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Para construir una lectura de la Sierra Nevada de Santa Marta desde la perspectiva de los pueblos indígenas, es necesario reconocer el vínculo que existe entre su identidad cultural y la apropiación territorial que desde allí realizan estos grupos humanos. Los

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cuatro pueblos indígenas que actualmente habitan la Sierra son descendientes de la cultura precolombina Tayrona. Los Kankuamo, Wiwa, Kogui y Arhuaco, según su cosmovisión, son los guardianes de la Sierra. Cada pueblo es una pata de una mesa que, para sostenerse en pie y garantizar el equilibrio de la Sierra, debe mantenerse fuerte. Los pueblos indígenas asumen su posición en el territorio como un ejercicio de gobierno en el cual cada uno de los cuatro cumple una misión propia: “A cada uno de los cuatro pueblos indígenas de la sierra nos fue dejado desde el principio un espacio y un conocimiento propio, cada etnia tiene su jurisdicción y sus sitios sagrados, es decir cada uno tiene su gobierno, por eso el que vaya a ocupar y utilizar un sitio diferente al asignado tiene que legalizarse, afiliarse al sitio y tiene que aportar en pagamento para su cuidado. El ordenamiento indígena implica conocer cuál es el sitio de cada uno y cuál o cuáles son los sitios de los cuatro” (Consejo Territorial de Cabildos, 2006:10).

El ejercicio de la territorialidad de los pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta se legitima en siete categorías que resumen la posición que estos tienen y el cumplimiento de su mandato consignado en la ley de origen. Según Danilo Villafañe, indígena arhuaco, estas categorías son:

“1. Su Historia, basada en la continuidad de la realización de las funciones asignadas, y en la que el pasado ordena, por tradición, el equilibrio necesario. En este sentido, una visión progresista que deslegitime o menosprecie la importancia de ese pasado no tiene cabida en su pensamiento cultural. El Sé es la ley tradicional para el orden territorial decidido en los ezwama.

2. La interdependencia entre el territorio y la cultura tradicional indígena.

3. Las prácticas sagradas, basadas en la Ley ancestral que garantizan el mantenimiento del equilibrio.

4. La vida, tanto del territorio como de todo lo que él contiene por la Ley del Sé.

92 5. El orden, dado por la compleja estructura articulada por los sitios, conocimientos y prácticas determinadas por la Ley tradicional.

6. La responsabilidad y competencia ejercida al interior y hacia el exterior por las autoridades indígenas −mamas, makú y mayores−.

7. Lo ancestral, pues el territorio y su conocimiento están inmersos en la cultura de los cuatro grupos de la Sierra Nevada desde los orígenes míticos” (Duque, 2009: 189)

Bajo esta concepción, los pueblos indígenas de la Sierra adquieren una responsabilidad vital y un mandato frente al conjunto de la humanidad: preservar el equilibrio en el corazón del mundo es preservar la propia existencia del mundo. Ser guardianes de la Sierra no sólo resulta necesario para la conservación y reproducción de su cultura, de sus lenguas, de sus tradiciones. Esta labor también es realizada para conservar este importante lugar, único en el mundo y hábitat de los pueblos indígenas descendientes de la cultura Tayrona. La ley de origen de los pueblos de la Sierra les demanda a éstos asumir esta responsabilidad.

En el territorio de la Sierra Nevada de Santa Marta, “se manifiesta un estrecho vínculo entre el mundo de lo espiritual y la concepción de los indígenas sobre este territorio. Literalmente enmarcado, una serie de sitios geográficamente designados delimitan el espacio que consideran sagrado, de acuerdo con sus creencias cosmogónicas. Además de estos lugares fronterizos, existen muchos otros distribuidos en las distintas regiones serranas en cuya específica importancia espiritual descansan las actuaciones comunales” (Duque, 2009:164-165).

Así, para los pueblos indígenas, la división entre lo espiritual y lo material es difusa en su vivencia territorial. Lo sagrado es representado en lugares y sitios especiales ubicados dentro de su territorio. Los lugares del territorio contienen un significado trascendente, un vínculo con lo sagrado que se recrea permanentemente en la vivencia cotidiana de los pueblos indígenas que allí habitan.

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Los lugares sagrados se encuentran presentes en diferentes puntos y espacios del territorio ancestral. En los lugares sagrados se encuentran representados asuntos trascendentales para los pueblos indígenas que les recuerdan su estrecha relación con la naturaleza y el designio que les fue entregado como pueblo por medio de la ley de origen por parte de Serankwa, su padre creador (Duque, 2009). Estos lugares adquieren una gran importancia en la construcción territorial de los pueblos indígenas de la Sierra, ya que allí se realizan los rituales de pagamento.

El pagamento es un ritual cuyo su propósito principal es pagar a la madre tierra, a la naturaleza, por aquellas cosas que se han tomado de ella para sobrevivir: “los indígenas, cuando cortan árboles medicinales o cualquier otro árbol para hacer un remo o una tabla, celebran ritos de disculpa, cargados de veneración y respeto” (Boff, 2006:161). El pagamento consiste en la evocación de los alimentos, las alegrías, los pensamientos que los seres humanos hemos tenido en un periodo de tiempo y el posterior pago, en pensamiento, por todo lo que hemos recibido.

El pagamento es coordinado por los mamos de la comunidad, que son aquellas personas que representan el vínculo con lo sagrado. El objetivo final del pagamento es lograr sostener un equilibrio en la relación de los seres humanos con la naturaleza, con la madre tierra. El pagamento recuerda la dependencia de los seres humanos frente a los recursos que nos provee la naturaleza para subsistir, y nos invita a realizar un uso responsable de los mismos. Cuando el pagamento no se realiza, o cuando se usa o consume algo sin pagar, surgen los desequilibrios, se secan los ríos, paran las lluvias, se pierden las cosechas. El pagamento lo realizan los pueblos indígenas buscando la protección no sólo de sus vidas, sino también de las vidas de los demás seres que habitan en la tierra.

Este ritual les permite a los pueblos indígenas sostener un vínculo con lo sagrado, que no es otra cosa que aquello que nos rodea. El pagamento es también un ejercicio de resistencia, de ratificación de la territorialidad y una práctica de recreación espacial que les permite sostener un ejercicio de memoria frente a sus antepasados. La relación con los procesos históricos y con sus antepasados se vitaliza en este momento, ya que de

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ellos han heredado la realización de esta práctica, y además les permite configurar sitios sagrados en los cuales deben realizarse los pagamentos: son lugares en los cuales los códigos de sentido se materializan en piedras, árboles, cascadas y pendientes. Por lo tanto, el pagamento vincula la vivencia personal con la memoria histórica colectiva, y la vigencia del territorio con lo sagrado.

El pagamento es un anclaje que los pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta realizan para aferrarse a su cosmovisión y para enfrentar los posibles daños en el vínculo especial que tiene ellos con la naturaleza, cuando es transformada radical y violentamente, como en la ejecución de los megaproyectos de infraestructura. En este evento se evidencia no solo el ejercicio de la territorialidad, sino también el de la autonomía, que es su principal reivindicación en la actualidad.

4.3.Territorio y desarrollo: concepciones propias desde los pueblos indígenas de la

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