Chapter 8 – Conclusions and Recommendations for Further Research
8.7 Recommendations and Further Research
Desde la perspectiva del economista Amartya Sen, el desarrollo es entendido “(…) como un proceso de expansión de las libertades reales de las que disfrutan los individuos.” (Sen, 2000: 19), por lo tanto, el desarrollo radica en la libertad del ser
79 humano para que pueda vivir de la manera que desea (Edo, 2002: 21). En este mismo sentido, Sen considera que las oportunidades o recursos materiales no son suficientes para conseguir el desarrollo, ya que lo que realmente importa son las capacidades, dado que estas determinan lo que se puede hacer o no con de las oportunidades (Camps, 1997: 0). Por esta razón, Amartya Sen se enfoca en la igualdad de capacidades más que en la igualdad de oportunidades y la atención se traslada “(…) de los bienes a los que una persona puede acceder hacia lo que los bienes suponen para los seres humanos.” (Edo, 2002: 23).
Es así que la igualdad de oportunidades posee importancia en el desarrollo únicamente porque estas son un medio para emplear las capacidades, más no constituyen el desarrollo en sí (Camps, 1997: 0). Partiendo de la premisa anterior, la desigualdad de oportunidades de los niños, niñas y adolescentes con los adultos y entre sí se convierte en un impedimento para alcanzar el desarrollo como libertad. A continuación se analizará la desigualdad existente entre la niñez y adolescencia con los adultos, dado que en la práctica la concepción de estos como sujetos de derechos se vuelve cada vez más compleja (ODNA, 2012: 83), por lo tanto, los niños, niñas y adolescentes son concebidos más como objetos de protección que como sujetos de derechos, lo que ha generado una pérdida de sus derechos individuales y la incomprensión de su independencia (Bianchi, Brunetto, Ferrari, Aristimuño y Bertinat, 2012: 14).
A partir de la Convención sobre los Derechos del Niño se reconoció a la niñez como sujetos de derechos y frente a la ley se los ubicó en igualdad de condiciones con los adultos, promoviendo la construcción del enfoque de derechos de los niños, niñas y adolescentes y disminuyendo la brecha de desigualdad con los adultos (Guendel, Barahona y Bustelo, 2005: 106-107), de este modo, se configuraron las leyes de la niñez y adolescencia en los países, enfocándose en la redefinición del concepto de los niños, niñas y adolescentes como sujetos de derechos (Guendel, Barahona y Bustelo, 2005: 107). Sin embargo, a pesar de esta contribución de la Convención a la normativa de los países, la concepción de los niños como sujetos de derechos no ha logrado traducirse en las distintas realidades de la niñez y la adolescencia (Guendel, Barahona y Bustelo, 2005: 107-108).
80 Como se mencionó en el primer capítulo, uno de los principales desafíos para la observancia de la Convención y para el cumplimiento efectivo de los derechos de la niñez y la adolescencia es la concepción de los niños, niñas y adolescentes como objetos de tutela y no como sujetos de derechos, lo que conlleva a ubicar a estos en una condición de inferioridad con respecto de los adultos y a promover la desigualdad de oportunidades entre los niños y los adultos (Guendel, Barahona y Bustelo, 2005: 116). Además, la desigualdad de oportunidades genera un mayor impacto en los niños, niñas y adolescentes debido a su condición de vulnerabilidad, ya que en muchos de los casos y sobretodo en los más pequeños estos dependen de los adultos para poder acceder a oportunidades como la alimentación, la salud, la educación, etc. (Biblioteca Virtual de Desarrollo Sostenible y Salud Ambiental [BVSDE], 2002: 0).
Asimismo, la igualdad de oportunidades en la niñez y adolescencia es entendida como la situación en donde todos los niños, niñas y adolescentes poseen las mismas posibilidades de subsistencia, indistintamente de las circunstancias externas que los rodean (género, raza, edad, posición económica y social, cultura, nacionalidad, etc.), de tal modo que en una igualdad de oportunidades integral, estas circunstancias no son un factor contribuyente o limitante de su desarrollo (Paes, Ferreira, Molinas y Saavedra, 2008: 58). De igual manera, el economista del Banco Mundial Facundo Cuevas sostiene que “(…) el acceso a un servicio es inequitativo cuando la falta de acceso depende sistemáticamente de circunstancias que escapan al control de los niños, como género, etnia, lugar de residencia, educación de los padres.” (2010:0). En este contexto, se desarrolló el Índice de Oportunidades Humanas (IOH) para medir la desigualdad de oportunidades en la niñez y adolescencia, como mencionan los autores Paes, Ferreira, Molinas y Saavedra, este indicador toma en cuenta:
“(…) (i) el nivel de cobertura de oportunidades básicas necesarias para el desarrollo humano, como la educación primaria, agua y saneamiento, y electricidad; y (ii) el grado en que la distribución de dichas oportunidades está condicionada por las circunstancias exógenas a los niños, como el género, los ingresos o las características de los hogares.” (2008: 80)
81 Es así que este indicador sirve como una herramienta para evaluar el acceso de la niñez y la adolescencia a las oportunidades básicas y promover la justa asignación de las mismas (Paes, Ferreira, Molinas y Saavedra, 2008: 80). Para calcular el IOH se debe considerar dos variables, por una parte la cobertura o el acceso de los niños, niñas y adolescentes a los servicios claves para el desarrollo, y por otra parte, la desigualdad en el acceso a este servicio, de esta manera, se asigna a los países un valor entre 0 y 100, la cobertura total se representa con el 100% y la equidad perfecta con el 0% (Cuevas, 2010: 0). En conjunto, estas dos variables componen el IOH, el mismo que tiene como meta llegar a un valor de 100% que significaría la cobertura total y equitativa de los servicios básicos para el desarrollo de la niñez y adolescencia15.
En el caso ecuatoriano, de acuerdo con los datos del Censo Poblacional del 2010, el IOH de la educación de los niños, niñas y adolescentes entre 5 y 14 años fue de 95.9%, la tasa de cobertura fue de 96.9% y la desigualdad de 1% (Cuevas, 2010: 0), este IOH se encuentra muy cercano al 100% gracias a los avances del país para garantizar el acceso universal a la educación básica y se ha convertido en uno de los principales logros para la cobertura total y equitativa de los servicios claves para el desarrollo de la niñez y adolescencia (Banco Mundial, 2014: 0). Sin embargo, uno de los desafíos a los que se enfrenta el país es la calidad educativa reflejada en IOH de la graduación a tiempo (Banco Mundial, 2014: 0), el mismo que obtuvo un valor de 46.9%, con un nivel de cobertura de 54.4% y la desigualdad fue de 13,7% (Cuevas, 2010: 0).
De igual manera, otro de los logros del país fue el acceso a la electricidad en las viviendas ecuatorianas, el cual obtuvo un IOH de 93,1%, en el cual, la cobertura fue de 95.1% y la desigualdad de 2.2% (Cuevas, 2010: 0), este indicador se encuentra por encima de muchos países latinoamericanos, no obstante, el acceso al servicio de agua potable, el saneamiento de la misma y la red de alcantarillado es otro de los desafíos del país (Banco Mundial, 2014: 0), de este modo, el OIH para el acceso al agua potable en las viviendas fue de 55.8%, en el cual, la cobertura representó 69.8% y la desigualdad 20.1%
15 En términos matemáticos, el IOH está dado por: IOH = C (1 – D), siendo (C) la cobertura de los servicios claves para el desarrollo de la niñez y adolescencia, y (D) la inequidad para acceder a estos servicios.
82 (Cuevas, 2010: 0). En base a lo mencionado, es factible afirmar que el Ecuador manifiesta logros y desafíos en la cobertura total y equitativa de los servicios básicos para el desarrollo de la niñez y adolescencia, por lo tanto, resulta necesario garantizar que los niños, niñas y adolescentes posean las mismas oportunidades en todos los servicios claves para su subsistencia, con la finalidad de que estos se conviertan en un medio para ampliar sus capacidades y libertades.