Hacia finales de los años sesenta y principios de los años setenta, la pro- fundización de la protesta en los Estados Unidos (en adelante EE.UU.) contra la guerra de ese país con Vietnam, sumado a los problemas ra- ciales enmarcan un clima de creciente conflicto social durante la presi- dencia de Richard Nixon. Tal situación coincide con lo que cierta literatura económico-política señala como la verificación de ciertos cam- bios en el ritmo de acumulación del capital en los países centrales (Pe- ralta Ramos, 2007). Esta situación que también se verifica en la producción y productividad del resto de los países capitalistas más in- dustrializados de la época suele ser endilgada fundamentalmente a la denominada “crisis del petróleo” que estalla a principios de los setenta.
Pero como advierte Peralta Ramos, es posible distinguir aspectos estructurales del proceso de acumulación capitalista en las bases causales de tales fenómenos. Particularmente, es la tasa de ganancia del capita- lismo estadounidense la que comienza a tener una tendencia descen- dente desde mediados de los sesenta que perdurará durante los setenta (Peralta Ramos, 2007). La desaceleración en la producción y en la pro- ductividad de los países capitalistas más desarrollados se produce a todo lo largo de los años setenta y llega inclusive hasta finales de los ochenta,
momento coincidente con la emergencia y ascenso del patrón de de- sarrollo sustentable.
Para comprender mejor estas cuestiones es necesario abrevar en la obra de Karl Marx1, quien advertía que el crecimiento en la producti- vidad social del trabajo (menor utilización de fuerza de trabajo en rela- ción a la masa de trabajo objetivado o medios de producción puestos a trabajar) tendencialmente lleva a la caída de la tasa de ganancia capita- lista. De este modo la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia
es formulada por Marx de la siguiente manera:
Como la masa de trabajo vivo empleada disminuye constantemente en proporción a la masa del trabajo materializada, de medios de pro- ducción consumidos productivamente que pone en movimiento, es lógico que la parte de este trabajo vivo que no se retribuye y se mate- rializa en la plusvalía guarde una proporción constantemente decre- ciente con el volumen de valor del capital total invertido. Y esta proporción entre la masa de plusvalía y el valor del capital total em- pleado constituye la tasa de ganancia, la cual tiene, por tanto, que dis- minuir constantemente (Marx, 2009: 215).
Por lo tanto, tal proceso es comandado por el aumento de la com-
posición técnica del capital. Marx distingue entre composición de valor, conformada por “el capital variable o valor de la fuerza de trabajo, suma global de los salarios” y composición técnica, constituida por la masa de medios de producción, instrumental y materiales, puesta en movimiento por aquella (Marx, 2008a: 760). La primera, implica a factores subjeti- vos del proceso de producción, y la segunda, a factores objetivos o tec- nológicos. Con lo cual, a medida que avanza la acumulación capitalista, mayor será la composición técnica del capital en relación a la masa sub- jetiva de fuerza de trabajo empleada.
Lo que Peralta Ramos afirma es que esta tendencia es sufrida por los EE.UU. y demás países altamente desarrollados durante los años sesenta y hasta los años ochenta. En su caso, la crisis del petróleo así como otras circunstancias son capaces de potenciar esta tendencia pero en ningún caso deben ser confundidas con las instancias estructurales involucradas en estos procesos2. Caso contrario, nos sería imposible entender la íntima vinculación entre esta crisis del capitalismo estadounidense de los setenta con el posterior desarrollo de los mercados financieros y tecnológicos a nivel global. Es que, como advertía el propio Marx, al mismo tiempo
que es posible identificar esta tendencia al crecimiento del componente técnico del capital es necesario poner atención en los mecanismos orien- tados a contrarrestarla. Uno de los más importantes tiene que ver con la centralización del capital en donde la acumulación puede desarrollarse: “mediante la mera distribución modificada de capitales ya existentes, me- diante la simple modificación del agrupamiento cuantitativo entre las partes constitutivas del capital social”3(Marx, 2008a: 779).
La centralización del capital permite ampliar la escala de las opera- ciones acelerando la acumulación del excedente y promoviendo el acre- centamiento del componente técnico del capital. Por lo tanto, es capaz de contrarrestar a través de sus herramientas financiero-tecnológicas la tendencia descendiente de la tasa de ganancia y provocar nuevos espi- rales de acumulación ampliados y potenciados por el aumento de pro- ductividad resultante de la tecnificación creciente del capital social.
La internacionalización de la producción industrial profundizada en los años posteriores a la crisis del petróleo encuentra en las CTN a la figura por excelencia de esa centralización del capital. La radicación de las CTN en países periféricos como los latinoamericanos dio lugar a un juego de doble pinza por el cual, por un lado, provocaron una fuerte demanda para la importación de medios de producción tecnológica- mente avanzados y, por otro, como consecuencia, produjeron desajustes en los términos de intercambio de estos países que debieron recurrir al
endeudamiento externo para sostener sus economías4. Estas prácticas
de las CTN conformadas a modo de caballos de Troya, abrieron paso
tanto a una operatoria ampliada a escala global, como a una “nueva forma de acumulación del capital basada en una progresiva dependencia tecnológica de la periferia” (Peralta Ramos, 2007: 45).