Los empleos verdes son empleos decentes que contribuyen a preservar y restaurar el medio ambiente ya sea en los sectores tradicionales como la manufactura o la construcción o en nuevos sectores emergentes como las energías renovables y la eficiencia energética. Los empleos verdes reducen el consumo de energía y materias primas, limitan las emisiones de gases de efecto invernadero, minimizan los residuos y la contaminación, protegen y restauran los ecosistemas y permiten a las empresas y a las comunidades adaptarse al cambio climático (OIT, 2017). Muchos países están sumidos en la mayor crisis
aumentando. La mayoría de los gobiernos favorecen la adopción de políticas económicas a corto plazo y se esfuerzan poco por crear una sociedad consecuente con el medio ambiente a largo plazo; en definitiva, no hay otra opción que la de orientarse hacia una economía más verde, en la que las necesidades sociales y la protección ambiental estén en el centro de la toma de decisiones (PNUMA, OIT, OIE, & CIS, 2008). Los modelos empresariales utilizados actualmente se basan en la competencia, en las normas sociales y ambientales más bajas, no crean empleo, ni protegen el planeta; lograr un crecimiento centrado en la creación de empleo es fundamental para reactivar las economías; la creación de un nuevo modelo de inversión verde pone en tela de juicio los conceptos tradicionales de planificación y gestión de las economías nacionales (OIT, Trabajo Decente y la agenda 2030 de desarrollo sostenible, 2009).
Según la OCDE, la transición de las economías hacia un crecimiento verde puede generar nuevas fuentes de crecimiento por medio de la creación de nuevos mercados que generan a su vez mayores oportunidades de empleo; asimismo, Fedesarrollo resaltó que un elemento clave para lograr una transición exitosa es el ámbito hacia los empleos verdes, ya que estos desempeñan un papel fundamental en la inclusión social, proporcionan una remuneración y protección social adecuadas, a su vez, promueven el respeto por los derechos de los trabajadores y de las condiciones de trabajo optimas y decentes; reduciendo de manera significativa la huella ambiental de la actividad económica por medio de una mayor eficacia en la utilización de materias primas y un manejo adecuado de los recursos (FEDESARROLLO, 2016).
La economía política engarzada en la relación de la fuerza de trabajo, el capital y la tierra, se desplaza hacia una ecología política en la que los antagonismos de las luchas sociales se definen en términos de identidades, territorialidades y procesos de sustentabilidad. Las relaciones de producción y las fuerzas productivas ya no se establecen entre el capital y el proletariado industrial, entre capital, trabajo y tecnología. En el nuevo discurso sobre la biodiversidad y el desarrollo sostenible, los conceptos de territorio, de autonomía y de cultura se han convertido en conceptos políticos que cuestionan los derechos del ser y las formas de apropiación productiva de la naturaleza. Ante la complejidad ambiental, las políticas de la globalización económico-ecológica ponen de manifiesto la impotencia del conocimiento para comprender y solucionar los problemas que han generado sus formas de conocimiento del mundo (Leff, Pensamiento Ambiental Latinoamericano, 2009).
Sin embargo, parecen surgir entre los dilemas de desarrollo sostenible, conceptos nobles como el concepto de empleos verdes, que pone de manifiesto la búsqueda de un cambio de modelo, en el proceso de reverdecimiento de la economía, a fin de generar nuevas alternativas de desarrollo acordes con las necesidades ambientales. Los empleos verdes son plazas de trabajo decentes que contribuyen a la preservación y restauración del ambiente, y permiten aumentar la eficacia del consumo de energía y materias primas, limitar las emisiones de gases de efecto invernadero, minimizar los residuos y la contaminación, proteger y conservar los ecosistemas y subsecuentemente contribuir a la adaptación al cambio climático (PNUMA, OIT, OIE, & CIS, 2008).
Desde su creación en 2009, el Programa Empleos Verdes de la OIT ha fomentado la creación de empleos verdes mediante la investigación, la promoción internacional, la creación de capacidades, el intercambio de conocimientos y, en el ámbito nacional, a través de la prestación de servicios de asesoramiento político y técnico. Normalmente el apoyo a nivel nacional se inicia a través de la información y la sensibilización seguidas de la creación de capacidades para los agentes nacionales pertinentes. Cuando se solicita, se evalúa el potencial de empleos verdes para poder informar y guiar los diálogos políticos en curso. Este proceso conduce a menudo proyectos piloto en varios sectores y a nivel de empresa. En definitiva, el objetivo de estas intervenciones es que permitan la formulación e implementación de políticas de empleo verde (PNUMA, OIT, OIE, & CIS, 2008). El Programa Empleos Verdes de la OIT ha crecido de forma constante tanto en términos de cobertura geográfica como a través de sus vínculos de red. De hecho, en los últimos cuatro años, se ha asistido directamente a un total de 27 países a través de 16 proyectos de cooperación técnica. Además, a través de redes, el Programa ha tenido una estrecha cooperación con diferentes departamentos de la OIT así como con socios externos (OIT, Los Empleos verdes se vuelven una realidad, 2013).
A nivel empresarial los empleos verdes pueden producir bienes o prestar servicios que beneficien al medio ambiente. Como ejemplo, los edificios verdes o el transporte limpio. Sin embargo, es importante destacar que estos productos y servicios verdes no siempre se basan en la producción y tecnologías verdes. Pero los empleos verdes también pueden contribuir a procesos de producción más respetuosos con el medio ambiente en las empresas. Por ejemplo, pueden reducir el consumo de agua o mejorar el sistema de reciclaje. Los empleos verdes definidos a través de procesos de producción no terminan
necesariamente en bienes o servicios ambientales. En definitiva, como se ilustra en la