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CHAPTER 5: CONCLUSIONS AND RECOMMENDATIONS

5.2 Recommendations

LUHMANN alcanzó a crear una descomunal teoría de los sistemas sociales, omnicomprensiva y totalizadora, en donde cada sistema viene determinado y clausurado en sus operaciones de forma autorreferencial, autopoiética y diferencial con otros sistemas o entornos; el hombre deja de ser parte del sistema para, desde la perspectiva de un observador del observador, formar parte del

entorno; si bien el hombre es presupuesto de la Sociedad, lo es exclusivamente en cuanto a

referencia. Configuró una teoría de la sociedad y de los sistemas sociales (parte de que hay sistemas) con un claro leitmotiv, la comunicación de sentido. Los sistemas sociales se vinculan

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Es de destacar su teoría de la socialización, en la que desarrolla el concepto también husserliano del mundo de la vida pero desde una perspectiva que abarca la puramente fenomenológica. Dice que «(l)a situación de acción así interpretada circunscribe un ámbito de alternativas de acción abierto en vista de un tema, esto es, un ámbito de condiciones y medios para la ejecución de planes. A la situación pertenece todo aquello que se hace sentir como una restricción para las correspondientes iniciativas de acción. Mientras que el mundo de la vida, como recurso que es para la acción orientada al entendimiento, lo mantiene el actor a sus espaldas, esas restricciones que las circunstancias de la ejecución de sus planes le imponen le salen al paso como ingredientes de la situación», HABERMAS, J., Teoría de la acción comunicativa, II, op. cit., p. 191. En coherencia con su teoría de la razón funcionalista, reconoce que existen horizontes restringidos que limitan el mundo de la vida, por ejemplo las tradiciones culturales que definen todos los estados y sus historias verdaderas, ID., ibidem, op. cit., pp. 192 y ss. En concreto, señala que «(l)as estructuras simbólicas del mundo de la vida se reproducen por vía de la comunicación del saber válido, de la estabilización de la solidaridad de los grupos y de la formación de actores capaces de responder de sus acciones (…) A estos procesos de reproducción cultural, integración social y socialización corresponden los componentes estructurales del mundo de la vida que son la cultura, la sociedad y la personalidad», ID., ibidem, op. cit., p. 196. Sobre este trinomio fundamenta y desarrolla su teoría de la comunicación y los sistemas «autorregulados», superando, dice, la filosofía de la conciencia y del conocimiento. Tanto es así que llega a afirmar con toda coherencia que «(l)os actores nunca controlan por completo su situación de acción», ID., ibidem, op. cit., p. 211.

33 con acciones humanas entre sí diferenciadas de otros sistemas de forma que podría decirse que existe cierto automatismo ajeno al hombre. El eje central de su pensamiento es que cada sistema social (Derecho, Política, Economía, etc.) tiene sus propias operaciones. Estas operaciones se autorrefieren (autorreferencia) pero a la vez se autoconstruyen (autopoiesis), lo que causa la diferenciación clausurada con otros sistemas o entornos.

La propiedad de cada sistema son los medios de comunicación simbólicamente generalizados: el Amor, la Verdad, el Poder, el Dinero. Estos medios de comunicación son propios de sociedades modernas o funcionalmente diferenciadas. Contienen un código positivo/negativo que articula las operaciones en el sistema: las expectativas positivas (fiables) y negativas (no fiables). Estos medios de comunicación constituyen la diferencia entre sistemas, por ejemplo, en la Política el medio de comunicación sobre el que se basa y se constituye es el Poder, de manera que todas las operaciones, en definitiva, las expectativas sociales se basan en el Poder.

Concluyó que la moral no cumple una función relevante en los sistemas sociales69. De aquí que los «sistemas psíquicos», los pensamientos del hombre, no constituyan un elemento propio de los sistemas, sino del entorno, las expectativas se orientan social y psíquicamente70, son las operaciones codificadas positivas y negativas las que se transfieren con los medios de comunicación simbólicamente generalizados de modo que «la selectividad interna del hombre, esto es, lo que constituye como unidad orgánico-psíquica, no es idéntica a la selectividad social del sistema de comunicación y transcurre de un modo enteramente distinto»71. Por eso la sociedad es comunicación, no consiste en individuos, sino en comunicaciones en una estructura (red de expectativas) que están en el lado objetivo de la «relación cognoscitiva»72. La moral ya

no tiene una función propia y diferenciadora en las sociedades modernas, ni puede ser aislada al

haber sido sustituida por otros medios de comunicación simbólicamente generalizados que procuran la diferenciación en el sistema. La moral se difumina en cada sistema social, en cada medio de comunicación que son los que ahora procuran la fluidez de la comunicación sin tener en cuenta la moral estrictamente, o neutralizándola, no se precisa ninguna motivación moral73. En este sentido, LUHMANN refuerza la doctrina nietzscheana de la inversión de la moral o

69 L

UHMANN, N., «Paradigm Lost: sobre la reflexión ética de la moral», LUHMANN, N., La moral de la sociedad, Ed. Trotta, recopilación de artículos, 2013, p. 243.

70 L

UHMANN, N., «Las normas desde una perspectiva sociológica», LUHMANN, N., La moral de la sociedad, op. cit., p. 34.

71

LUHMANN, N., «Sociología de la moral», LUHMANN, N., La moral de la sociedad, op. cit., p. 81.

72 I

D., ibidem, op. cit., p. 91.

73 H

34

transvaloración de todos los valores, de manera que la moral no tiene peso determinante en la

Sociedad ni en el Derecho, al menos como hace unos pocos siglos74.

En un mundo de sistemas sociales, todos debemos contar con la contingencia que suponen los otros (alter) en nuestras propias expectativas: doble contingencia. Si para LUHMANN los hombres tienen expectativas sociales, y éstas tienen contingencias, o sea, que pueden suceder de otra

manera y lo imposible se puede hacer posible, en tales expectativas se han de contar con las

expectativas de los otros. En esta contingencia se crea un nuevo horizonte de lo posible, aceptándolo o no: se reduce la complejidad pero se crea otra al crearse un nuevo horizonte. Aquí se inicia ya el orden social, con el sentido de la más mínima contingencia y decisión sobre la expectativa se crea un sistema que cuando se coordinan con otros posibilitan el orden social75.

La pregunta que sobresale y nos es lícito hacer es la siguiente: ¿para qué entonces la moral

generalizada si bastan las expectativas sociales, las generalizadas? En armonía con LUHMANN, en cuanto se entra en el discurso de la moral, surge el «problema» de que quien la alega se ve sometido siempre a ésta. Sin embargo, seguir siempre una norma moral –también generalizada– no es posible en todos los casos porque las expectativas cambian, también las sociales: esta es la

paradoja de la moral. Decir que alguien ha incumplido una norma por motivos morales es hablar

de nada, también en el caso de quien alega el incumplimiento de una norma moral76.

Según LUHMANN, esta confluencia de expectativas de unos y otros forman las normas de

deber en la sociedad, unas veces legales, otras convencionales o morales. Las normas son las

74 Los políticos (el sistema social de la Política en la sociedad moderna) no sostienen sus decisiones en la

moral, sino que en ocasiones hacen referencia al subsistema de la moral. La expectativa social no es que los políticos tomen decisiones morales sino propiamente positivas para la sociedad. Si bien la expectativa social comunica que no se espera que los políticos sean corruptos o jueguen sucio, o los deportistas se dopen desvirtuando de tal manera la política del deporte, lo que referencialmente llama al subsistema de la moral, pero no lo integra per se, aunque pueda determinarlo cuando la moral entra en la red de la estructura social a modo de expectativa, LUHMANN, N., «La honradez de los políticos y la superior amoralidad de la política», LUHMANN, N., La moral de la sociedad, op. cit., pp. 159 a 161; ID., «La ética como teoría reflexiva de la moral», LUHMANN, N., La moral de la sociedad, op. cit., pp. 309 y 310, añade que «(d)e ahí no se puede concluir que los sistemas funcionales mismos estén fundados en la moral. Más bien, es la conclusión contraria la que resulta obvia, a saber, que el medio influido de la moral cristaliza allí donde los sistemas funcionales pueden darle una función».

75

LUHMANN, N., ¿Cómo es posible el orden social?, trad. Pedro Morandé Court, Herder, 2009, p. 125.

76 El sociólogo alemán explica que el Derecho opera normativamente clausurado pero cognitivamente abierto,

su apertura es la condición de su clausura como en cualquier otro sistema, de aquí que la tesis de la clausura normativa «se dirige en primer lugar contra la concepción de que la moral podría tener validez de inmediato dentro del sistema jurídico», LUHMANN, N., El derecho de la sociedad, 2ª ed., Herder, 2005, pp. 133 y 134. Añade que «la distinción entre cerrado normativamente y abierto cognitivamente se practica sólo dentro del sistema (y no como circunstancia dada objetivamente). El sistema jurídico se convierte a sí mismo en ley. Por eso, la moral no tiene ninguna relevancia jurídica: ni como código (bien hecho/mal hecho; bueno/malo), ni como valoración singular (…) Ciertamente el derecho puede aceptar metas normativas preestablecidas por parte de la moral o de otras fuentes sociales. Sin embargo, esto debe tener lugar a través de una transformación explícita en derecho», ID., ibidem, op. cit., p. 141.

35 operaciones de las expectativas de uno (ego) con las del otro (alter)77, son expectativas y expectativas de expectativas del otro, lo que cabe esperarse, la fiabilidad: este es el fundamento de las normas78 convencionales, legales y morales. No puede aceptarse entonces que en el Sistema Social pueda darse un consenso general ni la racionalidad comunicativa en los términos antes expuestos, sino el poder de algún sistema sobre otro según el caso, esto es, porque al

sistema le falta racionalidad79. Son las operaciones propias de cada sistema lo que legitima su existencia, a esto le denomina legitimación a través del procedimiento y sirve para fundamentar especialmente la legitimidad de las normas80, no una moral generalizada ni la racionalidad comunicativa. De aquí se extrae la principal conclusión contra la tradición idealista: el sistema

no se fundamenta en el consenso ni en la moral generalizada.

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