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Para analizar la construcción de la identidad de género como proceso social que se suscita desde el interior de la familia, es importante saber que el concepto de género intenta en primer lugar, identificar la subordinación de la mujer ante el hombre. Fue en la búsqueda de explicaciones a la subordinación que surgió dicho concepto, es decir, el sexo socialmente construido. Rubin (1986), define al sistema sexo/género como sigue: ―El conjunto de disposiciones por el que una sociedad transforma la sexualidad biológica en productos de la

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actividad humana, y en el que se satisfacen esas necesidades humanas transformadas‖ (Rubin, 1986:97). El sexo biológico y el género social son esenciales en la relación al interior y al exterior de la familia, y uno no debe excluir al otro.

León (1994:30) menciona que ―el género analiza los significados de ser hombre o ser mujer, enfocándose en las diferencias sociales y culturales entre ambos, es decir, la construcción de la masculinidad o la feminidad como productos históricos; rechazando el determinismo biológico que explica la capacidad reproductiva de las hembras y la fuerza física de los machos‖.

Según de Barbieri (1992), los sistemas de género son el conjunto de prácticas, símbolos, representaciones, normas y valores sociales que las sociedades elaboran a partir de la diferencia sexual anatómica y fisiológica, dando sentido a la satisfacción de los impulsos sexuales, a la reproducción de la especie humana y en general a la forma en que se relacionan las personas. Por eso el análisis de género implica necesariamente estudiar formas de organización y funcionamiento de las sociedades, y analizar las relaciones sociales. Estas últimas pueden darse de mujer a varón, de mujer a mujer, o de varón a varón. Entonces, los sistemas de género son el objeto de estudio más amplio para comprender y explicar el ―par subordinación femenina-dominación masculina‖ (de Barbieri 1992: 114-115).

En cuanto a la relación familia y género, es fundamental señalar que las jerarquías de género son creadas, reproducidas y mantenidas día a día a través de la interacción de los miembros del hogar; siendo el núcleo familiar la institución primaria para la organización de las relaciones de género en la sociedad. León (1994) menciona que es en ésta donde la división sexual del trabajo, la regulación de la sexualidad y la construcción social y reproducción de los géneros se encuentran enraizadas. Añade que los intereses de género de las mujeres buscan desde la investigación y la acción, transformar las relaciones sociales asimétricas, lo cual incluye búsqueda de igualdad ante la ley, autodeterminación económica y psicológica, abolición de la división sexual del trabajo basada en el género, control de la mujer sobre su sexualidad y su capacidad reproductiva, y erradicación de la violencia y coerción masculina. Además, como el género se construye simultáneamente con otras

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relaciones de clase, etnia y edad, el objetivo de género de las mujeres es ―cambiar las asimetrías que resultan también de estas relaciones, dentro de la búsqueda de un proyecto de transformación total de la sociedad‖ (León, 1004:31-32).

La perspectiva de género propone que los roles tanto al interior como al exterior de la familia no son inherentes al individu@ desde que se conoce su sexo biológico, sino que son construidos socialmente e impuestos sobre el mismo por las colectividades u otros individu@s. Es común identificar el rol instrumental (fuerte, activo, racional) con el hombre, y el expresivo (débil, no activa, emotiva) con la mujer. Así la armonía o el consenso viene de reproducir los roles y promoverlos, pero no de cuestionarlos.

Como se mencionó anteriormente, ya que el género es construido por experiencias culturales e históricas, trasciende el nivel individual de la conducta y el ámbito de la familia, además se incluyen arreglos institucionales y sirve para entender todas las relaciones sociales, entre ellas pero no exclusivamente, las de la familia.

Para León (1994:36), las relaciones entre el género y la familia se ven como una relación dialéctica, pues al mismo tiempo que estructura las relaciones familiares, el género se encuentra constituido por éstas. Es así como esta perspectiva subraya la relación de la familia con otras relaciones sociales permitiendo ubicarla en contextos políticos y económicos definidos por otras relaciones sociales, entre ellas las de clase, etnia y edad. El registro empírico de la morfología y composición familiar contradice el supuesto de la teoría de la familia nuclear. Esta teoría menciona que la familia compuesta por padre, madre e hij@s es una unidad relativamente estable y de base natural, siendo el hombre el proveedor de la misma por medio del trabajo en el ámbito público, y siendo la mujer la encargada de llevar a cabo el trabajo reproductivo (los quehaceres del hogar correspondientes al rol madre/esposa). El enfoque de género desvirtúa el supuesto mencionado que existe una gran diversidad de expresiones familiares.

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Cabe mencionar que sólo se reconoce la jefatura femenina en las familias donde se da la ausencia del hombre por viudez, separación, mujeres solas, solteras, con o sin hij@s. Por otro lado, las mujeres casadas o en unión libre están aportando económicamente a la par del marido; por lo tanto, la mujer sola como jefe de hogar por ausencia masculina y la mujer unida como aportadora al ingreso familiar son realidades actuales. Magdalena León (1994), comenta al respecto que de una manera u otra estos cambios empiezan a transformar las representaciones sociales, y por este camino lento, empiezan a transformar los patrones culturales, de manera que puedan desarrollarse identidades de género femenina más allá de la exclusividad de madres y esposas.

Es así como se deconstruye y desmitifica el tipo ideal de familia, mostrando las falacias de los supuestos, invitando a la exploración de las diferencias reales tanto de género como de edad y generación que se dan en las familias. Esto es precisamente lo que se analizará en las familias de Tlaminca, observando también no solo los cambios individuales, sino también estructurales, para conocer cómo es que se están organizando las sociedades con base en las construcciones de género.

La ideología de la familia tradicional mistifica la posición de hombres y mujeres en la familia, viendo el trabajo reproductivo y doméstico de la mujer como algo natural y encubriendo el uso que la familia y sociedad hace del mismo. León (1994:38) menciona que al definirse el hombre en su rol instrumental, con gratificaciones al exterior de la familia, ―se le mutila su capacidad emocional y de ternura, recortándosele las posibilidades de expresividad de su ser, es decir, alejándolo de experiencias humanas gratificantes‖. Por otro lado, la mujer/madre/esposa, definida desde la ideología tradicional, no puede discriminarse del grupo familiar, teniendo deseos o fines diferenciados, por lo tanto, no reconoce que estos deseos o fines pudieran estar en contraposición con el grupo familiar. La identidad actual de las mujeres, según Vargas (1989:94), es la siguiente: ―Parecería comenzar a perfilarse a partir de este engarce entre lo privado y lo público, donde no renuncian a lo que siempre ha sido suyo, más propio, pero tampoco renuncian ni se resignan a permanecer al margen de lo público‖.

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Lo anterior me lleva a considerar que la identidad tradicional de las familias y sus componentes comienza a deconstruirse para recrear nuevas formas de organización, y es objetivo de la presente investigación analizar cómo se están dando esas nuevas formas de relaciones entre los géneros en una sociedad que ha sufrido cambios por el paso de la ruralidad a la nueva ruralidad, en un marco de cambios económicos a nivel local y nacional.

4.1.2. ¿QUÉ HOMBRES? ¿QUÉ MUJERES? ¿QUÉ FAMILIAS?

Muy esquemáticamente nos encontramos frente a dos tipos de estudio sobre la familia nuclear. Aquellos que abogan por la perfectibilidad de ésta (Parsons, 1955; Goody, 1963), definiéndola como la mejor forma de asociación posible, ya que garantiza la estabilidad de la propia familia y del sistema social de cual ésta forma parte. La clave de la estabilidad estaría dada por la mantención de la división de las tareas y funciones entre los sexos, ya que ésta disminuiría los conflictos generados por la competitividad, potenciaría la cooperación y complementariedad de los miembros de la pareja. De esta forma disminuirían los conflictos y sus potencialidades desestabilizadoras de la propia familia y del sistema social. Cualquier elemento que provoque la desestabilización de la familia (por ejemplo, trabajo femenino) implicaría un riesgo elevado para la familia y la sociedad. Aunque las ideas de estos autores corresponden a mediados del siglo pasado, permanecen vigentes en la mayoría de los sistemas sociales en nuestro país.

Para otros autores (Engels, 1955; Kollontai, 1972; Gramsci, 1975), en cambio, las familias se constituyen en función de sus interrelaciones con las demás instituciones sociales, ya que se van conformando históricamente en íntima conexión con procesos económicos, políticos, sociales, culturales y demográficos. Estos teóricos son autores fuertemente críticos del orden social existente y cuestionaron la división de tareas por sexo y los lugares diferenciales de hombres y mujeres en la estructura del poder familiar y en la sociedad. Consideran que esta estructura familiar debe cambiar, supeditando las posibilidades de transformación de la familia a las transformaciones del orden social global.

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Otros autores han aportado desde la psicología y la psiquiatría. Uno de los creadores de la psicoterapia familiar, Salvador Minuchin (1981:25), define a la familia como sigue: ―La familia es un grupo natural que en el curso del tiempo ha elaborado pautas de interacción. Estas constituyen la estructura familiar, que a su vez rige el funcionamiento de los miembros de la familia, define su gama de conductas y facilita su interacción recíproca. La familia necesita de una estructura viable para desempeñar sus tareas esenciales, a saber, apoyar la individuación al tiempo que proporciona un sentimiento de pertenencia‖.

A partir de dicha definición, considero que sin negar la cuestión del establecimiento de límites para dar el carácter de un sistema diferenciado de otro, es necesaria la flexibilidad en las conductas de cada uno de los integrantes para lograr la diferenciación o individuación, lo cual no implica la desintegración familiar necesariamente, sino un reacomodo estructural con una base negociadora y con la intención del desarrollo de cada uno de l@s individu@s que la componen. Las rupturas de los límites o estructura de la familia vienen de una actitud inflexible hacia las conductas que promueven la individualidad de cada integrante, por lo tanto, considero que se puede aspirar a una reestructuración de los límites que pudieran llegar a ser opresivos, fomentando el desarrollo integral del individu@, sin dejar de pertenecer al núcleo familiar, en cualquiera de las versiones que se encuentre. Asumir que hay un solo tipo de familia impide que las acciones psicológicas, sociales y políticas que se implementen, se puedan adecuar a las necesidades propias de estos nuevos estilos familiares.

Lidz (1949), Bateson (1956), Cooper (1976), y otr@s psicólg@s y psiquiatras especialistas estudios de la familia, han efectuado investigaciones teóricas y clínicas que han permitido jerarquizar el contexto familiar como espacio relacional privilegiado para el desarrollo del individu@. Han detectado y descrito formas de comunicación y conducta en la familia que pueden ser estimuladoras del desarrollo individual, o por el contrario, favorecedoras de la producción y preservación de conductas alteradas en uno o más de sus miembros. Sin embargo, para el verdadero desarrollo individual del los integrantes, se debe dejar del lado la ideología tradicional familiar, pues conlleva a establecer prejuicios acerca de lo que es

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normal y de lo que es patológico, asignando connotaciones negativas a las familias que no se ajustan al modelo ideal y estigmatizando a l@s individu@s que las integran.

Aguirre y Fassler (1994) mencionan que las imágenes y mensajes sociales prevalecientes sobre la familia en un determinado momento histórico, los tipos ―normales‖ y las ―anormalidades‖ se conforman y son promovidos por diferentes ideologías e instituciones sociales y políticas. La discriminación que se hace familiarmente acerca del desarrollo individual, que implica un espacio de diferenciación y en ocasiones de ruptura del sistema, puede y debe ser analizada a partir de las construcciones de género al interior y exterior de la familia.

Debido a que las relaciones de género en los sistemas pareja y familia son determinantes en el desarrollo de la sociedad, será interesante analizar cómo es que se construyen las relaciones en una sociedad que a partir de los cambios económicos de las últimas décadas, ha pasado de la ruralidad a la nueva ruralidad.

El tema de desarrollo rural, debe comprender necesariamente la cuestión de género, misma que es observada en las relaciones entre los géneros a nivel social, familiar y en pareja. Una de las formas en que se puede observar las relaciones de género en las parejas, es mediante los índices de satisfacción marital.

A continuación, se desarrollarán conceptos relacionados con el tema de la conformación de la pareja, así como la satisfacción marital, necesarios para la comprensión de los objetivos de la investigación.

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4.1.3. ASPECTOS BIOPSICOSOCIALES EN LA CONFORMACIÓN DE LAS