la tesis de que todas las intervenciones humanas tienden a degradar los ecosis temas, y muestra lo fácil que es inclinar la balanza hacia la des trucción cuando el sistema agrícola es sumamente artificial, las condiciones naturales son muy difíciles y las presiones para au mentar la producción son implacables. También sugiere que es muy difícil equilibrar la balanza o invertir el proceso una vez que se ha iniciado. Siglos después, cuando las Ciudades Estado de Sumeria ya no eran ni siquiera recuerdo, aún operaban en Meso potamia los mismos procesos. Entre el 1300 y el 900 antes de J.C. se produjo un hundimiento de la agricultura en la zona central a consecuencia de la salinización provocada por una irrigación ex cesiva. En los alrededores de Bagdad, durante los siglos vn y vm después de J.C., antes y después de la conquista árabe, la zona era próspera y las grandes cosechas que daban los campos irri gados mantenían a una sociedad acaudalada y sofisticada. Pero parece que se dieron las mismas presiones que en Sumeria unos 3.000 años antes. Para estimular la producción alimentaria se abrieron cuatro grandes canales de riego entre el Tigris y el Éu- frates, lo que, a su vez, desembocó en el anegamiento de la zona, el rápido crecimiento de la capa freática y el aumento de la salinización. En este momento, la población de Mesopotamia era probablemente de un millón y medio de personas, pero el colapso agrícola producido por una irrigación intensiva y la con
quista por parte de los mongoles en el siglo xni causó un ingente declive de población hasta unas 150.000 personas hacia el año 1500 y provocó el fin de la sofisticada sociedad que había so brevivido en la zona durante siglos.
Muchas de estas mismas fuerzas que produjeron el hundi miento de las primeras sociedades sedentarias de Mesopotamia parecen haber operado también en el valle del Indo, aunque no es posible identificar las tendencias con tanto detalle porque la escritura utilizada por sus habitantes no ha sido descifrada. Como en Mesopotamia, lo que una vez fue una sociedad floreciente en una zona rica y productiva se ha convertido en una región de solada por la sobreexplotación de un medio ambiente delicado. La compleja sociedad jerárquica altamente centralizada que emer gió alrededor del 2300 antes de J.C. duró menos de 500 años. Los colonos del valle del Indo se enfrentaron a un gran problema, la tendencia del río a desbordarse sobre grandes áreas y a cambiar su curso. Se hicieron grandes obras de contención del río y de irrigación de los campos para producir los alimentos que mante nían y alimentaban a la elite gobernante, a los sacerdotes y al ejército. En el caluroso clima del valle, la irrigación habría teni do el mismo efecto que en Sumeria, aumentar la capa freática, incrementar el anegamiento, provocar una progresiva salinización del suelo y finalmente una capa salina sobre la superficie, lo que habría desembocado en el gradual declive de la producción de cosechas.
El otro factor que socavó el medio ambiente del valle del Indo fue la deforestación. La zona que atrajo a los primeros co lonos era muy rica en bosque y tenía abundante fauna. Parte de este bosque fue aclarado para conseguir campos para la agricul tura. De mayor importancia sin embargo fue la técnica de cons trucción utilizada por los habitantes. Para construir sus grandes templos y palacios las sociedades mesopotámicas usaban ladrillos de barro secados al sol. Los pueblos del valle del Indo también usaban ladrillos de barro, pero los secaban en hornos, y el pro ceso requería enormes cantidades de madera. Muy rápidamente, los árboles de la zona fueron cortados. Esto expuso al suelo a la acción de los elementos y causó una rápida erosión y un des censo de la calidad del suelo. Hacia el 1900 antes de J.C. la so ciedad del valle del Indo llegó a un final súbito. El índice de de gradación medioambiental provocado por la salinización y la de
forestación sugiere que una reducción sustancial del excedente alimentario disponible puede haber desembocado en una reduc ción del tamaño del ejército y en una mayor vulnerabilidad a la conquista exterior, de forma muy parecida a como se produjo el hundimiento de Sumeria.
La extensa deforestación ha sido un problema para muchas sociedades a lo largo de la historia. Una mayor población huma na imponía una creciente tensión sobre el medio ambiente de la zona en general, y en particular sobre las existencias de madera, el recurso más fácil de conseguir para la calefacción, la cocina y en muchos casos la construcción. Se aclararon bosques para de