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Chapter 7 Conclusions and Recommendations

7.2 Recommendations

Durante 1970, el Instituto Nacional de la Investigación Científica realizó un diagnóstico sobre la situación del país en materia tecnológica, observando que mantenía un alto nivel de dependencia tecnológica, escasez de recursos humanos, limitado apoyo financiero, y una reducida vinculación entre el sistema científico y tecnológico y la educación superior, así como, poca participación del sector privado y la inexistencia de un organismo capacitado para la planeación, coordinación y fomento de la investigación científica y tecnológica (NAFINSA, 1976:547)

Con el propósito de superar el atraso científico, la dependencia tecnológica y cultural y la insuficiente integración del sistema científico y tecnológico nacional, se llegó a la conclusión de la necesidad de impulsar un esfuerzo planificado, a largo plazo, donde participara el Estado, las instituciones del sistema y de las dedicadas a la enseñanza superior y el sector productivo, para esto en 1971 se creó el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT).

Las dos principales funciones con las que se originó el CONACYT: 1) asesor y auxiliar del Ejecutivo Federal en la fijación, instrumentación, ejecución y evaluación de la política nacional de ciencia y tecnología; 2) la promoción de la investigación y el desarrollo experimental, la creación y el fortalecimiento de los centros de investigación, el suministro de servicios de apoyo a la comunidad científica, al sector normativo del gobierno y a las actividades productivas como órgano ejecutivo en los convenios de cooperación internacional.

Las actividades del CONACYT desde su origen se han orientado “al reforzamiento de la dispersa, descoordinada y débil infraestructura institucional del país y a la formación acelerada de profesores, investigadores y técnicos en el exterior, así

como a la coordinación de la cooperación científica y tecnológica con el exterior de recursos humanos, sin haber fijado un marco general de referencia” (De María y Campos, 2002:16) En un interesante trabajo Wionczek31 argumenta que en “1974 no existía ningún marco conceptual de política de ciencia y tecnología para México, mientras la información sobre las actividades de investigación era superficial, fragmentaria y poco fidedigna. Fueron necesarios más de dos años de esfuerzo muy intenso dentro del CONACYT para que surgiera un marco conceptual que reflejaba la situación de la ciencia y la tecnología del país y para formular un diagnóstico relativamente exacto de relaciones entre las actividades científicas y tecnológicas y la educación y el sistema productivo” (1981:12)

Desde su primera etapa ha tenido participación en la formación de ingenieros especializados, técnicos e investigadores, a través de programas de becas y el robustecimiento de la infraestructura especializada en investigación e información. Durante el período de 1973 a 1976 se llevaron a cabo 13 programas indicativos en áreas como salud, vivienda, alimentación, investigación demográfica, recursos marinos, entre otros.

2.3.2.1 Evaluación de la Ciencia y Tecnología de los años setenta

En 1973 se comenzó a elaborar un censo de ciencia y tecnología cuyos resultados se conocieron en 1975, entre los más importantes (tomados del estudio de Wionczek, 1981:12-14) sobre la situación del sistema científico tecnológico se tienen los siguientes:

a) dependía en forma exagerada e inconveniente del desarrollo de la ciencia y la tecnología en los países altamente desarrollados, limitándose en muchos casos a actividades puramente imitativa en campos de investigación de gran importancia para el futuro del país;

b) contaba con recursos financieros insuficientes, no sólo en comparación con los países desarrollados sino incluso con algunos países del mismo nivel de desarrollo, como las repúblicas mayores de América Latina;

c) no disponía de suficientes recursos humanos en cantidad y calidad, tanto en términos absolutos como en comparación con muchos otros países de similar nivel de desarrollo;

d) padecía de una excesiva concentración geográfica e institucional de la ciencia y la tecnología. En 1973, las instituciones de investigación ubicadas en el D. F. y alrededores concentraban más del 80% del gasto y del personal del país y cinco grandes organismos representaban el 45% del gasto nacional.

e) el gasto en ciencia y tecnología estaba mal distribuido funcionalmente. Casi el 70% de los recursos financieros se destinaba al pago de sueldos y salarios y menos del 15% a la compra de materiales y equipo, sin cuya disponibilidad adecuada no es factible hacer investigación seria;

f) la mayoría de las instituciones de investigación carecían de “masas críticas” de investigadores. Sólo el 3.5% de las instituciones tenían más de 20 investigadores de cierta relevancia, las cuales con frecuencia involucran la adopción de un enfoque multidisciplinario;

g) los recursos destinados a la investigación aplicada y desarrollo experimental se dirigieron al apoyo de sectores donde la participación del Estado era muy intensa. Petróleo y energía, agricultura, medicina y salud e industria de bienes intermedios absorbían la mitad de los recursos financieros disponibles para la investigación. No obstante, en estos sectores la investigación no era suficiente ni adecuada para satisfacer las necesidades de conocimientos científicos y tecnológicos del país. Se descuidaron sectores importantes, como la investigación en ciertas partes del sector agropecuario (ganadería y silvicultura), los recursos no renovables, las industrias de bienes de capital, los transportes y comunicaciones, el desarrollo urbano y la vivienda, etc.

h) Ausencia de vínculos permanentes entre la investigación y los sistemas educativo y productivo. La estructura del sistema nacional e ciencia y tecnología propiciaba la separación de las investigaciones de las actividades productivas caracterizadas por su crecimiento dinámico y complejidad técnica. Los servicios en difusión y divulgación de la ciencia y la tecnología estaban poco desarrollados, limitando al mínimo su impacto cultural y educativo. La debilidad de los servicios técnicos y de difusión y extensión obstaculizaba la transmisión de los conocimientos al sector productivo; esta situación era patente sobretodo en agricultura no comercial y en las industrias de bienes de consumo.

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