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7. Chapter 7 Conclusions and Recommendations

7.3 Recommendations and Future Work

Para los generativistas, cuyo máximo exponente es Noam Chomsky, el lenguaje es el soporte del pensamiento. El papel de la sociedad es de activador, juega cierto papel, pero el desarrollo del lenguaje no está sometido al control de los estímulos externos (imitación, refuerzo, etc.) por lo que se rechaza una perspectiva conductista (Bayes, 1977). Tampoco depende del desarrollo cognitivo, de alcanzar determinados estadios cognitivos (equilibración) por lo que se aleja en buena medida de planteamientos constructivistas. Ni siquiera está limitado a la función práctica de la comunicación, a una perspectiva pragmática, ni depende de los procesos de interacción social (se critica la perspectiva pragmática y constructivista social de Vygotsky, Bruner, etc.). Ningún animal es capaz de aprenderlo. Se enmarca, pues, en un modelo racionalista o mentalista, en el sentido de que el conocimiento surge de la mente humana y no de la experiencia, como plantean los empiristas. Ya Descartes y los gramáticos cartesianos, en el siglo XVII y XVIII, estaban convencidos de que la organización del lenguaje refleja la del pensamiento (lógica). Para Chomsky, el formante del desarrollo del lenguaje es el factor interno, un factor endógeno, frente al exógeno de los conductistas. Se trataría de la posesión de una facultad lingüística innata, una facultad diferenciada de la mente, la facultad del lenguaje, con unas propiedades y organización específicas, como un "módulo" de la mente, que presenta una base biológica, según el cual la naturaleza de la mente mediatiza los procesos de cognición y de lenguaje. Para Chomsky (véase Belinchón et al., 1992; Garman, 1995; Pinker, 1995), cada lengua se concibe como una especificación, concreción o elaboración alternativa de un mismo sistema universal de principios, preexistente en el código genético de nuestra especie, que puede entenderse como la expresión cognitiva de un sustrato biológico cuya maduración estaría prevista en el código genético. A partir de aquí Chomsky dice:

La facultad del lenguaje, expuesta a los estímulos apropiados, construirá una gramática; el individuo conoce la lengua generada por la gramática construida y este conocimiento puede usarse luego para comprender lo que se oye y para producir el discurso en tanto que expresión del pensamiento dentro de los límites establecidos por los principios interiorizados, de una manera apropiada a las situaciones tal como éstas son concebidas por otras facultades mentales y sin sujeción al control de los estímulos.

Es entonces el lenguaje una capacidad innata (innatismo) que a través del contacto o exposición al ambiente se actualiza. Se da además, en el aspecto evolutivo, una notable

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regularidad en el proceso de adquisición entre los niños, cualquiera que sea su ambiente de origen, lo que implica que se dan unos rasgos psicofisiológicos favorables para ello. El lenguaje aparece de forma autónoma y se adquiere de acuerdo con sus propias leyes. No se aprende el lenguaje como se aprende a conducir un coche, sino que el lenguaje se adquiere por un proceso de crecimiento predeterminado: el lenguaje crece en la mente del niño. Dice Chomsky (1983: 53-54): "[...] de la misma forma que el sistema visual del gato, aunque sea modificado por la experiencia, nunca será el de una abeja ni el de una rana, así la facultad lingüística humana desarrollará solo uno de los lenguajes humanos, un grupo ya de por sí estrechamente restringido". Conectó en buena medida con el mentalismo psicológico o cognitivismo, es decir, con la idea de que los estados mentales son lo importante.

Un argumento potente de demostración de la tesis innatista es el de la “pobreza de los estímulos”, es decir, el input lingüístico recibido por el niño es pobre e incompleto por lo que es preciso explicar la forma en que el niño adquiere el lenguaje independientemente de la calidad del modelo que se le presenta. El input recibido por el niño, según Gold (1967; en Galeote, 2002), puede ser de dos tipos "presentación informativa" (informant presentation) o "presentación textual" (textual presentation). La presentación informativa supone ofrecer al aprendiz información sobre cuándo las expresiones son correctas y gramaticales o no (evidencia negativa). La presentación textual supone presentar al niño exclusivamente oraciones gramaticales (evidencia positiva). Es obvio que los niños aprenden las lenguas en situaciones en las que se recibe una cantidad muy limitada de lenguaje y además en las que se cometen errores por parte de los interlocutores (insuficiente evidencia positiva). Otro hecho demostrado es que las incorrecciones de los niños no son en general corregidas por los adultos (insuficiente evidencia negativa). En definitiva, el niño no puede aprender el lenguaje exclusivamente a partir del diálogo con los otros, ya que carece de los modelos y correcciones que serían necesarios para construir la gramática. Galeote (2002: 67) concluye que: "En consecuencia, las restricciones lingüísticas que limitan las hipótesis de los niños deben ser innatas". Es decir, el niño dispone de información sobre las características de los lenguajes naturales, lo que explicaría su facilidad para construir un sistema lingüístico con insuficiente información relevante. En el mismo sentido, Gleason y Ratner (1999: 407), mediante una metáfora informática, dicen que: “[…] los innatistas contemplan el lenguaje como un bioprograma con soporte físico (hardware)

que comienza a desarrollarse en el momento en que el niño está expuesto a un lenguaje”.

Estas ideas fueron apoyadas por el importante trabajo de Eric Lenneberg titulado

Fundamentos biológicos del lenguaje (1967) en el que se estudiaban casos de afasia, de

desarrollo del lenguaje en el retraso mental y aspectos biológicos relativos al innatismo, llegando en definitiva a la conclusión de que el hecho de que todos los niños adquieran el lenguaje en un mismo período (entre los 18 y 30 meses), siguiendo fases semejantes (regularidad) y la rapidez de este desarrollo permite concluir que existe una predisposición biológica. Nique (1982), en ese sentido, señalaba hace unos años que: "Hay un hecho que puede parecer asombroso: la extrema rapidez con que un niño aprende su lengua materna" y más adelante añade: "cualquiera que sea su origen, su raza y la nacionalidad de sus padres, un niño puede aprender cualquier lengua, y no está predispuesto para ninguna en particular". Estos hechos se contradicen claramente con la complejidad aparente de las lenguas. El lenguaje se asienta en el sistema nervioso central y unos órganos periféricos que deben madurar gradualmente (teoría de la maduración) para llegar al lenguaje entre el segundo y tercer año de vida. La estimulación del lenguaje es importante pero no esencial para Lenneberg, debiendo el ambiente proporcionar al menos unos niveles mínimos de estimulación. Añade Lenneberg que este proceso es independiente de las necesidades del niño, es decir, el niño aprende a hablar aunque no lo necesita para sobrevivir; además, es independiente de la voluntad, ya que no hay una decisión intencional de aprender a hablar, ni tampoco hay un proceso de enseñanza del habla, aunque puedan darse algunas correcciones del lenguaje del niño. Considera que la adquisición se produce de manera ideal entre los dos y los doce años (periodo crítico), de forma que si se produce una lesión cerebral posterior a esa edad la recuperación sería mucho más limitada. También son destacables los trabajos de defensa del innatismo y el universalismo lingüístico de David McNeill (1966, 1970).

Chomsky diferencia competencia y actuación. La competencia es "conocimiento que el emisor-receptor tiene de su lengua”, el conocimiento de las reglas del lenguaje que se va acumulando. La actuación se refiere a la "utilización real en situaciones concretas de la competencia". La actuación no es un reflejo totalmente fiel de la competencia ya que se halla sometida a múltiples variables cognitivas, atencionales, sociales, etc. La

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gramática debe hacer explícita la gramática implícita que poseen los sujetos hablantes. El lingüista construye su teoría a partir de un "hablante-oyente ideal que pertenezca a una comunidad lingüística completamente homogénea, que conozca perfectamente su lengua y que, cuando aplique ese conocimiento a una actuación real, no esté influenciado por condiciones gramaticalmente irrelevantes tales como limitación de memoria, distracciones, desplazamientos de interés o atención, errores [...]" (Nique, 1982: 36). De estas cuestiones debería ocuparse una teoría de la actuación.

Chomsky ha postulado la existencia de una estructura generativa o "gramática interna" de carácter genético y universal (Gramática Universal, GU), que se refleja en un conjunto de principios formales comunes a todos los lenguajes o "universales lingüísticos", capaz de originar a través de otra estructura transformacional no universal, sino adquirida en el seno de cada grupo particular, y por lo tanto variable, infinidad de mensajes o de interpretarlos. Por tanto, la postura es generativa, haciendo hincapié en la dimensión universal, individual, interna y creativa del lenguaje humano. Por otro lado, es transformacional en cuanto se requieren unas normas concretas y particulares de cada comunidad que transformen cada estructura profunda generada, incorporando a la misma, a través de reglas específicas de cada idioma, una estructura superficial comprensible. Las reglas que generan la estructura profunda son las reglas de estructura

de frase (tomando como punto de partida las matemáticas y la lógica) y las que generan

las estructura superficial son las reglas transformacionales.

La creatividad se proyecta en la idea de poder emitir y entender un número infinito de enunciados nuevos a partir del conocimiento de un número finito de reglas. También implica que nuestros enunciados no están controlados por sucesos externos, ya que ante una misma situación puede emitirse una gran cantidad de enunciados diferentes o no emitir ninguno. Permite la reflexividad, es decir, hablar sobre el propio lenguaje, y la

prevaricación, es decir, emitir enunciados falsos, mentiras, ironías, etc. (Aguado, 1995).

El hablante está de modo natural dotado de un dispositivo innato que encarna una teoría lingüística con un alto grado de complejidad. Inicialmente, se planteó que la construcción de la gramática se realiza, al estilo científico, mediante hipótesis progresivamente más complejas y elaboradas, hasta llegar a conseguir reglas para todos los posibles enunciados de la lengua. El niño, a través de las múltiples frases que oye

(input), infiere a través del mecanismo de hipótesis la gramática de su lengua (LAD) y la proyecta para la construcción de nuevas frases (output), por lo que se produce no una imitación, sino un descubrimiento de las reglas. La estructura interna innata propuesta por Chomsky es el LAD (Language Acquisition Device) o Mecanismo de Adquisición del Lenguaje. Este dispositivo procesa lo escuchado y construye una teoría gramatical, que capacita al sujeto para comprender las frases que oye o expresar otras nuevas mediante las reglas pertinentes.

En el modelo de la competencia lingüística intervienen tres elementos:

CORPUS  LAD  Competencia gramatical (McNeill, 1970)

Así, en el corpus se recogen muestras de uso de la lengua. El LAD es un mecanismo capaz de extraer las regularidades que subyacen a las formas superficiales del corpus, mediante unos procedimientos para operar sobre él y una información sobre las características universales del lenguaje

Se llegó a la conclusión de que en cada momento del desarrollo el niño posee una gramática coherente y completa que puede describirse perfectamente con una formulación chomskiana. Irán evolucionando hasta legar a la gramática adulta (Siguán, 1984). En ese sentido, una de las aportaciones del generativismo fue la gramática pivote o gramática de carácter universal de carácter inicial sobre la que se basaban los primeros enunciados infantiles. Esta teoría pronto fue refutada señalándose además que una misma expresión infantil podía tener significados totalmente distintos (Bloom, 1970; Slobin, 1974). Con ello se llegó a la necesidad de los estudios semánticos, evitando el limitarse a los aspectos gramaticales o formales del lenguaje del lenguaje, teniendo en cuenta aportaciones relevantes como la gramática del caso de Fillmore (1968) que trató de explicar la estructura semántica de la frase en términos de los significados de las frases nominales en relación con las formas verbales (Serra y Vila, 1986).

La versión "estándar" de la gramática generativa (Chomsky, 1965, Aspectos de la

teoría de la sintaxis) consta de tres componentes: sintáctico, semántico y fonológico. El sintáctico se ocupa de asignar una estructura a todo enunciado lingüístico bien formado.

El componente semántico actúa sobre la estructura profunda para obtener el significado. El componente fonológico deriva una representación fonética una vez disponible la

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estructura superficial. Se resalta en esta concepción de la gramática el hecho de la dependencia estructural de los componentes de las oraciones, es decir, el significado de una frase no es igual a la suma de los significados de los elementos que se agrupan, sino que la estructura sintáctica impone agrupaciones que gobiernan las interacciones entre los significados de las palabras que intervienen: Juan mató a María es distinta de María

mató a Juan.

Además de la creatividad, se desarrolla en el sujeto una autoconciencia lingüística o conciencia metalingüística o capacidad para emitir juicios sobre las frases realizadas en su lengua. Estos juicios son al menos de tres tipos:

a) gramaticalidad, que determina si una frase pertenece o no a la lengua, con lo que el hablante muestra haber reducido las reglas del juego o gramática de su lengua.

b) sinonimia, que determina si dos o más frases deben recibir la misma interpretación.

Ello nos lleva a los conceptos de estructura superficial, es decir, la organización superficial de unidades que determina la interpretación fonética de una frase y que se relaciona con la forma física de la expresión efectiva, con la forma percibida o pretendida; y estructura profunda o estructura abstracta básica que determina la interpretación semántica de una frase. Varias frases pueden proceder de una misma estructura profunda, o la misma frase puede proceder de distintas: aquellas frases con la misma estructura profunda poseen el mismo significado.

c) ambigüedad, que determina si a una frase corresponden dos o más interpretaciones.

Por lo tanto, una gramática es una teoría de una lengua que debe discriminar oraciones de no oraciones, asignar grados de desviación a las no oraciones, relacionar las oraciones con los significados y los sonidos y ser capaz de explicar o generar todas las oraciones posibles de una lengua. (Slobin, 1974). Además de la competencia gramatical, centrada en la forma del lenguaje, Chomsky reconoce que también existe la

competencia pragmática; referida al conocimiento de las condiciones y al modo de uso

apropiado conforme a varios fines (Chomsky, 1983; en Cenoz, 2004).

En aportaciones posteriores, se acentúa la idea de innatismo, es decir, la idea de que todo sujeto posee alguna idea, ya sea una representación mental o biológica, de cómo puede ser una lengua natural, antes de adquirir su lengua en particular. El sujeto ya sabe de alguna manera cómo es el lenguaje antes de aprender su lengua específica. La adquisición de la gramática no surge de la nada (indeterminación) ni de la experiencia, que actúa en todo caso como factor desencadenante, sino que es fruto de un proceso de "selección entre alternativas compatibles con la Gramática Universal". La experiencia permite poner en acción las estructuras innatas, desarrollarlas y afinarlas. Aquí, surge el concepto de modularidad, cuyo origen se produce a principios del siglo XIX cuando Gall propone dos principios para el funcionamiento de la mente: el principio de

especialización funcional, que implicaría que disponemos de módulos específicos para

diferentes funciones: percepción visual, lenguaje, organización motora, etc. y el de

gestión central, según el cual determinadas conductas serían no modulares o menos

modulares, es decir, una especie de mecanismos cognitivos generales, como: memoria, atención, conocimientos, etc. Este tipo de planteamiento implica que el lenguaje sería un sistema relativamente autónomo.

En las últimas ideas de Chomsky, este ha considerado la idea de que el proceso de adquisición del lenguaje es muy rápido para ser explicado por un sistema de hipótesis. La respuesta es que el conocimiento innato es mucho mayor de lo que en principio se pensaba y se postula que los niños nacen con una GRAMÁTICA UNIVERSAL (GU) que es un sistema cerebral o mental específico para el lenguaje y separado de la inteligencia general. Se trata de un sistema rígido y complejo, como una orquesta, compuesto por módulos o componentes (instrumentos), cada uno de los cuales incluye varios

principios sencillos (Cuerdas o teclas). Un principio puede indicarnos movimientos,

como para las interrogativas, otro nos explica cómo unas palabras sustituyen a otras, los pronombres, etc. (véase Aitchison, 1992)

Pero estos principios han de estar establecidos de forma innata e invariable. Dentro de cada módulo hay varias alternativas de elección (como interruptores en una red eléctrica) o parámetros que pueden adoptar un valor determinado. El niño a partir de los

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datos que recibe asigna un valor a cada parámetro. Se trata de un sistema muy estructurado pero solo se halla parcialmente realizado. Una vez se han fijado los valores de los parámetros mediante la experiencia lingüística, se forma la gramática específica o particular de una lengua determinada, y el sistema entra en funcionamiento. Por ejemplo, el niño sabe que hay palabras nucleares y palabras modificadoras, pero debe aprender en su lengua específica si van antes o después: en turco, después; en español, antes, por ejemplo. Lo mismo ocurre con el orden del SN y SV, o la posición del objeto directo o el atributo en la oración. El aprendizaje de la lengua consiste en fijar parámetros (como la temperatura, la presión, la altitud, etc.) de la GU, que puede variar de unas lenguas a otras. Unos pocos cambios en los parámetros pueden dar lugar a lenguas muy distintas. El sistema es mucho más rápido y eficaz, porque los principios ya están de antemano en el sistema. A los lingüistas les corresponde ir más allá de las reglas superficiales o ajustes, descubriendo la "estructura profunda" del lenguaje. La misión de la teoría lingüística es dar cuenta de la Gramática Universal, del conjunto de principios que caracterizan la clase de gramáticas posibles, es una teoría de las gramáticas, una metateoría.

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